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Posts Tagged ‘Egipto’

El Estado Islámico y la seguridad aérea.

November 11, 2015 Comments off

La caída del avión ruso en Egipto ha dado pie a explicaciones diversas. Moscú y El Cairo, los más afectados, negaron en un inicio que se tratase de un atentado terrorista. Ello pese a que el ataque fue reivindicado desde el primer momento, el 31 de octubre,  en este comunicado : “Los combatientes del Estado Islámico lograron derribar un avión sobre la provincia del Sinaí con más 220 cruzados rusos a bordo” El EI agregó: “Ustedes den saber, rusos y sus aliados que no tendrán seguridad alguna  en tierras musulmanas  o en su espacio aéreo…la muerte diaria de inocentes en Siria a causa de vuestros bombardeos les acarreará desastres…Así como ustedes matan,  ustedes serán muertos” .

Los yihadistas golpearon a dos enemigos con un tiro. En primer lugar la  matanza de 224 rusos que viajaban a bordo del vuelo de Metrojet era la respuesta a los bombardeos rusos en su contra en Siria. Para Egipto, gobernado por una dictadura militar anti islámica,  era golpear un punto crítico de su economía: el turismo representa 13 por ciento del producto interno bruto lo que equivale a  unos 36 mil millones de dólares. El balneario de Sharm el Sheij, de donde provenían los turistas, es el principal centro turístico playero de Egipto. El país del Nilo está además en una guerra civil larvada con los Hermanos Musulmanes, cuyo gobierno de Mohamed Mursi fue depuesto por un cruento golpe de estado  en 2013.  En esas condiciones el Presidente Abdel al Sissi reclamó que tenía pleno control de su territorio y descartó la acción de terroristas.

Para Moscú, por su parte,  admitir el atentado abría la vía a cuestionamientos por entrar en el conflicto sirio. Aunque  para Rusia el fundamentalismo islámico es una amenaza doméstica pues un gran número de yihadistas del EI son rusos musulmanes o provienen de las ex repúblicas soviéticas con mayorías musulmanas. Hoy, después de la escucha de las cajas negras, hay casi total certeza de que fue una bomba la que destruyó al Airbus 320.  La pregunta ahora es cómo fue colocado el explosivo a bordo de la nave. Hay una variedad de posibilidades: pudo ser un pasajero que aceptó un paquete, tal vez un yihadista ruso o quizás  personal de tierra en el aeropuerto. Cualquiera sea el método utilizado las autoridades aeronáuticas tomarán medidas drásticas de control en todo aquellos países donde opera el EI. Ello podría significar una clasificación de los aeropuertos en función de su seguridad. Aquellos que no cumplan con los estándares exigidos por las autoridades internacionales verán prohibidos los vuelos de los principales transportadores aéreos. Es algo que ya ocurre con algunas aerolíneas que por su baja calidad tienen vedado volar a Estados  Unidos o Europa.  En todo caso comienza una nueva fase en la larga lucha entre la seguridad aérea y los grupos terroristas empeñados en destruir aviones para reivindicar su causa.

Egipto en la encrucijada.

Egipto, el más populoso de los países árabes, enfrenta serios retos a su seguridad.  Libia, su vecino occidental, está desgarrado por un guerra civil y de allí proviene un amplio tráfico de armas de grueso calibre. El EI ha ganado terreno en Trípoli luego de la caída del régimen del coronel Muammar Gaddafi. Los yihadistas han despachado recursos y armamento a sus correligionarios que combaten en la Península de Sinaí y en el resto del país contra el gobierno militar que cuenta con escasa legitimidad. La perspectiva de una expansión del EI hiela la sangre de muchos egipcios y de la comunidad internacional.

Guerras islámicas.

May 1, 2015 Comments off

La guerra al interior del Islam no da tregua. El jueves 25 de marzo fue abierto un nuevo frente bélico en Yemen. Arabia Saudita, liderando una alianza de emiratos además Egipto y Marruecos, comenzó una campaña de bombardeos contra los Huthis, chiítas yemenitas también conocidos como  Ansar Alá (guerrilleros de Dios).  Es un paso más en la desintegración del viejo  Medio Oriente. Ello podría ser algo positivo en la medida que superase estructuras anquilosadas. Pero no es el caso. Las bombas que llueven en el sur de la península arábiga agravan el cisma entre las dos grandes corrientes del Islam.  Ello además de causar  gran destrucción y sufrimiento. Aunque los bandos en pugna enarbolan las banderas de sus respectivas creencias religiosas es, en los hechos, una lucha por la hegemonía política en la región.

La enemistad entre chiíes y sunitas nace con el propio Islam con la disputa sobre quién es el legítimo sucesor de Mahoma.  Pero el choque sangriento librado por ambas corrientes, en varios países,  despunta en 1979, con el triunfo de la revolución iraní que depuso a la monarquía del sha. El ímpetu político republicano teocrático chiíta de Teherán fue percibido como una amenaza por parte del mundo sunita,  que representa al 85 por ciento de los musulmanes que en total suman unos 1500 millones de seguidores. Washington, acusado de ser el gran Satán por el ayatolá Jomeini, se alió con el Irak de Saddam Hussein en la ofensiva lanzada contra Teherán en 1980. La guerra se convirtió en la más prolongada del siglo pasado. Concluyó con ambos países desangrados,  en 1988,  con la muerte de más de un millón de personas. El interés de Estados Unidos era proteger  a las monarquías medio orientales y, en especial, a la saudita  de los vientos de cambios. Ello le garantizaba el acceso  sin restricciones a la región que alberga cerca del 60 por ciento del petróleo mundial.

Finalmente, en lo que toca a Hussein, fue acusado de disponer de armas de destrucción masiva lo que le valió ser invadido en 2003. Fue uno de los errores estratégicos más gruesos  de Washington. Muchos de los conflictos actuales son derivados directos de ese yerro. El vacío de poder creado en Irak dio pie a una cadena de enfrentamientos entre sunitas y chiítas. El más mortífero, sin duda, fue el que tuvo lugar en Irak. En la guerra civil librada entre ambas corrientes, en especial en los años 2006-2007, murió cerca de medio millón iraquíes. Se  calcula  además que por tres  muertes violentas hay que sumar otras dos a causa de desplazamientos forzados, colapso del sistema hospitalario, falta de agua, nutrición y deterioro de las condiciones de vida. La virulencia del enfrentamiento gatilló el desarrollo de milicias, en los dos bandos, que practicaron el terrorismo e innumerables asesinatos sectarios.  En este caso el  río revuelto fue sinónimo de ganancia de extremistas.  Los chiíes aprovecharon su ejercicio del gobierno para operar escuadrones de la muerte desde el ministerio del Interior. Los sunís se aglutinaron tras Al Qaeda. Que más tarde dio origen al así llamado  Estado Islámico.

Yemen y  los huthis

Los huthis, así llamados por su líder original   Hussein Badreddin al-Huthi, muerto en 2004, son habitantes del norte del país que practican la variante zaidí  del islamismo chií.  Los huthis han combatido contra los saudíes desde 2004 en varios episodios. Más que un problema religioso la  monarquía saudí ve en ellos y otros chiítas la mayor amenaza para su trono.  De hecho en  2011 despachó tropas a Bahrein para sofocar un alzamiento de la mayoría chií.  Riyad ha reemplazado a Egipto como el líder del mundo árabe y del islamismo sunita y, por lo mismo, se erige como la barrera a la expansión de la influencia chií propugnada por Irán.

Dada la naturaleza de las fuerzas huthis , que tienen la adhesión de numerosos sunis y están muy mimetizadas con la población civil, los  bombardeos saudíes  serán insuficientes para contener a sus adversarios.  Tarde o temprano, si no se logra un acuerdo político,  tendrán que despachar tropas a Yemen. Los huthis son luchadores  avezados con décadas de experiencia en las tácticas guerrilleras. No en vano en la prensa iraní ya se habla del “Afganistán saudí”, con lo cual aluden a una guerra en la cual se empantanarán al igual que le ocurrió a Estados Unidos, que ha pasado 14 años en el país asiático sin lograr la victoria.

Desde el inicio de la operación “Tormenta Decisiva” cuando comenzaron los bombardeos saudíes el barril de petróleo subió cuatro dólares. Yemen no es un gran productor petrolero aunque tiene algunos yacimientos. El temor es que el conflicto se traslade a la propia Arabia Saudita y que,  por la vía de la infiltración o agentes,  comience una campaña de sabotaje de las instalaciones petroleras del reino. Es difícil evaluar cuan efectivos han sido los ataques aéreos saudíes. Lo que está a la vista es que han causado más de 600 muertos y más de 3.000 heridos. Hospitales y obras de infraestructura han sido alcanzadas por bombas y misiles.  Los organismos internacionales hablan ya de desastre humanitario. La experiencia muestra que este tipo de agresiones unen a las víctimas contra los atacantes.

Ganadores ciertos en la coyuntura actual,  dado el desgobierno,  son las organizaciones yihadistas.  Al Qaeda en la Península Arábiga, que reclama el ataque terrorista contra Charlie Hebdo en París, protagonizó una fuga masiva de una prisión liberando a cientos de militantes. Por su parte el Estado Islámico  infiltró,  el 20 de marzo, a  cuatro suicidas en mezquitas en que oraban fieles huthis causando la muerte de 130 de ellos. Yemen, que desde hace mucho cobija una serie de grupos extremistas, corre el riesgo de convertirse en la nueva meca del terrorismo.

El crítico factor saudí.

Con ironía se señala que el reino saudí es atendido por sus propios dueños. Ello porque todo lo que ocurre en el país pasa por las manos de la dinastía que rige a la nación con poderes absolutos. A falta de legitimidad popular la Casa de Saud ha invocado la religión y las armas. En  la esfera de las creencias el  Estado saudí descansa en una antigua alianza político religiosa. En 1744, Mohamed Ibn Saud, uno de los emires, firmó un pacto con el predicador Mohammed Ibn Abdel Wahab  que pretendía volver la fe islámica sunita a su pureza original. Las enseñanzas wahabitas calzaron bien con las aspiraciones políticas de la familia Saud que aspiraba a constituir un Estado  en oposición a los chiítas,  que gobernaban en Irán y gran parte de Irak. El wahabismo destaca por su total intolerancia. Todo musulmán ajeno a sus convicciones es un impío. En esta categoría cae más del diez por ciento de la población  saudí  chíi que vive hostilizada por  wahabitas  auspiciados por el gobierno.

Pero la fe no es suficiente. El reino saudí es el país con el cuarto gasto militar más alto del mundo después de Estados Unidos, China y Rusia. Según el SIPRI, el Instituto de Investigaciones para la Paz Internacional de Estocolmo, los saudíes destinan 9,3 por ciento de su PIB a la defensa. En plata ello representa 67 mil millones de dólares anuales (Chile gasta unos cinco mil millones de dólares). Nada más que en compras de armamentos los saudíes invirtieron el año pasado algo más de  9 mil millones de dólares. Las astronómicas cifras destinadas a la defensa reflejan la inseguridad de la petromonarquía gobernante. Teme ser destronada, como ocurrió a las coronas de Egipto y Libia que cayeron a manos de oficiales jóvenes como Gamal Abdel Nasser y Muammar Gadafi.

Para enfrentar el peligro doméstico y externo la familia real adoptó una política especial: gastar fortunas en armas pero mantener fuerzas armadas pequeñas. Pretende así impedir que los militares ganen peso político que despierten sus  ambiciones golpistas. Por otro lado, mediante un gran poder de fuego, aspira a disuadir a potenciales agresores. Es frecuente que las fuerzas armadas saudíes no logren cubrir las plazas vacantes con nacionales y deben contratar  un número importante de extranjeros. En períodos  de peligro recurre a Pakistán que le ha arrendado brigadas de su ejército para controlar la capital y los lugares santos.  Es un país que, para todos los propósitos prácticos, no cuenta con un ejército nacional. Algo demostrado a apenas dos semanas después de iniciados los bombardeos contra Yemen. Esto fue revelado por  Khawaja Asif, el ministro de Defensa paquistaní, que a su regreso de Riyad señaló que “Arabia Saudita ha solicitado aviones de combate, buques y soldados”. Ante este pedido China, que mantiene estrechas relaciones con Islamabad y Teherán,  desaconsejó a Pakistán sobre la conveniencia de una intervención en el conflicto. En definitiva el parlamento paquistaní votó contra una participación directa en la crisis yemení.

Hasta  ahora los saudíes evitaron entrar a las múltiples guerras de la región. En cambio participaron desde la retaguardia con fondos y armamentos. Respaldaron a Irak contra Irán. En paralelo fueron muy activos en la guerra de los muyahedín contra los soviéticos en Afganistán.  Allí  aportaron más de cuatro mil millones de dólares a Pakistán para derrotar al Ejército Rojo soviético. En la actualidad financian a varios grupos que combaten al gobierno en Siria.

En enero falleció, a los 90 años,  el rey Abdullá  que fue sucedido  por el actual monarca Salmán, 79 años,  que goza de mala salud. De inmediato nombró al crítico puesto de ministro de la Defensa a su hijo Mohammad bin Salmán.  Si la campaña militar en Yemen es exitosa desbrozará  su ruta al trono. Pero si fracasa abrirá la disputa entre sus hermanos y primos por la sucesión. La política de Estado del reino se desarrolla, como en la Europa medieval, en los estrechos muros palaciegos donde unos siete mil príncipes y princesas   acaparan el poder.

Una gran incógnita es que impacto tendrá sobre Arabia Saudita una intervención prolongada en Yemen. Pese a que la caída de la dinastía de los Saud es un pronóstico recurrente  el reino logró eludir las turbulencias de la Primavera Árabe.  En Washington y entre sus aliados no hay mayor preocupación por las inequidades de la monarquía. Pero si prestan atención a los gigantescos yacimientos  Ghawar, en el este del país, donde vive buena parte de la minoría chií   que son tratados como ciudadanos de segunda clase. Aunque peor trato reciben los trabajadores extranjeros en empleos de baja calificación donde constituyen el 85 por ciento. 56 por ciento de toda fuerza laboral, de un país de 30 millones de habitantes, son extranjeros.

A lo largo de la historia uno de los grandes factores desestabilizadores son las guerras. Si Riyad no consigue sus objetivos en Yemen el delicado tejido social del reino, en cuya cúpula hay rivalidades, podría abrir el camino al termino de un régimen anacrónico que  ha mostrado que es incapaz de efectuar reformas mínimas, como la de garantizar un estatuto de existencia legal para las mujeres. El atropello a los derechos humanos es ejemplificado por el bloguero saudí  Raif Badawi que fue condenado a mil latigazos por hacer críticas que incomodaron  al régimen. Después de los primeros 50 latigazos la condena fue suspendida por la precaria salud de la víctima. Semejante trato evoca comparaciones con la brutalidad del Estado Islámico. Pese a ello la alianza saudí estadounidense es solida. Aviones norteamericanos reabastecen en vuelo a los bombarderos saudíes.  En momentos en que Washington negocia un acuerdo para frenar el programa nuclear iraní busca, a la par, dar garantías a sus aliados suníes que está con ellos frente a Teherán.

Dada la fragilidad de las estructuras sociales de la región, como lo demostró la Primavera Árabe, las violentas pugnas entre sunitas y chiítas, la expansión del yihadismo del Estado Islámico y Al Qaeda, sumado a la lucha por la hegemonía entre diversos países, auguran  tiempos críticos. En este contexto la guerra que comienza en Yemen tiene el potencial de gatillar desastres mayores.

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La guerra de Yemen.

April 2, 2015 Comments off

El miércoles 25 de marzo Arabia Saudita inició una serie de bombardeos aéreos en Yemen. Es una norma periodística no iniciar los artículos o columnas con fechas. Pero en este caso hay una razón de peso: se sabe cuando comienzan las guerras pero no se sabe cuándo terminarán. Los saudíes, con diez países aliados en su mayoría emiratos pero que incluyen a Egipto y Marruecos además de Estados Unidos que brinda inteligencia y apoyo logístico, han desencadenado un nuevo conflicto internacional. Los saudíes pretenden frenar el avance de las fuerzas huthis que ya ocupan la capital Saná y van en camino a controlar el resto del país.

Los huthis, así llamados por el apellido de su líder original (ya muerto), son habitantes del norte del país que practican una variante del islamismo chií. La monarquía saudí ve a los chiítas como la mayor amenaza para su trono.  En 2011intervino en Bahrein para sofocar una alzamiento de la mayoría chií.  Ryad se considera el líder del islamismo sunita y, por lo mismo, como el enemigo de la expansión de la influencia chií propugnada por Irán.

Los bombardeos saudíes serán insuficientes para contener a los huthis que cuentan con el respaldo iraní. Tarde o temprano, si no se logra un acuerdo político,  tendrán que despachar tropas a Yemen. Los huthis son guerreros avezados con décadas de experiencia en las tácticas de guerrilleras. No en vano en la prensa iraní ya se habla del “Afganistán saudí”, con lo cual aluden a una guerra en la cual se empantanarán al igual que le ocurrió a Estados Unidos, que ha pasado 12 años en el país asiático sin lograr la victoria.

El día que comenzaron los bombardeos saudíes el barril de petróleo subió cuatro dólares. Yemen no es un gran productor petrolero aunque tiene algunos yacimientos gasíferos. El temor es que el conflicto pase a la propia Arabia Saudita y que por la vía de la infiltración o agentes comience una campaña de sabotaje de las instalaciones petroleras del reino.

En la actualidad Yemen sirve de base de operaciones para Al Qaeda en la Península Arábiga. Fue esta organización la que se atribuyó el atentado contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo en París. Recientemente el Estado Islámico, que combate en Siria e Irak, se responsabilizó por atentados que dejaron más de un centenar de muertos en mezquitas huthis  en Saná. La campaña saudí ha sido denunciada por organizaciones humanitarias por ataques a civiles. Hospitales, barrios residenciales, colegios y centrales termoeléctricas han sido bombardeados. Unicef, el fondo para la infancia de Naciones Unidas, denuncia que en la última semana 62 niños han muerto producto de los combates. La ampliación del conflicto amenaza con transformar a Yemen en la meca del extremismo.

Yemen un estado fallido.

El país ocupa una posición estratégica clave a la entrada del Mar Rojo en el Golfo de Adén. Pero eso más que ayudarle le ha perjudicado dando lugar a numerosas invasiones destinadas a controlarlo. Es el más pobre de los 22 países árabes. 16 millones de sus 25 millones habitantes viven en la pobreza. Buena parte de su historia reciente ha transcurrido en guerras entre tribus, facciones religiosas o disputas regionales. Hay una relación  estrecha entre las guerras y la pobreza. La miseria genera conflictos y las disputas empobrecen a las naciones.

Gaza sin vencedores.

August 28, 2014 Comments off

Es una vieja máxima de la guerra disimular las derrotar y ampliar las victorias. Los manuales de guerra dedican capítulos a la conveniencia de maquillar la realidad para lograr una imagen de triunfo.  El general francés André Beaufré escribió al respecto: “Las operaciones  han de ser llevadas con la preocupación constante de conseguir un efecto psicológico  en el enemigo y la población. Los fracasos han de ser ocultados y compensados con éxitos más importantes.” 

En Gaza viene de entrar en efecto un cese al fuego indefinido tras 50 días de de conflicto. La reacción de los milicianos de Hamás fue volcarse a las calles y disparar sus armas al aire para celebrar lo que consideran una victoria. La balacera fue de tal magnitud que murió una persona y 50 quedaron heridas alcanzadas por los proyectiles. En forma más reservada el gobierno israelí proclamó que había logrado sus objetivos. Lo real es que la asolada Franja sufrió un castigo descomunal. 2.200 muertos, la mayoría de ellos civiles según Naciones Unidas. El ejército israelí tiene otra versión: más de la mitad correspondería  a milicianos islamistas. Más de diez mil heridos y  más de cien mil personas perdieron sus hogares. En Israel se registraron 70 muertos de los cuales 64 fueron soldados. Las zonas próximas a Gaza vieron una ola de personas que se alejaron del peligro de túneles y disparos de morteros.

El texto del cese al fuego propuesto por Egipto no contiene nada realmente nuevo. Los términos son similares a  iniciativas anteriores. Se habla de una apertura de los cruces fronterizos para permitir el paso de ayuda humanitaria. De allí a la libertad de movimiento exigida por Hamás hay una gran distancia. La posibilidad de contar con un puerto y un aeropuerto quedó sujeta a negociaciones futuras al igual que la liberación de prisioneros palestinos. Uno de los avances concretos fue la ampliación de la zona marítima en que se permitirá la pesca a los gazatíes. Los israelíes, por su parte, tienen la sensación que dieron una paliza a sus adversarios pero nada ha cambiado. Esta guerra  sería una más, la novena, que libran contra algún vecino. Muchos se preguntan cuánto tiempo tomará antes que deban enfrentar la siguiente. Así como están las cosas no hay un vencedor sino que, en realidad,  todos perdieron.

Los términos del cese al fuego indefinido son  una base para concluir la fase activa de la guerra. Pero, en realidad, las condiciones para una solución de largo plazo son más frágiles que hace un par de meses. Las muertes y la destrucción sembraron amargura y desconfianza. Las negociaciones para pasar del cese al fuego a un acuerdo estable será un proceso duro y peligroso.

 Lo que piden los bandos.

Hamás exige el fin definitivo al bloqueo y los controles fronterizos de Israel y Egipto. Poder contar con un puerto y un aeropuerto. En 1998 fue construido el aeropuerto internacional Yasser Arafat en Gaza, con donaciones internacionales y operado por la Autoridad Nacional Palestina (ANP),  pero fue  destruido en un ataque israelí en 2001.

Israel demanda la desmilitarización total de la Franja. Este proceso debe contar con mecanismos de inspección internacionales. Todos los accesos a Gaza deben ser controlados por la ANP. No habrá aeropuerto ni puerto aunque sobre este último hay mayor flexibilidad. Todos los proyectos de construcción serán controlados por la ANP. La reconstrucción debe contar con supervisión internacional.

 

 

El polémico legado de Ariel Sharon

January 13, 2014 Comments off

El fallecido general y ex Primer Ministro israelí Ariel Sharon deja una huella polémica en su país y el Medio Oriente. Su convicción que la fuerza era el medio más eficaz para resolver los problemas fue patente a lo largo de su vida. Desde temprano en su carrera castrense mostró desapego a las normas humanitarias que rigen los conflictos armados. En 1953, en su condición de comandante de la Unidad 101 de comandos, lanzó una operación de represalia contra la aldea palestina de Qibya. Allí los atacantes dinamitaron las casas dando muerte a 69 civiles, la mitad de ellos niños y mujeres. El gobierno israelí cubrió las espaldas de Sharon negando que la acción fuese obra de su ejército. Explicó que la expedición punitiva fue ejecutada por ciudadanos indignados por los asesinatos de sus compatriotas.
Su reputación como general llegó a su punto culmine en la guerra librada en 1973 con Egipto. Allí en una maniobra osada en extremo cruzó con una columna de tanques el canal de Suez y neutralizó al Tercer Ejército egipcio. Fue una acción llevada a cabo contra las órdenes de sus superiores lo que a ojos de sus soldados tenía un mérito aún mayor. Para mostrar su aprecio escribieron “Viva el rey Arik”, el apodo de Sharon, en el flanco de sus vehículos blindados.
El acto más cuestionado de su carrera tuvo lugar, sin embargo, en su condición de civil mientras se desempeñaba como ministro de Defensa. En la permanente pugna con los palestinos urdió un plan para desalojarlos del sur del Líbano. Este se plasmó en la campaña “Paz para Galilea” que Sharon aseguró sería culminada en 48 horas. En los hechos el ejército israelí se retiró por completo recién en el 2000, 18 años después. En los primeros meses de ocupación las tropas israelíes cercaron los campos palestinos de Sabra y Chatila y permitieron el ingreso de falangistas cristianos que consumaron una masacre que costó la vida de cientos de refugiados. El hecho causó enormes protestas en Israel donde unas 400 mil personas salieron a las calles para exigir la renuncia de Sharon. Una investigación realizada por un juez israelí, la Comisión Kahan, lo culpó por “responsabilidad indirecta”. Ante ello Sharon debió dimitir ganándose el apelativo del “carnicero de Beirut”. En el plano bélico la Organización de Liberación de Palestina (OLP) y su líder Yasser Arafat fueron derrotados. Pero ello no cambió el cuadro en sur del Líbano. Por el contrario, emergió con mayor fuerza la organización islámica Hezbolá que desarrolló una capacidad bélica muy superior a la OLP. De hecho Israel libró una segunda y costosa guerra en el sur de Líbano en 2006. El Primer Ministro Menahem Begin comentó sobre el carácter insubordinado y agresivo de su ministro de Defensa: “Sharon es capaz de cercar con sus tanques la oficina del Primer Ministro”.
Sharon fue a lo largo de su vida un enemigo jurado de Arafat y la OLP. Desde el inicio de los acuerdos de Oslo en 1993, que postulaba la creación de un estado palestino, manifestó su oposición a ellos. Hizo lo que estuvo a su alcance para sabotear un entendimiento con los palestinos. De hecho su visita, en septiembre del 2000, a la mezquita de Al-Aqsa, en la explanada del templo en Jerusalén, uno de los lugares más reverenciados por los musulmanes gatilló la segunda intifada, o rebelión palestina, que duró cinco años y costó la vida a tres mil palestinos y mil israelíes. Desde un punto de vista político la provocación radicalizó al electorado en Israel y ello le ayudó a ganar las elecciones y convertirse en Primer Ministro. A lo largo de su gestión se prodigó para expandir la colonización de Cisjordania, el territorio que debe constituir la base de un estado palestino. Por ello sorprendió a muchos cuando, en 2005, decidió la retirada unilateral, del ejército y algunos millares colonos, de la Franja de Gaza. Al año siguiente cayó en un estado inconsciencia del cual no se recuperó.
En Israel sus defensores lo aplauden por buscado dar la mayor seguridad posible al país. Sus detractores señalan que el militarismo, la destrucción sin miramientos de sus enemigos, alejó cada vez más las posibilidades de un arreglo pacífico que, en definitiva, es la mayor garantía para una seguridad solida y duradera.

El drama egipcio.

August 16, 2013 Comments off

La masacre ejecutada por el ejército y la policía egipcia marca la muerte de la emergente democracia en el país árabe. La violencia empleada, que causó al menos más de 638 muertos según las fuentes oficiales y millares de heridos, fue un acto deliberado que señala el inicio de una campaña para desterrar de la política abierta a las fuerzas islámicas. Esta será una tarea compleja, o incluso imposible, pues en su conjunto los islamistas detentan cerca de dos tercios de los votos.
Los militares perciben el enfrentamiento con la Hermandad Musulmana, la colectividad a la que pertenece el depuesto Presidente Mohamed Mursi, como una lucha terminal entre “nosotros o ellos”. Muchos egipcios seculares ven las cosas en términos similares. Existía el convencimiento que Mursi buscaba imponer la ley islámica en el país. Por ello instaron a los militares a salir de sus cuarteles y terminar con un gobierno democráticamente electo.
Estados Unidos es uno de los pocos países que puede ejercer una influencia directa sobre los gobernantes en El Cairo. Hay versiones que antes del desalojo de los manifestantes el Presidente Barack Obama llamó por teléfono al general Abdul al-Sisi, el hombre fuerte del régimen, pero anticipando que le exigiría moderación éste se negó a responder. Un desaire mayor que al-Sisi se pudo permitir porque Arabia Saudita y algunos emiratos le han abierto una generosa línea de crédito. En todo caso la réplica de Washington fue de una suavidad excepcional. Estados Unidos, que todavía no reconoce que en el país hubo un golpe militar, se limitó a cancelar unos ejercicios militares conjuntos que recién estaban en la fase de planificación. En cambio nada dijo sobre un corte de ayuda o las sanciones que suele aplicar a otros países por menos de la masacre ocurrida. La Casa Blanca ha reiterado que su política está guida por sus intereses nacionales y principios. Su dilema es que no puede apoyar los islamistas. En cuanto a sus interlocutores directos, los militares, han adoptado un curso de acción que está en vías de sepultar toda esperanza democrática.
Lo más probable es que la Hermandad Musulmana deberá volver a la clandestinidad donde pasó muchas décadas. Pero el derrocamiento de su gobierno legítimo y la sangre derramada la empujaran a una resistencia más agresiva. Podría ser el inicio de una trágica escalada. Los militares y sus aliados reinstaurarán el viejo estado policial. Las detenciones arbitrarias, la tortura y la persecución fueron la tónica de los 30 años de tiranía de Hosni Mubarak, con pleno respaldo occidental. Esa es la escuela en que se educaron los militares del Nilo. Ahora en una situación crítica no experimentarán con nuevas fórmulas de gobierno. Harán lo que saben hacer y eso es mantener sojuzgados tanto a los islamistas como a los sectores seculares. Estos últimos tienen una alta cuota de responsabilidad por los hechos de sangre ocurridos. Ahora Mohamed El-Baradei, Premio Nobel de la Paz y candidato presidencial laico, ha presentado su renuncia al gobierno pero el simboliza a la civilidad que instó a los militares a intervenir. Durante las últimas tres décadas Egipto vivió bajo estado de emergencia. Fue solo con la Primavera Árabe y la caída de Mubarak que fueron restablecidas las garantías constitucionales. Hoy cualquiera puede ser arrestado y juzgado por los uniformados. La nación más populosa y centro de la cultura árabe enfrenta una larga y oscura noche.

Egipto: la maldición de los faraones.

July 30, 2013 Comments off

En Egipto se aplica aquello que cuando se gana con los militares son los militares los que ganan, parafraseando a Radomiro Tomic que aludía, en ese momento, a la derecha y no a los uniformados. En Egipto los sectores liberales y seculares golpearon las puertas de los cuarteles para deponer al Presidente islamista Mohamed Morsi. Las fuerzas armadas respondieron a la movilización anti islámica removiendo a las autoridades democráticamente electas. Pero ocurre, casi invariablemente, que quien tiene el poder de fuego es también quien haciéndose del poder político
El general General Abdel Fattah al-Sisi es hoy el hombre fuerte en Egipto. Su ambición de convertirse en un monarca, o un faraón como los llaman en Egipto, está a la vista. El 26 de julio en un acto para conmemorar el 57 avo aniversario de la nacionalización del Canal de Suez proclamó su entronque con el Presidente Gamal Abdel Nasser, que en 1956, enfrentó a Gran Bretaña, Francia e Israel para recuperar la vital vía de navegación. El hecho le valió una invasión y una avasalladora derrota militar. Nasser, sin embargo, fue capaz de revertir la situación en el plano político para convertirla en una gran victoria que forzó al repliegue de los invasores. En el acto el general Sisi llamó a los civiles a salir masivamente a las calles para otorgarle un mandato para combatir a los “elementos terroristas”.
El propósito de las palabras del general Sisi, que portaba gruesos anteojos oscuros, quedó claro horas más tarde. La policía y el ejército abrieron fuego contra manifestantes islamistas causando cerca de centenar de muertos y un millar de heridos, según los agredidos. Testigos señalaron que muchas de las víctimas tenían un agujero de bala en su frente. Un rastro inequívoco de la acción de francotiradores expertos. La masacre es una declaración de guerra de las fuerzas armadas a la Hermandad Musulmana. La intención de semejante derramamiento de sangre podría apuntar a crear una situación sin retorno que obligue a los sectores seculares a aceptar los términos del faraón emergente.
Estados Unidos es el único poder externo con gravitación ante los militares, pues aporta a Egipto 1.5000 millones de dólares anuales al país y que en su mayoría está destinado al presupuesto bélico, ha tomado una postura zigzagueante. Un alto funcionario de gobierno se negó siquiera a calificar lo ocurrido como un golpe de estado: “No diremos que fue un golpe, no diremos que no fue un golpe, simplemente no lo diremos”. Es habitual que los golpes de estado perpetrados por aliados de Washington no sean calificados como tales. Con todo Estados Unidos busca en apariencias controlar a los uniformados. John Kerry, el secretario de Estado, ha instado a los militares a no restringir las libertades democráticas entre las que se cuenta el derecho a manifestarse públicamente. La fase callejera del conflicto entre los islamistas y las fuerzas armadas no puede prolongarse por mucho tiempo. Egipto enfrenta una situación económica calamitosa y la actual parálisis no hace más que agravar las cosas. Está por verse si el país seguirá el rumbo de la democracia o terminará con un nuevo faraón.