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Chile: el fin de los megaproyectos energéticos.

June 13, 2014

La ciudadanía movilizada contra HidroAysén dio una muestra contundente de poder. El gobierno, por su parte, mostró una solida capacidad para resistir presiones empresariales así como su conexión con las demandas sociales. La decisión del Comité de Ministros, el martes 10 de junio, de rechazar la construcción del megaproyecto hidroeléctrico es trascendental. Era nada menos que el mayor emprendimiento de generación eléctrica en la historia del país, con una producción de 2.750 MW y una inversión final que, según estimaciones, superaba los diez mil millones de dólares.
Concluye así una década de movilizaciones y debates. El resultado desmiente a los que piensan que el gran capital siempre tiene la última palabra y que los gobiernos, indefectiblemente, terminan sometiéndose a él. La balanza se inclinó a favor de un conjunto de pequeñas organizaciones ciudadanas que, en forma infatigable, buscaron el apoyo de la opinión pública, parlamentarios y los sucesivos gobiernos. Las encuestas favorecieron en forma absoluta a los defensores del medio ambiente y las comunidades antes a que a los grandes consorcios interesados en el proyecto.
El fin de HidroAysén marca un hito. Es el fin de los megaproyectos energéticos desarrollados en forma voluntarista por parte de empresas inspiradas en la idea de que “en el camino se arregla la carga”. Hasta ahora ha sido una práctica recurrente diseñar el proyecto y luego ver cómo lograr su aceptación. Ahora, si quieren tener éxito, deberán tener en cuenta desde un comienzo quienes habitan los territorios y cuáles son las limitaciones ambientales.
La Agenda de Energía del actual gobierno señala la necesidad del ordenamiento territorial y el mayor protagonismo del estado. Ello significa que habrá cuencas en que será posible operar y otras donde habrá mayores restricciones. Siempre se debe privilegiar la energía distribuida, aquella que está más próxima a los usuarios. Se debe propender al mayor número de fuentes energéticas estructuradas en redes antes que interminables líneas troncales. Asimismo, es indispensable multiplicar el número de empresas generadoras que garanticen la mayor competencia. HidroAysén no cumplía con estas condiciones por ello su fin puede augurar el comienzo de una mejor manera de hacer las cosas.
En todo caso el fin de HidroAysén no debe entenderse como un rechazo a hidroelectricidad. Por el contrario, la energía eléctrica producida en embalses o centrales de pasada es una de las fuentes claves para el futuro del país. De hecho hoy más del 30 por ciento de la electricidad es de origen hídrico. Aunque con una baja sostenida desde hace algunas décadas cuando representaba 50 por ciento. Chile tiene un potencial para producir unos 20.000 MW (en la actualidad el país dispone de una capacidad de casi 18 mil MW) esto solo en el capítulo de las energías renovables no convencionales. En el caso de la hidroelectricidad se habla de no convencional en plantas de menos de 20 MW. Además si se multiplican las centrales de pasada sería posible volver al 50 por ciento de generación eléctrica de antaño.

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