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La matriz energética chilena

May 23, 2014

El domingo de la semana pasada, hacia el medio día, Alemania rompió un record: casi 75 por ciento de toda su demanda eléctrica fue generada a partir de energías renovables. Hubo sol y mucho viento y, en consecuencia, el precio de la electricidad bajó durante la tarde a precios insólitos. Fue, claro, algo fugaz pero ya la primera economía de Europa satisface 27 por ciento de su demanda eléctrica a partir de energías renovables. Chile, que produce hoy un mero 6 por ciento (en el SIC), aspira llegar a un aporte de 20 por ciento de las energías renovables no convencionales (ERNC) recién para el 2025. Los teutones, ambiciosos y disciplinados, esperan que el 2050 casi la totalidad de su demanda eléctrica sea satisfecha por fuentes renovables, es decir con insumos limpios, eternos y gratuitos como lo son el viento y el sol, que en Europa del norte brilla mucho menos que en estas latitudes. Si Berlín cumple con la meta reducirá en forma drástica las emisiones de gases de efecto invernadero, bajará los precios eléctricos y tendrá una notable autonomía energética, algo que en términos políticos equivale a independencia y soberanía.
El gobierno chileno viene de presentar la “Agenda de energía, un desafío país, progreso para todos”. Es un documento repleto de buenas intenciones y que va, definitivamente, en la dirección correcta. Hay razones, sin embargo, para el escepticismo. El gobierno anterior publicó en 2012 la Estrategia Nacional Energética (2012-2030) en la que postulaba el ahorro y la eficiencia energética como la piedra angular de su política. El correr del tiempo mostró que se avanzó muy poco en este terreno. La actual Agenda es más concreta y propone metas específicas como el ahorro de 2.000 MW anuales para el año 2025.
Si se cumplen todos los objetivos de la Agenda el país experimentaría un avance importante en materia energética, pero en lo central mantiene el esquema actual. Alemania, en cambio, proclamó una “transición” energética: abandonar en gran medida los combustibles fósiles y completamente la energía nuclear. Con todo la Agenda anuncia un gran paso adelante: ejecutar el prometido ordenamiento territorial y la consulta temprana a las comunidades antes de iniciar todo proyecto. Finalmente, en buena hora, se señala que el Estado asumirá un papel activo en el diseño de una estrategia y su brazo operativo será la ENAP. El gas natural licuado (GNL) es señalado como óptimo y aunque es más barato que el diesel es más caro que el carbón. Y por cierto muchísimo más caro que el sol que abunda en la mayoría del país. En consecuencia el impulso a las inversiones debería orientarse con más fuerza aún a las ERNC. En todo caso se postula que 45 por ciento de las inversiones previstas entre este año y 2025 pertenecerán a esta categoría.
El gas: el combustible de mediano plazo.
La “Agenda de energía” postula al gas natural licuado (GNL) como el combustible de preferencia. Después de los recursos hídricos, claro. Para ello se construirá una nueva terminal en algún punto del sur del país. La principal terminal en Quinteros costó más de mil millones de dólares y su principal socio es British Gas, que tiene el monopolio del abastecimiento por los próximos 20 años. Además ya opera otra terminal en Mejillones. El gobierno, por fin, ha prometido garantizar mayor competencia para abaratar las cuentas del gas.

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