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Estados Unidos: la interminable carrera presidencial

April 16, 2015

Como anticipado Hillary Clinton se lanzó al ruedo y dio el vamos oficial a su campaña por llegar a la Casa Blanca. Es el comienzo de una larga marcha. Ella esperará que no le surjan competidores en el seno de su partido, el Demócrata. Aunque ronda el rumor el vice  presidente Joe Biden podría salirle al paso. Pero a juzgar por el vigoroso  respaldo que le ha brindado el Presidente Barack Obama cabría pensar que no habrá contendores de peso. Para Hillary, así se presenta en su propaganda para reforzar una imagen independiente de su marido Bill, sería ideal no tener que gastar grandes recursos  en el proceso de primarias.

En el sistema norteamericano la selección a través de elecciones primarias, que eligen delegados en cada uno de los 50 estados para culminar en una gran convención proclamadora, está jalonado por super martes, super jueves  que son días en que se realizan comicios partidarios en estados claves. En las primeras fases predominan los mensajes propositivos. En el caso de Hillary las ideas fuerzas esbozadas son: combate a la inequidad, más oportunidades para las familias trabajadoras,  mejorar la calidad de la educación y proteger al país de las amenazas externas.  Valga la pena señalar que, en contraste con Obama,  está más cargada al campo de los halcones en cuestiones de política internacional.

A  medida que se acerca el momento de las definiciones críticas aumenta la propaganda negativa.  Relegadas quedan las proposiciones y la destrucción del adversario gana fuerza. Una de las técnicas más usadas es enrostrar los errores, vacilaciones e inconsecuencias del candidato rival. El propósito es destruir su credibilidad. Una de las fortalezas de Hillary es su solida experiencia de gobierno. Pero su trayectoria de manera inevitable le abre un flanco vulnerable. Tanto potenciales adversarios en su partido y, sin duda, los aspirantes republicanos explotarán hasta la saciedad cada uno de sus pasos en falso. Que, por supuesto, los hay como en todos los que deben tomar decisiones.  Otro factor que será explotado en su contra es su edad, 67 años,  y su larga presencia en la escena política. Los nuevos candidatos republicanos enarbolarán las banderas del cambio y clamarán por nuevos protagonistas. A fin de cuentas desde los años 90, con el paréntesis de Obama,  la presidencia ha estado monopolizada por dos familias: los Bush y los Clinton. Aunque aún falta para una definición entre los republicanos su contrincante podría ser Jeb Bush, hermano del presidente que sirvió dos mandatos e hijo del presidente que tuvo un mandato electo en 1988. Pero como se suele decir: en política una semana es una eternidad.

Las platas negras

Uno de los temas que Clinton desea instalar es el obscuro financiamiento de las campañas. Para ello propone una enmienda a la Constitución para transparentar y limitar los aportes.  En la actualidad, merced a una decisión de la Corte Suprema, las empresas pueden hacer donaciones ilimitadas al candidato de su preferencia. Los hermanos Koch, que han amasado una formidable fortuna en la industria del carbón, son entusiastas derechistas que niegan el calentamiento global. Ellos han dispuesto la friolera de 889 millones de dólares para apoyar a los políticos que los representen. Es tal la influencia de estos personajes que entre los republicanos se habla de las primarias Koch. El que consiga su apoyo tiene bastante camino recorrido para financiar la campaña. Claro que como con sabiduría señalan  los estadounidenses: no hay tal cosa como un almuerzo gratis.

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