Home > Uncategorized > El fantasma del terrorismo

El fantasma del terrorismo

August 19, 2013

La retención arbitraria del brasileño David Miranda, en el aeropuerto de Heathrow, en Londres, es último ejemplo del abuso de leyes “antierroristas”. Miranda es pareja del periodista Glenn Greenwald, del diario The Guardian, que ha divulgado las denuncias del analista de inteligencia estadounidense Edward Snowden. La detención de Miranda, a quien se le incautó su computador y todos los medio electrónicos que portaba, fue justificada invocando un acápite de las regulaciones antiterroristas. El gobierno brasileño protestó de inmediato ante semejante arbitrariedad.
Hay muchas definiciones sobre qué es el terrorismo. En los hechos es un método de lucha armada clandestina, sin portar distintivo, escondiendo el arma y al amparo de una organización clandestina. La efectividad militar de esta táctica es limitada y causa estragos menores contra fuerzas regulares. Su impacto sicológico, en cambio, puede ser importante en el conjunto de la sociedad. Un enemigo invisible, que golpea cuando y donde se lo propone, puede causar altos niveles de ansiedad en la ciudadanía. Por lo mismo su mera existencia permite a las autoridades, si se lo proponen, aplicar a su vez métodos que violan las libertades y derechos personales.
La invocación del fantasma terrorista es un arma muy recurrida en el arsenal de los gobiernos dictatoriales. Una vez que un gobierno aplica el sambenito del terrorismo contra algún grupo equivale a una luz verde para una serie de atropellos a los derechos y libertades personales. Estados Unidos, que se autoproclama como el portaestandarte de los derechos humanos, lo hizo en forma masiva, luego del 11-S-2001, con la aplicación de secuestros, torturas y cárceles secretas. Años antes, en el período del auge de las dictaduras latinoamericanas, el tratamiento se hacía extensivo a todo aquel sospechoso de tener algún conocimiento de actividades opositoras. Así los gobiernos militares buscaban legitimar la represión invocando a los que practicaban métodos similares a los suyos pero desde la clandestinidad. Los llamados terroristas contraatacaban en el campo de las invocaciones, frente al imaginario mundial, calificándose como la resistencia. Aludían a la lucha de los partisanos que combatieron contra el nazismo durante la Segunda Mundial.

En el Medio Oriente el método terrorista es aplicado en forma cotidiana en Irak. Las bombas y los atentados estallan por doquier. Ese terrorismo, que es el real, es aplicado por sunitas contra chiítas y a la inversa. Pero en la medida que no afecta a Occidente es un asunto casi de estadísticas fatales. En Siria el gobierno de de Bashar al-Asad califica a sus oponentes como terroristas. Al hacerlo no alude en lo principal al método, sino que a la completa falta de legitimidad de sus enemigos y, por lo tanto, al derecho del Estado a combatirlos sin consideración alguna. En Egipto el gobierno que depuso al Presidente Mohamed Morsi, democráticamente electo, ha comenzado a tildar a los hermanos musulmanes de terroristas. Algo que la Hermandad Musulmana no ha hecho en su larga existencia es practicar el método terrorista. Lo que hay tras la nueva rotulación es el anticipo de una campaña cuya meta es erradicar a la organización islámica. Para ello se emplearán las tácticas brutales que caracterizan el embate contra el terrorismo. Basta con acusar de terrorismo para justificar la violación de los derechos de los imputados. Como lo señala la Cruz Roja “también en las guerras hay límites” que deben ser respetados. Y el primer límite en la lucha contra el terrorismo es no abusar involucrando a personas que nada tienen que ver con dicha lucha. La autoridad británica, a través de su abusivo proceder contra Miranda, ha puesto de relieve el por qué del rechazo a disposiciones que dan poder a organismos gubernamentales que actúan en las sombras.

Advertisements
%d bloggers like this: