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Pulseo entre China y Estados Unidos

November 29, 2013

Beijing estableció una nueva zona de identificación de defensa, ADIZ según la sigla inglesa. La medida exige que todo avión, para sobrevolar dicho espacio, someta un plan de vuelo. La demanda ha provocado una rápida escalada de tensiones. Los países más afectados por la medida, encabezados por Estados Unidos y seguido por Japón y Corea del Sur, reaccionaron con un inmediato rechazo.
Es llamativo como, a menudo, los conflictos internacionales son definidos en el lenguaje diplomático por las negativas antes que por las intenciones reales. Así voceros oficiosos chinos señalan que “el establecimiento de la ADIZ en el Mar Oriental Chino no guarda relación con la situación de las islas Diaoyu”. Para todo el mundo, sin embargo, es evidente que ese es el objetivo central en la disputa por el control de ocho islotes deshabitados. El archipiélago, hasta ahora bajo control japonés y llamado Senkaku por los nipones es, además, reclamado por Corea del Sur. Estados Unidos entra en el cuadro por sus tratados de defensa con Tokio, firmados en 1951, que cubrirían las diminutas islas en disputa.
Washington respondió a la pretensión china en el estilo que lo caracteriza: sin pedir explicaciones despachó dos bombarderos estratégicos B-52. Solo después que los aparatos volaron sobre la zona, ignorando las exigencias chinas, el Pentágono aclaró que no iban armados. Pese a que el sobrevuelo era una respuesta directa a Beijing los voceros estadounidenses declararon que era una operación enmarcada en ejercicios planificados con antelación.
Abierta la ruta por Estados Unidos aviones militares japoneses y coreanos del sur han ignorado la ADIZ. China viene de despachar aviones de combate para seguir de cerca a los aparatos que incursionan la zona. Pero, al parecer, han dispensado a las aerolíneas de cumplir con los requerimientos. En todo caso es una situación de creciente complejidad diplomática. Todos los actores implicados mueven sus fichas con gran cautela. La madeja de intereses económicos que unen a cada uno de ellos entre sí es descomunal. Pero a su vez son poderosas las fuerzas nacionalistas tanto en China como en Japón. Las relaciones entre ambos países son tensas, no solo por las disputadas islas, sino porque Beijing considera que Tokio no reconoce los crímenes cometidos en China durante la Segunda Guerra Mundial. Peor aún cada cierto tiempo autoridades niponas rinden homenaje a figuras involucradas en las atrocidades.
El conflicto en cuestión no reviste una gravedad mayor a menos que algún protagonista cometa un error, como el derribo de un avión. Pero las razones de fondo de las fricciones crecerán y buscarán vías de expresión ya sea por los islotes u otros motivos. El telón de fondo es un cambio en las correlaciones de fuerzas en la región con un creciente protagonismo chino.

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