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La ofensiva yihadista

December 4, 2015

 

 

Infinitas horas de tediosa espera  y de pronto, en un breve instante, la violencia estalla. Meses de vigilia culminan en un combate que no suele durar más que minutos o algo más. Así describe  George Orwell, el ensayista británico, su experiencia en la guerra civil española en la cual combatió contra los fascistas. La velocidad de las ofensivas es vital para descolocar al enemigo y  lograr el mayor efecto sorpresa. El método terrorista de combate saca, precisamente,  el mayor provecho a su condición clandestina para golpear donde menos se lo espera.

La sorpresa y la velocidad de ciertos desenlaces violentos es, sin embargo, el resultado de largos conflictos con causas que en algunos casos tienen raíces centenarias. Así ocurrió en París, el 13 de noviembre, donde  un pequeño grupo de suicidas, decididos a causar la mayor mortandad posible,  cambió  el cuadro político en Francia y Europa. La serie de atentados golpearon profundo en el ánimo de los franceses. Una encuesta publicada tras los traumáticos hechos mostró  que 84 por ciento de los consultados están dispuestos a sacrificar libertades y aceptar mayores controles a cambio de  más seguridad. Así ocurre en todas las sociedades: el miedo y la inseguridad son insoportables. Las personas prefieren ceder  poderes  a  los gobiernos y sus policías a cambio de protección..

Por desgracia para los ciudadanos las autoridades no explican los riesgos que acarrean ciertas decisiones políticas internacionales. Francia en forma unilateral, sin autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, inició sus bombardeos contra el Estado Islámico (EI) en Siria e Irak. Gran Bretaña ha hecho otro tanto pero hasta hace poco solo en Irak pero luego de un voto en el parlamento; el 2 de diciembre, los amplió a Siria. Rusia, por su parte, lanzó en septiembre sus bombarderos contra el EI y otras agrupaciones que combaten contra el presidente Bashar al Assad que gobierna  Siria. A diferencia de los otros países intervinientes Moscú cuenta con la venia de Damasco. Estados Unidos, en todo caso,  les llevaba la delantera a todos en cuanto a bombardear al EI tanto en Irak como en Siria. Todos obrando por su cuenta y riesgo.

 

Ante la campaña aérea en su contra el EI declaró,  luego de su atentado contra un avión de pasajeros ruso cargado con turistas,  el 31 de octubre, sobre la Península de Sinaí en Egipto, que : “Los combatientes del Estado Islámico lograron derribar un avión sobre la provincia del Sinaí con más 220  cruzados rusos a bordo” El EI agregó: “Ustedes deben saber, rusos y sus aliados que no tendrán seguridad alguna  en tierras musulmanas  o en su espacio aéreo…la muerte diaria de inocentes en Siria a causa de vuestros bombardeos les acarreará desastres…Así como ustedes matan,  los mataremos a ustedes”.

La conexión caucásica

Los yihadistas golpearon a dos enemigos con una piedra. En primer lugar la  matanza de 224 rusos que viajaban a bordo del vuelo de Metrojet era la respuesta a Moscú por sus bombardeos en Siria. Frente a Egipto, gobernado por una dictadura militar anti islamista,  era golpear un punto crítico de su economía: el turismo representa 13 por ciento del producto interno bruto lo que equivale a  unos 36 mil millones de dólares. El balneario de Sharm el Sheij, de donde provenían los turistas, es el principal centro turístico playero de Egipto. El país del Nilo está además en una guerra civil larvada con los Hermanos Musulmanes, cuyo gobierno encabezado por  Mohamed Mursi fue depuesto por un cruento golpe de estado  en 2013.  Las proclamas del  Presidente Abdel  Fatah al Sissi que tenía pleno control sobre su territorio fueron desmentidas así por el EI.

Rusia, es la potencia extra regional más alarmada y expuesta. El Cáucaso alberga a más de 60 etnias y el islam es dominante entre muchas de ellas. Se estima que unos siete mil combatientes del EI  provienen de Rusia o Azerbaiyán, Uzbekistán, Tayikistán y otras ex repúblicas soviéticas.  Unos dos mil  han partido a luchar a Irak y Siria desde el Cáucaso.  Pero más preocupante que el eventual retorno de estos combatientes a sus lugares de origen es la implantación del EI en la región. La tradicional mano dura rusa contra las minorías ha abonado un resentimiento que estimula la resistencia. El EI con su prédica intransigente ya cuenta con numerosos  adherentes. La población sunita de la región es contraria al respaldo que Moscú brinda a Bashar al Assad, un alauita que es parte de la corriente chiíta. El régimen de Assad  es responsable de la muerte de decenas de miles de sunitas en Siria.

Los rusos tienen experiencia de primera mano con el terrorismo islámico. Muchos de los atentados en el metro de  Moscú, en teatros, colegios y otros lugares públicos fueron perpetrados chechenos y sus aliados.  De allí que para Vladimir Putin, más allá de ayudar al régimen de Assad, la neutralización del EI es un asunto de seguridad doméstica de primer orden..

 

El yihadismo europeo

La niebla no despeja aún sobre la masacre que cegó 130 vidas en la capital francesa. Algunos de los terroristas provenían  de Bruselas y eran de ascendencia marroquí. También está claro que los líderes tuvieron su bautizo de fuego en los campos de batalla en Siria. Así el foco de las investigaciones ha virado hacia  Bélgica que es el país europeo desde el cual ha viajado el mayor número de  yihadistas a combatir en Siria e Irak. Se estima que al menos 440 han tomado el camino a Damasco,  lo que representa 40 individuos por cada millón de belgas. Desde Francia se calcula que han viajado  1.200 lo que da 18 por cada millón de franceses.

Una interrogante recurrente es qué atrae a una pequeña fracción   de jóvenes musulmanes occidentales para engrosar las filas del EI. Una causa es la marginalidad y alienación en que viven jóvenes europeos de origen árabe y religión musulmana. Educados en países en que la prédica oficial proclama la igualdad de derechos y oportunidades la experiencia cotidiana les indica otra cosa. Muchos sufren la discriminación en la búsqueda de empleo, arriendo de casas u obtención de préstamos. Las fricciones con la policía son frecuentes al punto que denuncian un perfilamiento étnico. Los controles de identidad apuntan a ellos en primer lugar. Una diminuta minoría se refugia en su identidad religiosa, un oasis a la marginación o el acoso social y policial. Francia fiel a sus convicciones republicanas pone el acento de sus políticas en la igualdad de los ciudadanos. Es un valor no compartido por algunos jóvenes que cotizan más la lealtad que dimana de la fe antes que de los ideales cívicos. Estas personas buscan la gran hermandad religiosa y están dispuestos en casos extremos a rendir sus vidas por ella. Un testimonio típico es el de Rahman, un militante del EI, que escribió en un sitio web: “La vida es para el más allá…Así es que si Dios me ha dicho que debo ir a combatir, y nos ha prometido la victoria o el martirio entonces nuestra vida solo es un pequeño sacrificio…La razón principal para luchar es complacer a nuestro creador para enaltecer su religión”. Rahman murió en julio de 2014.

Los jóvenes musulmanes occidentales están sometidos a las mismas condiciones que el resto de su grupo etario: aburrimiento, un grado de beligerancia y cierto narcisismo. Los mismos sentimientos se aprecian entre jóvenes nacidos, por ejemplo, en la ex República Democrática Alemana Allí algunos canalizan su malestar a través organizaciones neo nazis. El liderazgo, la camaradería y los códigos militares juegan un rol decisivo en cementar un espíritu de cuerpo que trasciende a los perfiles sicológicos individuales. Entre los yihadistas es recurrente la referencia a los “hermanos”. Así aluden a las necesidades en el frente: los hermanos necesitan medicamentos, ropas de abrigo y un cuanto hay, todo es para los hermanos. Algunos sociólogos incluso tipifican al yihadismo europeo como una tribu urbana con sus atuendos y modas. La épica de actividades clandestinas, el sentido de misión y la aventura de la guerra junto a la exaltación del heroísmo alimentan el poderoso imaginario de una utopía dogmática.

Además hay una gran infraestructura de mezquitas en la que algunos clérigos pregonan en forma poco disimulada las virtudes del yihadismo. También en ciertos centros de estudios islámicos, como en las madrasas, se promueve el extremismo religioso. Arabia Saudita es la principal financista de la construcción de mezquitas en Europa. Los vasos comunicantes entre el wahabismo, la religión oficial del reino saudí, y las convicciones del EI son muy vastos.

Tras los atentados parisinos

E presidente francés François Hollande prometió a sus compatriotas destruir  al EI con el cual, agregó, Francia está en guerra. Un cambio  en la postura francesa. Las autoridades galas llaman al EI  por su acrónimo árabe de Daesh.  Laurent Fabius, el ministro de relaciones exteriores, explicó que esa denominación es preferible ya que se trata de un grupo terrorista y no de un estado. Ahora los yihadistas del EI cambiaron su estatus y son merecedores de una declaración guerra que es algo que tiene lugar ente estados. Cabe suponer que los prisioneros  sean considerados como combatientes de acuerdo a lo señalado por  la Convención de Ginebra. Algo que el presidente estadounidense George W Bush no respetó en Afganistán pues los prisioneros de Guantánamo fueron torturados y no merecieron juicios como exige la ley internacional.

En el plano militar la respuesta gala a la agresión yihadista ha sido un masivo bombardeo contra Raqqa, ciudad considerada la capital del EI que alberga  unos doscientos mil habitantes. La localidad  también es blanco de cantidades industriales de bombas  rusas y también estadounidenses. Habrá que ver cuanto queda de ella cuando culminen las operaciones. El dilema para Francia y sus aliados es que no podrán derrotar al EI solo con bombardeos aéreos. Hay quienes proponen una invasión para confrontar cara a cara al EI. Estados Unidos invadió Irak en el 2003 junto a tropas británicas y de la OTAN. Washington ha mantenido desde entonces a enorme costo una maciza presencia militar y ha combatido a sucesivas insurgencias. Ello no impidió que el EI controle parte importante del país. Otro tanto ocurre en Afganistán que fue invadido en el 2001. Tras casi una década de una ocupación frustrada el Presidente Barack Obama decidió que era la hora de retirar las tropas de ambos países.

El proyecto del EI es construir un califato que termine con buena parte de los estados del Medio Oriente y el conjunto de África del Norte. Sus políticas retrogradas y opresivas en extremo tienen el respaldo de diversas monarquías y emiratos árabes. Por otra parte muchos de estos países cuentan con grandes yacimientos petroleros. De manera que, más allá de toda otra consideración, Occidente hará lo que pueda para derrotar al EI. La interrogante no si  ello es necesario sino que es cómo lograrlo.

Un primer paso es crear las más amplia alianza posible de interesados en acabar con el yihadismo. En primera línea están los rusos que temen por sus fronteras meridionales. Luego están los iraníes que como chiítas están enfrentados a los sunitas del EI. Incluso China tiene problemas de terrorismo en algunas provincias de mayoría musulmana. La gran alianza, si llega a ver la luz, deberá impedir que Arabia Saudita, Catar y otros  sigan inyectando recursos al yihadismo.  El interés en varias  monarquías sunitas es alentar la lucha contra Irán y sus alidos chiítas con los cuales disputan la hegemonía en la región. Turquía, pese a ser miembro de la OTAN, no ve con malos ojos al EI pues lucha contra los kurdos que Ankara percibe como una amenaza por sus corrientes independentistas. Es pues un rompecabezas donde, hasta ahora. no ha sido posible calzar las piezas para al menos lograr una tregua.

En lo que toca Siria, que está en el ojo de la tormenta, se vive una tragedia  mayúscula. En cinco años de guerra civil ha muerto un cuarto de millón de personas. La mitad de la población, es decir 11 millones personas han sido desplazadas de sus hogares.  De las cuales cuatro millones han abandonado el país y cientos de miles han buscado asilo en Europa. Sólo tras el arribo masivo de refugiados el desastre social de Siria e Irak ha merecido la atención mundial.   Los actuales bombardeos diversos no hacen más que incrementar las columnas de los que huyen por sus vidas.

Cualquier solución duradera tendrá que emerger de la propia región. Ello mediante un gran acuerdo político y la refundación de Siria e Irak con un rostro diferente al anterior al conflicto. La comunidad internacional puede ayudar pero el protagonismo corresponde a las fuerzas locales.

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