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Egipto: la maldición de los faraones.

July 30, 2013

En Egipto se aplica aquello que cuando se gana con los militares son los militares los que ganan, parafraseando a Radomiro Tomic que aludía, en ese momento, a la derecha y no a los uniformados. En Egipto los sectores liberales y seculares golpearon las puertas de los cuarteles para deponer al Presidente islamista Mohamed Morsi. Las fuerzas armadas respondieron a la movilización anti islámica removiendo a las autoridades democráticamente electas. Pero ocurre, casi invariablemente, que quien tiene el poder de fuego es también quien haciéndose del poder político
El general General Abdel Fattah al-Sisi es hoy el hombre fuerte en Egipto. Su ambición de convertirse en un monarca, o un faraón como los llaman en Egipto, está a la vista. El 26 de julio en un acto para conmemorar el 57 avo aniversario de la nacionalización del Canal de Suez proclamó su entronque con el Presidente Gamal Abdel Nasser, que en 1956, enfrentó a Gran Bretaña, Francia e Israel para recuperar la vital vía de navegación. El hecho le valió una invasión y una avasalladora derrota militar. Nasser, sin embargo, fue capaz de revertir la situación en el plano político para convertirla en una gran victoria que forzó al repliegue de los invasores. En el acto el general Sisi llamó a los civiles a salir masivamente a las calles para otorgarle un mandato para combatir a los “elementos terroristas”.
El propósito de las palabras del general Sisi, que portaba gruesos anteojos oscuros, quedó claro horas más tarde. La policía y el ejército abrieron fuego contra manifestantes islamistas causando cerca de centenar de muertos y un millar de heridos, según los agredidos. Testigos señalaron que muchas de las víctimas tenían un agujero de bala en su frente. Un rastro inequívoco de la acción de francotiradores expertos. La masacre es una declaración de guerra de las fuerzas armadas a la Hermandad Musulmana. La intención de semejante derramamiento de sangre podría apuntar a crear una situación sin retorno que obligue a los sectores seculares a aceptar los términos del faraón emergente.
Estados Unidos es el único poder externo con gravitación ante los militares, pues aporta a Egipto 1.5000 millones de dólares anuales al país y que en su mayoría está destinado al presupuesto bélico, ha tomado una postura zigzagueante. Un alto funcionario de gobierno se negó siquiera a calificar lo ocurrido como un golpe de estado: “No diremos que fue un golpe, no diremos que no fue un golpe, simplemente no lo diremos”. Es habitual que los golpes de estado perpetrados por aliados de Washington no sean calificados como tales. Con todo Estados Unidos busca en apariencias controlar a los uniformados. John Kerry, el secretario de Estado, ha instado a los militares a no restringir las libertades democráticas entre las que se cuenta el derecho a manifestarse públicamente. La fase callejera del conflicto entre los islamistas y las fuerzas armadas no puede prolongarse por mucho tiempo. Egipto enfrenta una situación económica calamitosa y la actual parálisis no hace más que agravar las cosas. Está por verse si el país seguirá el rumbo de la democracia o terminará con un nuevo faraón.

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