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Débil aporte chileno a la disminución del CO2

October 8, 2015

Los gobiernos del mundo concuerdan en que el calentamiento global es la mayor amenaza en el horizonte humano. Desde el Papa Francisco, a través de la encíclica Alabado sea, a   Barack Obama y Xi Jinping coinciden en que urge frenar la subida del termómetro; en lo posible que no pase más allá de dos grados y, por ningún motivo, a los desastrosos cuatro grados a los que no encaminamos.

Cada año, desde hace dos décadas, se realizan conferencias rituales en busca de un acuerdo para limitar las emisiones de los gases de efecto invernadero y en especial del CO2, el más importante de ellos. En cada ronda todos proclaman su buena voluntad pero cada cual defiende sus intereses nacionales. Resultado: poco o nulo progreso para mal de todos.

El ideal hubiese sido fijar una meta común para los países sobre los niveles de emisiones tolerables. Pero no hubo caso. Ahora, con miras a la gran reunión de Naciones Unidas (ONU) en París, a comienzos de diciembre, hay otro enfoque; cada país debe fijar una cuota voluntaria de reducción con la cual se compromete con miras al año 2030. Chile ha mantenido una retórica, como otros países, a favor de la reducción de las emisiones. En reuniones previas al anuncio se habló que en el mejor de los casos el país podría disminuir las emisiones en 45 por ciento. En el peor escenario se comprometería con 35 por ciento en relación al producto interno bruto, tomando 2007 como año base. Pero la Presidenta Michelle Bachelet sorprendió con el anunció, en su discurso ante la ONU, que no cumpliría ni siquiera con las mínimas expectativas. La cota chilena será de apenas 30 por ciento en relación al PIB. Como era esperable el anuncio causó gran desilusión entre los ambientalistas que se preguntan de qué sirven las consultas convocadas por el gobierno si, al final, son totalmente ignorados. También impactó a autoridades políticas extranjeras que siguen el tema. Un importante protagonista, que pidió anonimato, comentó: “Francamente, esperábamos más de Chile”. Para poner las cosas en perspectiva el per cápita de emisiones chileno es de 4,6 toneladas anuales y si no se toman medidas alcanzará a las 6 toneladas. El 30 por ciento de reducción prometido es en relación al PIB, de manera que si este crece el volumen absoluto de las emisiones podría aumentar. Según el Banco Mundial el ranking de los mayores emisores en Sudamérica en toneladas per cápita, es liderado por la petrolera Venezuela con 6,8tn; le siguen Chile y Argentina con 4,6 tn; Brasil con 2,2tn; Perú con 1,8 y Colombia con1,6tn. A nivel mundial los dos mayores contaminadores en volumen de emisiones de CO2 son Estados Unidos y China; en términos de toneladas per cápita el primero, con 320 millones de habitantes, acumula 17,5 toneladas y el segundo, con 1.400 millones, suma 6,2 toneladas. Para salvar el planeta de desastres climáticos mayores es necesario que el promedio per cápita mundial no exceda de las dos toneladas.

El papel clave de los océanos.

Estos días sesionó en Chile la conferencia Nuestro Océano. El diagnóstico de lo que ocurre en los mares es preocupante. No solo se acumulan montañas de basura y se vierten elementos tóxicos. Los océanos absorben una buena parte del calor generado en el planeta. Por cada 0,6 grados de aumento de la temperatura la capacidad de la atmósfera de retener agua aumenta. Ello se traduce en eventos climáticos, como huracanes y diluvios, más frecuentes y agresivos. En apenas cuatro décadas el casquete ártico ha perdido 40 por ciento de su superficie.

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