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La herencia de Fukushima

November 13, 2013

Altos funcionarios japoneses admitieron, por primera vez, que muchos de los evacuados de Fukushima jamás podrán volver a sus casas. Un informe del partido de gobierno, el Liberal Democrático, pide al  ejecutivo que  no insista con la promesa de que  los 160 mil evacuados podrán volver a sus hogares contaminados por la radiación.  El documento insta a las autoridades que ofrezca nuevas casas fuera de la zona de 20 kilómetros alrededor de los siniestrados reactores nucleares. Ha quedado así en entredicho la promesa que la radiación sería reducida en toda el área a niveles plenamente seguros.

La Tokyo Electric Power (Tepco), responsable de la central de Fukushima,  ha calculado que tomará unos 30 años en desmantelar la planta y sanear las tierras. Hasta ahora se estima que el costo de la crisis nuclear ya alcanza  a los 50 mil millones de dólares. Ello sin contar los gastos en que se incurrirá para desmantelar los reactores. En estos días Tepco iniciará la muy delicada y peligrosa tarea de extracción de las barras de combustible radioactivo desde las piscinas para reducir el riesgo de nuevos accidentes.  A la vista de los monumentales costos de las desgracias nucleares es comprensible que ninguna empresa aseguradora desee asumirlos. Y si no hay seguros contra accidentes es irresponsable autorizar el funcionamiento de plantas nucleares. Japón, por lo pronto, ha paralizado los 50 reactores que le brindaban 30 por ciento de su electricidad. Otros países como Alemania, Italia, Suiza y otros diez estados europeos han manifestado reservas ante  la energía atómica.

Japón, en todo caso, no se ha quedado cruzado de brazos. Mar afuera, frente a  Fukushima,  ha comenzado la construcción de un complejo de 140 aerogeneradores que deben producir 1 gigawatt, lo que es equivalente al rendimiento de un reactor nuclear. Las turbinas propulsadas por el viento deberían entrar en operaciones el 2020. El proyecto no fue licitado a empresas no niponas. El gobierno del Primer Ministro Shinzo Abe aportó los primeros 226 millones de dólares. El resto correrá por cuenta de empresas como Hitachi, Marubeni,  Mitsubishi u otras. En la actualidad China es uno de los fabricantes más competitivos de aerogeneradores pero Japón no está dispuesto a someterse a consideraciones de mercado en materias que tocan a su seguridad energética.  En consecuencia el proyecto, que es el punto de partida en un enorme  esfuerzo por para lograr mayor autonomía energética, es nacional en su totalidad. Japón, pese a su desarrollo, está en pañales  en lo que toca a las energías limpias que apenas abastecen  tres por ciento de su demanda. La postura de Tokio de incorporar la seguridad energética a la cabeza de su agenda económica es un ejemplo que Chile debe estudiar con atención.

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