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El fin de un ciclo de la diplomacia chilena

January 28, 2014

Sería arriesgado vaticinar si el fallo de la CIJ marca el fin definitivo de las disputas fronterizas con el Perú. Eso es algo que solo el tiempo dirá. Lo que sí es posible lograr es que Chile marque el fin de de un largo período, cuatro décadas, de ausencia de una política exterior en forma. El día que la Fuerza Aérea bombardeó La Moneda, con el Presidente democráticamente electo en su interior, selló el destino las relaciones del país con el resto del mundo. Los golpistas desataron una condena muy superior a la que alcanzaba a las dictaduras vecinas que igualmente violaban los derechos humanos. Pero más longeva que la condena internacional fue el cambio de la óptica chilena en su relación con el resto del mundo. En la condición de estado paria los vínculos políticos eran difíciles pero, en cambio, nada impedía avanzar en el campo comercial. Así, en armonía con el modelo de una economía abierta y volcada a la exportación los esfuerzos diplomáticos del país se orientaron al comercio. Ello al punto que a los chilenos se les llamó “los fenicios de América Latina”. Esta política continuó con el retorno a la democracia y la prueba es que hoy Chile es el país que ha firmado el mayor número de tratados y acuerdos de libre comercio. Algo que ha ayudado al crecimiento económico pero que ha dejado un déficit en su gravitación política internacional.
La continuidad de la opción mercantil de la diplomacia nacional es un resorte útil para la expansión de las grandes empresas chilenas. También ha favorecido el flujo de las inversiones extranjeras. Dos hechos positivos. Pero si se compara la campaña peruana con la chilena de cara a La Haya quedan claras las debilidades de la última. Lima logró restar a Ecuador, un aliado tradicional y de muy larga data de Chile, de la causa limítrofe pese a que Quito comparte la tesis chilena. Perú mantiene una relación más intensa y fructífera con Brasil, el peso pesado de Sudamérica. La diplomacia peruana se posicionó con habilidad frente a los países de la corriente bolivariana que constituyen la mayoría de la región. A la vez participa en la Alianza del Pacífico junto, por así decirlo, a los aliados más próximos a Estados Unidos y el libre comercio que son Colombia, México y Chile.
En el gobierno del Presidente Sebastián Piñera se acentuaron los rasgos de la orientación mercantilista. Pero fue eso, una acentuación del enfoque existente y no viraje marcado o novedoso. El fallo de La Haya es un punto de inflexión. Es el momento preciso en que asume un nuevo gobierno que tiene la posibilidad de dar un golpe de timón que restituya la dimensión política, sin postergar las comerciales, a las relaciones regionales. La adecuada inserción, a cuerpo completo, del país contribuirá a los procesos de integración. Está muy bien avanzar en materia tributaria, aranceles y flujos de capitales. Pero para Chile es vital lograr también una conexión energética. Varios de los países vecinos tienen excedentes en recursos energéticos que en el marco de un proceso integrador podrían alimentar la matriz criolla. Perú exporta gas de su yacimiento de Camisea a México, pero nunca ha considerado hacerlo a Chile. Bolivia tiene una postura similar. La energía podría ser, si se superan los diferendos, el equivalente al acero y el carbón que constituyó la base de la unión de los europeos.

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