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Ambiciones nucleares bolivianas

January 3, 2014

Evo Morales, el Presidente boliviano, ha proclamado el deseo de contar con un programa nuclear. En primer objetivo será disponer de una capacidad de medicina nuclear y, más adelante, construir una central núcleo eléctrica. Morales ha subrayado que su país, como cualquier otro, tiene pleno derecho a contar con recursos nucleares destinados a fines pacíficos. Sobre esto no hay dudas. Las palabras del mandatario, sin embargo, denotan un interés que va más allá de lo científico y económico. Henchido de legítimo orgullo luego del lanzamiento en China, el 20 de diciembre, del satélite de comunicaciones Túpac Katari postuló que mediante estos proyectos, espaciales y nucleares, Bolivia dejará de ser visto como el último país de Latinoamérica. Es claro que Morales ve en lo nuclear, al igual que Argentina y Brasil, una fuente de prestigio internacional. Cree que es algo que le dará más peso en el concierto regional. Por ello inscribió la iniciativa en el marco de la “Agenda Patriótica del Bicentenario 2025”. Por su parte Álvaro García Linera, el vicepresidente, apuntó “que el crecimiento de la capacidad científica de los profesionales bolivianos permitirá proyectar al país como generador de energía nuclear o atómica, para el beneficio y desarrollo regional”.
Una cosa son los satélites, los reactores atómicos experimentales destinados a la medicina y otra muy distinta son las plantas núcleo eléctricas. Tras el desastre de Fukushima, cuando Alemania y Japón abandonan la generación eléctrica atómica, es sorprendente que La Paz señale su deseo de transitar una ruta a la cual renuncian naciones experimentadas con demandas energéticas urgentes. Entre las razones invocadas por Morales para abogar por la explotación nuclear es la existencia de uranio en su país. Contar con la materia prima para los reactores es una condición necesaria pero que está a años luces, en términos tecnológicos, de ser suficiente para generar electricidad. Basta con observar las dificultades que han tenido todos los países que operan plantas con tecnología importada.
Bolivia, al igual que Chile, dispone de enormes recursos energéticos limpios y renovables. Juan José Sosa, ministro de Hidrocarburos, señaló que la actual matriz del país está compuesta por 35 por ciento de energía hidroeléctrica y el 65 por ciento restante por termoeléctricas gasíferas. La meta del gobierno, a mediano plazo, es invertir está proporción sumando otras fuentes como la eólica, solar y la geotermia. Hortensia Jiménez, viceministra de Electricidad y Energías Alternativas, anunció inversiones fiscales por mil millones de dólares en los próximos cinco años. En 2013 la generación eléctrica totalizó 1486MW lo que dejó un pequeño margen para la exportación.
Morales, en todo caso, lamentó que la construcción de plantas hidroeléctricas y otros emprendimientos enfrentaran resistencia “de algunos sectores alentados por Organizaciones No Gubernamentales vinculadas con el medio ambiente. Está presente un problema ¿qué hacemos con algunos fundamentalistas ecologistas?, que a veces nos les interesa generar más energía”. Será interesante conocer el razonamiento del mandatario para conciliar el uranio enriquecido, uno de los elementos más tóxicos con una radiación que perdura milenios, con el cuidado de la Madre Tierra.

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