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Mandela, el luchador.

December 6, 2013

El mundo prodiga homenajes, más que merecidos, a  Nelson Mandela un luchador de toda la vida contra  un  infame sistema de opresión racial.  Desde hace algún tiempo es de buen tono,  incluso en las capitales occidentales que en su momento apoyaron el apartheid, rendir tributo al hombre que por muchos años fue denunciado como un terrorista. Durante el grueso de su vida para la mayoría de las cancillerías occidentales  el líder negro sudafricano fue un sujeto extremista y  peligroso. Ronald Reagan, en Estados Unidos y  Margaret Thatcher, en Gran Bretaña,  apoyaban con alguna discreción a Pretoria y con abierto entusiasmo a los adversarios políticos de Mandela como el líder zulú  Mangosutu Buthelezi..

En la década de los 60 y 70 el régimen racista de Pretoria era considerado por Estados Unidos y Europa como un aliado esencial en el marco de la Guerra Fría. La dictadura chilena, así como la Argentina y otros militares latinoamericanos de regímenes despóticos,  mantenían estrechos vínculos con  el Boss, la policía secreta sudafricana que ganó notoriedad por la brutalidad de sus asesinatos de militantes negros. Incluso los militares argentinos propusieron crear la Organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS), junto con los supremacistas sudafricanos, para combatir el comunismo en África y Latinoamérica. Sudáfrica era considerada por los más prominentes torturadores latinoamericanos como un territorio seguro para eludir a la justicia de sus respectivos países.

Hoy es destacado el rol conciliador de Mandela que supo curar muchas de las heridas del abuso racial vivido por la mayoría negra. También consiguió apaciguar los temores de la minoría blanca, incluso de  los más recalcitrantes. Pero conviene recordar también a Mandela el luchador, que ingresó  al Congreso Nacional Africano (CNA) en 1944,  para acabar  con las leyes y prácticas discriminatorias impuestas por los racistas de Pretoria. El partido fue declarado ilegal en 1960 y Mandela propugnó la creación de un ala militar volcada a una campaña de lucha armada, que incluía actos terroristas. El CNA decretó la libertad de acción para sus militantes. Los que quisieran seguir el camino de Mandela podían unirse al Umkhonto we Sizweit (La lanza de la nación) que en su proclama de lucha en 1961 estableció: “Seremos el brazo armado del pueblo contra el gobierno y sus políticas de opresión racial. Seremos la fuerza de choque del pueblo que lucha por su libertad, sus derechos y su liberación final”.

En 1962, Mandela fue arrestado y condenado a cinco años de trabajo forzado. Muchos de sus compañeros fueron capturados al año siguiente y él fue juzgado una vez más, recibiendo una pena de prisión perpetua. Pasó 27 años confinado, veinte de los cuales en la tristemente famosa prisión de Robben Island. En 1993 recibió el Premio Nobel de la Paz.  Mandela, que presidió Sudáfrica (1994-1999),  a diferencia de tantos otros mandatarios supo dejar el poder. Hoy su estatura es gigantesca y no cesará de crecer.

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