Archive

Posts Tagged ‘fukushima’

Fiasco nuclear japonés

December 29, 2016 Comments off

El reactor nuclear japonés de Monju dejó de operar en forma definitiva. La planta funcionó apenas 250 días en sus 22 años de existencia. Ello pese a que el  gobierno invirtió casi diez mil millones de dólares en la planta experimental que debía producir más plutonio del que consumía. Además era enfriada por sodio en vez de agua. Era la gran apuesta para la producción de energía eléctrica en un país que carece de combustibles fósiles.

En 1995, un año después de su entrada  en servicio,  fui uno de los escasos periodistas que tuvo acceso a Monju. Allí los ingenieros me señalaron que la seguridad era de tal nivel que un accidente era virtualmente imposible. Los sistemas contaban con una amplia redundancia como los técnicos definen los respaldos de un sistema. En concreto, los mecanismos claves estaban cuadruplicados. Así, si fallaba el sistema A podían pasar al B, luego al C y si aún había problemas podían descansar en el D. Pese a todo, a los pocos meses de mi visita, el mismo año, Monju sufrió un incendio y la perforación de tuberías del sistema de enfriamiento. El sodio ardió al entrar en contacto con el aire. De cara a la investigación posterior los responsables sustrajeron las filmaciones de las cámaras de circuito cerrado, además forzaron al personal a guardar silencio sobre la gravedad de lo ocurrido.

Solo una década más tarde, en 2005, los tribunales autorizaron la reactivación de la central que en 2006 sufrió un nuevo incendio. Volvió a funcionar solo en 2008 por poco tiempo para volver a cerrar. Finalmente, el gobierno estimó que era más económico cerrar que seguir invirtiendo en el fallido reactor que en su momento fue considerado el orgullo de la industria nuclear nipona. En todo el caso el cierre y desmantelamiento costará otros tres mil millones de dólares y tomará 30 años. Monju habrá desaparecido por completo recién en 2047.

Yoshihide Suga, secretario jefe del Gabinete, al anunciar el fin de Monju, el miércoles 21 de diciembre, fue parco al señalar que el reactor “no dio los resultados esperados inicialmente”. En realidad es un revés de enormes proporciones pues la planta era la primera de una nueva generación destinada a garantizar la autonomía energética de Japón. Ello porque permitía utilizar residuos de uranio y plutonio de otras plantas contribuyendo a resolver el problema del reprocesamiento. En la actualidad los residuos son despachados en buques a Gran Bretaña o Francia para ser  reprocesados. Tokio construye una planta para ese propósito en Aomori que debió terminarse en 1997 pero  aún no tiene fecha de conclusión.

La industria núcleo-eléctrica japonesa  ha estado plagada de accidentes y problemas. En el país existe un fuerte rechazo a la energía atómica y en la actualidad tras el desastre de Fukushima, causado por el terremoto y tsunami de 2011, funcionan solo dos reactores nucleares de los 53 que dispone el país. El futuro de la energía nuclear es incierto tanto por sus peligros como por los formidables avances de las fuentes renovables que resultan más económicas.

Advertisements

Energía atómica en el país mas sísmico: no gracias.

August 13, 2015 Comments off

Japón ha reabierto la primera central nuclear luego del desastre de Fukushima en 2011. Lo hizo la misma semana en que se conmemoraron los 70 años del estallido de las bombas de Hiroshima y Nagasaki que causaron cientos de miles de muertes. La medida del Primer Ministro Shinzo Abe es rechazada, según lo señalan las encuestas, por una amplia mayoría de los japoneses. Las autoridades intentan apaciguar las protestas señalando que han tomado todas las precauciones. Esta vez la población no tiene nada que temer, afirman en Tokio. Pero es un discurso desgastado pues es repetido luego de cada descalabro de la industria núcleo eléctrica. A fuerza de realizar promesas incumplidas las empresas que gestionan los reactores, al igual que el gobierno, carecen de credibilidad.

Japón, como ningún otro país, ha vivido el horror nuclear. En su libro “Hiroshima” el periodista estadounidense John Hersey, que estuvo en la martirizada ciudad tras las descargas, describe en torturante detalle el drama de los supervivientes. Luego de vivir en carne propia los efectos devastadores de la radiación atómica era esperable que los nipones recelaran un elemento incontrolable. La radiación es incolora, insípida, inodora y es completamente invisible a los sentidos humanos. Una vez que la radiación escapa de sus contenedores no hay manera de recapturarla.

En Fukushima tras el terremoto y maremoto  se desencadenaron una serie de explosiones y fallas en el  complejo nuclear. El gobierno  ocultó la gravedad de lo que ocurría. Tardó más de un mes en admitir que el desastre alcanzaba el nivel el más alto en la escala internacional que clasifica los accidentes nucleares. El país ya tenía a su haber otros reveses mayores. El complejo  nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, el más grande del mundo, con siete reactores, fue impugnado desde un comienzo por organizaciones ciudadanas que alertaron  que se encontraba próximo a una falla tectónica. Los tribunales basados en informes oficiales concluyeron: “No hay falla y no  hay nada que pueda causar un terremoto”. La naturaleza tuvo la última palabra: el 16 de julio de 2007 ocurrió el advertido  terremoto. Los remezones, que alcanzaron una magnitud de 6,8 grados en la escala Richter, cerraron  en forma automática el complejo  paralizando todos sus reactores. El presidente de Tepco, la empresa que operaba la planta al igual que la de Fukushima, admitió: “La magnitud del temblor estaba más allá de nuestras expectativas”. Ello en circunstancias que las centrales deberían soportar movimientos  telúricos de hasta 8,5 grados.

Los grandes accidentes nucleares son escasos pero, cuando ocurren, son devastadores. El escape de radiación en Fukushima forzó la salida de 160 mil personas de sus hogares para convertirlos en refugiados nucleares. La mayoría no ha vuelto a sus pagos y es posible que muchos nunca lo hagan.

Reacciones en Chile.

 

Japón solía ser un ejemplo invocado por los partidarios de la energía nuclear.

El Colegio de Ingenieros de Chile, en su documento «Programa de Desarrollo de Centrales Nucleares, 2009-2030», señalaba: “La larga experiencia internacional de zonas de alta sismicidad, como Japón, Corea del Sur, California, indica que los reactores nucleares instalados en su territorio no han sufrido daños mayores y tampoco han provocado daños a las comunidades vecinas”. Los hechos hablan por sí solos.

Las encuestas muestran que la abrumadora mayoría de los chilenos es contraria a la energía nuclear. El ex presidente Ricardo Lagos señaló en tono autocrítico: “Yo decía “miren a Japón, es tan sísmico como Chile y tieneenergía nuclear”. Ese argumento se acabó”. La lección del desastre de Fukushima es que sería una impudencia pensar en un reactor nuclear de potencia en el país más sísmico del planeta..

Escándalos nucleares en Corea del Sur

July 3, 2013 Comments off

Corea del Sur tiene algo en común con Chile: ambos carecen de combustibles fósiles. Chile importa alrededor de 70 por ciento de sus insumos energéticos. El caso coreano es aún más dramático pues importa 96 por ciento del combustible sea en petróleo, gas, carbón o uranio. La factura energética para un país con una boyante industria pesada es enorme: en 2011 pagó 172,5 mil millones de dólares. Una cifra que alcanzó al 32,0 por ciento de todas las importaciones.
Para satisfacer su creciente demanda Seúl apostó fuerte por la energía nuclear. Hoy es el quinto país del mundo con el mayor número de reactores nucleares, con un total de 23, le anteceden Estados Unidos con 104, Francia 58, Japón 50 y Rusia con 23. Para el futuro Corea del Sur tiene grandes planes con la construcción de 16 nuevas plantas núcleo eléctricas para el año 2030. La propaganda del gobierno, como en otras latitudes, señala que la industria nuclear es segura, que se toman todas las medidas de seguridad y por lo tanto el público no tiene nada que temer.
La realidad es muy distinta. Recientemente, en abril de este año, estalló un escándalo de proporciones mayores que ha forzado al cierre de dos reactores en Shin Kori, así como a mantener cerrados a otros dos en Shin Wolseong que estaban paralizados por inspecciones periódicas. En total, por razones diversas, hay 10 reactores apagados. Dado que la energía nuclear aporta 30 por ciento de la generación eléctrica se teme que en el curso del verano, entre julio y agosto, se aplicará un racionamiento que afectará a todo el país.
Un denunciante anónimo avisó a las autoridades que algunos cables de los reactores, que son claves para la seguridad, no cumplen con las especificaciones técnicas exigidas. Más grave aún, la documentación presentada a las autoridades sobre la calidad de los cables fue falsificada por funcionarios de las empresas para asegurar la aceptación del material.
El caso más serio es el del llamado cable de control cuya tarea es enviar señales electrónicas en caso de un accidente en que haya una fuga de radioactiva. Este cable de una extensión de 5 kilómetros es instalado en cada reactor. En caso de no funcionar puede desencadenar una tragedia a una escala como la ocasionada por los reactores japoneses de Fukushima.
Al momento de presentar los certificados de idoneidad del cable de control se presentó un certificado emitido por un instituto canadiense que había realizado algunas pruebas. En realidad los científicos canadienses dijeron que el cable no satisfacía los requerimientos pero los funcionarios coreanos lo adulteraron para que dijese lo contrario. Finalmente el instituto canadiense confirmó la falsificación.
Este no es el primer caso pues la Comisión de Seguridad Nuclear señaló que 13.794 piezas, en 561 categorías, han sido presentadas con certificados falsificados en el curso del último decenio. Ante semejante admisión ¿qué confianza puede tener el público que los reactores son seguros? Ya el año pasado el gobierno debió cerrar un par de reactores luego que se descubrieran interruptores que no cumplían con las especificaciones y también acompañados de documentación falsa. En dicha ocasión fueron encauzados 22 ejecutivos.
Para tranquilizar a la opinión pública el gobierno ha prometido revisar los certificados y las 125 mil piezas recepcionadas en los últimos cinco años. Un proceso que tomara unos tres meses. La Presidenta Park Geun-hye declaró que falsificar certificados de calidad para componentes destinado a plantas nucleares es “un hecho imperdonable”. Advirtió también que las empresas responsables de entregar partes de calidad inferior y luego adulterar la documentación serán severamente sancionadas.
Dada la altísima peligrosidad de los elementos radioactivos cabría esperar que se tomaran todas las precauciones imaginables para impedir un accidente. Es por ello que resulta devastador que personal de las empresas responsables de abastecer los reactores vendiesen material de calidad insuficiente. Luego con alevosía falsificaron la documentación sin importarles que potencialmente pusieran en riesgo millares de vidas y la economía nacional.
Los ingenieros suelen apoyar la energía nuclear sobre la base de argumentos técnicos. Si todo funcionase de acuerdo a las especificaciones es posible que los riesgos de accidentes, aunque siempre presentes, fuesen relativamente bajos. Pero no suele ser así como lo muestra Corea del Sur donde se habla de la “mafia atómica”. Se alude al cerrado grupo de empresarios, ejecutivos y técnicos que controlan la industria nuclear. Lo de mafia apunta a las trenzas, gestadas ya en la universidad, en que unos cuidan las espaldas de otros mientras realizan lucrativos negocios a expensas de la seguridad pública. Es una industria, en todo el mundo, que repite cual mantra la necesidad de la mayor transparencia. En mi experiencia, a lo largo de los años, el mundo nuclear rehúye los controles y veda el acceso. Y en muchos casos, tras los velos del secretismo, proliferan actitudes reñidas con el bien común. En materias tan críticas como la nuclear debe imperar el principio precautorio. Este consiste que ninguna iniciativa puede recibir luz verde a menos demuestre, más allá de toda duda razonable, que no representa un peligro para la población y el medio ambiente.

La sombra de Fukushima

March 10, 2012 Comments off

Japón, a un año del desastre de Fukushima,  cavila sobre su futuro energético. La tercera potencia industrial del mundo enfrenta un dilema ante el cual no ha encontrado una respuesta aún. La seriedad de la situación está a la vista: 52 de los 54 reactores electronucleares, que producen un tercio de la electricidad,  están cerrados El conjunto de las plantas son sometidas a revisiones y exámenes de estrés.  Las certezas  de una nación orgullosa de sus logros tecnológicos han  sido sacudidas hasta sus raíces. La arrogancia ingenieril, que a menudo linda en el hubris,  lleva a pensar que los errores se comenten en otros países. Ello pese a la industria nuclear nipona tiene un largo historial  de errores y ocultamientos de incidentes.

El mantra de los gobiernos ante el peligro suele ser que todo está bajo control. Las autoridades japonesas lo repitieron a todo lo largo de la crisis desatada en el complejo de seis reactores en Fukushima Daiichi. Ahora luego de acuciosas investigaciones,  ha salido a la luz que incluso se consideró la evacuación de Tokio. Claro  que el gobierno no podía siquiera insinuarlo sin correr el riesgo de un masivo éxodo de la capital. El escenario contemplado exigía sacar a toda la población en el radio de 250 kilómetros en caso de una fuga radioactiva masiva. En todo caso pese a los múltiples fallos de planificación y procedimientos sobresale el notable temple y estoicismo de la población.

En estos momentos el Primer Ministro  Yoshihiko Noda, que es partidario de terminar con la energía nuclear en el largo plazo,   ha llamado a activar los reactores cuanto antes. Pero consciente de la oposición pública, y como corresponde en una sociedad democrática, ha señalado que ello debe hacerse con la aprobación de las diversas comunidades.  Los mayores adversarios de las centrales atómicas  están en las prefecturas rurales  pues los agricultores de la región afectada  han resultado muy perjudicados. Los japoneses se cuentan entre los consumidores más exigentes en cuanto a la calidad de sus alimentos. En consecuencia hoy ya no bastan las garantías oficiales sino que  exigen certificados que acrediten que están libres de todo rastro de radiación.

Tímidamente en distintos países se busca relanzar la energía nuclear.  No es claro que ocurrirá en Japón. De hecho el país tenía planes para construir 14 nuevos reactores para el año 2030. En estos momentos el cuadro es poco auspicioso para Tokio pues su factura por importaciones de petróleo y gas se ha disparado para poder reemplazar los reactores paralizados. Por primera vez en 31 años Japón registró, en 2011,  una balanza comercial negativa en la cual los combustibles gravitaron con fuerza. La esperanza para los japoneses radica en su notable disciplina que les permitirá llevar a cabo fuertes campañas de ahorro y  uso eficiente. Además es un país con una formidable  base industrial y sobresaliente capacidad tecnológica. Por lo tanto cabe esperar una contribución mayor  al desarrollo de las energías renovables no convencionales. Algo que hoy muchos nipones debe lamentar por  no haberlo hecho antes.  Pero, como se suele decir, la necesidad crea el órgano.

 

Categories: Japón Tags: , , ,

Fukushima: más incertidumbres que certezas.

April 21, 2011 Comments off

El gobierno japonés, finalmente, reconoció que el desastre de Fukushima alcanzaba el nivel siete. Es el más alto de la escala internacional que clasifica los accidentes en instalaciones atómicas. La definición del grado siete es: “Accidente mayor con impacto fuera de la planta”. Eso ya fue evidente muy poco después de las explosiones que sacudieron a varios de los reactores.   Pero las autoridades al hacer el reconocimiento dijeron que era producto de nuevas estadísticas sobre escapes de radiación y no porque hubiera en empeoramiento de la situación. Agregaron además que la radiación liberada era “apenas” diez por ciento de la experimentada en Chernobil, en Ucrania en 1986.  En todo caso un ejecutivo de Tepco, la empresa responsable de la siniestrada planta, admitió en privado que: “Nuestra preocupación es que el nivel de las filtraciones podría, eventualmente, alcanzar al de Chernobil o superarlo”.

Voceros de la Tepco señalaron que tomará a los menos nueve meses  lograr el pleno control sobre  los reactores de Fukushima. Esto es restablecer los sistemas de enfriamiento y asegurar el cese de  las emisiones radioactivas. Es lo que en el ámbito industrial llaman el “cierre frío”.  Pero el desmantelamiento y  limpieza  de la planta y sus alrededores podría tardar  entre diez y 30 años. Según expertos de la empresa Hitachi se requieren tres décadas en devolver la región  a su condición de “campo verde”, que consiste en reducir  a niveles tolerables la radioactividad.  Japón es inexperto en la dificultosa y carísima de sacar de servicio reactores para desmantelarlos. Según algunas estimaciones este trabajo puede resultar tan caro como la propia construcción de las plantas. Por el momento se ignora el estado exacto de los reactores dañados y cuando los trabajadores podrán volver a ellos sin riesgos. Un robot enviado a medir la radioactividad estableció que aún son demasiado altos. Todavía reina la duda sobre que es preferible: enterrarlos en un sarcófago de plomo y concreto, como se hizo en Chernobil, en 1986, o desmantelar  los tres reactores que fueron enfriados con  corrosiva agua de mar. Estos están inutilizados en forma definitiva y es casi seguro que los dos restantes también deban ser dados de baja.

¿Podrá Tepco indemnizar en forma adecuada a decenas de miles de personas que quizás por años no podrán volver a sus pagos y actividades normales? Por lo pronto la empresa ha anunciado una compensación de doce mil dólares a cada familia desplazada. Pero ese monto es apenas un pago inicial. La compañía, por su parte, ha sufrido la considerable pérdida de sus seis reactores con el  ingreso que correspondía al tres por ciento de la electricidad consumida en Japón. En Tokio abundan los rumores que, tarde o temprano, Tepco será estatizada pues no será capaz de enfrentar sus compromisos económicos. Entonces surge la interrogante: cuál es la ética comercial de permitir la operación  de empresas que al llegar a una situación crítica, por la vía de accidente, no serán capaces de responder por los daños causados.

Información nuclear tóxica.

March 18, 2011 Comments off

Cuatro reactores atómicos con explosiones o incendios. Escape de radioactividad. Una situación fuera del control de los responsables de la planta. Pese a la crisis de enormes proporciones el desastre, que obliga a evacuar a 200 mil personas, es calificado en el nivel cuatro en la Escala Internacional de Eventos Nucleares, que va de uno a siete. A poco andar era evidente que lo ocurrido en el complejo de Fukushima superaba en gravedad al incidente de la planta atómica de Three Mile Island, en Estado Unidos en 1979. Dicho incidente en que hubo escaso escape de radioactividad fue calificado en grado cinco. Ahora las autoridades francesas califican la debacle nuclear nipona con grado seis, uno más abalo que el de Chernobil que aún es,por lejos, el más grave.
La principal fuente de información sobre el desastre es la empresa Tokyo Electric Power Company (TEPCO). Ya se sabe que el instinto natural de todo gobierno es bajar el perfil de las desgracias. Las empresas nucleares no solo bajan el perfil sino que pretenden negar lo que está a la vista de todos. Ello porque la industria atómica depende en todo el mundo de subsidios fiscales. El motivo por el cual no se ha construido una planta núcleo eléctrica en Estados Unidos, en los últimos 30 años, es porque no hay compañías dispuestas asegurarlas en caso de accidentes. Esta responsabilidad recae siempre en manos de todos los contribuyentes. En consecuencia es vulnerable a la opinión pública que presiona a las autoridades políticas. Estados Unidos no es la excepción: la decisión del Presidente Barack Obama de construir dos nuevos reactores fue acompañada de un ítem presupuestario del erario nacional de ocho mil millones dólares.
El Primer Ministro japonés Naoto Kan ha aparecido ante la cámaras de televisión llamando a la calma pero sin clarificar la gravedad de la situación. Mientras tanto el público se entera que Francia ha llamado a sus nacionales a abandonar Tokio, varias empresas transnacionales están evacuando a sus empleado, líneas aéreas chinas y europeas han cancelado sus vuelos a la capital nipona donde se han detectado niveles de radioactividad que superan en veinte veces el nivel normal. Para complicar aún más las cosas ahora ha quedado claro que la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), de Naciones Unidas, no cuenta con expertos independientes en Japón. Por lo tanto lo que se pensó era una fuente independiente no es más que una repetidora de las versiones oficiales. Es probable que, con el tiempo, se disipen más rápido los efectos de la radioactividad que la profunda desconfianza hacia una industria ilustre por su opacidad.

Desastre atómico en Japón

March 14, 2011 Comments off

Desastre nuclear en Japón.

La caja de contención del reactor nuclear de la planta  Fukushima 1 voló por los aires. El hecho ocurrió el 12 de marzo, un día después del descomunal terremoto, grado 9,1,  que sacudió la costa  noreste de Japón. Luego la región sufrió el embate de un enorme tsunami. Ambos hechos se combinaron para paralizar once de los 55 reactores núcleo-eléctricos que operan en el país. A las pocas horas del violento sacudón y la salida del mar emergieron los  primeros indicios que algo grave ocurría en el complejo atómico de Fukushima. Inicialmente las autoridades decretaron un perímetro de seguridad de tres kilómetros con la evacuación de la población de la zona. Poco después el área fue ampliada a diez kilómetros y luego a 20. Las autoridades advirtieron que tenían dificultades para enfriar el reactor y que liberarían vapor radioactivo desde el interior del edificio de contención. Las lecturas de radioactividad en la planta marcaban un agudo aumento. Los esfuerzos de los técnicos resultaron infructuosos y se produjo una formidable explosión.

Lo ocurrido es un ejemplo de texto de cómo ocurren los desastres. Cada reactor dispone de un sistema de enfriamiento. Si este falla disponen de sistemas eléctricos operados con generadores diesel. Y si la emergencia persiste pueden recurrir a baterías. Lo ocurrido en Fukushima fue una concatenación de circunstancias adversas. Primero, los violentos sacudones  provocaron el cierre automático de las plantas precisamente para evitar daños mayores. Pero también resultaron afectados los generadores diesel que debían alimentar los sistemas de enfriamiento. Así se llegó a la última línea que son las baterías que, como todo el mundo sabe, tienen una capacidad limitada de operación. Ellas fueron insuficientes para dar la energía requerida y la temperatura del reactor aumentó. Se desconoce cuál fue la causa exacta de la explosión pero se presume que fue una acumulación de hidrogeno. En su desesperación los técnicos decidieron emplear agua de mar para enfriar el reactor. Las aguas salinas y corrosivas marcan el fin del reactor.

Habrá que esperar algunos días para conocer el alcance preciso de un desastre que aún está en desarrollo. La distribución de píldoras de yodo entre la población de la zona afectada es ya una mala señal. En todo caso, como es habitual, a lo largo de toda la emergencia las autoridades han buscado minimizar la gravedad lo ocurrido. Incluso al aludir al estado de “emergencia nuclear” se señaló que ello se hacía por mero protocolo, pues así lo exigían las regulaciones. Es evidente ahora que se trata de una emergencia de grandes proporciones. Los técnicos nipones han calificado la situación como grado cuatro de siete en la escala INES (International Nuclear Event Scale). Grado cuatro significa accidente mayor pero excluye peligro fuera de la planta afectada. Los próximos días permitirán aquilatar el grado real de lo ocurrido.