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Ecos de la maldición del asbesto.

November 27, 2014

La ciudad  italiana  de Casale Monferrato vio morir  a  2.191  de sus habitantes. Las muertes fueron causadas por la aspiración de fibras de asbesto, que dañaron los pulmones de trabajadores y vecinos de una planta que empleó el mineral entre  1956 y 1986.  Las masivas defunciones a causa de asbestosis y otras dolencias respiratorias dieron pie a un juicio contra el propietario de la industria,  el millonario suizo  Stephan Schmidheiny  y otro ejecutivo de las fábricas de la empresa Eternit. En primera instancia, en el 2012,  los imputados fueron condenados a 16 años de prisión. Pero, en definitiva, tras una enorme campaña de relaciones públicas por parte del industrial,   la justicia italiana cerró el caso, la semana pasada,  sin penas de prisión para los responsables de haber causado más de 3.000 muertes en todo el país.  Fue una  una decisión ajustada a derecho pues el caso se consideró prescrito.  Pero como suele ocurrir  nada tenía que ver con un fallo justo.

El asbesto es uno de los mayores asesinos en la historia industrial. Por inhalar  sus fibras  millones de personas a lo largo del mundo desarrollaron enfermedades pulmonares. La Organización Internacional del Trabajo estimó que durante varios años murieron unas cien mil personas a causa de las tóxicas fibras.  Hoy surge la interrogante cómo fue posible que casi por un siglo se permitiera el empleo de un mineral que, desde 1924, se sabía que tenía consecuencias letales si sus partículas eran aspiradas. En Chile hubo que esperar hasta el año 2001 para que fuese prohibido su empleo en todo tipo de productos pero en especial  en la planchas de cemento para tejados.. En todo caso el país tuvo  la distinción de ser el primero, en América Latina, en proteger los pulmones de sus ciudadanos de las microscópicas fibras.  El  ministerio de Salud publicó el decreto 656 en el Diario Oficial. Con este paso, en Chile se prohibió la importación y la utilización del  mineral en diversos productos.

El atractivo industrial del asbesto es que no arde y por lo tanto fue utilizado en una enorme variedad productos en que se desarrollaban altas temperaturas:  construcción de casas, balatas de automóviles , calderas de buques, ferrocarriles y unos  5.000 productos como cacerolas, trajes de bomberos, planchas y  tablas de planchar.

En Chile  el foco del daño giró alrededor de las actividades de Industrias Pizarreño, filial de la empresa belga  Eternit, que empleó el asbesto para la producción de las planchas homónimas utilizadas para techumbres. Más de un centenar de trabajadores y familiares han muerto a causa del asbesto, según lo consigna la Agrupación Chilena de Víctimas del Asbesto, que reúne  a medio millar de personas.

La gran  lección de la trágica huella de muertes provocada por el asbesto es la necesidad de la estricta y rigurosa aplicación del principio precautorio. Esto significa que el peso de la prueba sobre la peligrosidad de un producto recae sobre quien  lo emplea y no sobre la víctima. Quien desee emplear materiales nuevos debe demostrar, más allá de toda duda razonable, que no son nocivos. No es aceptable que mueran miles para después probar que un producto es tóxico.

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