Home > Uncategorized > El estallido brasileño.

El estallido brasileño.

June 19, 2013

Las manifestaciones de protesta en Brasil sorprendieron a todos por su masividad. Para muchos fue un relámpago salido desde un cielo azul. La Presidenta Dilma Rousseff, rápida en captar la gran magnitud del fenómeno, buscó ponerse del lado de los cientos de miles de manifestantes. Rousseff dijo que estaba orgullosa porque estas “voces, que van más allá de los mecanismos tradicionales, partidos políticos y medios de comunicación, necesitan ser escuchados…La amplitud de las manifestaciones fueron una prueba de la energía de nuestra democracia”. Sus declaraciones conciliatorias no cuadran, sin embargo, con la durísima represión policial que no distinguió entre manifestantes pacíficos y violentos.
La ola de protesta fue gatillada por un aumento de los precios del transporte público. Este es un asunto delicado y que tiene precedentes. En 2003, en Salvador de Bahía, se vivió la “revolta do buzu” (la revuelta del bus) que se levantó contra las alzas de los pasajes. En varias ciudades brasileñas hay, desde hace mas de una década, activistas del Movimento Passe Livre (MPL) cuya meta es lograr la gratuidad del transporte público.
En el país mas futbolizado donde decir que todo es “o mais grande do mundo” es casi una consigna nacional han surgido críticas a los faraónicos proyectos deportivos. Según algunas estimaciones el costo de los Juegos Olímpicos previstos para 2016, en Rio de Janeiro, será de 33 mil millones de dólares. El costo del mundial de fútbol del próximo año alcanzaría a los 26 mil millones de dólares. Estas cifras, en un país con alto nivel de marginalidad social, son contrastadas con el exiguo sueldo mínimo de 160 mil pesos.
El malestar de muchos brasileños es alimentado y multiplicado a través de las redes sociales. Como lo señaló Rousseff hoy los activistas y descontentos pueden prescindir de los grandes medios de comunicación que hacen oídos sordos a las demandas de vastos sectores. De fondo está también la indignación acumulada ante la corrupción. La clase política brasileña ha vivido una sucesión de grandes escándalos en los últimos años. Como en muchos países cunde una crítica a la calidad de la democracia. Una proporción creciente de votantes sienten que sus elegidos no los representan. Es, en todo caso, más una queja contra el sistema político en su conjunto, que contra el gobierno. Ello se infiere del hecho que en Brasil se da, en estos momentos, la paradoja que la gran mayoría de la población respalda a la presidenta. Las últimas encuestas le dan un envidiable un 70 por ciento de popularidad. Por lo pronto las alzas de los pasajes fueron suspendidas. Habrá que ver qué rumbo tomarán las movilizaciones que han tenido un origen espontaneo.

Advertisements
%d bloggers like this: