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Perú vira a la derecha.

June 22, 2016

La victoria de Pedro Pablo Kuczynski (PPK) en las elecciones presidenciales peruanas era impredecible. El estrechísimo margen con su contendora Keiko Fujimori, en el balotaje del 5 junio, mantuvo al país en vilo hasta el último minuto. Pocos daban una chance de victoria al candidato presidencial de la derecha liberal. En las encuestas corría mezclado en el pelotón de aspirantes. Pero como suele ocurrir en política las cosas tomaron un rumbo inesperado. En competencia con ex mandatarios, aspirantes descalificados por no cumplir con las exigencias electorales, PPK logró pasar a la segunda ronda y confrontar a la hija del encarcelado ex Presidente Alberto Fujimori (1990-2000). De allí en más PPK invocó el fantasma del gobierno de su padre reflotando los viejos temores. Abundaron los rumores sobre funcionarios de la campaña de Keiko involucrados en el lavado de dinero y en  narcotráfico. La agencia antinarcóticos estadounidenses, la DEA, denunció que  investigaba a Joaquín Ramírez , secretario  general de Fuerza Popular el partido del fujimorismo.  La acusación impactó de lleno en la campaña de Keiko y, por lo mismo, fue una inyección a la vena para las aspiraciones de PPK.

Como es habitual en Latinoamérica los que no adhieren a la ortodoxia neo liberal son motejados de populistas. Pero en rigor en el caso del fujimorismo sería más preciso hablar de clientelismo. Que en este caso alude a realizar pactos oscuros con sectores de la economía informal, como la minería clandestina que da sustento en forma directa o indirecta a unas 400 mil personas.

PPK, líder de Peruanos por el Kambio, después de haber quedado en desventaja en un primer debate realizado en Piura pasó a la ofensiva en el último foro en Lima. Al candidato de 77 años se le apoda el gringo. El ex Presidente Alán García le enrostró que no tenía “un gota de sangre peruana. Tiene sangre polaca, judía, francesa, pero peruana cero”. El asunto fue respondido por un eslogan de campaña que buscaba bajar el perfil de su aspecto de banquero de Wall Stret:  “Gringo por fuera, cholo por dentro”. Para probar su nexo con la sierra PPK, un flautista eximio,  deleitaba en los mítines tocando melodías andinas.  Con ello además logró maquillar su pobre oratoria  en un país donde abunda una discursiva descollante. Una hábil campaña publicitaria logró camuflar su escaso carisma.

En las últimas semanas de campaña, dominada por la descalificación mutua, logró imponer sus puntos a través de acusaciones de amenazas a la democracia y  un auge de la corrupción en caso vencer su contrincante. En el campo económico ambas candidaturas tenían más coincidencias que discrepancias. Perú ha gozado de una prolongada bonanza con altas tasas de crecimiento. En toda elección el  bolsillo de los electores siempre es un factor crítico. Pero dado los buenos precios de las materias primas y el aumento de las exportaciones el debate económico quedó relegado. El primer lugar lo ocupó la seguridad ciudadana y la lucha contra el crimen. Las encuestas ubicaron esta problemática en el primer lugar: 61 por ciento de los  encuestados señaló la seguridad como su mayor preocupación.  Aquí se dividieron las aguas. Keiko  postuló la participación de las fuerzas armadas en la lucha contra la delincuencia. PPK rechazó la idea señalando que los militares no están formados para estas tareas. La experiencia latinoamericana en la materia le da la razón. La intervención castrense en tareas de seguridad doméstica en México y Brasil ha sido negativa. Ello tanto para los uniformados como para contener la criminalidad. Keiko propuso un enfoque punitivo: construir cárceles de alta seguridad y situarlas en emplazamientos altiplánicos a más de cuatro mil metros. Una propuesta que dificultaría las visitas familiares de los costeños. La presencia de seres queridos es un elemento importante para hacer tolerable el encierro y mantener el acatamiento a la autoridad. PPK se inclinó por incrementar el contingente policial “en todos los barrios” y, al igual que su adversaria, construir cárceles de alta seguridad aunque no especificó la cota.

El fujimorismo

Los variopintos opositores a la candidatura de Keiko convocaron a multitudinarias marchas en Lima y otras localidades bajo una consigna unitaria y nada propositiva: “No a Keiko”. El gobierno de Ollanta Humala llamó a respaldar a PPK y otro tanto hizo Verónika Mendoza (la K está de moda), la ex candidata del izquierdista del Frente Amplio, que remachó tercera tras PPK  en la primera vuelta.

El proceso electoral reveló la fragilidad del sistema partidario peruano. En los hechos fue una confrontación entre fujimorismo y el antifujimorismo. Es notable que la hija de un hombre fuerte, que muchos tildan de dictador, haya logrado casi el 50 por ciento de las preferencias. En términos del imaginario popular el fujimorismo encarna  unas mezcla de paternalismo, a través del clientelismo, y una actitud autoritaria, a menudo trasgresora, que es interpretada como efectividad. Esta última percepción proviene de la exitosa lucha contra Sendero Luminoso que dejó un saldo de 60 mil muertos, 40 por ciento de ellos causados por los senderistas. Los peruanos aluden a la década de los 90 como una década perdida.

El éxito del fujimorismo, en un país muy diverso en lo étnico y geográfico, ha sido articular alianzas con vastos sectores informales. Pactos con los mineros que explotan en forma clandestina oro y cobre le atraen una legión de votantes. Hace un par de años la minería ilegal estaba presente en 21de los 24 departamentos del país. Según datos oficiales generaban un ingreso de 3 mil millones de dólares. Se estimó que esta cifra superaba en 15 por ciento los retornos del narcotráfico. La minería informal emplea 2,5 veces más personas que la minería establecida. Otro rubro informal es la tala clandestina de las zonas selváticas. Los activistas de Fuerza Popular han tenido buena acogida en sectores rurales emergentes con dificultades en sus relaciones con el Estado. La promesa de la formalización con los beneficios que ello representa en término de créditos, cooperación técnica y desarrollo de infraestructura es un gran magneto.

El Perú no es la excepción a la hora del rechazo a la política convencional. El país muestra buenas cifras económicas, los indicadores de pobreza marcan un claro descenso pero la desigualdad y la marginación afectan a grandes sectores. Como en otros países de la región conforme crecen las expectativas aumenta la insatisfacción. Apenas 16 por ciento de los peruanos cree que sus gobiernos obran “para el bien de todo el pueblo”. Solo el 17 por ciento cree que la distribución de la riqueza en el Perú es justa.

 

En lo que toca a la derecha y la elite económica política peruana en su gran mayoría coincide con Mario Vargas Llosa, que siempre apoyó a PPK, y que apenas supo de su triunfo declaró: “Ha salvado al Perú de una catástrofe: el retorno al poder de la mafia fujimorista que (…) robó, torturó y asesinó con una ferocidad sin precedentes”. Su última novela Cinco Esquinas es elocuente del total desprecio del autor por el gobierno de Alberto Fujimori y su encarcelado brazo derecho Vladimiro Montesinos.

Por su parte el balotaje dejó a la izquierda ante dos propuestas conservadoras. Por lo que para los izquierdistas la opción, como tantas veces ocurre, era votar por el mal menor. Verónica Mendoza, a nombre del Frente Amplio, llamó a volcar el 19 por ciento de los votos logrados en la primera vuelta:  “Para cerrarle el paso al fujimorismo sólo queda marcar por Kuczynski” (…) “No quiero que mis hijos vivan en un país de corrupción, drogas y violencia (…), por eso Keiko no va”. Recordó que mientras Keiko oficiaba de primera dama su padre no tuvo problemas para robar dineros públicos, extorsionar a ciudadanos, matar a los que pensaban distinto y esterilizar por la fuerza a unas 300 mil mujeres.

La voz de Mendoza fue escuchada y los resultados en varias regiones del sur del país vieron multiplicada la votación de PPK permitiéndole superar a Keiko con amplitud. A su vez el respaldo del oficialismo contribuyó a cargar la balanza a favor del ex ministro de Economía y Finanzas del Presidente Alejandro Toledo.

El impacto regional

PPK pondrá los intereses económicos del Perú al tope de su agenda internacional. Su vocación pragmática le llevará a desechar las disputas  fronterizas. Las fricciones con Chile generadas bajo el gobierno del Presidente Alán García y  que culminó con el fallo en La Haya con Ollanta Humala quedarán en el pasado. Ello pese a que PPK señaló durante la campaña que reclamará como peruanas las 3,7 hectáreas del llamado triángulo terrestre. Aunque difícilmente podía decir otra cosa. Más indicativo es que tiene óptimas relaciones con empresarios chilenos y buscará acrecentar los lazos comerciales.

Desde la perspectiva chilena Kuczynski puede abrir una ventana de oportunidades para avanzar en procesos integradores. La victoria de Mauricio Macri marcó un cambio en la perspectiva de Buenos Aires que ahora busca una integración a la Alianza del Pacífico, de la cual forman parte México, Perú, Chile y Colombia y es Bogotá la que impulsa el acercamiento argentino. Este cambio es en parte posible por el viraje de la política exterior brasileña desde que fue suspendida la Presidenta Dilma Rousseff. Brasilia tenía reparos frente a la Alianza y sospechaba que era alentada por Estados Unidos en un esfuerzo por restar fuerzas a las inciativas brasileñas y en particular al Mercosur. El entusiasmo creciente por explotar los vínculos con Asia podría revigorizar los proyectos de corredores bioceánicos.

La mayor inquietud por el cambio en Lima debe sentirlo el gobierno boliviano que ve debilitado su alcance diplomático de cara a Buenos Aires y Brasilia. Perú ha asumido una postura de neutralidad declarada en la disputa chileno boliviana señalando que es un tema corresponde resolver a ambos países. En los hechos no ha sido así y Lima, en más de una oportunidad, ha interferido para dificultar un arreglo. Es prematuro para pronosticar como evolucionaran las relaciones entre los diversos actores regionales. Pero es una coyuntura interesante.

PPK no la tendrá fácil.

Kuczynski cuenta con apenas un quinto del electorado que puede considerar suyo. El resto se alineó tras él en un gran frente no declarado contra el fujimorismo. Muchos de ellos provienen de sectores opuestos a sus propuestas neoliberales. PPK encabeza un conglomerado que dista de a ser un partido. . Su fuerte es una apreciable legión de tecnócratas. Pero un país tan fragmentado políticamente como Perú es indispensable contar con buenos operadores políticos que brillan por su ausencia entre sus filas. A esto se suma su precaria presencia en el parlamento unicameral de 130 miembros, donde cuenta apenas con 18 representantes. Allí deberá hacer frente a los 73 miembros de Fuerza Popular. Consciente de la magnitud del desafío su primer llamado fue a una concertación política. A su favor tiene que no hay grandes expectativas. El grueso del electorado se daría por satisfecho con un buen manejo económico y la continuidad democrática. Ha sido el sino de los presidente peruanos abandonar el palacio presidencial con bajísimos niveles de aprobación. Dada la polarización vivida en el proceso electoral es dable esperar un muy breve período de gracia. PPK deberá correr contra el tiempo biológico y político.

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