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El polémico legado de Ariel Sharon

January 13, 2014

El fallecido general y ex Primer Ministro israelí Ariel Sharon deja una huella polémica en su país y el Medio Oriente. Su convicción que la fuerza era el medio más eficaz para resolver los problemas fue patente a lo largo de su vida. Desde temprano en su carrera castrense mostró desapego a las normas humanitarias que rigen los conflictos armados. En 1953, en su condición de comandante de la Unidad 101 de comandos, lanzó una operación de represalia contra la aldea palestina de Qibya. Allí los atacantes dinamitaron las casas dando muerte a 69 civiles, la mitad de ellos niños y mujeres. El gobierno israelí cubrió las espaldas de Sharon negando que la acción fuese obra de su ejército. Explicó que la expedición punitiva fue ejecutada por ciudadanos indignados por los asesinatos de sus compatriotas.
Su reputación como general llegó a su punto culmine en la guerra librada en 1973 con Egipto. Allí en una maniobra osada en extremo cruzó con una columna de tanques el canal de Suez y neutralizó al Tercer Ejército egipcio. Fue una acción llevada a cabo contra las órdenes de sus superiores lo que a ojos de sus soldados tenía un mérito aún mayor. Para mostrar su aprecio escribieron “Viva el rey Arik”, el apodo de Sharon, en el flanco de sus vehículos blindados.
El acto más cuestionado de su carrera tuvo lugar, sin embargo, en su condición de civil mientras se desempeñaba como ministro de Defensa. En la permanente pugna con los palestinos urdió un plan para desalojarlos del sur del Líbano. Este se plasmó en la campaña “Paz para Galilea” que Sharon aseguró sería culminada en 48 horas. En los hechos el ejército israelí se retiró por completo recién en el 2000, 18 años después. En los primeros meses de ocupación las tropas israelíes cercaron los campos palestinos de Sabra y Chatila y permitieron el ingreso de falangistas cristianos que consumaron una masacre que costó la vida de cientos de refugiados. El hecho causó enormes protestas en Israel donde unas 400 mil personas salieron a las calles para exigir la renuncia de Sharon. Una investigación realizada por un juez israelí, la Comisión Kahan, lo culpó por “responsabilidad indirecta”. Ante ello Sharon debió dimitir ganándose el apelativo del “carnicero de Beirut”. En el plano bélico la Organización de Liberación de Palestina (OLP) y su líder Yasser Arafat fueron derrotados. Pero ello no cambió el cuadro en sur del Líbano. Por el contrario, emergió con mayor fuerza la organización islámica Hezbolá que desarrolló una capacidad bélica muy superior a la OLP. De hecho Israel libró una segunda y costosa guerra en el sur de Líbano en 2006. El Primer Ministro Menahem Begin comentó sobre el carácter insubordinado y agresivo de su ministro de Defensa: “Sharon es capaz de cercar con sus tanques la oficina del Primer Ministro”.
Sharon fue a lo largo de su vida un enemigo jurado de Arafat y la OLP. Desde el inicio de los acuerdos de Oslo en 1993, que postulaba la creación de un estado palestino, manifestó su oposición a ellos. Hizo lo que estuvo a su alcance para sabotear un entendimiento con los palestinos. De hecho su visita, en septiembre del 2000, a la mezquita de Al-Aqsa, en la explanada del templo en Jerusalén, uno de los lugares más reverenciados por los musulmanes gatilló la segunda intifada, o rebelión palestina, que duró cinco años y costó la vida a tres mil palestinos y mil israelíes. Desde un punto de vista político la provocación radicalizó al electorado en Israel y ello le ayudó a ganar las elecciones y convertirse en Primer Ministro. A lo largo de su gestión se prodigó para expandir la colonización de Cisjordania, el territorio que debe constituir la base de un estado palestino. Por ello sorprendió a muchos cuando, en 2005, decidió la retirada unilateral, del ejército y algunos millares colonos, de la Franja de Gaza. Al año siguiente cayó en un estado inconsciencia del cual no se recuperó.
En Israel sus defensores lo aplauden por buscado dar la mayor seguridad posible al país. Sus detractores señalan que el militarismo, la destrucción sin miramientos de sus enemigos, alejó cada vez más las posibilidades de un arreglo pacífico que, en definitiva, es la mayor garantía para una seguridad solida y duradera.

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