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El impacto del mundial

June 29, 2014

La fiebre mundialista se proyecta sobre la política.  La alegría de los triunfos deportivos atraviesa a otros campos. A la inversa,  hay quienes creen que la frustración de una eliminación prematura podría incluso afectar las ambiciones de la Presidenta Dilma Rousseff por lograr la reelección en octubre. En Colombia se dijo que la victoria del país sobre Grecia favoreció la reelección del Presidente Juan Manuel Santos.  Para los griegos, por su parte, pasar octavos de finales fue un soplo de optimismo en medio de las duras condiciones económicas  del país. .

 En el campo internacional los deportes forman parte del arsenal de los países en lo que se conoce como el poder blando. En tiempos de la Guerra Fría la pugna entre el capitalismo y el socialismo se libraba, también, en el medallero olímpico. Las medallas debían señalar la superioridad de un campo sobre otro. Occidente acusaba al Este de practicar el culto fanático del deporte  para fines políticos. El otro bando reciprocaba acusando a los atletas adversarios de mercenarios intoxicados por el dinero.

Lo cierto es que el deporte dice muchos sobre los países. Platón afirmó: “Se puede descubrir  más sobre una persona en una hora de juego que en un año de conversaciones”. Lo mismo vale para los países. Chile y el resto de los estados invierten en darse a conocer. Pero la vitrina de un mundial llega a mucho más millones de personas que las campañas publicitarias. De allí, además, la importancia de clasificar para este torneo  ¿Qué  imagen ha proyectado el equipo y los hinchas chilenos? Cada cual puede sacar sus propias conclusiones. En todo caso el fútbol no es atletismo. El ensayista británico George Orwell escribía al respecto: “El fútbol no tiene nada que ver con el fair play.  Está impregnado con odio, celos,  alarde,  falta de respeto a las reglas y un placer sádico ante la violencia: en otras palabras es la guerra sin los balazos”.  Orwell aludía a lo que pasaba en la cancha y no a la FIFA sobre la cual no tuvo oportunidad de pronunciarse.

 Sobre el efecto adormidera del fútbol como distractor de los grandes problemas se ha escrito mucho.  Al respeto en su célebre novela “1984” Orwell describe algunos de los mecanismos para mantener a las masas en su lugar: “Películas, fútbol, cerveza, y por sobre todo, el juego llenaba el horizonte de sus mentes. Mantenerlos bajo control no era difícil”.

En el fútbol valen argucias que son rechazadas en otros ámbitos desde las manos de Dios a piscinazos, hacer tiempo fingiendo dolores insoportables para medio minuto más tarde reanudar el juego, todo vale. Lo importante no es competir sino que ganar.  Explicito sobre la materia ha sido Óscar Tábares, entrenador uruguayo, defendiendo el mordisco de Luis Suárez: “Es una Copa del Mundo, no hacemos moral. El partido tiene cosas más significativas e importantes que esto”. En definitiva, si el fútbol es una válvula de escape para otro tipo de agresiones y nos libra de conflictos: viva el fútbol.

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