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El balance militar entre Chile y Perú

January 23, 2014

Hay quienes creen que el diferendo chileno-peruano podría derivar  en fricciones bélicas. Ello no ocurrirá. Los choques militares, de alguna magnitud, no pasan por accidente. Si hay transgresiones es porque una de las partes, o todas, tienen la voluntad de enfrentarse. En este caso lo último que quieren los países es una fricción bélica. Pero, pese a lo muy remoto del recurso a la fuerza armada,  el tema militar siempre ronda en las disputas territoriales.

El  balance militar entre Santiago y Lima favorece a Chile. No podría ser de otra forma dado el gasto chileno en armamentos y sus fuerzas armadas. En 2012,  según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres (IISS por su sigla inglesa), Chile destinó 4.310 mil millones de dólares a su defensa. Perú, por su parte,  asignó 2.436 mil millones de dólares al mismo propósito. La diferencia es más rotunda medida en términos de cuanto se gasta por  habitante: por cada chileno se destinaron, en 2012,  253 dólares mientras que por cada peruano el gasto fue de 82 dólares.

En lo que toca a los arsenales las comparaciones son un ejercicio muy complejo. En el papel Chile figura 253 tanques pesados, que son los que llevan la parte más dura del combate,  frente a 165 equivalentes peruanos. Los blindados chilenos, en todo caso, son más modernos y mejor equipados.  En el mar la flota chilena cuenta con 4 submarinos y ocho grandes unidades de superficie versus una docena de submarinos peruanos (se ignora cuántos están operativos)  y  9 grandes buques de superficie. En el aire se aprecia el mayor desbalance.  Si bien ambos países figuran con alrededor de 80 aviones de combate en el caso peruano se contabilizan 18 pequeños A-37 B de apoyo estrecho que Chile dio de baja hace algún tiempo. En estos momentos la FACh cuenta con una de las flotas más moderna de la región.  En materia de sistema de armamentos los buques y aviones son descritos como plataformas. Muchas veces las armas que llevan a bordo importan más que el aparato que las transporta. Hoy los sentidos humanos sirven poco en el campo de batalla. Todo depende de los medios electrónicos. El radar juega un papel clave. Pero el rol decisivo les corresponde a los humanos, a su sagacidad y buen juicio. Más importante que el equipamiento es la preparación y el temple que quienes los operan. Y este factor es una incógnita hasta el día del enfrentamiento.

Lo claro es que los balances militares han gravitado poco o nada en la resolución de las disputas territoriales recientes en América Latina. Nicaragua ha confrontado con éxito a una inmensamente más poderosa Colombia. Perú, pese a estar en inferioridad bélica frente a Chile, tampoco ha mostrado inhibiciones para disputar territorios marítimos. Esta realidad lleva a la pregunta sobre qué sentido tiene mantener onerosas fuerzas armadas para la defensa de la soberanía territorial. Una vez conocido e implementado el fallo de la Corte Internacional Justicia corresponderá una revisión de los criterios que han guiado el gasto militar. En Estados Unidos, Europa y la mayoría de los países los presupuestos bélicos son dimensionados de acuerdo  a la apreciación de la situación internacional y los peligros percibidos.  En Chile se ha optado, hasta ahora, por criterios rígidos, reminiscencias militaristas,  que no permiten disminuciones y que sitúan al país a la cabeza del gasto militar per cápita de la región. Una  vez que se logre dar vuelta la página de la disputa con Perú a ambos países les convendrá establecer una relación armónica en el campo bélico,  como la que hoy existe entre Chile y Argentina. Y tanto Perú como  Chile podrían seguir el ejemplo de Buenos Aires que gasta menos que ambos en términos de su producto interno bruto. La reducción reciproca y proporcionada del gasto militar contribuirá a la confianza mutua y liberará recursos para enfrentar amenazas más inmediatas.   

 

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