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Las razones de La Haya

May 6, 2015

La primera línea de defensa de Chile es desconocer la competencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) para estudiar la demanda boliviana. Es una apuesta riesgosa que el Presidente Evo Morales ya aprovecha. Lo hace en términos equívocos cuando señala que si Chile fuese un estado de derecho no rechazaría a la corte  de Naciones Unidas. El reconocer o no la competencia de la corte no tiene nada que ver con la solidez y el respeto de las leyes nacionales e internacionales. Lo que argumenta Chile es que el Tratado de 1904 no admite interpretaciones por parte de la CIJ. Pero lo que Morales quiere decir es si Chile está tan seguro de sus argumentos por qué no se somete a juicio para probarlo. Es sus palabras: “Si tantas veces dijeron públicamente (en) Chile que no hay tema pendiente con Bolivia, ahora que está en La Haya demuestra que hay tema pendiente, por eso está en La Haya”.

En cuanto a la CIJ, como todo órgano burocrático internacional, no le agradará la idea de omitirse de abordar el diferendo entre los dos países. De hecho son muy pocos casos en que el tribunal se ha declarado incompetente. El instinto natural de los jueces es conocer los casos que les presentan. Luego, tras largos años y farragosos alegatos, darán un veredicto. Ello acrecienta el prestigio de la corte y la torna más relevante pues  proyecta su presencia internacional. Para eso está, para dirimir las diferencias entre las naciones. Es la CIJ y no los países litigantes la que decide qué puede y qué no puede juzgar. En ese sentido el planteo chileno va a contrapelo. Por ello lo más probable es que la corte  acepte estudiar la demanda boliviana aunque sea por razones corporativas del tribunal. Antes de desecharla querrán darle una buena mirada. En todo caso no se conocerá hasta octubre si la  CIJ toma o desecha el caso.

Para La Paz el pleito es pura ganancia. Ya ha logrado sentar a Chile en el banquillo del acusado o al menos forzar al país a discutir sobre el diferendo. Si, finalmente, la CIJ da la razón a Chile lo único que obtiene el país es seguir tal cual está. Bolivia, por su parte, podrá  mantener su activismo por una salida soberana al Pacífico por territorio chileno.

En el plano latinoamericano está a la vista que las simpatías están con el anhelo boliviano de contar con puerto y playa. Morales sabe que la pugna con Chile se libra en varios niveles. Por ello en el plano político trata de presentar a Chile como un país imperial, agrandado por conquistas coloniales. Chile, en cambio, se remite en exclusividad a argumentos jurídicos. Es claro quien lleva las de ganar frente a la opinión pública regional que, quiérase o no, gravita sobre los gobiernos.

La lucha por la imagen.

Un pequeño país con mayoría indígena que lucha por su desarrollo sin amenazar a nadie. Así se presenta Bolivia frente a Chile que ha sido exhibido por parte de la prensa internacional como un exitoso modelo de capitalismo neoliberal. Morales se saca los guantes y dice: “Entre vecinos nos conocemos, Chile sigue con una Constitución que dejó la dictadura de Pinochet…cuando yo viajé a Chile no podía entender cómo hasta los caminos están privatizados, servicios básicos totalmente privatizados, hay más indígenas, como mapuches, encarcelados por defender los derechos”. La crítica de  Morales es calculada y pretende degradar la imagen internacional de Chile poniendo de relieve algunos de sus puntos débiles.

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