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Energía atómica en el país mas sísmico: no gracias.

August 13, 2015

Japón ha reabierto la primera central nuclear luego del desastre de Fukushima en 2011. Lo hizo la misma semana en que se conmemoraron los 70 años del estallido de las bombas de Hiroshima y Nagasaki que causaron cientos de miles de muertes. La medida del Primer Ministro Shinzo Abe es rechazada, según lo señalan las encuestas, por una amplia mayoría de los japoneses. Las autoridades intentan apaciguar las protestas señalando que han tomado todas las precauciones. Esta vez la población no tiene nada que temer, afirman en Tokio. Pero es un discurso desgastado pues es repetido luego de cada descalabro de la industria núcleo eléctrica. A fuerza de realizar promesas incumplidas las empresas que gestionan los reactores, al igual que el gobierno, carecen de credibilidad.

Japón, como ningún otro país, ha vivido el horror nuclear. En su libro “Hiroshima” el periodista estadounidense John Hersey, que estuvo en la martirizada ciudad tras las descargas, describe en torturante detalle el drama de los supervivientes. Luego de vivir en carne propia los efectos devastadores de la radiación atómica era esperable que los nipones recelaran un elemento incontrolable. La radiación es incolora, insípida, inodora y es completamente invisible a los sentidos humanos. Una vez que la radiación escapa de sus contenedores no hay manera de recapturarla.

En Fukushima tras el terremoto y maremoto  se desencadenaron una serie de explosiones y fallas en el  complejo nuclear. El gobierno  ocultó la gravedad de lo que ocurría. Tardó más de un mes en admitir que el desastre alcanzaba el nivel el más alto en la escala internacional que clasifica los accidentes nucleares. El país ya tenía a su haber otros reveses mayores. El complejo  nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, el más grande del mundo, con siete reactores, fue impugnado desde un comienzo por organizaciones ciudadanas que alertaron  que se encontraba próximo a una falla tectónica. Los tribunales basados en informes oficiales concluyeron: “No hay falla y no  hay nada que pueda causar un terremoto”. La naturaleza tuvo la última palabra: el 16 de julio de 2007 ocurrió el advertido  terremoto. Los remezones, que alcanzaron una magnitud de 6,8 grados en la escala Richter, cerraron  en forma automática el complejo  paralizando todos sus reactores. El presidente de Tepco, la empresa que operaba la planta al igual que la de Fukushima, admitió: “La magnitud del temblor estaba más allá de nuestras expectativas”. Ello en circunstancias que las centrales deberían soportar movimientos  telúricos de hasta 8,5 grados.

Los grandes accidentes nucleares son escasos pero, cuando ocurren, son devastadores. El escape de radiación en Fukushima forzó la salida de 160 mil personas de sus hogares para convertirlos en refugiados nucleares. La mayoría no ha vuelto a sus pagos y es posible que muchos nunca lo hagan.

Reacciones en Chile.

 

Japón solía ser un ejemplo invocado por los partidarios de la energía nuclear.

El Colegio de Ingenieros de Chile, en su documento «Programa de Desarrollo de Centrales Nucleares, 2009-2030», señalaba: “La larga experiencia internacional de zonas de alta sismicidad, como Japón, Corea del Sur, California, indica que los reactores nucleares instalados en su territorio no han sufrido daños mayores y tampoco han provocado daños a las comunidades vecinas”. Los hechos hablan por sí solos.

Las encuestas muestran que la abrumadora mayoría de los chilenos es contraria a la energía nuclear. El ex presidente Ricardo Lagos señaló en tono autocrítico: “Yo decía “miren a Japón, es tan sísmico como Chile y tieneenergía nuclear”. Ese argumento se acabó”. La lección del desastre de Fukushima es que sería una impudencia pensar en un reactor nuclear de potencia en el país más sísmico del planeta..

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