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El cabreo latinoamericano

July 24, 2015

De México a Chile, pasando por la mayoría de los países de la región, cunde la insatisfacción y el rechazo a la corrupción. Con notable uniformidad, en realidades muy distintas, se aprecia desconfianza y hostilidad hacia las elites políticas y empresariales.

Brasil, con una larga trayectoria de escándalos, atraviesa una compleja coyuntura política y económica. Ya antes del mundial de fútbol del año pasado muchas ciudades fueron inundadas por manifestantes hartos de denuncias de apropiación de recursos públicos. La Presidenta Dilma Rousseff debe haber esperado que la gesta deportiva le diera una tregua. No fue así, pues las acusaciones por tráfico de influencia, coimas, lavado de dinero y malversaciones arreciaron. En especial contra la mayor empresa nacional la petrolera Petrobras que casi constituye un estado en el seno del estado. El desvío de fondos al bolsillo de particulares y partidos políticos suma miles de millones de dólares. No hay una cifra precisa pero por la parte baja se habla de un mínimo de cuatro mil millones dólares pero podrían ser muchísimos más.

El escándalo de Petrobras toca de lleno a la Presidenta. Rousseff dice que nunca supo de irregularidad alguna. Varias de las mayores empresas de ingeniería y construcción, como Odebrecht y Camargo Côrrea, ya tienen ejecutivos en la cárcel o encauzados por el pago de sobornos que garantizaron contratos con la petrolera.

La popularidad de la mandataria se ha derrumbado. Una encuesta recién publicada apenas le otorga 7,7 de evaluación positiva contra 70, 9 por ciento de apreciación negativa para su gestión. Quizás más preocupante para Rousseff es un eventual pedido de juicio político en su contra: 62,8% de los entrevistados dijo estar a favor de la salida de la Presidenta, mientras que un 32,1% estuvo en contra. Esto ocurre cuando Brasil, como el resto de la región, enfrenta un panorama económico difícil. El precio de las materias primas de exportación ha caído. La importante industria del azúcar y en particular del etanol enfrenta una crisis por un mal manejo por parte del gobierno. Ya han paralizado más de 50 plantas de las 370 que cuenta el país. Para todos los efectos prácticos el país está en una recesión y el ministro de Hacienda Joaquim Levy multiplica los recortes al gasto público. En estas condiciones el margen de maniobra de Rousseff es escaso. Como muchas veces ocurre la mayor fortaleza del oficialismo es la debilidad de la oposición. Si bien hay insatisfacción con el gobierno tampoco hay mayor entusiasmo por las fuerzas opositoras que, a su vez, tiene sus esqueletos en el armario. Incluso el ex presidente Lula, que hasta ahora era visto como un pilar político, es cuestionado.

Lula en la mira

La Procuraduría de la República  abrió una investigación contra el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva que será investigado por tráfico de influencias a favor de la constructora Odebrecht por obras financiadas por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES). Ello ante la sospecha  que Lula presionó para que el BNDES aportara capital para proyectos de Odebrecht en  África y de América Latina.  Los investigadores también indagan sobre el escándalo de Petrobras que estén relacionados con la constructora y, eventualmente, con el ex presidente. En Brasil el tráfico de influencia es definido como “el hecho de solicitar, exigir, cobrar u obtener, para sí mismo o para un tercero, ventajas o promesas de ventajas, practicado por un funcionario público en el ejercicio de la función”. El delito acarrea una pena de 2 a 5 años de prisión.

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