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Posts Tagged ‘Yemen’

Las guerras asimétricas.

October 13, 2016 Comments off

 

El bombardeo aéreo de ciudades es una violación  del derecho humanitario. Hoy, sin embargo,  dos países reciben letales descargas aéreas en forma regular. Siria y Yemen son blancos de aviones que actúan con absoluta impunidad. En ambos países hay  guerras civiles en pleno desarrollo. En Alepo, la mayor ciudad siria, así como en Saná, la capital de Yemen, diversas fuerzas aéreas causan estragos. En esta última ciudad, el sábado pasado,  unas 140 personas murieron y más de 500 resultaron heridas en ataques aéreos atribuidos a la coalición liderada por Arabia Saudita con respaldo de Estados Unidos. Como es la práctica habitual la coalición negó su responsabilidad en los bombardeos. Otro tanto ocurre con las acciones aéreas rusas y sirias  que, con regularidad, destruyen hospitales y residencias en las zonas dominadas por los rebeldes.

La aplicación de fuerza desmedida puede endurecer la voluntad del adversario. Ello ocurrió con los bombardeos masivos de ciudades durante la Segunda Guerra Mundial que causaron una enorme cantidad de muertes y destrucción, pero no provocaron la rendición de alguna de las partes. En el marco de las guerras asimétricas, en que se enfrentan contrincantes de fuerzas muy dispares, el bando más poderoso recurre a la aviación para golpear desde la distancia minimizando sus riesgos. Los atacados, a menudo insurgentes, buscan protegerse refugiándose entre la población civil. Así la pérdida de vidas inocentes se transforma en un costo político para el agresor.

Samuel Huntington en su libro El choque de las civilizaciones teoriza sobre el enfrentamiento con el terrorismo yihadista: “ En esta cuasi-guerra cada bando ha capitalizado sus fortalezas y ha explotado las debilidades de su contrario. En el campo militar, ha sido en gran medida una guerra de terrorismo versus poder aéreo. Entregados militantes islámicos aprovechan las sociedades abiertas de Occidente y ponen bombas en blancos seleccionados. Militares profesionales occidentales aprovechan los cielos abiertos del Islam y lanzan bombas inteligentes contra blancos seleccionados”.

En lo que toca a la precisión del armamento aéreo  el progreso es patente.  Durante los bombardeos contra la Alemania nazi, para destruir un centro de mando y control se necesitaban unas 4.500 misiones y la descarga de ocho mil toneladas de explosivos. Para conseguir el mismo objetivo en Vietnam bastaron  95 aviones y lanzar 190 toneladas. En la actualidad, un solo avión dotado con misiles y bombas inteligentes, debidamente programadas, puede acabar con el mismo blanco. Pese a ello distan mucho, como está a la vista, de tener una precisión quirúrgica. El empleo de  la fuerza nunca puede perder de vista el objetivo político final de todo conflicto. El propósito de la victoria bélica no es avasallar al enemigo pues ello, con frecuencia, planta las semillas amargas  del conflicto siguiente. El óptimo es lograr las metas bélicas al menor costo posible para ambas partes. Esa es la base para una convivencia futura.

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Guerras islámicas.

May 1, 2015 Comments off

La guerra al interior del Islam no da tregua. El jueves 25 de marzo fue abierto un nuevo frente bélico en Yemen. Arabia Saudita, liderando una alianza de emiratos además Egipto y Marruecos, comenzó una campaña de bombardeos contra los Huthis, chiítas yemenitas también conocidos como  Ansar Alá (guerrilleros de Dios).  Es un paso más en la desintegración del viejo  Medio Oriente. Ello podría ser algo positivo en la medida que superase estructuras anquilosadas. Pero no es el caso. Las bombas que llueven en el sur de la península arábiga agravan el cisma entre las dos grandes corrientes del Islam.  Ello además de causar  gran destrucción y sufrimiento. Aunque los bandos en pugna enarbolan las banderas de sus respectivas creencias religiosas es, en los hechos, una lucha por la hegemonía política en la región.

La enemistad entre chiíes y sunitas nace con el propio Islam con la disputa sobre quién es el legítimo sucesor de Mahoma.  Pero el choque sangriento librado por ambas corrientes, en varios países,  despunta en 1979, con el triunfo de la revolución iraní que depuso a la monarquía del sha. El ímpetu político republicano teocrático chiíta de Teherán fue percibido como una amenaza por parte del mundo sunita,  que representa al 85 por ciento de los musulmanes que en total suman unos 1500 millones de seguidores. Washington, acusado de ser el gran Satán por el ayatolá Jomeini, se alió con el Irak de Saddam Hussein en la ofensiva lanzada contra Teherán en 1980. La guerra se convirtió en la más prolongada del siglo pasado. Concluyó con ambos países desangrados,  en 1988,  con la muerte de más de un millón de personas. El interés de Estados Unidos era proteger  a las monarquías medio orientales y, en especial, a la saudita  de los vientos de cambios. Ello le garantizaba el acceso  sin restricciones a la región que alberga cerca del 60 por ciento del petróleo mundial.

Finalmente, en lo que toca a Hussein, fue acusado de disponer de armas de destrucción masiva lo que le valió ser invadido en 2003. Fue uno de los errores estratégicos más gruesos  de Washington. Muchos de los conflictos actuales son derivados directos de ese yerro. El vacío de poder creado en Irak dio pie a una cadena de enfrentamientos entre sunitas y chiítas. El más mortífero, sin duda, fue el que tuvo lugar en Irak. En la guerra civil librada entre ambas corrientes, en especial en los años 2006-2007, murió cerca de medio millón iraquíes. Se  calcula  además que por tres  muertes violentas hay que sumar otras dos a causa de desplazamientos forzados, colapso del sistema hospitalario, falta de agua, nutrición y deterioro de las condiciones de vida. La virulencia del enfrentamiento gatilló el desarrollo de milicias, en los dos bandos, que practicaron el terrorismo e innumerables asesinatos sectarios.  En este caso el  río revuelto fue sinónimo de ganancia de extremistas.  Los chiíes aprovecharon su ejercicio del gobierno para operar escuadrones de la muerte desde el ministerio del Interior. Los sunís se aglutinaron tras Al Qaeda. Que más tarde dio origen al así llamado  Estado Islámico.

Yemen y  los huthis

Los huthis, así llamados por su líder original   Hussein Badreddin al-Huthi, muerto en 2004, son habitantes del norte del país que practican la variante zaidí  del islamismo chií.  Los huthis han combatido contra los saudíes desde 2004 en varios episodios. Más que un problema religioso la  monarquía saudí ve en ellos y otros chiítas la mayor amenaza para su trono.  De hecho en  2011 despachó tropas a Bahrein para sofocar un alzamiento de la mayoría chií.  Riyad ha reemplazado a Egipto como el líder del mundo árabe y del islamismo sunita y, por lo mismo, se erige como la barrera a la expansión de la influencia chií propugnada por Irán.

Dada la naturaleza de las fuerzas huthis , que tienen la adhesión de numerosos sunis y están muy mimetizadas con la población civil, los  bombardeos saudíes  serán insuficientes para contener a sus adversarios.  Tarde o temprano, si no se logra un acuerdo político,  tendrán que despachar tropas a Yemen. Los huthis son luchadores  avezados con décadas de experiencia en las tácticas guerrilleras. No en vano en la prensa iraní ya se habla del “Afganistán saudí”, con lo cual aluden a una guerra en la cual se empantanarán al igual que le ocurrió a Estados Unidos, que ha pasado 14 años en el país asiático sin lograr la victoria.

Desde el inicio de la operación “Tormenta Decisiva” cuando comenzaron los bombardeos saudíes el barril de petróleo subió cuatro dólares. Yemen no es un gran productor petrolero aunque tiene algunos yacimientos. El temor es que el conflicto se traslade a la propia Arabia Saudita y que,  por la vía de la infiltración o agentes,  comience una campaña de sabotaje de las instalaciones petroleras del reino. Es difícil evaluar cuan efectivos han sido los ataques aéreos saudíes. Lo que está a la vista es que han causado más de 600 muertos y más de 3.000 heridos. Hospitales y obras de infraestructura han sido alcanzadas por bombas y misiles.  Los organismos internacionales hablan ya de desastre humanitario. La experiencia muestra que este tipo de agresiones unen a las víctimas contra los atacantes.

Ganadores ciertos en la coyuntura actual,  dado el desgobierno,  son las organizaciones yihadistas.  Al Qaeda en la Península Arábiga, que reclama el ataque terrorista contra Charlie Hebdo en París, protagonizó una fuga masiva de una prisión liberando a cientos de militantes. Por su parte el Estado Islámico  infiltró,  el 20 de marzo, a  cuatro suicidas en mezquitas en que oraban fieles huthis causando la muerte de 130 de ellos. Yemen, que desde hace mucho cobija una serie de grupos extremistas, corre el riesgo de convertirse en la nueva meca del terrorismo.

El crítico factor saudí.

Con ironía se señala que el reino saudí es atendido por sus propios dueños. Ello porque todo lo que ocurre en el país pasa por las manos de la dinastía que rige a la nación con poderes absolutos. A falta de legitimidad popular la Casa de Saud ha invocado la religión y las armas. En  la esfera de las creencias el  Estado saudí descansa en una antigua alianza político religiosa. En 1744, Mohamed Ibn Saud, uno de los emires, firmó un pacto con el predicador Mohammed Ibn Abdel Wahab  que pretendía volver la fe islámica sunita a su pureza original. Las enseñanzas wahabitas calzaron bien con las aspiraciones políticas de la familia Saud que aspiraba a constituir un Estado  en oposición a los chiítas,  que gobernaban en Irán y gran parte de Irak. El wahabismo destaca por su total intolerancia. Todo musulmán ajeno a sus convicciones es un impío. En esta categoría cae más del diez por ciento de la población  saudí  chíi que vive hostilizada por  wahabitas  auspiciados por el gobierno.

Pero la fe no es suficiente. El reino saudí es el país con el cuarto gasto militar más alto del mundo después de Estados Unidos, China y Rusia. Según el SIPRI, el Instituto de Investigaciones para la Paz Internacional de Estocolmo, los saudíes destinan 9,3 por ciento de su PIB a la defensa. En plata ello representa 67 mil millones de dólares anuales (Chile gasta unos cinco mil millones de dólares). Nada más que en compras de armamentos los saudíes invirtieron el año pasado algo más de  9 mil millones de dólares. Las astronómicas cifras destinadas a la defensa reflejan la inseguridad de la petromonarquía gobernante. Teme ser destronada, como ocurrió a las coronas de Egipto y Libia que cayeron a manos de oficiales jóvenes como Gamal Abdel Nasser y Muammar Gadafi.

Para enfrentar el peligro doméstico y externo la familia real adoptó una política especial: gastar fortunas en armas pero mantener fuerzas armadas pequeñas. Pretende así impedir que los militares ganen peso político que despierten sus  ambiciones golpistas. Por otro lado, mediante un gran poder de fuego, aspira a disuadir a potenciales agresores. Es frecuente que las fuerzas armadas saudíes no logren cubrir las plazas vacantes con nacionales y deben contratar  un número importante de extranjeros. En períodos  de peligro recurre a Pakistán que le ha arrendado brigadas de su ejército para controlar la capital y los lugares santos.  Es un país que, para todos los propósitos prácticos, no cuenta con un ejército nacional. Algo demostrado a apenas dos semanas después de iniciados los bombardeos contra Yemen. Esto fue revelado por  Khawaja Asif, el ministro de Defensa paquistaní, que a su regreso de Riyad señaló que “Arabia Saudita ha solicitado aviones de combate, buques y soldados”. Ante este pedido China, que mantiene estrechas relaciones con Islamabad y Teherán,  desaconsejó a Pakistán sobre la conveniencia de una intervención en el conflicto. En definitiva el parlamento paquistaní votó contra una participación directa en la crisis yemení.

Hasta  ahora los saudíes evitaron entrar a las múltiples guerras de la región. En cambio participaron desde la retaguardia con fondos y armamentos. Respaldaron a Irak contra Irán. En paralelo fueron muy activos en la guerra de los muyahedín contra los soviéticos en Afganistán.  Allí  aportaron más de cuatro mil millones de dólares a Pakistán para derrotar al Ejército Rojo soviético. En la actualidad financian a varios grupos que combaten al gobierno en Siria.

En enero falleció, a los 90 años,  el rey Abdullá  que fue sucedido  por el actual monarca Salmán, 79 años,  que goza de mala salud. De inmediato nombró al crítico puesto de ministro de la Defensa a su hijo Mohammad bin Salmán.  Si la campaña militar en Yemen es exitosa desbrozará  su ruta al trono. Pero si fracasa abrirá la disputa entre sus hermanos y primos por la sucesión. La política de Estado del reino se desarrolla, como en la Europa medieval, en los estrechos muros palaciegos donde unos siete mil príncipes y princesas   acaparan el poder.

Una gran incógnita es que impacto tendrá sobre Arabia Saudita una intervención prolongada en Yemen. Pese a que la caída de la dinastía de los Saud es un pronóstico recurrente  el reino logró eludir las turbulencias de la Primavera Árabe.  En Washington y entre sus aliados no hay mayor preocupación por las inequidades de la monarquía. Pero si prestan atención a los gigantescos yacimientos  Ghawar, en el este del país, donde vive buena parte de la minoría chií   que son tratados como ciudadanos de segunda clase. Aunque peor trato reciben los trabajadores extranjeros en empleos de baja calificación donde constituyen el 85 por ciento. 56 por ciento de toda fuerza laboral, de un país de 30 millones de habitantes, son extranjeros.

A lo largo de la historia uno de los grandes factores desestabilizadores son las guerras. Si Riyad no consigue sus objetivos en Yemen el delicado tejido social del reino, en cuya cúpula hay rivalidades, podría abrir el camino al termino de un régimen anacrónico que  ha mostrado que es incapaz de efectuar reformas mínimas, como la de garantizar un estatuto de existencia legal para las mujeres. El atropello a los derechos humanos es ejemplificado por el bloguero saudí  Raif Badawi que fue condenado a mil latigazos por hacer críticas que incomodaron  al régimen. Después de los primeros 50 latigazos la condena fue suspendida por la precaria salud de la víctima. Semejante trato evoca comparaciones con la brutalidad del Estado Islámico. Pese a ello la alianza saudí estadounidense es solida. Aviones norteamericanos reabastecen en vuelo a los bombarderos saudíes.  En momentos en que Washington negocia un acuerdo para frenar el programa nuclear iraní busca, a la par, dar garantías a sus aliados suníes que está con ellos frente a Teherán.

Dada la fragilidad de las estructuras sociales de la región, como lo demostró la Primavera Árabe, las violentas pugnas entre sunitas y chiítas, la expansión del yihadismo del Estado Islámico y Al Qaeda, sumado a la lucha por la hegemonía entre diversos países, auguran  tiempos críticos. En este contexto la guerra que comienza en Yemen tiene el potencial de gatillar desastres mayores.

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La guerra de Yemen.

April 2, 2015 Comments off

El miércoles 25 de marzo Arabia Saudita inició una serie de bombardeos aéreos en Yemen. Es una norma periodística no iniciar los artículos o columnas con fechas. Pero en este caso hay una razón de peso: se sabe cuando comienzan las guerras pero no se sabe cuándo terminarán. Los saudíes, con diez países aliados en su mayoría emiratos pero que incluyen a Egipto y Marruecos además de Estados Unidos que brinda inteligencia y apoyo logístico, han desencadenado un nuevo conflicto internacional. Los saudíes pretenden frenar el avance de las fuerzas huthis que ya ocupan la capital Saná y van en camino a controlar el resto del país.

Los huthis, así llamados por el apellido de su líder original (ya muerto), son habitantes del norte del país que practican una variante del islamismo chií. La monarquía saudí ve a los chiítas como la mayor amenaza para su trono.  En 2011intervino en Bahrein para sofocar una alzamiento de la mayoría chií.  Ryad se considera el líder del islamismo sunita y, por lo mismo, como el enemigo de la expansión de la influencia chií propugnada por Irán.

Los bombardeos saudíes serán insuficientes para contener a los huthis que cuentan con el respaldo iraní. Tarde o temprano, si no se logra un acuerdo político,  tendrán que despachar tropas a Yemen. Los huthis son guerreros avezados con décadas de experiencia en las tácticas de guerrilleras. No en vano en la prensa iraní ya se habla del “Afganistán saudí”, con lo cual aluden a una guerra en la cual se empantanarán al igual que le ocurrió a Estados Unidos, que ha pasado 12 años en el país asiático sin lograr la victoria.

El día que comenzaron los bombardeos saudíes el barril de petróleo subió cuatro dólares. Yemen no es un gran productor petrolero aunque tiene algunos yacimientos gasíferos. El temor es que el conflicto pase a la propia Arabia Saudita y que por la vía de la infiltración o agentes comience una campaña de sabotaje de las instalaciones petroleras del reino.

En la actualidad Yemen sirve de base de operaciones para Al Qaeda en la Península Arábiga. Fue esta organización la que se atribuyó el atentado contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo en París. Recientemente el Estado Islámico, que combate en Siria e Irak, se responsabilizó por atentados que dejaron más de un centenar de muertos en mezquitas huthis  en Saná. La campaña saudí ha sido denunciada por organizaciones humanitarias por ataques a civiles. Hospitales, barrios residenciales, colegios y centrales termoeléctricas han sido bombardeados. Unicef, el fondo para la infancia de Naciones Unidas, denuncia que en la última semana 62 niños han muerto producto de los combates. La ampliación del conflicto amenaza con transformar a Yemen en la meca del extremismo.

Yemen un estado fallido.

El país ocupa una posición estratégica clave a la entrada del Mar Rojo en el Golfo de Adén. Pero eso más que ayudarle le ha perjudicado dando lugar a numerosas invasiones destinadas a controlarlo. Es el más pobre de los 22 países árabes. 16 millones de sus 25 millones habitantes viven en la pobreza. Buena parte de su historia reciente ha transcurrido en guerras entre tribus, facciones religiosas o disputas regionales. Hay una relación  estrecha entre las guerras y la pobreza. La miseria genera conflictos y las disputas empobrecen a las naciones.

La CIA y los asesinatos señalados

February 8, 2013 Comments off

El nombramiento del nuevo jefe de la CIA ha desatado un debate abierto sobre los asesinatos señalados (targeted assassinations). John O. Brennan el hombre nominado para dirigirla lleva 25 años en diversas funciones en el seno de la Agencia. Como el resto de los agentes sabe bien de las torturas practicadas en forma generalizada durante el período del Presidente George W. Bush. En particular las técnicas de sofocación (waterboarding) que Brennan, en su comparecencia ante el Senado, se abstuvo de admitir que eran una tortura pero dijo que eran criticables y “algo que no se debió hacer”.
Brennan en su condición de asesor en materia de contraterrorismo del Presidente Barack Obama, en el curso de los últimos 4 años, es señalado como el arquitecto de la táctica de asesinatos señalados. El instrumento de preferencia para la ejecución de los ataques selectivos son los aviones no tripulados o drones.
Los ataques con drones se han multiplicado y ya superan las 400 incursiones contra blancos en Afganistán, Pakistán, Somalia y Yemen. Según algunas estimaciones han causado más de tres mil muertos. Algunos de ellos eran civiles inocentes de países soberanos con los cuales Estados Unidos no está siquiera en conflicto. El caso más notorio es el de Anwar al-Awlaki, un ciudadano estadounidense asesinado en 2011 en Yemen. Se le acusó de ser un propagandista de Al Qaeda y fue calificado como un “peligro inminente”. Ya en Naciones Unidas se analiza la legalidad de acciones que asesinan a personas que no han sido sometidas a un debido proceso. Pero además de las dudas sobre quién hace las lista de la muerte, de las víctimas inocentes productos de errores en los bombardeos hay preocupación por el vuelo de los los drones sobre vastas regiones.
Medea Benjamin, de la organización Codepink apunta que “no son solo las matanzas, es aterrorizar a poblaciones enteras, que escuchan el zumbido de los drones las 24 horas sobre sus cabezas. Ya tienen miedo de ir al colegio, miedo de ir a los mercados, a funerales o bodas”. Los opositores al empleo de drones y los asesinatos señalados dicen que constituye una política ilegal, inmoral e inhumana que provoca gran animosidad y que ello sirve, precisamente, a los enemigos que Estados Unidos combate.
Los partidarios del empleo de los drones dicen, por su parte, que es el arma perfecta para el nuevo tipo de conflictos que algunos llaman guerras de cuarta generación (G4G). Definida como una guerra sin frentes ni campos de batalla fijos. Antes que enfrentar a las fuerzas armadas regulares del Estado, la G4G cabría llamarla una guerra fantasma, librada en la dimensión gris donde converge el fin de la política y comienza el conflicto bélico. A diferencia de la guerra convencional, en que se busca el ataque frontal, aquí se libra un juego de sombras que busca aislar y desgastar al adversario.

Las críticas al empleo de los drones y los asesinatos señalados crecen. En la opinión de la senadora demócrata Dianne Feinstein “Yo creo que esto ha llegado tan lejos como podía como parte de una actividad encubierta”. Aquellos que se han autodesignado como la vara de la moralidad, con la cual ha de ser juzgado el resto del mundo, deberían predicar con el ejemplo.

El nombramiento del nuevo jefe de la CIA ha desatado un debate abierto sobre los asesinatos señalados (targeted assassinations). John O. Brennan el hombre nominado para dirigirla lleva 25 años en diversas funciones en el seno de la Agencia. Como el resto de los agentes sabe bien de las torturas practicadas en forma generalizada durante el período del Presidente George W. Bush. En particular las técnicas de sofocación (waterboarding) que Brennan, en su comparecencia ante el Senado, se abstuvo de admitir que eran una tortura pero dijo que eran criticables y “algo que no se debió hacer”.
Brennan en su condición de asesor en materia de contraterrorismo del Presidente Barack Obama, en el curso de los últimos 4 años, es señalado como el arquitecto de la táctica de asesinatos señalados. El instrumento de preferencia para la ejecución de los ataques selectivos son los aviones no tripulados o drones.
Los ataques con drones se han multiplicado y ya superan las 400 incursiones contra blancos en Afganistán, Pakistán, Somalia y Yemen. Según algunas estimaciones han causado más de tres mil muertos. Algunos de ellos eran civiles inocentes de países soberanos con los cuales Estados Unidos no está siquiera en conflicto. El caso más notorio es el de Anwar al-Awlaki, un ciudadano estadounidense asesinado en 2011 en Yemen. Se le acusó de ser un propagandista de Al Qaeda y fue calificado como un “peligro inminente”. Ya en Naciones Unidas se analiza la legalidad de acciones que asesinan a personas que no han sido sometidas a un debido proceso. Pero además de las dudas sobre quién hace las lista de la muerte, de las víctimas inocentes productos de errores en los bombardeos hay preocupación por el vuelo de los los drones sobre vastas regiones.
Medea Benjamin, de la organización Codepink apunta que “no son solo las matanzas, es aterrorizar a poblaciones enteras, que escuchan el zumbido de los drones las 24 horas sobre sus cabezas. Ya tienen miedo de ir al colegio, miedo de ir a los mercados, a funerales o bodas”. Los opositores al empleo de drones y los asesinatos señalados dicen que constituye una política ilegal, inmoral e inhumana que provoca gran animosidad y que ello sirve, precisamente, a los enemigos que Estados Unidos combate.
Los partidarios del empleo de los drones dicen, por su parte, que es el arma perfecta para el nuevo tipo de conflictos que algunos llaman guerras de cuarta generación (G4G). Definida como una guerra sin frentes ni campos de batalla fijos. Antes que enfrentar a las fuerzas armadas regulares del Estado, la G4G cabría llamarla una guerra fantasma, librada en la dimensión gris donde converge el fin de la política y comienza el conflicto bélico. A diferencia de la guerra convencional, en que se busca el ataque frontal, aquí se libra un juego de sombras que busca aislar y desgastar al adversario.

Las críticas al empleo de los drones y los asesinatos señalados crecen. En la opinión de la senadora demócrata Dianne Feinstein “Yo creo que esto ha llegado tan lejos como podía como parte de una actividad encubierta”. Aquellos que se han autodesignado como la vara de la moralidad, con la cual ha de ser juzgado el resto del mundo, deberían predicar con el ejemplo.

El nombramiento del nuevo jefe de la CIA ha desatado un debate abierto sobre los asesinatos señalados (targeted assassinations). John O. Brennan el hombre nominado para dirigirla lleva 25 años en diversas funciones en el seno de la Agencia. Como el resto de los agentes sabe bien de las torturas practicadas en forma generalizada durante el período del Presidente George W. Bush. En particular las técnicas de sofocación (waterboarding) que Brennan, en su comparecencia ante el Senado, se abstuvo de admitir que eran una tortura pero dijo que eran criticables y “algo que no se debió hacer”.
Brennan en su condición de asesor en materia de contraterrorismo del Presidente Barack Obama, en el curso de los últimos 4 años, es señalado como el arquitecto de la táctica de asesinatos señalados. El instrumento de preferencia para la ejecución de los ataques selectivos son los aviones no tripulados o drones.
Los ataques con drones se han multiplicado y ya superan las 400 incursiones contra blancos en Afganistán, Pakistán, Somalia y Yemen. Según algunas estimaciones han causado más de tres mil muertos. Algunos de ellos eran civiles inocentes de países soberanos con los cuales Estados Unidos no está siquiera en conflicto. El caso más notorio es el de Anwar al-Awlaki, un ciudadano estadounidense asesinado en 2011 en Yemen. Se le acusó de ser un propagandista de Al Qaeda y fue calificado como un “peligro inminente”. Ya en Naciones Unidas se analiza la legalidad de acciones que asesinan a personas que no han sido sometidas a un debido proceso. Pero además de las dudas sobre quién hace las lista de la muerte, de las víctimas inocentes productos de errores en los bombardeos hay preocupación por el vuelo de los los drones sobre vastas regiones.
Medea Benjamin, de la organización Codepink apunta que “no son solo las matanzas, es aterrorizar a poblaciones enteras, que escuchan el zumbido de los drones las 24 horas sobre sus cabezas. Ya tienen miedo de ir al colegio, miedo de ir a los mercados, a funerales o bodas”. Los opositores al empleo de drones y los asesinatos señalados dicen que constituye una política ilegal, inmoral e inhumana que provoca gran animosidad y que ello sirve, precisamente, a los enemigos que Estados Unidos combate.
Los partidarios del empleo de los drones dicen, por su parte, que es el arma perfecta para el nuevo tipo de conflictos que algunos llaman guerras de cuarta generación (G4G). Definida como una guerra sin frentes ni campos de batalla fijos. Antes que enfrentar a las fuerzas armadas regulares del Estado, la G4G cabría llamarla una guerra fantasma, librada en la dimensión gris donde converge el fin de la política y comienza el conflicto bélico. A diferencia de la guerra convencional, en que se busca el ataque frontal, aquí se libra un juego de sombras que busca aislar y desgastar al adversario.

Las críticas al empleo de los drones y los asesinatos señalados crecen. En la opinión de la senadora demócrata Dianne Feinstein “Yo creo que esto ha llegado tan lejos como podía como parte de una actividad encubierta”. Aquellos que se han autodesignado como la vara de la moralidad, con la cual ha de ser juzgado el resto del mundo, deberían predicar con el ejemplo.

Libia: los enigmas de la guerra

March 24, 2011 Comments off

Las fuerzas internacionales que atacan al ejército regular libio dicen hacerlo, conforme al mandato del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, para proteger a la población civil. Para ello han lanzado un potente bombardeo con vistas a neutralizar a las tropas del coronel Muamar Gadafi. La primera interrogante que surge es qué ocurre en Libia. ¿Es efectivo que el gobierno lanzó una ofensiva militar contra manifestantes desarmados? La evidencia sobre esta aseveración es insuficiente. Ha habido abusos y agresiones contra los opositores pero, hasta donde es posible percibir desde el exterior, ellas no exceden a lo ocurrido en Túnez o Yemen. Lo que sí es evidente es que el país árabe esta en medio de una guerra civil entre el este, con Bengasi a la cabeza y el oeste, con su centro en Trípoli. De hecho los rebeldes han tomado como símbolo la vieja bandera de la monarquía del rey Idris, muy popular en este, depuesto en 1969 por, precisamente, Gadafi.
En los hechos la coalición occidental opera como un escudo protector de las fuerzas rebeldes. En dicho rol detuvieron los ataques oficialistas contra Bengasi y al amparo de la protección aérea han montado una contraofensiva. Pero ¿Quiénes son los insurgentes y cuáles son sus credenciales democráticas? Solo se han escuchado voces de algunos funcionarios y oficiales que han abandonado al régimen de Gadafi. A diferencia de lo ocurrido en Túnez y Egipto es difícil aquilatar las intenciones de los opositores.
¿Cuál es objetivo político de Estados Unidos y sus aliados? Sin que lo declaren es claro que aspiran a un cambio de régimen. Esto está fuera del mandato da Naciones Unidas que además prohíbe el empleo de fuerzas terrestre. Habrá que ver si lo bombardeos son suficientes para expulsar a Gadafi del poder. Al respecto hay un debate sobre si es lícito dar muerte al líder libio. Liam Fox, el ministro de Defensa británico, estima que si lo es. Washington discrepa puesto que hay una ley que prohíbe el asesinato de mandatarios extranjeros. En todo caso hasta el momento la iniciativa bélica es casi enteramente de Estados Unidos que ejerce el mando y control sobre el conjunto de las operaciones. En los primeros días fueron disparados 122 misiles crucero Tomahawk, de los cuales 120 fueron estadounidenses y dos bitánicos.

El dicho que reza que nunca digas que de esta agua no beberé le calza al autor de las siguientes palabras: “El Presidente no tiene el poder, bajo la Constitución, para autorizar un ataque militar unilateral en una situación que no signifique detener un ataque o una amenaza inminente para la nación”. Esto es lo que dijo el entonces senador Barack Obama, en 2007, en oposición a un posible ataque contra Irán. En una perspectiva más amplia ha vuelto al debate cuáles son las condiciones que hacen admisible que terceros países intervengan en los asuntos internos de otros. ¿Qué organismo determina que ocurre en un país? ¿Son admisibles criterios selectivos que se aplican a un estado pero no a otros? Naciones Unidas ha sido incapaz hasta ahora de responder estas interrogantes.