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Escándalos nucleares en Corea del Sur

July 3, 2013

Corea del Sur tiene algo en común con Chile: ambos carecen de combustibles fósiles. Chile importa alrededor de 70 por ciento de sus insumos energéticos. El caso coreano es aún más dramático pues importa 96 por ciento del combustible sea en petróleo, gas, carbón o uranio. La factura energética para un país con una boyante industria pesada es enorme: en 2011 pagó 172,5 mil millones de dólares. Una cifra que alcanzó al 32,0 por ciento de todas las importaciones.
Para satisfacer su creciente demanda Seúl apostó fuerte por la energía nuclear. Hoy es el quinto país del mundo con el mayor número de reactores nucleares, con un total de 23, le anteceden Estados Unidos con 104, Francia 58, Japón 50 y Rusia con 23. Para el futuro Corea del Sur tiene grandes planes con la construcción de 16 nuevas plantas núcleo eléctricas para el año 2030. La propaganda del gobierno, como en otras latitudes, señala que la industria nuclear es segura, que se toman todas las medidas de seguridad y por lo tanto el público no tiene nada que temer.
La realidad es muy distinta. Recientemente, en abril de este año, estalló un escándalo de proporciones mayores que ha forzado al cierre de dos reactores en Shin Kori, así como a mantener cerrados a otros dos en Shin Wolseong que estaban paralizados por inspecciones periódicas. En total, por razones diversas, hay 10 reactores apagados. Dado que la energía nuclear aporta 30 por ciento de la generación eléctrica se teme que en el curso del verano, entre julio y agosto, se aplicará un racionamiento que afectará a todo el país.
Un denunciante anónimo avisó a las autoridades que algunos cables de los reactores, que son claves para la seguridad, no cumplen con las especificaciones técnicas exigidas. Más grave aún, la documentación presentada a las autoridades sobre la calidad de los cables fue falsificada por funcionarios de las empresas para asegurar la aceptación del material.
El caso más serio es el del llamado cable de control cuya tarea es enviar señales electrónicas en caso de un accidente en que haya una fuga de radioactiva. Este cable de una extensión de 5 kilómetros es instalado en cada reactor. En caso de no funcionar puede desencadenar una tragedia a una escala como la ocasionada por los reactores japoneses de Fukushima.
Al momento de presentar los certificados de idoneidad del cable de control se presentó un certificado emitido por un instituto canadiense que había realizado algunas pruebas. En realidad los científicos canadienses dijeron que el cable no satisfacía los requerimientos pero los funcionarios coreanos lo adulteraron para que dijese lo contrario. Finalmente el instituto canadiense confirmó la falsificación.
Este no es el primer caso pues la Comisión de Seguridad Nuclear señaló que 13.794 piezas, en 561 categorías, han sido presentadas con certificados falsificados en el curso del último decenio. Ante semejante admisión ¿qué confianza puede tener el público que los reactores son seguros? Ya el año pasado el gobierno debió cerrar un par de reactores luego que se descubrieran interruptores que no cumplían con las especificaciones y también acompañados de documentación falsa. En dicha ocasión fueron encauzados 22 ejecutivos.
Para tranquilizar a la opinión pública el gobierno ha prometido revisar los certificados y las 125 mil piezas recepcionadas en los últimos cinco años. Un proceso que tomara unos tres meses. La Presidenta Park Geun-hye declaró que falsificar certificados de calidad para componentes destinado a plantas nucleares es “un hecho imperdonable”. Advirtió también que las empresas responsables de entregar partes de calidad inferior y luego adulterar la documentación serán severamente sancionadas.
Dada la altísima peligrosidad de los elementos radioactivos cabría esperar que se tomaran todas las precauciones imaginables para impedir un accidente. Es por ello que resulta devastador que personal de las empresas responsables de abastecer los reactores vendiesen material de calidad insuficiente. Luego con alevosía falsificaron la documentación sin importarles que potencialmente pusieran en riesgo millares de vidas y la economía nacional.
Los ingenieros suelen apoyar la energía nuclear sobre la base de argumentos técnicos. Si todo funcionase de acuerdo a las especificaciones es posible que los riesgos de accidentes, aunque siempre presentes, fuesen relativamente bajos. Pero no suele ser así como lo muestra Corea del Sur donde se habla de la “mafia atómica”. Se alude al cerrado grupo de empresarios, ejecutivos y técnicos que controlan la industria nuclear. Lo de mafia apunta a las trenzas, gestadas ya en la universidad, en que unos cuidan las espaldas de otros mientras realizan lucrativos negocios a expensas de la seguridad pública. Es una industria, en todo el mundo, que repite cual mantra la necesidad de la mayor transparencia. En mi experiencia, a lo largo de los años, el mundo nuclear rehúye los controles y veda el acceso. Y en muchos casos, tras los velos del secretismo, proliferan actitudes reñidas con el bien común. En materias tan críticas como la nuclear debe imperar el principio precautorio. Este consiste que ninguna iniciativa puede recibir luz verde a menos demuestre, más allá de toda duda razonable, que no representa un peligro para la población y el medio ambiente.

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