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El fracaso de Al Qaeda

September 17, 2013

Al Qaeda, la organización fundamentalista islámica responsable de los atentados del 11-S-2001, ha dado nuevas instrucciones a sus militantes. Su líder Ayman al-Zawahri, ha ordenado a sus huestes a dejar de atacar a otros musulmanes y no provocar incidentes en países donde pueden operar con cierta libertad.
Los jihadistas de Al Qaeda, que están embarcados en una guerra santa contra los impíos, han vivido con una contradicción vital. Por una parte están comprometidos en una lucha contra las potencias foráneas que intervienen en el Medio Oriente con Estados Unidos e Israel a la cabeza. Pero al mismo tiempo combaten a los regímenes árabes y las fuerzas políticas que consideran colaboracionistas o contrarias a sus designios. En los hechos Al Qaeda es responsable por la muerte de millares de árabes chiitas en Irak. Un alto porcentaje de los atentados terroristas suicidas perpetrados por su hombres apuntaban a minar la hegemonía de sus rivales religiosos. Muchos de los ataques han sido contra mezquitas repletas de fieles ocasionando regueros de muerte y dolor.
Tras 12 años del 11-S-2001 Zawahri, el sucesor de Osama bin Laden, admite en forma implícita el fracaso de su estrategia. De una parte ha sufrido grandes reveses a manos de Estados Unidos y una serie de estados que han mermado su militancia. Pero más importante aún ha sido la pérdida de su capacidad de convocatoria. La impopularidad de sus acciones se ha traducido en crecientes dificultades de reclutamiento. Ahora con bases muy disminuidas Zawahri propone volver a la “dawa”, o el trabajo misionero de adoctrinamiento para conseguir nuevos adeptos
La propuesta para Al Qaeda es obrar con mayor pragmatismo. Zawahri señala: “En lo que toca al ataque a los aliados de Estados Unidos la situación varia según el lugar. El principio básico es evitar el conflicto con ellos, excepto en aquellos países en la que la confrontación resulta inevitable…nuestra lucha es larga y la jihad necesita bases seguras”. En cuanto a otras corrientes religiosas musulmanas instruyo a no atacar mezquitas y mercados frecuentados por mujeres y niños u hombres desarmados. Esta directiva reconoce, en los hechos, que el nombre de Al Qaeda ha perdido mucho prestigio en el mundo islámico y que los salafistas se encuentran aislados. Al Qaeda tardo una docena de años en descubrir que las guerras, y en especial las insurgencias, se ganan en las mentes y los corazones y no a punta de bombas que asesinan a diestra y siniestra.

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