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Funionó la cábala boliviana.

November 1, 2014

Se ha dicho, por décadas, que Bolivia marca la pauta política sudamericana. Ello no por su influencia sino porque anticipa las tendencias de la región. La abrumadora reelección del Presidente Evo Morales constituyó un buen augurio para los progresistas, que enfrentaban las urnas, en países vecinos. La vieja cábala fue confirmada con la elección de Dilma Rousseff y el muy probable triunfo en segunda vuelta  de Tabaré Vázquez, el 30 de noviembre, en Uruguay.

Las agendas electorales de la región son similares. Están, siempre presente, los temas relativos a la familia y que algunos llaman valóricos. La división en este campo es relativamente transversal pues hay conservadores y liberales tanto en la derecha como en la izquierda aunque, claro, en la última predominan las posturas más proclives a la diversidad.  Los temas sociales, como es lógico, acaparan buena parte de los debates: la calidad de la salud y la educación, las pensiones y la vivienda son temas obligados. En Latinoamérica el debate sobre la seguridad ciudadana es obligatorio. Pero el plato de fondo suele ser la economía.  Ello porque toca el bolsillo de cada familia sino que además porque de su desempeñó depende qué  ocurrirá  con los presupuesto para abordar los temas sociales.

En la reciente elección brasileña la divisoria de aguas fue sobre el enfoque económico. El candidato de derecha Aécio Neves postuló la necesidad de reformas para relanzar el crecimiento, prácticamente nulo en estos momentos. La fórmula de Neves es conocida: más mercado y menos Estado. Acotar las regulaciones laborales, menos proteccionismo y mas estimulo a los inversionistas con una mayor apertura a la economía internacional. El candidato perdedor vaticinó que estas líneas maestras garantizarían la expansión económica del país.  Es muy probable que estuviera en lo cierto.

La propuesta de Rousseff tampoco contenía novedades. En una entrevista reciente fue consultada sobre que haría para volver a la senda del crecimiento y su respuesta fue: “El objetivo principal del desarrollo debe ser siempre la mejora de las condiciones de vida”. En otras palabras crecimiento tiene que tener objetivos sociales.  Algunos  países, como por ejemplo India, han experimentado buenos índices de crecimiento pero muestran un deterioro de los indicadores sociales. La disyuntiva planteada por  la mandataria brasileña es no solo crecer sino que definir al servicio de quienes está la economía. El electorado fue claro: la abrumadora mayoría de los pobres brasileños le dieron el voto. El mercado, léase banqueros,  empresarios y clases medias acomodadas, le expresaron su rechazo votando por Neves  y con una aguda caída del valor de las acciones.  La polarización política brasileña es el  reflejo de las desigualdades sociales.

Hay, sin embargo, iniciativas para mejorar las cosas. El senado brasileño aprobó una ley que garantiza la mitad de los cupos en las  universidades federales para estudiantes provenientes de colegios estatales. Además 12,5 por ciento de las plazas en dichas universidades están reservados para estudiantes negros o de pueblos originarios. La Presidenta Rousseff ha señalado que aspira elevar esta cota al 50 por ciento para el 2026   Los negros y pardos constituyen más del 50 por ciento de la población y alcanzan a dos tercios de los moradores de las favelas. Ello ha llevado al Partido de los Trabajadores gobernante a promover una política afirmativa de inclusión.

 

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