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El fantasma del terrorismo

September 10, 2014

El empleo del método terrorista es antiguo como la biblia. Es una táctica de combate y propaganda aplicada para objetivos muy diversos. Lo sorprendente del  atentado en la estación Escuela Militar del metro es que deja una gran incógnita: ¿cuál fue el propósito del bombazo?  Con anterioridad se especulaba que la serie de explosiones, atribuidas a una organización de corriente anarquista, respondía a un padrón reconocible: expresar malestar social por la vía de los explosivos.

Bajo la dictadura los atentados contra torres de alta tensión, bancos u otras instituciones emblemáticas del sistema respondían a una lógica clara. Ante la imposibilidad de protestar en forma abierta se recurría a tácticas clandestinas. El empleo del método terrorista no apuntaba a causar terror. Por el contrario, al menos esa era la intención de los hechores,  pretendían demostrar la vulnerabilidad del régimen que aterrorizaba a sus opositores. Además  buscaban la mayor propaganda para sus  políticas.  En esta táctica procuraban no causar bajas pues ello alienaba a quienes pretendían sumar a su causa.   

Por lo anterior me parece errónea la definición de terrorismo contenida en la ley antiterrorista que señala: “Que el delito se cometa con la finalidadde producir en la población o en parte de ella el temor justificado de ser víctima de delitos”. Constituye, según la ley,  un acto terrorista: “Colocar, lanzar o disparar bombas o artefactos explosivos o incendiarios de cualquier tipo, que afecteno puedan afectar la integridad física de personas o causar daño”. Por último, “La asociación ilícita cuando ella tenga por objeto la comisión de delitos que deban calificarse de terroristas”. Es una definición tan amplia, equivoca y vaga que se presta para  la mayor arbitrariedad. 

El último atentado en el metro marca una ruptura  con modalidades  anteriores. Una bomba colocada en un lugar concurrido carente de significación política, que causa numerosas víctimas y que nadie reivindica es un hecho que abre muchas interrogantes. Por lo pronto revela la ausencia de perspectivas políticas de los responsables. O, si se prefiere, de su  insensibilidad frente al impacto de dicha acción en la ciudadanía. Esto último no cuadra con la supuesta raíz anarquista de los presuntos terroristas.  Desde una perspectiva ácrata, que fortalezca la autogestión por sobre la dominación del estado,  lo último que deberían querer es un fortalecimiento de las policías y  los aparatos represivos. Y eso es, precisamente, lo que lograrán. En definitiva fue un atentado a mansalva sino que también un ataque contra las aspiraciones democráticas mayoritarias. 

 

Qué es el terrorismo

Convención de Ginebra, vigente desde 1949, señala que el estatus de combatiente requiere:

– Ser comandados por una persona que responda de sus subordinados.

– Poseer un signo distintivo fijo y reconocible a distancia ( un uniforme).

– Portar las armas a la vista.

El terrorismo no es un enemigo definible, específico que emana de

una ideología o una religión particular. No es monopolio de la izquierda

o la derecha, ni de Estados o grupúsculos, es una forma de operar. Por

lo tanto, no cabe hablar de una “lucha contra el terrorismo”, no se

puede luchar contra un método de combate. Equivale a declararle la

guerra a la guerra. Lo que sí se puede es combatir a las organizaciones

que lo practican. En consecuencia, es posible librar una guerra contra

el terrorismo que lleva un apellido, como el terrorismo yihadista.

De todas formas nunca habrá una definición única de un fenómeno

multifacético. Todo dependerá de qué faceta se destaca. En Chile habrá que descubrir quienes son los terroristas para escoger la táctica adecuada para detener los bombazos.

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