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Algo huele a podrido en Dinamarca

June 25, 2015

Las recientes elecciones danesas encienden luces de advertencia para la Unión Europea (UE).  El Partido del Pueblo Danés, enarbolando  banderas contra la inmigración y la integración europea, obtuvo una victoria resonante. Logró situarse como el segundo partido del país con 21,1 (12,3 en 2011) por ciento, tras los socialdemócratas con 26,3 por ciento. El auge del partido que exige restablecer los antiguos controles fronterizos tumbó al gobierno de  centro izquierda. El asunto  solo sería de interés doméstico  si no consolidara el  avance de las fuerzas que colocan el rechazo a los extranjeros como principal punto de la agenda política. En Dinamarca  el rechazo a los inmigrantes fue presentado como una defensa de los trabajadores, los ancianos y los desvalidos. Impedir la llegada de refugiados se señaló es la manera más efectiva de mantener el generoso estado de bienestar imperante. Así los nacionalistas plagiaron el tradicional discurso socialdemócrata que favorece las ayudas sociales. Fue una estrategia exitosa pues importantes segmentos de trabajadores les favorecieron con sus votos. Al mismo tiempo exigen reformas profundas que resten autoridad a la UE. En gran medida se han alineado tras el primer Ministro conservador británico David Cameron que busca limitar el poder de Bruselas donde operan las instituciones de la UE.

Para muchos en los países nórdicos, con su notable riqueza, el resto de Europa ofrece más riesgos que ventajas. Estiman que las políticas de emparejamiento económico los desfavorecen. Deben brindar ayudas a los países más aproblemados mientras reciben poco a cambio. De allí que algunos de ellos han sido duros en las negociaciones con Grecia, país al que ven como el ejemplo de una administración deficiente.

Lo que es claro a lo largo y ancho del viejo continente e aumenta lo que se ha llamado el euroescepticismo. Es decir aquellos que prefieren preservar la antigua soberanía nacional antes que someterse a una voluntad colectiva.  Si bien los partidos contrarios a la inmigración no gobiernan en varios  países se perfilan como una fuerza gravitante capaz de influenciar las políticas de sus aliados. Incluso han podido influir el discurso de sus adversarios.

Ello ocurre en momentos que el mundo, en especial el Medio Oriente, cifras alarmantes de refugiados y personas desplazadas al interior de sus países.  El año pasado marcó un record con 60 millones de personas. El drama de las barcazas en el Mediterráneo  cargadas con migrantes refuerza la voluntad de los xenobos.  El triunfo de del Partido del Pueblo Danés reverbera en toda Europa.

¿El fin de la bonanza  socialdemócrata?

Desde  la Segunda Guerra mundial los países nórdicos, Dinamarca, Suecia, Noruega y Finlandia han votado por gobiernos socialdemócratas. Los cuatros han logrado altos niveles de desarrollo en todos los campos. A  la vez se cuentan entre los países con mejor distribución de la riqueza. Los gobiernos brindaron servicios de una calidad no igualada en el resto del mundo mediante un sistema de prestaciones conocido como el “estado de bienestar”.

Ahora, sin embargo,  con la excepción de Suecia los países nórdicos parecen volver la espada a tradición socialdemócrata en preferencia por coaliciones de centro derecha.

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