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Europa envía señales mixtas

May 30, 2014

La imagen de Conchita Wurst (wurst significa salchicha en alemán) impactó al mundo. El barbudo cantante travesti austríaco ganó el festival de la canción europea. Reconocer su mérito, más allá de los obvios prejuicios, fue una potente señal de tolerancia y respeto a la diversidad. Días más tarde el electorado de los 28 países que integran la Unión Europea (UE) eligió un nuevo parlamento comunitario. Los titulares fueron unánimes: gran avance de partidos que rechazan la diversidad y, en particular, a los inmigrantes. En Francia el auge xenófobo llevó al Frente Nacional, una organización de tinte fascista, a obtener la mayor votación del país con más de un cuarto de todos los votos. En Gran Bretaña UKIP, el partido de la derecha euroescéptica que exige abandonar de una la UE, derrotó a los conservadores y laboristas que por más de un siglo han sido hegemónicos.
Las motivaciones de los votantes variaron según los estados. En el sur de Europa, en los países mediterráneos, las izquierdas cosecharon buenos resultados a expensas de los partidos convenciones. Fue el caso de Portugal, en España los indignados pudieron con el Podemos lograr 5 diputados, en Italia el Partido Democrático, de centro izquierda, consiguió mas de 40 por ciento de los votos y en Grecia la izquierda fue la primera fuerza. Los países más golpeados por la crisis económica y el desempleo no votaron contra una Europa unificada. Lo hicieron a favor de quienes creen que mejor pueden defenderlos de las duras condiciones impuestas desde Bruselas.
La UE es una de las iniciativas políticas más audaces de los tiempos actuales. Terminar con las fronteras nacionales en buena parte del viejo continente, establecer el euro como la moneda y buscar políticas comunes tanto domésticas como internacionales es algo sin precedentes. Con razón los responsables de la UE se ufanan de haber dado a sus 500 millones de ciudadanos el más largo período de paz de su historia. Pero la mayoría de los votantes no vivieron las feroces guerras y hoy, con razón, entienden la paz como el estado natural de las cosas. El mayor malestar con la UE está en los países más ricos, con excepción de Alemania que aún sufre los remordimientos de sus atrocidades bélicas, donde los sectores de la población rechazan la inmigración de países menos desarrollados europeos y otros.
La crisis de la representación política es algo que se vive en muchos países. La apatía y el abstencionismo afectan también a otras latitudes. En el caso de la UE su enorme burocracia es nombrada a dedo, salvo los diputados, y así las autoridades son percibidas como remotas. Con todo la gran mayoría de los europeos ha mostrado que quiere seguir adelante en la construcción de una Europa comunitaria.

El nuevo parlamento europeo, en todo caso, será dominado por las dos fuerzas tradicionales que operan en la mayor parte de los países con distintos nombres: conservadores y socialistas o, si se prefiere la centroderecha y la centroizquierda. Los primeros tendrán una ligera mayoría. En tercer lugar se sitúan los partidos liberales en descenso y en cuarto los verdes que en diversos países lograron avances importantes. Los sectores de derecha extrema, pese a los resultados de los últimos comicios, son marginales.

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