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Europa: el drama y el dilema de la inmigración

October 11, 2013

El mundo fue sacudido por la muerte de más de dos centenares de personas, 274 según una versión, próximos a las playas de la isla italiana de Lampedusa. 8 días más tarde, el 11 de octubre, otra embarcación sucumbía frente a Sicilia. Es un fenómeno que se despliega a través todo el mar Mediterráneo. En España desde hace años ya es familiar el espectáculo de las pateras, como se denomina a las embarcaciones con refugiados, que arriban a las costas de la península ibérica. El otro punto de gran afluencia de quienes huyen del continente africano y otras latitudes es otra península, la itálica.
Es una corriente humana de grandes magnitudes. Tan solo el año pasado Alemania recibió 77 mil personas que buscan asilo. En el caso de Siria, donde hay pocas dudas sobre las condiciones de quienes huyen de la atroz guerra civil, Berlín optó por ofrecer apenas cinco mil plazas para refugiados. El debate en el seno de la Unión Europea sobre cómo enfrentar la situación es áspero. La gravitación política de las organizaciones de extrema derecha que ponen la xenofobia a la cabeza de sus reivindicaciones no cesa de crecer. Encuestas recientes muestran que el facistoide Frente Nacional francés lidera las encuestas de opinión para las próximas elecciones europeas. A lo largo de todo el viejo continente se aprecia el avance de la intolerancia. El argumento para rechazar a los inmigrantes es que estos no son más que buscadores de empleos que vienen a usufructuar de los sobrecargados sistemas de seguridad social. En rigor si se observa que una gran cantidad de quienes arriesgan sus vidas provienen de Siria, Eritrea, Somalia y otros estados fallidos es muy probable que un gran número pudiera sustentar su petición de asilo.
En todo caso es evidente que un gran número de personas huye de África y regiones de Asia porque aspira a una vida mejor. De la misma forma que lo han hecho los europeos a lo largo de su historia. Desde hace décadas que se habla de lo que se ha llamado la “bomba demográfica”. El contraste entre la evolución poblacional europea y la africana es marcado: en África se cuentan nueve niños menores de diez años por cada persona de la tercera edad. En Europa, la población de menos de diez años es idéntica a la de mayores de sesenta. La tasa de natalidad es de seis hijos por mujer en África, contra 1,5 en Europa. En cuanto a las migraciones, la población clave es la que se encuentra entre los 15 y 24 años. En 1960 había 52 millones de africanos en esta franja, en 1980 eran 91 millones, y el 2000 eran 170 millones, se estima que para el 2025 serán 275 millones. Los mercados laborales de la mayoría de las naciones no crecieron en magnitudes ni siquiera cercanas a la expansión demográfica. Y es bien sabido que las migraciones desde los polos de pobreza hacia los de riqueza es un fenómeno histórico tan natural como el fluir del agua desde las alturas

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