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España entre la corona y la república

June 6, 2014

La abdicación del rey Juan Carlos I de Borbón, tras reinar casi cuatro décadas, abre un debate sobre el carácter de la monarquía española. El grueso de la elite gobernante es favorable a la mantención del estatus quo: o lo que es lo mismo a un traspaso rápido de la corona al primogénito que pasará a ser conocido como Felipe VI. El recambio se veía venir. La salud del monarca decaía a la par que su popularidad. La secuencia de escándalos que rodeaba a Juan Carlos lo convertía en un personaje difícil de presentar como un símbolo de la unidad nacional. Los reyes, en todas las monarquías modernas, son promovidos como figuras que están más allá del bien y el mal. Una institución, independientemente de quien porte la corona y que en el pasado era ceñida por la iglesia lo cual simbolizaba su mandato divino, es elevada a la condición de intocables.
En el caso español la sucesión monárquica fue digitada por el dictador Francisco Franco que actuó por décadas como regente. Un joven Juan Carlos asumió con la venia del tirano. Con la transición a la democracia, en 1975 a la muerte de Franco, el grueso de las fuerza políticas aceptó el orden establecido y ello incluía a la monarquía. Desde entonces, como parte del esfuerzo por consolidar el sistema democrático, se promovió al monarca como el representante de toda la nación. En la actualidad la casi totalidad de los partidos con representación parlamentaria se juegan por la continuidad. La prensa española compite en halagos y dan espacio libre a cortesanos y besamanos para loar al abdicado monarca, Frases como “El mejor rey de la historia española”, “Artífice de nuestra democracia”, “Colocó a España entre las grandes naciones democráticas” dan cuenta de una campaña que anticipe los cuestionamientos.
Frente al fervor monárquico decenas de miles de españoles han salido a las calles para reclamar un referéndum sobre el futuro del sistema político. Los reyes a veces son llamados soberanos y eso era así hace algunos siglos cuando imperaban las monarquías absolutas. Hoy, en el mundo democrático hay un soberano y ese es el pueblo. Cada nación es libre de dotarse del sistema de gobierno que prefiera: varias de las monarquías europeas gozan de alta popularidad y un referéndum resultaría un ejercicio ocioso pues la aprobación se da por descontada. En el caso español la demanda de un referéndum, habida cuenta de las condiciones en que fue restablecida la corona, tiene un profundo sustento ético. Lo más probable es que el proceso de continuismo del Juancarlismo al Felipismo no encontrará mayores obstáculos. Pero la demanda que se ejerza la soberanía popular para determinar la naturaleza del sistema político tenderá crecer con el tiempo.

Coronas o gorros frigios.

América Latina y Chile nacieron a la vida independiente en la lucha contra la corona española. Todas las naciones se forjaron con un espíritu republicano. La influencia de las ideas libertarias provenientes de la Revolución Francesa de Libertad, Igualdad y Fraternidad caló hondamente. A tal punto que muchos países, como Argentina entre otros, incluyeron el gorro frigio en su escudo nacional. Originario de Frigia, en Asia Menor, Turquía ahora, pasó a ser usado por los esclavos liberados en el imperio romano. En la lucha contra la monarquía francesa el gorro frigio fue enarbolado por los que derrotaron al absolutismo. Desde entonces es un símbolo de libertad. Aunque no faltaron aventureros y nostálgicos de las coronas el gorro frigio mantuvo su primacía.

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