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Posts Tagged ‘Pakistán’

Cómo murió Osama bin Laden

May 15, 2015 Comments off

La versión  oficial sobre la  muerte de Osama bin Laden, a manos de un comando estadounidense, hace cuatro años en Pakistán, siempre despertó dudas. ¿Cómo fue descubierto su paradero? No era creíble que el jefe de Al Qaeda fuera ultimado en vez de atrapado para extraerle valiosa información. Ahora Seymour Hersh, un icono del periodismo investigativo de Estados Unidos, da una versión que contradice de lleno a lo declarado por la Casa Blanca.

Hersh, en un extenso artículo  publicado en la London Review of Books, señala que lejos de rastrear al arquitecto del atentado de las Torres Gemelas, el 11-S-2001, el más buscado líder terrorista estaba en manos del ISI, el servicio de inteligencia paquistaní, que lo mantenía recluido en una villa en Abbottabad desde el 2006. Bin Laden estaba enfermo y prácticamente invalido. Por ello el ejército paquistaní mantenía un médico con la misión de asistirlo. Fue este doctor quien proporcionó muestras de ADN para probar al Presidente Barack Obama que no había posibilidades de error. Obama no daba luz verde para su eliminación hasta que tuviera certeza de que estaban tras el hombre buscado. El riesgo de la misión era grande y si se equivocaban de blanco el costo político resultaría enorme.

La versión de Hersh, cuya carrera está jalonada por denuncias trascendentales como la  de la masacre de Mi Lay en Vietnam y las torturas en Abu Ghraib en Irak, desmiente mucho e los mitos echados a correr por la CIA que se presenta como la que logró dar con el enemigo número uno de los Estados Unidos. La Agencia popularizó la idea de que gracias a numerosos interrogatorios, en los que aplicó la tortura en forma metódica, obtuvo la información que le permitió armar el rompecabezas. Ya un comité del Senado norteamericano había establecido que la tortura no había servido de nada para el fin buscado. Ahora Hersh va más lejos y señala que la CIA recibió la información de manos del ISI.

Los paquistaníes mantenían a bin Laden como un rehén frente a los talibanes en Afganistán y otros grupos yihadistas. En un momento en que vieron amenazados sus relaciones con Estados Unidos, en especial el flujo de ayuda militar y económica, decidieron entregar al codiciado prisionero. Lo hicieron con la condición que lo mataran durante el asalto de los Navy Seals. Era necesario sellar sus labios, entre otras razones,  por lo que podía contar sobre el apoyo que le brindaba Arabia Saudita.

Las teorías conspirativas.

Qué evidencia tiene el mundo de la muerte de bin Laden: ninguna. Salvo una foto en que Obama, Hillary Clinton, Robert Gates y otros altos funcionarios en la Casa Blanca miran con cara de asombro. ¿Qué miran? Es un misterio.  Jamás se presentó un video o imágenes de bin Laden tras su muerte. La versión oficial dice que lo lanzaron al mar desde un helicóptero. Esto no mereció mayores interrogantes en la gran prensa norteamericana.

Las revelaciones de Hersh, en cambio, han desatado un escándalo. Se le acusa de caer en una teoría conspirativa y carecer de pruebas y fuentes confiables. Solo cabe notar que lo planteado por Hersh parece más sólido que la versión oficialista que atribuye a la tortura un papel central en la captura y muerte del líder terrorista.

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Menos guerra, menos drones.

May 24, 2013 Comments off

El empleo de aviones no tripulados, los llamados drones, son objeto de una creciente crítica. El Presidente Barack Obama, con el propósito de tranquilizar a la opinión pública estadounidense e internacional, aclaró las condiciones bajo las cuales operaran estas plataformas robóticas armadas que, hoy por hoy, son los instrumentos predilectos para atacar a presuntos terroristas.
Obama dijo que el empleo de Drones constituía un arma legítima en “una guerra justa”. Cabe preguntarse cuál guerra pues difícilmente la campaña contra las organizaciones yihadistas , en diversos países, puede catalogarse como una guerra. En rigor es una campaña contra núcleos militantes de poco peso. Peligrosos sí, pero siempre habrán grupos que recurran al método terrorista y ello no permite hablar de guerra y todo lo que ella conlleva. El propio Obama admitió en su alocución que Estados Unidos no puede permanecer “en una guerra perpetua”, ya sea a través de ataques con drones u operaciones de fuerzas especiales. Al fin y al cabo es una “guerra” que ya lleva 12 años y que comenzó con los atentados del 11-S-2001. El mandatario advirtió que persistir en eternizar la “guerra” sería “contraproducente”.
Lo contraproducente son ataques lanzados sobre países soberanos donde provocan gran animosidad, como en Pakistán y Afganistán. La muerte de civiles en el curso de las incursiones ha desatado grandes movilizaciones anti norteamericanas. La presencia de los drones, incluso los de mera observación, causa una ansiedad mayor en las regiones en las que operan. En definitiva dar muerte a presuntos enemigos, que no han sido juzgados, con el propósito de prevenir un sospechado ataque está fuera del derecho humanitario. Basta con considerar la cantidad de identificaciones erróneas cometidas, en forma cotidiana, por la justicia ordinaria. ¿De dónde proviene la inteligencia que guía los ataques? En muchos casos de agentes e informantes pagados que no es inusual que tengan sus propias agendas. El margen de error es enorme. No en vano Obama aclaró que no permitiría el empleo de drones sobre su país.
En cuanto a las normas que regirán el empleo de estas armas en el futuro señaló cuatro criterios. Uno, tener la “casi certeza” que el blanco está presente y que civiles no resultarán heridos o muertos. Dos, la captura no es posible. Tres, las autoridades del país en cuestión no pueden o no están dispuestas a enfrentar la amenaza. Cuatro, no hay ninguna otra alternativa disponible. En todo caso los ataques con drones han disminuido en el último tiempo. Pero como lo señaló Obama seguirán prestando servicio. Desde la perspectiva de Washington es el arma ideal que permite golpear a enemigos remotos, que operan en territorios inaccesibles y, lo más importante, sin exponerse a pérdidas propias que conllevan un alto costo político.

La CIA y los asesinatos señalados

February 8, 2013 Comments off

El nombramiento del nuevo jefe de la CIA ha desatado un debate abierto sobre los asesinatos señalados (targeted assassinations). John O. Brennan el hombre nominado para dirigirla lleva 25 años en diversas funciones en el seno de la Agencia. Como el resto de los agentes sabe bien de las torturas practicadas en forma generalizada durante el período del Presidente George W. Bush. En particular las técnicas de sofocación (waterboarding) que Brennan, en su comparecencia ante el Senado, se abstuvo de admitir que eran una tortura pero dijo que eran criticables y “algo que no se debió hacer”.
Brennan en su condición de asesor en materia de contraterrorismo del Presidente Barack Obama, en el curso de los últimos 4 años, es señalado como el arquitecto de la táctica de asesinatos señalados. El instrumento de preferencia para la ejecución de los ataques selectivos son los aviones no tripulados o drones.
Los ataques con drones se han multiplicado y ya superan las 400 incursiones contra blancos en Afganistán, Pakistán, Somalia y Yemen. Según algunas estimaciones han causado más de tres mil muertos. Algunos de ellos eran civiles inocentes de países soberanos con los cuales Estados Unidos no está siquiera en conflicto. El caso más notorio es el de Anwar al-Awlaki, un ciudadano estadounidense asesinado en 2011 en Yemen. Se le acusó de ser un propagandista de Al Qaeda y fue calificado como un “peligro inminente”. Ya en Naciones Unidas se analiza la legalidad de acciones que asesinan a personas que no han sido sometidas a un debido proceso. Pero además de las dudas sobre quién hace las lista de la muerte, de las víctimas inocentes productos de errores en los bombardeos hay preocupación por el vuelo de los los drones sobre vastas regiones.
Medea Benjamin, de la organización Codepink apunta que “no son solo las matanzas, es aterrorizar a poblaciones enteras, que escuchan el zumbido de los drones las 24 horas sobre sus cabezas. Ya tienen miedo de ir al colegio, miedo de ir a los mercados, a funerales o bodas”. Los opositores al empleo de drones y los asesinatos señalados dicen que constituye una política ilegal, inmoral e inhumana que provoca gran animosidad y que ello sirve, precisamente, a los enemigos que Estados Unidos combate.
Los partidarios del empleo de los drones dicen, por su parte, que es el arma perfecta para el nuevo tipo de conflictos que algunos llaman guerras de cuarta generación (G4G). Definida como una guerra sin frentes ni campos de batalla fijos. Antes que enfrentar a las fuerzas armadas regulares del Estado, la G4G cabría llamarla una guerra fantasma, librada en la dimensión gris donde converge el fin de la política y comienza el conflicto bélico. A diferencia de la guerra convencional, en que se busca el ataque frontal, aquí se libra un juego de sombras que busca aislar y desgastar al adversario.

Las críticas al empleo de los drones y los asesinatos señalados crecen. En la opinión de la senadora demócrata Dianne Feinstein “Yo creo que esto ha llegado tan lejos como podía como parte de una actividad encubierta”. Aquellos que se han autodesignado como la vara de la moralidad, con la cual ha de ser juzgado el resto del mundo, deberían predicar con el ejemplo.

El nombramiento del nuevo jefe de la CIA ha desatado un debate abierto sobre los asesinatos señalados (targeted assassinations). John O. Brennan el hombre nominado para dirigirla lleva 25 años en diversas funciones en el seno de la Agencia. Como el resto de los agentes sabe bien de las torturas practicadas en forma generalizada durante el período del Presidente George W. Bush. En particular las técnicas de sofocación (waterboarding) que Brennan, en su comparecencia ante el Senado, se abstuvo de admitir que eran una tortura pero dijo que eran criticables y “algo que no se debió hacer”.
Brennan en su condición de asesor en materia de contraterrorismo del Presidente Barack Obama, en el curso de los últimos 4 años, es señalado como el arquitecto de la táctica de asesinatos señalados. El instrumento de preferencia para la ejecución de los ataques selectivos son los aviones no tripulados o drones.
Los ataques con drones se han multiplicado y ya superan las 400 incursiones contra blancos en Afganistán, Pakistán, Somalia y Yemen. Según algunas estimaciones han causado más de tres mil muertos. Algunos de ellos eran civiles inocentes de países soberanos con los cuales Estados Unidos no está siquiera en conflicto. El caso más notorio es el de Anwar al-Awlaki, un ciudadano estadounidense asesinado en 2011 en Yemen. Se le acusó de ser un propagandista de Al Qaeda y fue calificado como un “peligro inminente”. Ya en Naciones Unidas se analiza la legalidad de acciones que asesinan a personas que no han sido sometidas a un debido proceso. Pero además de las dudas sobre quién hace las lista de la muerte, de las víctimas inocentes productos de errores en los bombardeos hay preocupación por el vuelo de los los drones sobre vastas regiones.
Medea Benjamin, de la organización Codepink apunta que “no son solo las matanzas, es aterrorizar a poblaciones enteras, que escuchan el zumbido de los drones las 24 horas sobre sus cabezas. Ya tienen miedo de ir al colegio, miedo de ir a los mercados, a funerales o bodas”. Los opositores al empleo de drones y los asesinatos señalados dicen que constituye una política ilegal, inmoral e inhumana que provoca gran animosidad y que ello sirve, precisamente, a los enemigos que Estados Unidos combate.
Los partidarios del empleo de los drones dicen, por su parte, que es el arma perfecta para el nuevo tipo de conflictos que algunos llaman guerras de cuarta generación (G4G). Definida como una guerra sin frentes ni campos de batalla fijos. Antes que enfrentar a las fuerzas armadas regulares del Estado, la G4G cabría llamarla una guerra fantasma, librada en la dimensión gris donde converge el fin de la política y comienza el conflicto bélico. A diferencia de la guerra convencional, en que se busca el ataque frontal, aquí se libra un juego de sombras que busca aislar y desgastar al adversario.

Las críticas al empleo de los drones y los asesinatos señalados crecen. En la opinión de la senadora demócrata Dianne Feinstein “Yo creo que esto ha llegado tan lejos como podía como parte de una actividad encubierta”. Aquellos que se han autodesignado como la vara de la moralidad, con la cual ha de ser juzgado el resto del mundo, deberían predicar con el ejemplo.

El nombramiento del nuevo jefe de la CIA ha desatado un debate abierto sobre los asesinatos señalados (targeted assassinations). John O. Brennan el hombre nominado para dirigirla lleva 25 años en diversas funciones en el seno de la Agencia. Como el resto de los agentes sabe bien de las torturas practicadas en forma generalizada durante el período del Presidente George W. Bush. En particular las técnicas de sofocación (waterboarding) que Brennan, en su comparecencia ante el Senado, se abstuvo de admitir que eran una tortura pero dijo que eran criticables y “algo que no se debió hacer”.
Brennan en su condición de asesor en materia de contraterrorismo del Presidente Barack Obama, en el curso de los últimos 4 años, es señalado como el arquitecto de la táctica de asesinatos señalados. El instrumento de preferencia para la ejecución de los ataques selectivos son los aviones no tripulados o drones.
Los ataques con drones se han multiplicado y ya superan las 400 incursiones contra blancos en Afganistán, Pakistán, Somalia y Yemen. Según algunas estimaciones han causado más de tres mil muertos. Algunos de ellos eran civiles inocentes de países soberanos con los cuales Estados Unidos no está siquiera en conflicto. El caso más notorio es el de Anwar al-Awlaki, un ciudadano estadounidense asesinado en 2011 en Yemen. Se le acusó de ser un propagandista de Al Qaeda y fue calificado como un “peligro inminente”. Ya en Naciones Unidas se analiza la legalidad de acciones que asesinan a personas que no han sido sometidas a un debido proceso. Pero además de las dudas sobre quién hace las lista de la muerte, de las víctimas inocentes productos de errores en los bombardeos hay preocupación por el vuelo de los los drones sobre vastas regiones.
Medea Benjamin, de la organización Codepink apunta que “no son solo las matanzas, es aterrorizar a poblaciones enteras, que escuchan el zumbido de los drones las 24 horas sobre sus cabezas. Ya tienen miedo de ir al colegio, miedo de ir a los mercados, a funerales o bodas”. Los opositores al empleo de drones y los asesinatos señalados dicen que constituye una política ilegal, inmoral e inhumana que provoca gran animosidad y que ello sirve, precisamente, a los enemigos que Estados Unidos combate.
Los partidarios del empleo de los drones dicen, por su parte, que es el arma perfecta para el nuevo tipo de conflictos que algunos llaman guerras de cuarta generación (G4G). Definida como una guerra sin frentes ni campos de batalla fijos. Antes que enfrentar a las fuerzas armadas regulares del Estado, la G4G cabría llamarla una guerra fantasma, librada en la dimensión gris donde converge el fin de la política y comienza el conflicto bélico. A diferencia de la guerra convencional, en que se busca el ataque frontal, aquí se libra un juego de sombras que busca aislar y desgastar al adversario.

Las críticas al empleo de los drones y los asesinatos señalados crecen. En la opinión de la senadora demócrata Dianne Feinstein “Yo creo que esto ha llegado tan lejos como podía como parte de una actividad encubierta”. Aquellos que se han autodesignado como la vara de la moralidad, con la cual ha de ser juzgado el resto del mundo, deberían predicar con el ejemplo.

La guerra de los drones

January 2, 2013 Comments off

Las guerras clásicas entre estados, con grandes formaciones militares enfrentadas en campos de batalla, es algo que caracterizó al siglo pasado.  Hay, sin embargo, ciertas constantes cualquiera sea la forma que asuman los conflictos bélicos. Cada bando buscará minimizar sus bajas y la incertidumbre que genera la niebla de la guerra. En los países democráticos las pérdidas humanas propias son un factor clave en la percepción pública  de la marcha de las campañas. De allí que políticos y generales se esfuercen por no exponer a las tropas a los riesgos que significa aventurarse en territorio hostil.

Estados Unidos, que es más sensible que los europeos frente a la muerte de sus soldados, ha buscado, desde Vietnam,  métodos de combate que le permitan operar en forma remota o fuera del alcance de sus enemigos. Para este propósito ha desarrollado un vasto arsenal donde destacan los misiles cruceros, aviones “stealth”  (invisibles al radar) y, por sobre todo, los vehículos aéreos no tripulados o drones. Estos nuevos sistemas de armamentos corresponden a los drásticos cambios en la naturaleza de los conflictos. Si bien  disminuyeron los choques entre estados soberanos aumentaron las insurgencias, así como la participación de organizaciones sin vínculos con estados como, por ejemplo, Al Qaeda.

El Presidente Barack Obama llegó a su primer período en la Casa Blanca con una promesa: terminar las guerras más largas de la historia de su país, la intervención en Irak y Afganistán. Hasta ahora va por buen camino para extraer al conjunto de sus fuerzas de ambos países. Ello pese a que la violencia domina amplias regiones de ambos países. En Washington llegaron a la conclusión que poco se conseguía exponiendo  a decenas de miles de efectivos en un conflicto de baja intensidad  que se arrastra por más de una década. Dicho sea de paso, se calcula que la permanencia de un soldado por un año tiene un costo de 1 millón de dólares.   En cambio en lo que hoy algunos llaman la Doctrina Obama se optó por potenciar ataques desde drones contra sospechosos de dirigir la lucha contra Estados Unidos.

Si bien las fuerzas armadas, en especial la fuerza aéra y el ejército, cuentan con sus flotas de drones, la batuta en la materia la tiene la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que ha desplegado sus vehículos no tripulados en la lucha contra las organizaciones yihadistas.  El combate a control remoto a través de los drones, que cargan una variedad de avanzadas cámaras, sensores y misiles, ahorra despachar soldados a lugares remotos  de alto riego. A cambio es necesario contar con información de precisión indiscutida sobre la ubicación de los blancos. Existe una lista llamada “del terror” que contiene los nombres de los líderes yihadistas cuyo asesinato está autorizado. Contar con inteligencia irrefutable proveniente de zonas con una cultura tan diferente como la afgana y paquistaní es un  desafío casi imposible. La información proviene de informantes motivados por el dinero o por sus respectivas agendas, leáse rivalidades locales. En consecuencia los errores, por lo general, no provienen de los operadores de los drones sino que los recolectores de inteligencia.

Los errores, bombardeos de comunidades inocentes o individuos que no figuraban en la “lista del terror”, han sido numerosos. Regiones enteras han sido aterrorizadas con el sobrevuelo de los drones que merodean durante días sobre ciertos parajes. En las zonas montañosas los aldeanos pueden escuchar los motores y, claro, no pueden saber cuándo se trata de un vuelo de reconocimiento o si en algunos instantes descargarán sus misiles.

La tecnología empleada en un conflicto juega un papel importante. Por el momento Washington está satisfecho porque lleva a cabo sus campañas con pocas bajas propias y con lo que considera pocas muertes de inocentes. En rigor la utilización de aviones tripulados no mejora para nada el cuadro. Pero  lo que define todas las guerras, a la larga, es la voluntad de la gente. Si los drones amedrentan a la población y  generan animosidad contra sus controladores ello hará mas populares a quienes se busca aislar. En el caso de Yemén estudiosos en el terreno han detectado un aumento de la convocatoria yihadista a causa de los ataques con drones. Lo cierto es que en cuestiones bélicas nunca ha existido una bala de plata.

Estallido de fanatismo religioso.

September 14, 2012 Comments off

Abundan las teorías conspirativas sobre el ataque en Libia contra el consulado de Estados Unidos en Bengasi. El asalto con cohetes y armas automáticas ocurrió el 11 de septiembre, 11 años después del 11-S-01. Un día  antes de las manifestaciones contra un film anti-islámico, que habrían servido para encubrir a los atacantes,  Ayman al-Zawahiri, el máximo líder de Al Qaeda exhortó a sus seguidores, a través de un video,  a marcar el 11-S y vengar la muerte de Abu Yahya al-Libi, su lugarteniente,  alcanzado por un avión no tripulado (drone) en Pakistán. Demasiadas coincidencias para  creer que el incidente fue causado por algunos exaltados que protestaban contra una película blasfema. Pero lo que no cuadra con las especulaciones es que el asesinado embajador Christopher Stevens no tenía previsto estar en el consulado en el momento del asalto. Según el senador demócrata John Kerry  estaba allí por casualidad.

Tampoco hay claridad sobre quiénes son los responsables del film “La inocencia de los musulmanes”. En rigor no es una película, es un ataque grosero, racista,  hiriente y plagado de falsedades contra el Islam.  Ninguna denominación religiosa  sería indiferente a  semejante vejación. El argumento, la actuación y el contenido son tan burdos que no merecen mayor análisis. Por lo mismo, para frustrar a los realizadores lo más efectivo hubiese sido ignorarlos. Pero eso sería demasiado pedir en una región donde las pasiones religiosas están a flor de piel. Las primeras versiones señalaban que el autor de la propaganda islamofóbica  sería un israelí-americano. Más tarde ha ganado fuerza la versión que el responsable sería Nakoula Basseley un copto,  como se denominan los católicos  egipcios, asociado con elementos de la extrema derecha cristiana estadounidense. Entre ellos destaca el tristemente célebre pastor Terry  Jones  que amenazó hace un par de años con quemar copias del Corán.

La película ha desencadenado protestas masivas en más de una decena de países. Ha quedado a la vista, una vez más, cuan complejas son las relaciones  de Estados Unidos con sectores políticos religiosos, en especial los salafistas que representan el fundamentalismo. En varios países árabes confluyen sentimientos diversos que van desde el anti colonialismo, el anti imperialismo,  la crítica por el apoyo a dictaduras como la de Hosni Mubarak a sectores de la otra punta del espectro como los  ultra conservadores salafistas  y otras corrientes  religiosas. El Presidente Barack Obama ha buscado navegar por estas agitadas aguas desligándose de los dictadores caídos y llegar a una convivencia con las fuerzas islámicas, como la Hermandad Musulmana, que emerge como la principal fuerza de la “Primavera árabe”.  Los últimos acontecimientos muestran que su margen de maniobra es estrecho.

 

 

 

Afganistán: la retirada

June 24, 2011 Comments off

En la guerra como en la política la victoria depende de los objetivos fijados. El Presidente Barack Obama viene de anunciar  el retiro escalonado de sus tropas desde Afganistán. El mandatario estadounidense basó su decisión, entre otros factores, en el hecho que de los 30 principales líderes de Al  Qaeda una veintena  fueron eliminados en el curso del último año y medio.  Con Osama bin Laden como el premio mayor. Con  franqueza el mandatario dijo: “América, es tiempo que nos focalicemos en la construcción de la nación, aquí en casa”.

La preocupación por acabar con la guerra iniciada en 2001, casi inmediatamente después de los atentados del 11-S-2001 para acabar con Al Qaeda y sus aliados talibanes que ejercían el poder en Kabul, es muy comprensible. En momentos en que Estados Unidos enfrenta serios problemas económicos la presencia militar en la distante nación asiática le significa una sangría de dos mil millones de dólares semanales. 1.500 soldados estadounidenses han muerto y 12.000 han resultado heridos. Mantener a las tropas en la meseta altiplánica afgana es una pesadilla logística. Baste con señalar que un litro de combustible cuesta cien dólares. Una cantidad significativa de camiones cargueros son destruidos en las rutas tanto en Pakistán como en Afganistán.  De un mero punta de vista económico es obvio el apuro por reemplazar a las tropas occidentales por las nativas. Se estima que el costo de mantención de  cada soldado norteamericano, de los aproximadamente cien mil desplegados,  asciende a un millón de dólares anuales. En cambio sus contrapartes afganos cuestan meros doce mil dólares anuales.

Existen rumores que Washington negocia un acuerdo de paz con los talibanes. Algo que podría inferirse de las palabras de Obama: “Nosotros no haremos de Afganistán el país perfecto”.  Si los talibanes llegasen al poder sería una derrota política considerable. Pero el gobierno estadounidense ha cambiado el acento de la guerra y señala que ya Al Qaeda no es una amenaza mayor por lo que, efectivamente, puede reclamar que el objetivo ha sido cumplido. Bueno, hasta cierto punto, pues la propia Casa Blanca habla de AfPak (Afganistán y Pakistán) que desde el punto de vista de la lucha contra los yihadistas son indisociables. La región vive una creciente actividad terrorista ejecutada por fundamentalistas islámicos en ambos países. En los últimos años se aprecia un serio deterioro de la seguridad en Pakistán. También se han degradado las relaciones entre Washington e Islamabad. Pakistán ha dicho que no permitirá la instalación de bases estadounidenses en su territorio. Incluso está presionado por impedir el acceso a una base desde la cual  la CIA opera aviones no tripulados. Está por verse el impacto del repliegue occidental, Francia, Alemania y Gran Bretaña anticipan sus propios retiros, pero era claro que las fuerzas extranjeras no podían permanecer allí en forma indefinida. Nadie, en todo caso, rebatirá a Obama cuando afirma que Afganistán no será un país perfecto.