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el giro venezolano

December 10, 2015

La oposición venezolana logró una victoria arrolladora. La Mesa de Unidad Democrática (MUD) acaparó más del 56 por ciento de los votos contra 40,8 del  Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). En términos parlamentarios los opositores dispondrán de dos tercios de la Asamblea Nacional lo que les permite un amplio control sobre la gestión del gobierno.

El Presidente Nicolás Maduro culpó a la “guerra económica” contra sus huestes. Es evidente que el empresariado, como era esperable, ha dificultado el quehacer de un  gobierno que consideran hostil. Pero ello no es la causa principal de los males del país. El desplome del precio del petróleo, de 115 dólares el barril en 2014 a 37 dólares en estos días,  ha limitado en forma drástica el ingreso de divisas. Maduro rogó a la OPEP bajar la producción para conseguir 88 dólares por barril. Arabia Saudita hizo oídos sordos a su petición. Más de 90 por ciento de las entradas externas venezolanas provienen del crudo. Una mala gestión del sector industrial y agrícola ha forzado a multiplicar las importaciones de insumos tan pedestres como los huevos. Más compras con menos divisas tiene un resultado neto: desabastecimiento. A ello se suma una inflación galopante de más de tres dígitos y un mayor desempleo. Como si esto fuera poco Venezuela muestra una de la mayores tasas de homicidios en el mundo. La corrupción en el seno de la policía es proverbial. Con semejante cuadro ningún gobierno democrático puede aspirar al voto popular.

La oposición creó un ambiente de incertidumbre denunciado anticipadamente un fraude.   Al hacerlo, sin fundamento,  no hizo más que minar el proceso democrático que decía defender. En Venezuela se han realizado 20 comicios desde que Hugo Chávez llegó el gobierno en 1999. En ninguno de ellos se pudo acreditar un fraude. Me correspondió participar como observador en una oportunidad. El civismo del pueblo venezolano es admirable y el sistema electoral está diseñado para impedir alteraciones del resultado de las urnas.

Ahora Venezuela se encuentra en una situación común en muchos países. Con un gobierno de una tendencia y el parlamento dominado por otra. La clave de lo que viene estará en cómo ambos bandos manejan sus cuotas de poder. La MUD es una coalición amplia, de 28 partidos, que está más expuesta a posibles escisiones. Ello porque su éxito descansó en un llamado al cambio antes  que en una propuesta unificada de gestión. De hecho sus principales líderes han discrepado sobre como derrotar al gobierno. Algunos, con el encarcelado Leopoldo López a la cabeza, han privilegiado el enfrentamiento callejero. Henrique Capriles, que ha liderado varias gestas electorales,  ha preferido volcar las fuerzas tras una mayoría en las urnas.

Venezuela vive en un estado de alta tensión desde hace años con un peligroso nivel de polarización. La virtud de la democracia es que ofrece un camino para dirimir las diferencias en forma pacífica. Esta a la vista que la vía de la alternancia está abierta. Si ello ocurrirá es una cuestión que exclusivamente los venezolanos deben resolver.

 

El carisma de Chávez y Maduro.

Hay quienes señalan el carisma de Hugo Chávez y constatan su ausencia en Nicolás Maduro. Pero aún con Chávez en vida los márgenes de las victorias electorales bolivarianas se estrechaban. Dado el nivel de desbarajuste económico actual es probable que el propio Chávez hubiese sufrido una derrota. Qué gobierno puede sobrevivir a una contracción económica de 10 por ciento como ocurrirá este año y para 2016 está previsto un  6 por ciento. Todo el carisma del mundo no será más fuerte que la cotidiana y agotadora necesidad de subsistir.

 

 

 

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