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Brasil: el genio salió de la botella

June 29, 2013

En Brasil la sola mención de una Asamblea Constituyente heló la sangre de los grupos de poder. La propuesta de la Presidenta Dilma Rousseff de convocar a semejante órgano, para rediseñar la arquitectura del poder del país, apenas duro 24 horas. La oposición de varios partidos, la resistencia en el poder judicial y la amenaza de un interminable debate sobre la legalidad de la iniciativa la sepultaron antes que fuese siquiera considerada. La velocidad con que la mandataria retiró la propuesta permite sospechar que fue una movida calculada. El fantasma de la irrupción ciudadana en el bien articulado mundo de la política tradicional bastó para forzar ciertos acuerdos básicos. De entrada, nada de asambleas, quizás un plebiscito para acordar algunas reformas. Eso es al menos lo que se encuentra sobre la mesa para las negociaciones políticas.
Como incorporar a una amplia masa ciudadana para fijar los derroteros políticos de un país nunca es una tarea simple. En todo caso Bolivia, Ecuador y Venezuela demostraron la eficacia de las asambleas constituyentes para encontrar consensos básicos sobre los principios que rigen la convivencia nacional. La virtud de las constituciones que emanan de asambleas constituyentes es su alto grado de legitimidad. Lo complicado es llegar a la aceptación de estas asambleas para las cuales sus promotores requieren de un muy alto nivel de convocatoria. Es natural que los defensores del orden establecidos buscarán impedir, hasta donde les resulte posible, la impugnación de sus privilegios.
Entre los temas que se anticipan en las consultas figura la reducción del número de parlamentarios y mejorar la representatividad, combatir el nepotismo que es generalizado en las esferas de poder, no solo público sino que también en el sector privado. Legislar sobre un mal que afecta a muchos países: el conflicto de intereses. Y claro está también uno de los factores claves de la política: de dónde salen los dineros para los procesos electorales. Una de las fuentes endémicas de corrupción, en todas las latitudes, es quien aporta los recursos. Y como no hay tal cosa como donaciones desinteresadas, desde el momento que un candidato recibe medios ya ha aceptado un compromiso. Por eso se buscan sistemas transparentes de aportes públicos que aseguren la independencia de las autoridades electas.
Brasil, como otros países que vivieron bajo dictaduras que impusieron sus constituciones, requiere pese a muchas reformas realizadas una carta fundamental que refleje sus avances políticos y sociales desde su redemocratización en 1985. Recién comienza el debate sobre los contenidos del plebiscito si es que ese será, en definitiva, el mecanismo a través del cual los brasileños definirán sus opciones sobre el país al cual aspiran. A diferencia de procesos anteriores hoy millones de ciudadanos movilizados siguen con atención el proceso.

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