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La retrograda utopía del califato

July 2, 2014

La creación de un califato fue proclamado  por los fundamentalistas sunitas agrupados en el ISIS (en castellano Estado Islámico de Irak y el Levante). Las declaraciones de intención estatales en el Medio Oriente son frecuentes. Pero en este caso los combatientes yihadistas sunitas lo hacen en el curso de una exitosa campaña militar en partes de Siria y el norte de Irak. El propósito del ISIS es crear una entidad teocrática trazando nuevas fronteras dentro de las cuales la población será regida por la sharia,  o la ley religiosa islámica.  El califato es un viejo sueño de retrógrados e intolerantes  sectores clericales.

Sorpresa mundial ha causado la velocidad con que el ISIS logró desbandar al numeroso y bien armado ejército iraquí. En pocos días  las tropas yihadistas lograron que más 50 mil soldados oficialistas abandonaran sus armas y posiciones. Ello se debió, entre otros factores, a que los insurgentes fundamentalistas cuentan con el apoyo de fuerzas seculares.  Muchos sunitas que fueron fieles al Baas, el partido del ejecutado  Saddam Hussein, se sumaron a la lucha contra las tropas del Presidente  Nuri al Maliki que pertenece a la mayoría chiíta que es fuerte en el sur del país. Maliki es acusado de gobernar con un criterio sectario que ha ahondado las pugnas religiosas, tribales y económicas.

El éxito de los fundamentalistas en el plano militar debe mucho a los errores sucesivos cometidos por la ocupación estadounidense. Luego de la conquista del país, en la guerra del 2003,  Washington desbandó las fuerzas armadas iraquíes. Estas en su mayoría eran comandadas por sunitas que fueron dejados cesantes y resentidos. El nuevo ejército fue construido de acuerdo al modelo económico norteamericano. Los militares deben concentrarse en sus tareas específicas relacionadas al campo de batalla. El  abastecimiento, la llamada logística, recae en  servicios externalizados. La comida, el combustible, la reparación de vehículos y otras prestaciones corren por cuenta de contratistas. Es un esquema que es provechoso para el sector privado, que el modelo busca estimular, y que puede funcionar en tiempo de paz.   Pero en medio de una lucha sin cuartel  resultó un desastre. Brigadas, apostadas en zonas desérticas de la frontera con Siria, quedaron sin alimentos y otros insumos pues los contratistas no las abastecieron ante el evidente riesgo. Ello precipitó la retirada y las deserciones. Así el paso entre ambos países quedó abierto a los efectivos del ISIS. El liderazgo, una de las condiciones claves en toda fuerza combatiente, estuvo ausente. Muchos de los generales fueron nombrados por el gobierno de Bagdad en función de su lealtad política antes que por su don de mando. En la hora de las definiciones no supieron conducir a sus tropas.

Pese a lo anterior es improbable que el ISIS pueda consolidar sus avances territoriales. Menos aún podrá imponer su fundamentalismo a la población sunita iraquí que tiene una larga tradición secular. Con todo la existencia de Irak está en duda. En el norte del país la población kurda pugna por la creación del Kurdistán. En el centro norte los sunitas se rebelan contra la autoridad de Bagdad. En el sur los chiítas mantienen vasos comunicantes con el vecino Irán. Tras la Primera Guerra mundial cuando fue creado el estado iraquí, por los ingleses, el profesor M.E. Yapp de la Universidad de Londres escribió: “El estado de Irak fue un accidente de guerra.  Fue creado uniendo tres provincias el Imperio Otomano. Muchos iraquíes no lo deseaban y muchos británicos tenían dudas”. No mucho ha cambiado desde entonces.

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