Home > Uncategorized > China: la caída de un príncipe rojo

China: la caída de un príncipe rojo

August 26, 2013

A los hijos de los jerarcas comunistas chinos los motejan como príncipes rojos. Bo Xilai no solo era un príncipe, hijo de Bo Yibo, un general que combatió junto a Mao Tse Tung y catalogado como uno de los ocho inmortales de la revolución, sino que además era un aspirante al todo poderoso Comité Permanente del Buró Político del Partido de Comunista. Esto hasta que cayó en desgracia, en marzo del año pasado, cuando fue removido de su puesto de jefe del Partido en la populosa ciudad de Chongquing. Ahora enfrenta a un tribunal que pide una severa sentencia por acusaciones de corrupción y abuso de poder.
Su caída comenzó con el juicio de su esposa Bogu Kailai que fue condenada por asesinar al empresario británico Neil Heywood. El ejecutivo fue envenenado luego de que presuntamente la había chantajeado con divulgar operaciones de lavado de dinero. Según versiones de prensa Kailai pidió al británico que le ayudara a sacar ilegalmente de China una gran suma de dinero. Cuando ella no quiso pagarle una elevada comisión Heywood amenazó con revelar la trama. En una coreografía penal digna de la era del estalinismo Kailai agradeció su sentencia a 14 años de cárcel: “El veredicto es justo y refleja un respeto especial hacia la ley, la realidad y la vida”.
Algún enriquecimiento ilícito hubo pues el hijo de la pareja Bo Guagua, de 24 años, estudio en Gran Bretaña en Harrow, Oxford y luego en Harvard, en Estados Unidos. Nunca le faltó un costoso coche deportivo. Pero los padres no son responsables por lo que hacen sus hijos y viceversa. Aunque es obvio que Guagua no sacó el dinero de su bolsillo.
Bo Xilai es considerado como uno de los líderes de la izquierda oficialista china. Su popularidad creció luego de una exitosa campaña contra la corrupción. Para ello acuñó la consigna con colores elocuentes para sus compatriotas: “Soñar rojo (los ideales comunistas) y golpear el negro ( que alude al ataque contra las mafias). Bo tomó además una serie de medidas para atenuar el creciente abismo social chino. En este contexto solía invocar a Mao, que si bien es un icono nacional, fue postergado del pensamiento político dominante desde el ascenso de Deng Xiaoping, en 1982, el arquitecto de la modernización del país. El desbancado Bo, en cambio, favorecía, al menos en teoría, un rol más firme del estado para asegurar más equidad.
A diferencia de su esposa Bo enfrentó al tribunal con una posición desafiante. Descalificó a sus acusadores a lo largo de un publicitado e inédito juicio que duró 5 días. Tuvo la posibilidad de expresar sus puntos de vista y si bien reconoció haber cometido errores defendió su gestión. Los montos de dineros obtenidos por vía de la corrupción aparecen como caja chica frente a otros líderes que ejercen el poder. Al parecer el ocaso de Bo fue causado ante todo por su estilo carismático, heterodoxo y sus declaradas ambiciones de poder. Es revelador que las autoridades lo hayan sometido a un juicio público. Si anticipara una práctica regular, y no una vendetta personal, sería una gran señal de la muy necesitada probidad del Estado chino.

Advertisements
%d bloggers like this: