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La Haya para rato.

September 25, 2015

Ante el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), al igual que frente a resultados electorales, no se pierde ni se gana: tan solo se explica. El voto de los jueces fue categórico: 14 a favor de la competencia de la Corte para atender  la demanda boliviana y apenas dos en contra.  Desde la perspectiva chilena expresada por la Presidenta Michelle Bachelet: “Bolivia no ha ganado nada”. En un sentido estricto es cierto. Lo único que estableció el fallo es que la CIJ acoge la demanda boliviana, y por lo tanto abre el juicio, para determinar si cabe exigirle a Chile que entre en negociaciones sobre una salida soberana al Océano Pacífico.

En temas tan delicados como los que atañen a la soberanía territorial de los países los argumentos nunca son solo jurídicos. Por eso reúne a los ex presidentes y jefes políticos.  Chile ha insistido que las exigencias bolivianas no corresponden pues todos los temas fronterizos, así como el acceso al mar por puertos chilenos, están cubiertos por el Tratado de 1904. Lo mismo se dijo en la disputa por aguas territoriales con el Perú. En el último caso la CIJ discrepó con Santiago y obligó a la cesión de una porción de las aguas nacionales. En el caso en curso la CIJ estima que hay temas que al margen del Tratado de 1904 merecen análisis. Debería ser motivo de preocupación para las autoridades chilenas que la CIJ haya optado por llevar adelante el juicio.  Surge la interrogante: ¿Los jueces dedicarán años a estudiar las posturas de ambos países para concluir que en realidad Bolivia no tiene base para sus exigencias? Es un asunto inquietante para Santiago puesto que los letrados ya han estudiado la memoria presentada por La Paz.

El derecho internacional y los tratados gravitan pero también pesan la influencia y las campañas desarrolladas por los países interesados. Desde este punto de vista Bolivia obtuvo una victoria. En primer lugar el liderazgo del Presidente Evo Morales y su gobierno sale fortalecido. Para Chile la comparecencia ante La Haya es un pleito no buscado en el cual no tiene nada que ganar y, quien sabe, podría culminar con un desenlace complejo. Para La Paz, en cambio, el fallo de  la CIJ es una inyección a la vena para reiterar que: “Bolivia nunca ha claudicado y nunca claudicará hasta volver al Pacífico con soberanía”, como viene de señalarlo Morales. Así la perspectiva de un juicio prolongado, por un par de años, le viene bien a las autoridades bolivianas que podrán concentrar sus esfuerzos en un tema muy sentido por el conjunto de la ciudadanía. En el caso chileno ocurre todo lo contrario pues el tema más que concitar interés es para muchos una fuente de irritación.  Peor aún, existe el peligro que la política exterior del canciller Heraldo Muñoz,  orientada a Latinoamérica, termine descarrilada. Ello no en el sentido de  prestar menos atención a la región sino que se vea obligado a cambiar el eje de los esfuerzos integradores por el afán de neutralizar a La Paz. Lo lógico y deseable es que ambos países abran negociaciones directas tras una fórmula mutuamente satisfactoria. Nunca es tarde para dialogar.

Lo que nos espera.

Bolivia y Chile librarán una pugna dispar no en términos de poder de fuego. Chile tiene una superioridad de diez a uno frente a Bolivia,  medida en presupuesto bélico. Pero Bolivia lleva la ventaja en términos morales. Moral no en un sentido ético sino que como la entienden los militares, como motivación para el enfrentamiento. Una Bolivia movilizada tras el ideal nacional de la centenaria reivindicación de una salida al mar no escatimará esfuerzos en su campaña. Chile, en cambio, no quiere ceder territorio pero  las demandas bolivianas no movilizan a una población militante. El consuelo es que  la batalla se librará con argumentos en América Latina y La Haya.

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