Home > Uncategorized > García Márquez y el periodismo mágico

García Márquez y el periodismo mágico

April 30, 2014

El mundo rinde tributo a la grandeza de Gabriel García Márquez. Numerosos críticos literarios lo califican como uno de los mejores autores del siglo pasado. Pero también hay veladas críticas. El semanario británico The Economist titula un artículo calificándolo como el “Poeta de un mundo mágico latinoamericano”. El libro que lo inmortaliza, la novela “Cien años de soledad”, expresión suprema del estilo llamado realismo mágico, comienza así: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. La exaltación de su padre con el hielo, que por primera era exhibido en el casorio de Macondo, nacía del hecho que estaba convencido de que se trataba de un gran diamante. Con humor mordaz García Márquez retrata la ignorancia y la fascinación criolla con lo nuevo. Desde las pérdidas de memorias colectivas a las masacres de millares de personas simplemente negadas hasta la total falta de perseverancia. Los habitantes de Macondo nunca descubrieron que vivían próximos al mar, las partidas enviadas a explorar se fatigaban antes de alcanzar su objetivo. En lo personal diría que “Cien años de soledad” es, por lejos, mi novela favorita.
Una cosa es, sin embargo, la literatura y otra es el periodismo aunque existen vasos comunicantes entre ambos. En una ocasión García Márquez fue enviado por el diario El Espectador a cubrir una protesta en una localidad próxima a la frontera con Panamá. En realidad no había tal movimiento social pero ello no impidió al joven periodista despachar una crónica titulada “Historia íntima de una manifestación de 400 horas” y, que en ella, narrase que la protesta duró 13 días, “nueve de los cuales estuvo lloviendo implacablemente”.
Muchas décadas más tarde, en 1982, me tocó cubrir la guerra de las Malvinas. Como en todas las guerras los bandos, Gran Bretaña y Argentina, desplegaron una amplia estrategia de guerra psicológica. Por alguna razón la presunta presencia de las tropas gurkas al servicio de Londres desató rumores desbocados sobre su ferocidad. En las Malvinas volvieron a circular leyendas sobre su vocación sanguinaria. García Márquez contribuyó lo suyo con un artículo en que relataba cómo jóvenes soldados argentinos habían sido castrados por los nepaleses. Fue un artículo que dio la vuelta al mundo y que fue calificado por los británicos como un clásico ejemplo de “realismo mágico”. Visité las Malvinas, a escasos días de concluidos los combates, y pude hablar con el comandante del regimiento gurka que me confió su frustración: sus hombres no alcanzaron a entrar en acción. Llegaron en el transatlántico Queen Elizabeth II cuando los combates ya habían terminado. No hubo castraciones. Es posible que los periodistas se permitan ciertas licencias pero jamás al punto de incurrir en el “periodismo mágico”.

La trabajada fama de los gurkas.

Los gurkas son soldados reclutados por el ejército inglés en Nepal. A lo largo del tiempo se han forjado toda una reputación de desalmados. Una de sus muy publicitadas historias relata que, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, una patrulla de gurkas detectó un nido de ametralladoras; media docena de soldados nipones procedió a rendirse con los brazos en alto. Los gurkas se abalanzaron desenvainando sus kukris el cuchillo corvo que los caracteriza y uno de ellos cogió a un prisionero del cuello y se dispuso a degollarlo sin mayor trámite. “¡No, no lo haga!”, alcanzó a ordenar el oficial inglés. El gurka, sorprendido, se volvió y preguntó a su superior: “Pero, señor, ¿es que piensa enterrarlo vivo?”.

Advertisements
%d bloggers like this: