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Victoria aérea sueca.

December 21, 2013

Brasil decidió comprar 36 aviones de combate suecos de última generación. La prensa ha concentrado su atención en la oferta de la empresa sueca Saab versus la de sus competidores derrotados, la francesa Dassault que postulaba al modelo Rafale y la estadounidense Boeing con el F-18 Super Hornet. Muy poco se ha dicho, sin embargo, sobre cuáles son las necesidades que tiene Brasil para requerir semejantes aparatos. Ninguno de los países de la región representa una amenaza militar para Brasilia. De hecho el grueso del empleo de la aviación bélica en América Latina ha estado destinado a misiones internas. Desde el bombardeo de palacios presidenciales a labores de contrainsurgencia. La llamada superioridad aérea, la que asegura la victoria de una flota aérea sobre otra, solo figura como un factor disuasivo.
Es llamativo el momento de la decisión luego de las enormes manifestaciones por la construcción estadios para el mundial de fútbol del 2014. Algo considerado por muchos como un derroche frente a necesidades más urgentes de la población. La licitación brasileña para la compra de aviones por miles de millones de dólares se arrastra ya por más de una década. Y, claro, en algún momento el gobierno debía resolver sobre el asunto. Se estima que casi 40 por ciento de los algo más de 700 aviones de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) pasan la mayoría de su tiempo en tierra por desperfectos.
Con razón se dice que un contrato no está ganado hasta que está firmado. Otros van más lejos y agregan que está ganado cuando está pagado. Dassault lo sabe pues el Presidente Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en el gobierno anterior, los dio por ganadores. Pero, como suele ocurrir, fue la FAB la que tuvo la última palabra y ella prefería el Gripen. También Chile, cuando hace más de una década, se resolvió sobre la compra de aviones hubo una mayoría de aviadores que prefería el Gripen antes que losF-16 adquiridos. Uno de los argumentos esgrimidos en Chile contra el Gripen era que tenía poca autonomía de vuelo para un país tan extenso. Bueno, grande pero con mucho menos superficie que Brasil.
Cuando los países compran importantes sistemas de armamentos entran en relaciones de dependencia de largo plazo, 30 años en el caso de los aviones, con los países proveedores. A países vendedores como Estados Unidos esta relación les resulta más interesante que el beneficio económico o industrial. Esto lo tenía claro el ministro de Defensa brasileño Celso Amorim que señaló que la selección se basó en tres criterios: la transferencia de tecnología algo vital para la exitosa empresa aeronáutica criolla encabezada por Embraer. El costo de la compra así como los gastos operativos y de mantención. Y, por supuesto, el rendimiento bélico de los aparatos, que dado la ausencia de retadores en los cielos era un tema menos relevante que para europeos y estadounidenses que se prepararon para enfrentar a los soviéticos.

En la transferencia de tecnología los suecos invitaron a Brasil a participar en el desarrollo del Saab JAS-39 Gripen NG (NG por nueva generación) con la promesa que hasta 80 por ciento de las partes podrían fabricarse en Brasil. La Saab ofreció los codiciados códigos fuentes algo que Estados Unidos no entrega. Con todo el Gripen NG cuenta con un motor estadounidense de manera que Brasil requerirá de licencias de Washington para exportarlo. Algo que ya le fue negado cuando intentó vender sus aviones Tucano a Venezuela. Tampoco ayudó a la Boeing el reciente escándalo del espionaje telefónico a la Presidente Dilma Rousseff por parte de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos.
En lo que toca a los precios: los Rafale costaban del orden de 8,2 mil millones de dólares, además de 4 mil millones de dólares de mantención o sea el doble que el Gripen que fue ofertado a 4,5 mil millones de dólares más 1,5 mil millones dólares por la mantención, en tanto que los F-18 Super Hornet tenían una etiqueta por 7,7 mil millones de dólares En cuanto al costo de la hora de vuelo del Rafale, un avión pesado y bimotor con mayores prestaciones es de 7 millones de pesos la hora (US$ 14.000) el F-18 también bimotor la hora sale a 6 millones de pesos (US$12.000) mientras que el monomotor Gripen 2,6 millones de pesos (US$ 4.700 dólares). Hay que considerar que cada piloto debe volar unas 20 horas mensuales para un entrenamiento óptimo. Si cada avión cuenta con dos pilotos los Gripen costaran casi 7 millones de dólares mensuales en gastos operativos.
La compra brasileña será concretada en un año cuando se hayan negociado todos los detalles. Se estima que si todo marcha bien Brasil terminará comprando unos cien Gripen de los cuales 24 corresponderán a una versión naval para embarcarlos en el portaviones Sao Paulo. No en vano la noticia hizo brincar las acciones de la Saab en 30 por ciento.

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