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Corea del Norte y sus purgas estalinistas.

December 19, 2013

La ejecución de Jang Song-thaek, en Corea del Norte, ahonda el misterio sobre la lucha de poder que se libra en Pyongyang. Abundan las versiones sobre la defenestración del tío del Brillante Camarada Kim Jong-un, el aparente líder indisputado del régimen estalinista. Así como ayer se rendía pleitesía al igualmente despótico Jang, el número dos de la nomenklatura norcoreana hoy se proclama que: “Debemos ser guerreros para salvaguardar el centro del partido con nuestras vidas (…) con la convicción de que no conocemos a otro más que al gran camarada Kim Jong-un”, palabras de Kim Yong-nam, presidente del Presídium, en el discurso de apertura de los actos recordatorios de la muerte hace dos años de Kim Jong-il que gobernó hasta 2011.

Hay varias hipótesis sobre la estrepitosa caída de Jang que fue forzado a participar en una reunión partidaria para ser arrestado allí y, luego de ser humillado ante las cámaras de televisión, fue sometido a un juicio sumario en el que habría confesado que orquestaba un golpe de estado para deponer a su sobrino. Hasta ese momento se pensaba que el clan de los Kim, que gobierna el país desde 1948, estaba a salvo de los embates de sus propios miembros.

Algunas versiones señalan que Jang , que mantenía buenas relaciones con China, buscaba una apertura económica. Tras esta meta habría intentado limitar la influencia de las fuerzas armadas sobre el aparato productivo del país. Esto habría generado la ira de algunos generales que terminaron exigiendo su cabeza. Otros observadores sudcoreanos van más lejos y apuntan a que Jang era partidario de abandonar la política nuclear del país. Ello permitiría levantar las sanciones internacionales y mejorar las relaciones tanto con Corea del Sur como China y con Occidente. Ello es aún prerrequisito para desmantelar el cerco diplomático y abrir las compuertas a inversiones extranjeras. Esta postura, si efectivamente era tal, implicaba un viraje radical en la trayectoria de un régimen autárquico. Es probable que semejantes políticas condujeran a un conflicto frontal con Kim Jong-un y sus seguidores. En definitiva el sobrino reinante optó por acabar con la vida de su tío y sus más estrechos colaboradores.
Pasará tiempo hasta que se establezca con certeza qué ocurrió. Pero es claro que Corea del Norte es un régimen de temer. Si desea un anticipo sobre el modus operandi de un gobierno preste atención a cómo resuelve sus problemas domésticos. Fíjese en los métodos empleados para superar las diferencias al interior de su sociedad e instituciones. El grado de violencia o de respeto entre sí es un claro indicador de cómo actuarán frente al enemigo. En la historia reciente hay ejemplos como la, tan mentada en estos días, “noche de los cuchillos largos”. Ella alude a la matanza a sangre fría, a mediados de 1934, de unos 400 de los más estrechos aliados y también algunos enemigos del dictador Adolfo Hitler. El nazismo superó todas las cotas conocidas en cuanto a barbarie y crueldad. ¿Era posible prever semejante ruptura de toda inhibición ética y el desborde desenfrenado de instintos destructivos? Desde muy temprano, el régimen nazi envió señales de lo que era capaz. Para resolver pugnas e intrigas internas, Hitler recurrió al simple expediente de asesinar a quienes consideró una amenaza. Pyongyang, por su parte, ha dado una señal escalofriante.

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