Chile y la disputa por la supremacía mundial.

August 24, 2020 Comments off

 

 

Apenas concluyó la Segunda Guerra Mundial “una cortina de hierro”, en la célebre expresión de Winston Churchill, dividió a Europa y el mundo. Dos  bloques antagónicos  compitieron en todas las esferas. Con una limitación: tanto Estados Unidos como la Unión Soviética contaban  con armas nucleares.  Un  choque frontal significaba la destrucción de ambos. Como ninguna de las partes podía vencer a la otra en una conflagración, a temperaturas termonucleares, no tuvieron más remedio que derivar  a una “Guerra Fría”. Esto es enfrentarse, sin bombas atómicas, a través de terceros países interpuestos evitando así  riesgos mayores.  Este fue el escenario que dominó la segunda parte del siglo XX. Ningún país escapó al choque de las superpotencias y Chile, que buscó un camino propio,  pagó un alto precio por su original  “vía chilena”.

En Estados Unidos las insurgencias  nacionalistas y anticoloniales llamaron la atención del Presidente John F. Kennedy (1961-63), quien elevó las luchas irregulares en países del Tercer Mundo a la categoría de amenaza estratégica. Durante un viaje a Vietnam, en 1952, Kennedy apreció las dificultades que enfrentaban los colonialistas franceses. En otros países observó los brotes rebeldes de inspiración marxista, y captó que muchas insurgencias no obedecían a una instigación ideológica sino que emanaban de demandas sociales.

La llegada de Fidel Castro  al poder (1959) convenció a Kennedy que de poco servía el poder nuclear, y aun el convencional, si era ineficaz para enfrentar los retos insurgentes. A su juicio, el mayor desafío a la hegemonía norteamericana provendría de enfrentamientos menores en países periféricos.  El balance de fuerzas a nivel internacional variaría en el fragor de docenas de batallas sin  que ninguna de ellas fuese decisiva. Pero por esta vía  Estados Unidos vería limitado, en forma creciente, su espacio de maniobra  internacional.

Al llegar a la Casa Blanca Kennedy diseñó una estrategia  dual ante la insurgencia. En el plano económico y social promovió  programas de apoyo que detuvieran la radicalización de las sociedades más pobres: así, la Alianza para el Progreso dispuso fondos para el desarrollo de los países latinoamericanos, mientras los voluntarios de los Cuerpos de Paz canalizaban el idealismo juvenil; millares de jóvenes estadounidenses se repartieron por el mundo para trabajar en policlínicos, sanear aguas, ayudar a campesinos a mejorar sus cultivos o participar en programas de contracepción para moderar el crecimiento demográfico.

En el plano militar, entre tanto, se dotó de grandes recursos a las unidades de fuerzas especiales, los llamados Boinas Verdes, que debutaron  en Guatemala, donde  más de un millar combatió  entre 1966 y 1968.   Allí se cultivó la idea de que existía un enemigo interno que  era la extensión de los afanes de dominación del comunismo soviético. Esta convicción fue transmitida por el Pentágono a los militares latinoamericanos a través de la Escuela de las Américas donde  hasta 1984 se impartieron cursos a más de 50 mil oficiales de la región. En el  Manual de Terrorismo de la Escuela de las Américas, que depende del Comando Sur del Ejército de Estados Unidos, se lee: «Terroristas tales como Stalin, Lenin, Trotski, Guevara, Marighella y otros dejaron un legado de violencia que en el nombre de las masas oprimidas y las causas justas están estremeciendo al mundo. El advenimiento del terrorismo internacional y transnacional ha traído consigo numerosos grupos ávidos de venganza y odio a países del Tercer Mundo, de mercenarios ideológicos que han prestado su experiencia y conocimientos, bombas y armamentos a sus aliados políticos en cualquier parte del mundo».

Chile un caso especial

Desde una perspectiva internacional Chile es un país que, desde hace más de seis décadas ha servido de laboratorio para distintas estrategias políticas. Una suerte de modelo. Algo que comienza  con el gobierno del Presidente Eduardo Frei Montalva (1964-70). Entonces la Revolución Cubana se proyectaba como un atractivo referente de cambio político y gestión del Estado. Para contener a los revolucionarios caribeños Estados Unidos, bajo las órdenes de Kennedy, desplegó  su estrategia reformista. En síntesis, buscaba  modernizar los estados latinoamericanos que entre otras medidas contemplaba el fin de los latifundios mediante una reforma agraria. Este proceso en Chile fue llamado la Revolución en Libertad para contrastarlo con lo que ocurría en Cuba. El proceso tuvo éxito y falencias pero por sobre todo movilizó y radicalizó a un sector de la población. Esto condujo a una experiencia inédita a nivel mundial: la victoria, en 1970, de la coalición de izquierda con el Partido Comunista y el Partido Socialista como las fuerzas principales. La primera vez en el mundo  que un conglomerado marxista llegaba al gobierno en forma democrática, por la vía de las urnas. Una vez más Chile asumió un rol modélico que duró escasos tres años.

Entonces se vivían los tiempos más obscuros de la Guerra Fría. Washington percibió al proceso chileno como una amenaza estratégica pero no por su impacto regional. El entonces secretario de Estado Henry Kissinger se mofó de la irrelevancia estratégica señalando  que “Chile es una daga que apunta al corazón de la Antártica”. Ello no le impidió desestimar el resultado de las urnas al manifestar ante la elección del Presidente Salvador Allende: “Yo no veo porque tenemos que permitir que un país se torné marxista solo porque su gente es irresponsable”. Lo que realmente preocupaba a Washington era el impacto del proceso chileno en Europa. Allí los dos grandes partidos comunistas, el  francés y el italiano, seguían con la mayor atención  la evolución de la Unidad Popular  (UP)  que aunaba a los comunistas y socialistas. Semejante alianza tenía buenas posibilidades victoria electoral tanto en Italia como Francia. La llegada de los comunistas a dos  de los principales gobiernos europeos representa un serio revés para el futuro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la mayor alianza militar de occidente. En relación  a Chile el Presidente Richard Nixon decidió no correr riesgos y ordenó a la CIA causar el mayor caos posible “hasta  hacer chillar a la economía”. Para ese propósito la CIA dispuso de  diez millones de dólares entre 1971y 1973 para asegurar un desbarajuste económico y político.

En 1973, bajo Allende, Chile gozaba de plena libertad de prensa. Al punto que el principal periódico opositor, El Mercurio, recibía generosas ayudas de la CIA . Angello Codevilla, funcionario del Comité de Inteligencia del Senado de Estados Unidos declaró: “En lo que respecta al apoyo encubierto a un diario en Chile (El Mercurio), después de 1970, ello permitió a ese periódico sobrevivir a los intentos del régimen de Allende por silenciar toda la oposición y pudo servir de punto focal para las fuerzas que se oponían al régimen”.

América Latina está jalonada  por golpes de estado y dictaduras militares pero ninguna cosechó tanto repudio mundial como la chilena.  Las fuerzas armadas con el activo concurso de la derecha, el empresariado y Estados Unidos depusieron al gobierno. Fue un golpe de una violencia inusitada incluso para los estándares latinoamericanos. Las imágenes del bombardeo  aéreo  al  palacio presidencial, con Allende  en su interior, recorrieron el mundo. Allí quedó sellada a fuego para todas las latitudes el carácter de los golpistas guiados por  la máxima de quien puede lo más puede lo menos. Quien no teme disparar contra el primer mandatario nada le importará hacerlo contra ciudadanos ordinarios. La secuela era previsible: miles de chilenos fueron asesinados, decenas de miles torturados y  otros tantos huyeron del país.

El contraste no podía resultar más abrupto  Por su génesis,  democrática con respeto a la legislación e institucionalidad, la UP  concitó un interés análogo al que despertaron los republicanos en su lucha contra el fascismo en la Guerra Civil Española. A Chile no vinieron brigadas internacionales para defender el estado de derecho pero sí desfilaron millares de latinoamericanos y europeos que deseaban empaparse de los aires de cambio de  una experiencia política original. Decenas de miles de jóvenes engrosaron las filas de masivas campañas de solidaridad en apoyo a los chilenos perseguidos por sus  convicciones políticas. Ello ocurría en un período de aguda polarización internacional en que  Estados Unidos enfilaba hacia una derrota en  Vietnam.

Quiebre del orden internacional.

Establecer paralelos y analogías a lo largo de la historia es una tentación frecuente Hoy está en boga proclamar que el mundo camina a una nueva Guerra Fría. Es cierto que está en proceso el desacople entre las economías de Estados Unidos y China. Es una ofensiva iniciada por Washington que pretende mantener a raya a Beijing para preservar su  hegemonía frente a la emergente potencia asiática. En la superficie hay ciertas similitudes con lo vivido en  la segunda mitad del siglo pasado. Pero hay, sin embargo, diferencias tan profundas que es engañoso utilizar el mismo concepto para ambas situaciones.

La enemistad entre lasUnión Soviética y Estados Unidos respondía a dos visiones antagónicas del mundo. El comunismo soviético buscaba la destrucción del capitalismo occidental mientras éste último pretendía lo mismo frente a su adversario. Era una pugna, así al menos lo entendían ambas partes, que debía culminar con la victoria de uno y la derrota del otro. Todo se politizó en esa perspectiva. Las medallas de los Juegos Olímpicos debían dar cuenta de la superioridad de uno u otro campo. Quién lanzaba el primer satélite o pisaba antes la luna. Cualquier rincón del mundo, por irrelevante que fuera, entraba en disputa por la mera sospecha que el adversario mostraba interés.

Estados Unidos observa con preocupación, desde hace décadas,  el auge chino en el campo económico,  diplomático, militar y tecnológico. Pero a la vez China ha representado un gran mercado. General Motors vende más autos en China que en Estados Unidos. Beijing ha comparado fortunas en bonos del Tesoro  estadounidense.  De muchas maneras ambos países imbricaron sus respectivas economías. El Presidente Donald Trump decidió poner alto a esto convencido que China sacaba mayor ventaja que su país de esta relación Esta postura ya existía bajo el Presidente Barack Obama que propuso el  Tratado Transpacífico de Asociación (TPP, por su sigla en inglés), precisamente para frenar la expansión comercial China. Trump, fiel a su estilo agresivo,  ha  llevado la pugna a nuevos niveles que incluyen la esfera tecnológica y la sanción a empresas chinas por su relación  con el Partido Comunista de dicho país.

Pero más que una objeción ideológica es una expresión oportunismo  nacionalista.  En las décadas de los 70 y 80 la agresividad de los estadounidenses estaba volcada contra Japón. Entonces se decía que Tokio pretendía lograr de cuello y corbata lo que no consiguió de uniforme. Nada más conveniente que un enemigo externo para galvanizar los sentimientos patrióticos. El secretario de Estado Mike Pompeo presenta el conflicto como una causa noble que atañe al mundo entero. En una reciente disertación titulada “China comunista y el futuro del mundo libre”   dejó la sensación de  deja vu. Postuló que “Defender nuestras libertades frente al Partido Comunista chino es la misión de nuestro tiempo”.

Los tiempos son muy distintos. Santiago nunca tuvo que elegir campos durante la Guerra Fría. Siempre estuvo anclado en Occidente. Y cuando el gobierno de la UP solicitó el apoyo soviético éste no estuvo disponible. Moscú estimó que no estaba en condiciones de hacerse cargo del proceso chileno pese a sus estrechos lazos con los comunistas criollos.

China no está  preocupada si los que gobiernan los países son de  izquierda o derecha. Ello a tal punto que mantuvieron  óptimas relaciones durante el período dictatorial y  siguieron así con el retorno a la democracia.    Beijing tiene una postura pragmática y se relaciona con quien le convenga. Estados Unidos, por su parte, busca  alinear al resto de los países con sus posiciones. Chile   ya experimenta presiones por parte de Washington para que no compre el sistema de transmisión ultra rápido 5G ofertado por Huawei.  Está por verse  cuan profundo será el quiebre internacional que está en desarrollo. Pero cualquiera sea la brecha ella no será ideológica y, por lo tanto,  no se proyectará en el seno de los países como ocurrió en la Guerra Fría.

 

 

 

 

 

Las incógnitas del post covid.

July 27, 2020 Comments off

 

Las prolongadas e inéditas cuarentenas alimentan el ansia por ver la luz al final del túnel.  Los hechos, sin embargo,   no proveen  antecedentes  para aventurar qué cambiará, y en qué dirección, tras la pandemia. En los conflictos bélicos se alude a la “niebla de la guerra” como metáfora para describir las múltiples incógnitas en el campo de batalla. Frente al covid -19 y sus consecuencias la niebla es muy densa. De partida no hay unanimidad entre los científicos sobre las características del virus y sus formas de transmisión. Algo reflejado en el debate sobre la hipótesis sobre si es posible lograr una “inmunidad de rebaño”, merced a un determinado porcentaje de infectados. Aunque con el acopio de evidencia  la tesis de la  inmunidad grupal ha perdido apoyo entre los virólogos.

Un enigma clave a esclarecer es cómo evolucionará la enfermedad. Por qué afecta más hombres que a mujeres, por qué ataca con mayor virulencia a ciertos grupos étnicos  e incluso, en ciertos países,  algunas regiones son más afectadas que otras. Las investigaciones señalan que circulan  miles de variaciones de cepas de covid -19 y que,  por ejemplo, la que atacó Wuhan, en China, no es idéntica a la que afectó a Italia. El virus, en su forma actual,  es muy infeccioso pero su letalidad es baja entre personas jóvenes con buena salud. La cepa dominante es el Sars-CoV-2, como es designado el virus causante del Covid 19. Pero como ocurrió con la Gripe Española puede disparar  su nivel de mortalidad.  Ese virus  cegó decenas de millones de vidas. Fue una  tipo de influenza aviar, que apareció en Estados Unidos en 1917, pasando de aves a humanos y llevada a Europa por soldados que combatieron en la Primera Guerra Mundial.  La primera ola tuvo mínimo impacto. Más de diez mil marineros, de la Gran Flota británica, la contrajeron y solo cuatro de ellos murieron. Pero pocos meses después volvió a la carga un virus mutado que devastó el viejo continente.  Se estima que unos cincuenta millones sucumbieron a sus fiebres y daños al sistema respiratorio. En lo que toca a la coronavirus vigente  la  noticia tranquilizadora, hasta el momento,  es que muta con lentitud. Ello es auspicioso para la efectividad de una futura vacuna.

Los científicos  clamaban  a coro que la llegada de una pandemia viral era solo cuestión de tiempo. Bastaba con mirar las estadísticas: el planeta experimentaba epidemias cada veinte a treinta años. Pero ahora ya había pasado más de medio siglo años sin una de ellas. Los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS)  encargados de monitorear la  evolución de los virus   manifestaron hace casi un par de décadas que la fiebre aviar “representaba el mayor peligro posible y que una pandemia de esta gripe podría matar, según los cálculos de los epidemiólogos, entre siete y veinte millones de personas». En el caso del covid-19 se cree que el portador del virus fue un murciélago que infectó a un pangolín.

La dura experiencia actual refuerza lo que ya se sabía: el aviso temprano de cualquier brote es clave para detener el avance del virus. El Presidente Donald Trump recrimina a China  por no haber dado antes  la alarma. Para impedir que se repita el error  lo lógico sería fortalecer  a la OMS, y no retirarse de ella como lo ha hecho Estados Unidos. Porque los antecedentes han validado las palabras del virólogo inglés John Oxford que advirtió: «No importa donde empiece la pandemia, estará ante nuestras puertas en doce horas. Nadie puede decir que ese no es un problema nuestro».

Avanza la zoonosis.

En las últimas décadas, en todo caso  aumenta la percepción  que algo ha empeorado en la relación entre los humanos y la naturaleza. La mayor conciencia proviene, sin duda, de los efectos del calentamiento global. Crece ahora la  legión de los que piensan que la crisis  del covid-19 tiene sus raíces en la destrucción del medio ambiente.  Los científicos concurren en que el virus que recorre el mundo es producto de una zoonosis, una enfermedad transmitida de animales a humanos. A través de este proceso  ocurren enfermedades como la fiebre porcina, el síndrome respiratorio agudo grave, el virus del Nilo occidental, la fiebre aviar en sus distintas versiones, el zika, el dengue y otros. Los patógenos viven en lo que los científicos llaman un «huésped reservorio», es decir el mosquito, ave o animal portador. Cerca de las tres cuartas partes de las enfermedades infecciosas emergentes pasan de animales a humanos. Cerca de dos millones de personas mueren cada año de enfermedades zoonoticas que desde el año 2000 han tenido un costo de cien mil millones de dólares

El problema se agudizará porque avanza  la invasión humana de los hábitats de las especies silvestres,  ello por la vía  de la ampliación de las fronteras agrícolas con la  destrucción de selvas. Así aumentan las personas  expuestas a los agentes patógenos que generalmente están confinados en lugares remotos.  Según David Hayman, de la Universidad de Massey en Nueva Zelanda, “En el siglo pasado, se destruyó aproximadamente la mitad de las selvas tropicales, en las que viven alrededor de dos tercios de todos los seres vivos del mundo. Esta grave pérdida de hábitat afecta a todo el ecosistema, incluyendo a las “infecciones”. Inger Andersen, directora ejecutiva Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, estima por su parte que:  “La ciencia es clara al respecto: si seguimos  explotando la vida  silvestre   y destruyendo los ecosistemas, entonces en los años venideros podemos esperar  un flujo constante de estas enfermedades que pasan de animales a humanos”.

Intenciones de cambios

Como saldrá cada país de esta experiencia traumática, el  mayor confinamiento colectivo  experimentado por el mundo, es algo que está por verse. Mucho dependerá de cuan profundo sea el daño causado por la enfermedad. La memoria colectiva es frágil y a poco andar de los desastres las cosas vuelve al cauce anterior. Ocurre con  los  terremotos que son recurrentes. Epidemias hay cada tanto pero una pandemia como esta no ocurría desde hace un siglo.  Con   esta  frecuencia serán pocos los que se preocuparán por lo que ocurrirá en generaciones venideras. La inercia tiene una enorme gravitación, en forma instintiva la gente se inclina por restaurar sus viejos hábitos.

Pese a ello en París. Amsterdam y otras grandes ciudades  se habla de aprovechar la drástica baja del tráfico vehicular para excluir, en forma creciente,  los automóviles que contaminan con sus emisiones, ruidos y la ocupación de grandes superficies.

En Estados Unidos, en  el Partido Demócrata,  circula un documento económico y medioambiental titulado  Green New Deal, (Nuevo Trato Verde) en el que, evocando al New Deal del Presidente  Franklin Delano Roosevelt (1933-45), avanza cambios profundos a través de una reducción drástica de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), la renovación de infraestructuras y mayor eficiencia energética. Muchas de estas ideas estuvieron presentes en el programa de gobierno del Presidente Barack Obama,  pero se estrelló contra los grupos de interés y  solo consiguió avances limitados. Muchos puntos del Nuevo Trato Verde, en caso que ganase Joe Bien, el candidato demócrata, en noviembre, marcarían  un viraje en 180 grados frente a las políticas de Trump. De entrada, muchas de las iniciativas implican  ampliar de manera significativa el radio de acción del Estado.

Biden, por su parte,  sorprendió a  muchos con la presentación, a mediados de julio, de su programa electoral en el cual se aprecia un giro a la izquierda. Lo normal es que el candidato, con la nominación en mano, vire al centro para ganar a los votantes menos convencidos Allí postula ambiciosas metas para el desarrollo de energías limpias  y de protección ambiental. Entre sus propuestas destaca destinar dos  trillones de dólares  en inversiones para energías renovables  e infraestructuras para ser ejecutadas en los cuatro años de su mandato. Pero no es una propuesta solo técnica,  40 por ciento de estas inversiones serán dirigidas a mejorar las condiciones de las comunidades negras y latinas que viven  en las zonas más tóxicas de la economía fósil.  Son  los grupos que han sido  más afectados por la pandemia. Biden promete inversiones para lograr nuevos niveles que permitan a Estados Unidos convertirse en un país de bajas emisiones de carbono para 2035. En la práctica Biden hizo suyas las propuestas del Nuevo Trato Verde.  Es esperable que un viejo político como él no salte a la piscina sin asegurarse que tiene agua. Según encuestas recientes 61 por ciento de los votantes menores de 45 años expresaron que votarían por Biden si les  aseguraba una transición a una economía de energías limpias.  Un 14 por ciento de los consultados dijo que semejante propósito los alejaría del candidato demócrata. Mucha agua correrá aún bajo los puentes del Potomac antes de conocer  al vencedor de los comicios estadounidenses.

Los europeos, encabezados por la alemana Ursula von der Leyen, la  presidenta  de la Comisión Europea, han señalado que la crisis climática es “una amenaza existencial” para la humanidad.  Von der Leyen, ha propuesto metas  en lo que  ha llamado un “Pacto Verde” , que busca convertir a la Unión Europea (UE) en un continente climáticamente neutro de aquí al 2050. Esto es que las emisiones de CO2  y otros gases de efecto invernadero  (GEI) sean reducidos y compensados con, por ejemplo, la reforestación. Es una meta  que exige medidas radicales en muchos campos que abarcan el transporte, la energía, la agricultura, procesos extractivos e industriales,  los hábitos de consumo ciudadanos, entre otros. Es decir, afectan al conjunto de las economías y el estilo de vida de las personas.

En el rubro del transporte, por ejemplo,  será necesario revisar las normas de emisiones de vehículos de los 27 países miembros. Ya se esbozan planes para la expansión de las redes ferroviarias del continente. La electro movilidad pasa a primera línea  y para ello se anticipa la instalación de un millón de puntos de recarga de baterías para automóviles.

La Comisión propone que al menos 25 por ciento del presupuesto de la UE esté destinado a la transición ecológica. Según los cálculos  serán necesarios unos 300 mil millones de euros  para alcanzar el objetivo fijado al 2050. Desde  2021 40 por ciento del presupuesto destinado a la política agrícola común  y 30 por ciento de los subsidios a las pesquerías irá a la reducción de las emisiones de los GEI. A nivel internacional todo nuevo acuerdo comercial estará condicionado a que los países cumplan con lo estipulado en el Acuerdo de París, firmado en 2015. Los productos destinados a la UE deberán cumplir  con las mismas exigencias que sus productores. La propuesta debería tener una buena acogida entre los  eurodiputados que declararon, en noviembre, la “emergencia climática” en Europa.

Von der Leyen afirmó que el  Pacto Verde “no es solo una necesidad, será un motor de nuevas oportunidades económicas”. A la par advirtió  que las propuestas transformarán el estilo de vida, de consumo y de trabajo, pero velando por los que se vean más afectados por los cambios. Von der Leyen habló de una “transición justa” y para ello espera disponer de hasta cien mil millones de euros entre 2021 y 2027. El fondo estará destinado a ayudar a los países más dependientes del carbón de Europa oriental, con Polonia a la cabeza. Está por ver si el  Pacto Verde es una declaración de intenciones o será una efectiva hoja de ruta para la mejora del medio ambiente. Estos propósitos fueron formulados antes del estallido de la pandemia. Está aún fresca en la memoria la  crisis financiera del 2008 que obligó a la postergación  de una serie de iniciativas destinadas la protección del medio ambiente

Si hay una certeza en cuanto al post covid es que aguardan tiempos difíciles. Las proyecciones de desempleo son  intimidantes. Numerosas industrias y servicios, como el turismo, tendrán severas dificultades para volver a  sus niveles anteriores. Para América Latina,  con sus frágiles  economías dependientes  en alto grado de exportaciones de materias próximas, el cuadro es particularmente desafiante. Ante la nueva realidad se verá si las  intenciones para reestructurar las sociedades, con una perspectiva amigable con el medio ambiento,  son cumplidas

 

 

 

Estados Unidos: democracia amenazada.

June 21, 2020 Comments off

 

Manifestantes cercaron la Casa Blanca. En su interior cundió la alarma y el Presidente Donald Tump fue llevado al bunker. Para vengar la afrenta Trump  decidió movilizar a cinco mil efectivos de la Guardia Nacional, el ejército de reserva, junto con alertar a unidades de reacción rápida  de la 82ava División  Aerotransportada del ejército regular. En un intento por amedrentar a los que protestaban por la muerte de George Floyd, a manos de un policía, fueron despachados dos helicópteros de la Guardia Nacional que volaron a ras de techos sobre Washington. Ejecutaban tácticas utilizadas en operaciones bélicas, en Irak y Afganistán,  denominadas “presencia persistente” destinada a dispersar a los enemigos. Trump y algunos mandos militares señalaron, en términos bélicos, que para controlar a la muchedumbre  las tropas debían dominar el “espacio de batalla”. La expresión más concreta de este afán fue la caminata de Trump para posar ante la iglesia de St John con una biblia en mano. En el proceso cientos de manifestantes pacíficos fueron agredidos con bombas lacrimógenas y balines de goma. En la  desafiante salida de la Casa Blanca estuvo acompañado por el general de mayor rango  Mark A Milley,    Jefe del Estado Mayor Conjunto. En varias alocuciones Trump amenazó con sacar a las fuerzas armadas a las calles para derrotar al “terrorismo doméstico” y restablecer el orden y el imperio de ley.

La postura presidencial incomodó a los militares que históricamente se rigen  por  la Posse Comitatus Act, que data de 1878,  que restringe en forma drástica el despliegue de militares  dentro del territorio nacional para asuntos de orden interno. Las fuerzas armadas estadounidenses cuentan con una alta estima pública, en gran medida, por su ausencia en los asuntos políticos del país. Varios generales y almirantes en retiro manifestaron su rechazo al empleo de tropas contra compatriotas que ejercían el derecho a manifestar sus puntos de vista. En una declaración inusual el propio Milley dijo: “No debí estar allí…  mi presencia en ese momento   y en ese ambiente creó la percepción que los militares están involucrados en política doméstica”.

Mike Mullen, un almirante ( r) que asesoró a los gobiernos de George W Bush y Barack  Obama, fue más explícito: “Nosotros tenemos militares para luchar contra nuestros enemigos, no contra nuestro propio pueblo”. El oficial agregó que si las tropas saliesen a las calles arriesgarían perder la confianza pública que ha tomado 50 años restaurar, luego de la Guerra de Vietnam. A propósito de las acusaciones de racismo y discriminación sistémica en Estados Unidos Mullen apuntó a la falta de diversidad en el alto mando castrense. De los 41 oficiales de más alto rango 36 son hombres blancos. Ello en circunstancias  que 43 por ciento, de los 1,3 millones  de hombres y mujeres  en servicio activo, son de color.

El propio ministro de Defensa  Mark Esper tomó distancia del primer mandatario: “La opción  de emplear fuerzas en servicio activo en tareas de cumplimiento de la ley  solo debe ser un recurso de última instancia y solo en la más urgente y drásticas de las situaciones. No estamos en una de esas circunstancias  ahora”. El Pentágono, por la boca de numerosos comandantes,  fue categórico en el rechazo a llevar a cabo las amenazas presidenciales. A tal punto que se estimó que la renuncia de Esper era cuestión de días. Pero Trump acusó el golpe y suavizó su retórica ante una audiencia que votó mayoritariamente por él en la elección pasada. Encuestas realizadas entre militares en retiro mostraron que alrededor del 60 por ciento de los consultados le dieron el voto. Preferencias que resultaron decisivas en algunos estados que cargan la balanza.

Racismo estructural.

El desplante bélico de la Casa Blanca, en todo caso,  apuntaba a ganar electores con miras a lograr   un segundo mandato para su actual inquilino. De cara a sus votantes le ha servido para proyectarse como un Presidente defensor de la ley y el orden.   Además le permitió cambiar el foco de atención de los estragos causados por el Covid 19 . El país encabeza el ranking mundial, en términos absolutos,   de muertes por la pandemia y supera los 120 mil fallecidos con más de 2,20 millones de infectados.  Antes que el flagelo se expandiera por el país uno de cada tres hombres, entre los 18 y los 34 años,  era pobre con ingresos inferiores a los veinte mil dólares anuales. En total 30 millones de individuos. Ahora la crisis económica alcanza proporciones  mayores con más de 40 millones de desempleados. Un alto porcentaje de los que cesantes son parte de la base de apoyo de Trump: trabajadores blancos con escasa calificación.   La situación entre la población latina y negra es mucho más precaria. Algo que sobresale en las estadísticas de muertes a causa de la corona virus. En Chicago los negros  constituyen  un tercio de la población pero acumulan sesenta por ciento de las muertes.  La explicación para semejante incongruencia es el denominado “racismo estructural”. Según Kathie Kane-Willis, que se desempeña en la Chicago Urban League: “Toda esta crisis ha desnudado cuan desigual e inequitativa es nuestra sociedad”. El cuadro se repite con pocas variaciones  a lo largo del país. En Georgia los negros son algo menos de un tercio de la población pero aportan más de la mitad de los muertos.

 Estrategia de polarización.

La estrategia de la polarización ha dado buenos dividendos a Trump. La construcción de un muro en la frontera con México, en la campaña del 2016,  le ganó votantes. Entonces atizó los sentimientos xenófobos contra los inmigrantes latinos. Uno de los eslóganes centrales fue: “Hacer que América vuelva a ser grande”. Dado que Estados Unidos enfrentaba años de estancamiento económico era una referencia a tiempos mejores.   Distantes estaban los días en que cada generación aspiraba a vivir mejor que la precedente. Era la nostalgia al período previo a la globalización en que el país era la potencia industrial indisputada y los trabajadores devengaban buenos salarios. Una invocación al poder nativista. Los nativos, en la narrativa de la extrema derecha, corresponden a una amplia capa de hombres blancos, en su mayoría empobrecidos y de clases medias en declinación  que anhelan a separarse de las minorías tanto por color de piel, cultura, religión con un fuerte acento anti islámico y antisemita. Los musulmanes fueron agredidos asociándoles con el terrorismo, Trump denunció que  Obama era musulmán y había nacido fuera de Estados Unidos, en África. Ambas imputaciones eran  infundadas. Los nativistas junto a una serie de iglesias evangélicas son parte del núcleo duro del trumpismo.

Ahora el enemigo es China a la que acusa de ser la causante de la pandemia.  Claro, hay un gran mar de fondo pues Beijing ha sido calificado como  un adversario estratégico de Washington. Una visión que comparte el grueso de la elite política que teme que el país asiático disputará,   en forma gradual, la hegemonía que ejerce Estados Unidos. Trump ha llevado al  país a una dura confrontación comercial con el Reino Medio. Es una campaña que aspira a galvanizar a la población, apelando al espíritu patriótico, para que cierre filas tras suyo.

Temores electorales.

De cara a las elecciones presidenciales, en noviembre,  Trump se pone el parche ante la herida y denuncia que enfrentará un fraude electoral.  Es un recurso al cual ya ha echado mano. En febrero del 2016 perdió la contienda electoral  contra su correligionario el senador  Ted Cruz en la primaria del estado de Iowa. Entonces Trump,  sin mayor base,  tuiteó “ Ted Cruz no ganó en Iowa, él la robó”. Exigió la repetición de los comicios pero ello no ocurrió.  A lo largo de la  campaña contra Hillary Clinton en repetidas oportunidades acusó a sus rivales demócratas de tramar un fraude para escamotearle la victoria. Tampoco entonces aportó evidencias.

El aparato electoral estadounidense es complejo. Cada uno de los estados adopta sus propios criterios sobre cuáles son los requisitos para votar. Como no existe un documento nacional de identificación es necesario inscribirse. Pero los documentos de acreditación varían. En algunos estados se presenta el carnet para conducir. En otros se exige documentos de  la seguridad social. En cuestión de votos hay dos maneras de ganar. La mejor opción  es tener la mayor cantidad de ellos. Pero si eso no se consigue la alternativa es impedir el sufragio de los rivales.  Esta táctica  es  conocida como “supresión de voto”  y es muy recurrida desde hace mucho en Estados Unidos. Apunta en particular a dificultar el voto de negros y latinos. Dado que el partido republicano tiene una votación escasa entre estas comunidades le conviene obstaculizar su participación.

Dada la pandemia se postula ampliar las posibilidades del voto postal. Pero los republicanos con Trump  estiman que ello facilitaría el fraude electoral. En los hechos no hay evidencia que votar por correo favorecería a uno u otro partido. Lo que sí es claro que obligar a las personas a concurrir a los centros de votación disminuye la participación. Al respecto una nota editorial del New York Times ironizaba: “No hay una mayoría republicana en América, salvo en el día de las elecciones”. La imperfección del sistema electoral quedó expuesta por el hecho que Hillary Clinton superó por casi tres de millones de votos a Trump. Pero éste se impuso gracias a su mayoría en el Colegio Electoral compuesto delegados elegidos por los estados que son los que escogen al presidente.

Muchos comicios han resultado con escasa diferencia entre ambos candidatos. En 1960 John F. Kennedy derrotó por magros  133 mil votos a Richard Nixon. El sistema colapsó por completo en el 2000 cuando  George W Bush superó de manera muy cuestionada al demócrata Al Gore.  En la ocasión fallaron algunas máquinas que marcaban los votos y una cantidad de papeletas fue descartada en el estado de Florida que fue decisivo para la victoria de Bush. Después de semanas de disputas fue la Corte Suprema la que adjudicó al vencedor.

Ante el amenazante  pronóstico de las encuestas Trump  ha intensificado sus denuncias ante un fraude electoral en ciernes. Esto ha encendido las luces rojas entre sus adversarios. El destacado economista Nouriel Roubini visualiza el siguiente  escenario: “O bien Trump se mantendrá en el cargo… o perderá  por un pequeño margen, pero no aceptará el resultado… culpará a China, Rusia, a los negros a los inmigrantes  y actuará como el dictador de una república bananera. Llamará a sus seguidores  a armarse. Hay bastante fascista blanco armado dándose vuelta por ahí”

Joe Biden, el candidato demócrata a la presidencia, viene de declarar que su mayor preocupación es  que: “Este Presidente  tratará de robar esta elección”.   Pero es  optimista ya que está absolutamente convencido que los militares “lo escoltaran fuera de la Casa Blanca con gran rapidez”.  Confía que en  caso de  ser derrotado los uniformados no le permitirán atrincherarse en la casa de gobierno. Mal augurio, en todo caso, cuando los dos candidatos presidenciales se acusan mutuamente de sabotear el resultado de las urnas. Mucho dependerá del margen de diferencia de votos obtenidos por cada cual.

Estados Unidos tiene una enorme gravitación en la esfera del poder blando: el de los valores, la cultura, las comunicaciones. La brutalidad policial está lejos de ser monopolio estadounidense al igual que el racismo. Cuando ocurren quiebres en la nación que obra como modelo las repercusiones se multiplican de  más allá de sus fronteras. Ahí está el decir  que cuando Estados Unidos estornuda el resto del mundo se resfría. Machismo, abusos  y acoso sexual hay en todo el planeta. Pero las denuncias del movimiento “me too” estadounidense, surgido en 2017, encontraron un gran eco internacional. Las imágenes viralizadas de Floyd  asesinado a sangre  fría por un policía provocaron manifestaciones antirracistas en muchas ciudades de Estados Unidos y del resto del mundo. Un rasgo esperanzador es que también muchos blancos participaron en las protestas. A fin de cuentas, quiérase o no, la globalización con sus características afecta a todos.

Globalización en pausa.

May 25, 2020 Comments off

 

 

“Achicó al mundo” es uno de los eufemismos empelados para describir el impacto de la globalización. Con ello se describe la creciente integración cultural y económica entre distintos puntos del planeta. En la misma vena algunos fueron más lejos y proclamaron que la “tierra es plana”. Con ello no aludían a la realidad geográfica, bien establecida por Cristóbal Colón y su reputado huevo, sino que al proceso de globalización que allana fronteras y uniforma los mercados. Son numerosos, sin embargo,  los que estiman  que el mundo es todavía redondo, con sus  divisiones entre Norte y Sur. Las brechas, que separan a distintas regiones en el acceso a la riqueza y los avances tecnológicos impiden proclamar que el planeta es una llanura por la que todos pueden transitar en relativa igualdad.  Dicho en términos coloquiales está lejos de ser una cancha pareja.

Ahora  el Covid 19  ha puesto en boga afirmar  que “la historia se ha acelerado”.  Una manera de decir que las tendencias en curso han ganado velocidad. En lo que toca a la globalización  se apreciaba  una disminución de su ritmo de avance frenético desde la década de los 80 del siglo pasado. Entonces la caída de la Unión Soviética, con el consecuente fin de la Guerra Fría, coincidió con el auge de los gobiernos neo liberales de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Ambos,  por la vía de privatizaciones y la desregulación, facilitaron la expansión de las empresas transnacionales que constituyeron el motor de la globalización. En1970 había 7 mil compañías en esta categoría. Al comenzar el segundo milenio pasaban de 53 mil con 450 mil empresas subsidiarias fuera de su país de origen. Ahora superan  las 250 mil con casi un millón de filiales. La expansión fue impulsada por la  liberación de trabas políticas, que permitieron relocalizar sus operaciones para sacar el mejor partido a países con mano de obra barata y bajo estándares de protección  laboral y medio ambiental. Asimismo enormes desarrollos tecnológicos en la computación, las telecomunicaciones y el transporte facilitaron  la puesta  a punto del método just in time (justo a tiempo), -ello permitió  un auge sin precedentes  del comercio con el masivo desplazamiento de mercancías. Los procesos productivos transnacionales con veloces cadenas de abastecedores  consiguen ahorros importantes sin tener que almacenar grandes volúmenes de mercancías y repuestos.   Se estima que más de dos tercios del comercio mundial se realiza entre empresas transnacionales con las estadounidenses a la cabeza seguidas de las chinas.

Inmigración un eslabón débil 

Hasta hace pocos años existía   la percepción generalizada  que la globalización fortalecía los estados más fuertes en detrimento de los menos desarrollados. Esta visión fue acuñada en la frase: “Hay estados globalizadores y hay estados globalizados”. Resulta paradojal entonces que sea entre los  globalizadores donde surge la mayor oposición al proceso de internacionalización de los procesos productivos.  También es llamativo que la globalización ha creado una situación contradictoria: mientras abre las fronteras al paso de mercancías, las presiones migratorias las cierran para muchos ciudadanos provenientes de regiones más pobres. Ahora, sin embargo, muchos inmigrantes vuelven a sus países de origen ante la caída del empleo y sus ingresos

Pese a las restricciones más de 200 millones de  individuos despachan  remesas  a sus familias. Son una inyección a la vena para mil millones de personas, es decir, uno de cada siete habitantes del mundo. El  Banco Mundial pronostica que las remesas de inmigrantes a nivel mundial caerán en un 20 por ciento, unos cien mil millones de dólares. Esto es  de 554 mil millones de dólares a 445 mil millones. Esta contracción representará un duro golpe para varias economías latinoamericanas. Para México las remesas constituyen su segunda  mayor fuente de divisas. El año pasado totalizaron un récor  de  36.048 millones de dólares,  En su conjunto América Latina recibió en 2019 103.000 millones de dólares. Las tres cuartas partes de las remesas provienen de Estados Unidos. Allí la comunidad migrante latina ,  que  habitualmente se emplea en el sector servicios o en la construcción, es una de las más vulnerables. Además está excluida de seguridad social y por lo tanto fuera de los paquetes de ayuda aprobados para capear la crisis

El virus que congela la globalización.

No hay nada más antiglobalización que el Covid 19.La pandemia en curso ha fortalecido a los enemigos de la globalización. Las políticas proteccionistas, como la proclamada por  “América primero”, del gobierno de Donald Trump, constituyeron una amenaza temprana a las cadenas de abastecimientos internacionales. La victoria del Brexit duro en Gran Bretaña enfiló en la misma dirección. Incluso entre los 27 países que integran la Unión Europea  han prevalecido las políticas de los diversos estados nacionales antes que una postura común en una serie de materias de importancia estratégica.  Incluso en América Latina el Mercosur, una de las escasas instancias  que coordina políticas económicas en el Cono Sur, ha quedado en una virtual suspensión.

En todas las latitudes se observa un  retorno a las soberanías nacionales.  La noción de autosuficiencia antes difusa, vuelve a la palestra con la búsqueda de mayor seguridad sanitaria. Por ejemplo, el sector farmacéutico de  Alemania, al igual que Francia, depende en un 80 por ciento del exterior –y en un 40 por ciento de China– para el suministro de ciertos principios activos de medicamentos.  Asimismo, la seguridad alimentaria y energética figura alto en las agendas estatales.

El Covid-19 es bencina al fuego para quienes atizan las llamas del nacional populismo. Para ganar credibilidad esta corriente requiere de un enemigo percibido por la población. China les ha venido como anillo al dedo. Beijing ya era acusado de prácticas comerciales desleales.  Se le culpaba de robo de propiedad intelectual  y manipular el valor de su moneda. De  destruir vastos sectores industriales y causar la ruina de empresas mediante la relocalización que devastaba económicamente regiones enteras. Ahora se suma la pandemia, “el virus chino” en palabras de Trump.  Como si esto no bastara las Naciones Unidas, vista desde hace mucho con profunda suspicacia por la extrema derecha estadounidense,  a través de la Organización Mundial de la Salud (OMS), encomió el rol del Estado chino en la lucha contra el corona virus actual. Un blanco redondo para  la campaña electoral de Trump pues le permite aunar varias reivindicaciones de su electorado. Incluso numerosos  demócratas, partidarios de la globalización, coinciden con los republicanos en la sinofobia.. La decisión de desacoplar la economía estadounidense de la china tiene amplio  respaldo bipartidista.  En especial en los sectores de tecnología de punta como la 5G.  El trasfondo es la disputa por la hegemonía  económica mundial. Baste considerar lo que ha ocurrido desde la epidemia  del Sindrome Respiratorio Agudo Severo que asoló a China en 2003. Entonces  representaba cuatro por ciento de la producción mundial. Hoy alcanza al 16 por ciento. Esta cota llevó a China a ser el primer país exportador del mundo ¿Es posible una vuelta atrás en la actual división internacional del trabajo que ha convertido al país asiático en la principal usina del planeta?  La filosofía subyacente en la estructuración de las cadenas de valor mundiales ha sido  la de las ventajas comparativas.

En caso que…

 

Desde la óptica de las desventajas la distancia perdió gravitación frente a los beneficios de una mano de obra muchísimo más económica y altamente disciplinada. China y el sudeste asiático además ofrecieron inmensos mercados consumidores. En 2019 Generals Motors (GM) – cabe recordar el viejo decir que “lo que es bueno para GM es bueno para Estados Unidos”-  vendió más vehículos en China que en  casa.  Lo mismo vale para la alemana Volskswagen que tuvo más compradores para sus autos de alta gama en China que en Estados Unidos y la propia Alemania.

Con motivo de la reciente reunión anual de la OMS Xi Jinping, el Presidente chino, instó a “mantener estables  las cadenas industriales de abastecimiento global… si es que restauraremos  el crecimiento económico del mundo”. Beijing es el primer interesado en volver al status quo anterior. Pero el  país es menos dependiente de los mercados extranjeros pues  ha reducido su empleo de insumos importados. Por una parte ha incentivado la demanda doméstica a la par de producir un volumen creciente de artículos en el propio país. Como resultado  China es más autónoma  del mundo en tanto que muchas economías dependen en alto grado de China.

El liderazgo chino, En todo caso, se prepara para “un “conflicto prolongado”. Así lo postula el oficialista periódico Global Times que llama a enfrentar un desacople total entre ambos países en el sector de tecnologías de punta. En represalia propone calificar a  una serie de empresas estadounidenses como  “entidades no confiables” entre las que se contarían Boeing, Qualcomm, Apple y Cisco. Estas compañías podrían ver perjudicadas o vedadas sus ventas en China. Global Times advierte que “Estados Unidos está en una posición tecnológica más ventajosa. China deberá enfrentar tiempos duros”. Será un periodo difícil no solo para ambos rivales. Un refrán africano dice “Cuando dos elefantes se pelean quien más sufre es la hierba que pisan”. Ello advierte al resto de los países que deberán sacar sus ábacos y ver con que bando se alinearán. Washington tiene una ventaja de entrada pues en varios aspectos supera por mucho a China. Pero quienes conocen a China  saben que su memoria histórica nada tiene que envidiarles a los elefantes. Un ejemplo: a lo largo de sus relaciones con el país asiático Chile siempre ha recibido un trato deferente, bajo gobiernos democráticos o bajo dictadura, por haber sido uno de los primeros países de la región que reconoció la República Popular China y rompió  lazos con Taiwán bajo la Unidad Popular, en diciembre de 1970.

China  está haciendo enormes inversiones en la robotización y la inteligencia artificial que serán determinantes en las futuras cadenas de valor. Pese a ello en el futuro inmediato muchos países buscarán aminorar su dependencia de Beijing diversificando sus abastecedores.   La pugna chino-estadounidense y el auge de las fuerzas nacional populistas marcan un reflujo del aperturismo actual. Pero la globalización, como  la tendencia a la universalización y uniformidad  de los procesos productivos, retomará su curso. Muchos de los problemas que aquejan al mundo mal pueden resolverse en el marco de fronteras nacionales. El Covid 19 es un ejemplo evidente que el virus no puede ser controlado en el largo plazo en un solo país. Solo una amplia cooperación internacional podrá  superarlo.  Los debates en el seno de la OMS sobre el desarrollo de una vacuna disponible para todos son de la mayor relevancia. Jack Ma, el fundador del gigante comercial chino Alibaba, que ha estado donando material sanitario a numerosos países, incluido Estados Unidos, señaló: “No podremos derrotar al virus a menos que eliminemos las fronteras a los recursos, y compartamos las lecciones duramente aprendidas”.

Por el momento el virus ha colocado a más de la mitad de la humanidad en cuarentena. Los científicos discrepan en cuanto a la forma más eficaz de prevenir más contagios. Es una incógnita cuanto tiempo circulará  el mal, cuál es el grado de inmunidad que obtienen los que  lo padecieron. Que probabilidades existen que sobrevengan nuevas olas infecciosas y que este corona virus mute a versiones aún más letales. Es difícil pronosticar que nos espera en ausencia de información crítica. La realidad, en todo caso, es más fuerte que las especulaciones. Muchas de las grandes empresas automotrices y de otros rubros  tuvieron que cerrar sus puertas, el desfile de líneas aéreas que marchan a la quiebra está en pleno desarrollo. Las curvas de desempleo lejos de aplanarse se disparan.  No faltan los que anticipan que las cosas no volverán a ser como antes. Es probable que así sea. Lo que no es claro cuál será la dirección del cambio. El mundo vive la fase sanitaria del Covid 19. Ya se vislumbra su impacto económico y social. Está por verse  cómo afectará a la esfera política. En lo que toca a la globalización es probable que se pase del “just in time” a un  “just in case”, A un “en caso que” un nuevo  cisne negro altere las bien establecidas previsiones. Pocos disputan que la naturaleza ha pateado el tablero echando abajo estructuras que se tenían por sólidas. Todo lo anterior sin siquiera mencionar  a la madre de todas las batallas: el cambio climático.

 

 

 

Estado y Covid 19

April 22, 2020 Comments off

Entre periodistas es un decir que una noticia mata a la anterior.  Los titulares están dictados por las coyunturas. En Chile el Covid 19 congeló el enorme debate abierto por el estallido social que irrumpió en octubre del año pasado.  Lo mismo ha ocurrido con numerosas reivindicaciones en el resto del mundo. De hecho, 2019 fue calificado por algunos analistas como el “año de las protestas callejeras”.  Desde hace  varias décadas no ocurrían manifestaciones tan masivas en tal diversidad de países: Francia, España, Argelia, Hong Kong, Ecuador, Colombia, India,  Bolivia, Rusia, la República Checa, Irán, Irak, Venezuela, Rusia, Líbano,  Brasil, Sudán y  Malta. Los motivos y metas fueron tan distintas como las realidades de cada cual. No hubo un hilo conductor entre ellos. Pero si expresaban un reto a los gobiernos respectivos.

Para el  año en curso se anticipaban grandes conflictos que podían acabar en más de un cambio de régimen. Pero ya a comienzos de enero comenzó a circular el patógeno  que confinó en sus hogares a más de la mitad de la humanidad. Más de tres mil millones de personas bajo cuarentena por semanas y meses. Un cercenamiento  brutal de libertades básicas. Pero más allá de los estados de emergencia o de catástrofe, que rigen en muchos países, la gente acata el encierro por la más poderosa de las emociones: el miedo. Nunca tantas personas han enfrentado  una amenaza invisible que cada día cobra millares de vidas en las diversas latitudes. A diferencia de terremotos u otros desastres naturales que golpean y destruyen en lapsos cortos el virus puede circular por meses e incluso años. Es una crisis que envuelve al conjunto de las sociedades y en la cual nadie está a salvo. A diferencia de numerosas enfermedades en varios países el mal penetró en los sectores más pudientes Los gobiernos, en su gran mayoría, fueron tomados por sorpresa y en ausencia de una estrategia  y cooperación cada cual optó por su propio camino. Ante una amenaza global que requería una respuesta colectiva  los estados optaron por cerrar sus fronteras.  Además comenzaron una pugna por la adquisición  de respiradores y material sanitario. En América Latina se habría podido coordinar las adquisiciones pero Chile, Argentina y Brasil optaron por despachar sus respectivos aviones a China para obtener los insumos.

Hoy nadie tiene claro cómo y cuándo concluirá la pesadilla que atribula especialmente a los más desvalidos. En tiempos de cuarentena hay quienes hablan de una nueva división social: los que tienen jardín y los que no. Aún bajo la sombra del Covid 19 ya se vislumbra una nueva oleada de temor: una debacle económica con la quiebra de empresas y un desempleo rampante. El   laureado economista    estadounidense Joseph Stiglitz afirma  que en su país: “Las estimaciones apuntan que ya tenemos alrededor de 15 por ciento de desempleo, el más alto desde la Gran Depresión.. Y yo no me sorprendería si tuviéramos 20, 30 por ciento”. En  número de individuos cesantes algunos bancos anticipan 47 millones de cesantes para junio. Para América Latina el cuadro es oscuro pues según las estimaciones de la Cepal  la pandemia  podría condenar entre 14 y 22 millones de personas más a la  extrema pobreza.

Algunos miran más allá de la tormenta económica que se avecina y adivinan serias turbulencias sociales. Temen que las movilizaciones sociales del 2019 se multipliquen. Prevén desbordes violentos. Grupos impulsados por la estrechez económica,  en países que carecen  de estados de bienestar como Estados Unidos, podrían registrarse saqueos a gran escala. Esta inquietud explica, en parte, el drástico aumento de la adquisición de armas de fuego. El FBI recibió 2,4 millones de solicitudes para certificados que permiten compras de armas en marzo. En dicho mes las armerías registraron un incremento de 80 por ciento de sus ventas en relación a marzo del año pasado. Incluso en la tranquila Gran Bretaña la iglesia anglicana retiró los ornamentos  de valor de sus parroquias para almacenarlos en la Torre de Londres.  Es altamente probable que en una serie de países, entre los que sobresalen los que protagonizaron las grandes movilizaciones del año pasado, rebrote el malestar y la desobediencia civil.

Está por verse qué impacto tendrá el nuevo panorama  en el  debate sobre  el papel del Estado, la desigualdad,  el desamparo de mayorías ciudadanas y  el proceso de globalización.

Un cuchillo de dos filos.

En tiempos de grandes desastres la población vuelve sus ojos hacia el Estado. El impacto del Covid 19 ofrece una radiografía excepcional sobre el comportamiento de los países, sus modelos de gestión y como se proyectan sobre los sistemas de salud. Un asunto, que como ha quedado de manifiesto, es de vida o muerte para todos. Dos países pioneros en Occidente enfrentan la hora de la verdad. Durante décadas, desde los 80 del siglo pasado, encabezados por Ronald Reagan y Margaret Thatcher se vivió un proceso de desmembramiento del Estado, de desregulación y  privatizaciones masivas.  Fue el auge del neoliberalismo  Reagan sintetizó su política en una célebre frase: “El gobierno no es la solución a nuestro problema; el gobierno es el problema”. Dicho sea de paso, los estadounidense a menudo aluden al gobierno como sinónimo de Estado. A la par del desmantelamiento del Estado y el traspaso de muchas actividades al sector privado, la desregulación permitió la tercerización, con su consecuente precarización laboral y una expansión formidable del  proceso de globalización con  la relocalización de innumerables empresas. Ello dio pie al sistema “just in time” (justo a tiempo) , que consistió en cadenas abastecedoras ubicadas a lo largo del mundo, allí donde se encontraba la mano de obra más barata y los estados menos exigentes, para converger con partes y piezas  en las cadenas de montaje “justo a tiempo” .

Estados Unidos es el más afectado, en términos de contagios  y muertes, por el Covid 19.  El país disponía de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) para enfrentar pandemias como la actual. Pero el gobierno  de Donald Trump optó por recortarles el presupuesto. Como apunta la profesora Linda Bilmes, de la Harvard Kennedy School: “Trump ha propuesto recortes a la financiamiento de los CDC año tras año ( diez por ciento en 2018, 19 por ciento en 2019). A principios de este año, Trump pidió un recorte del 20 por ciento en el gasto en programas para combatir las enfermedades infecciosas y zoonóticas emergentes ( patógenos que de  animales pasan a los humanos). Además en 2018, eliminó la dirección global de seguridad de la salud y biodefensa del Consejo de Seguridad Nacional”.

También en Gran Bretaña el National Health Service (NHS, el Servicio Nacional de Salud) ha sufrido severos recortes por la política de austeridad aplicada desde 2010  por sucesivos gobiernos conservadores. Un ejemplo del retraso británico es que cuenta con  2,.8 doctores por cada mil  pacientes lo que representa 28 por ciento menos que el promedio de la Unión Europea que cuenta con 3,9 doctores por cada millar  En cuanto a camas de cuidado intensivo Londres contaba,  al inicio de la pandemia, con apenas el 20 por ciento de las camas a disposición de Berlín.

 

En contraste. los países con estados más fuertes han mostrado un mejor desempeño. Es el caso de Corea, Alemania, Taiwán, China y Singapur.  En ellos las autoridades aplicaron exámenes desde un comienzo para detectar los infectados. Para combatir un mal invisible es necesario saber dónde está para focalizar los esfuerzos. Los gobernantes dieron señales claras que la salud de la población primaba sobre la economía. No vacilaron en promover el distanciamiento social y en algunos casos  estrictos confinamientos.

Los homenajes rendidos, en varios países, al heroísmo y sacrificios de los trabajadores de la salud hablan de la aspiración por mejores sistemas nacionales. Crece la demanda por un mayor bienestar público antes  que el óptimo rendimiento económico de las empresas. Como se leía en un cartel: “La gente antes que los dividendos”.

Las cuarentenas han expuesto puntos débiles del proceso de globalización. Ha quedado a la vista que en tiempos de crisis ciertos insumos esenciales  no son satisfechos por el mercado. Los estados son  los responsables de cubrir las necesidades básicas de la población. Un hecho que acelerará el desacople en ciertos rubros entre las mayores economías. La altamente concentrada industria farmacéutica  tenderá a la diversificación así como ciertas tecnologías de punta del sector informático. En otras palabras se refuerzan los conceptos de soberanía sanitaria, energética, alimentaria, comunicacional, entre otros, que requieren un mayor rol del Estado.

Estado controlador.

El Estado tiene un rostro menos amable que también saldrá fortalecido: el control y la capacidad de  represión de la ciudadanía. El manejo de la pandemia abrió una puerta a los servicios de inteligencia para cubrir nuevas áreas. Junto con ellos las fuerzas armadas han sido desplegadas como un respaldo que, en algunos países, puede fortalecer el militarismo subyacente.    .

Además de los poderes transitorios de los estados de emergencia han debutado en forma masiva nuevas tecnologías de vigilancia. Sistemas que se empleaban en forma acotada en el rastreo de terroristas reciben un empleo generalizado para seguir a personas que padecen de Covid 19 o son sospechosas de sufrirlo.  Para ello se recurre a sofisticados sistemas de monitoreo. China dispone ya de un formidable banco de datos con los timbres de voz, medidas biométrricas para el reconocimiento facial que permiten a las cámaras detectar  incluso a portadores de mascarillas. En Irán se ofreció una aplicación (App) que se dijo permitía diagnosticar si se había contraído el virus. En realidad se trató de un dispositivo que permitía a las autoridades seguir a los portadores del App. Distintos gobiernos  se aventuran en nuevos métodos de control social remoto. Ahora los justifican como instrumentos para enfrentar la pandemia. Ello bien puede ser el caso. Pero como se suele decir una vez que el genio ha salido de la botella ¿quién lo va a meter de vuelta? El grueso de los gobiernos mantendrá las capacidades adquiridas pese a que representan una masiva invasión a la privacidad de las personas. Los gobiernos que acopian enormes bancos de datos sobre los ciudadanos señalan que lo hacen por la seguridad pública. A  fin de cuentas, como me lo señaló un alto funcionario de un ministerio del Interior “¿Cuál es el problema? El que nada hace, nada teme”. . Las denuncias de Edward Snowden, que trabajó para las principales agencias de espionaje estadunidenses, dejaron claro que no hay ámbitos privados si el “estado profundo”  busca antecedentes sobre algo o alguien.

El  post Covid 19 estará marcado por  un mejoramiento y masificación de sistemas de cruce de datos mediante big data, la aplicación de inteligencia artificial y programas de seguimiento biométricos. Será una gran arma en las manos de los abundantes gobiernos autoritarios. A la par será un obstáculo  para disidentes y militantes que busquen movilizar a la sociedad civil en pos de sus reivindicaciones

A menudo se presta más atención a las ideas mientras  se ignoran las emociones que suelen jugar un papel determinante. Niccolo  Machiavelo señaló que “Los hombres se conducen principalmente por dos impulsos; o por amor o por miedo” y entre ambos aconsejó al Príncipe que “más vale ser temido que querido”. El futuro ofrece un amplio espectro para distintos miedos: el temor a infectarse y contagiar a seres próximos, el desempleo y la inseguridad económica, la inquietud ante un panorama social violento.

En el plano político ¿Quiénes serán los ganadores de la crisis en ciernes? Serán aquellos que sepan administrar el miedo para llevar agua a su molino.  En la actualidad las corrientes nacional-populistas de extrema derecha están bien posicionadas para sacar provecho de la coyuntura. Su discurso soberanista, xenófobo, negacionista de la evidencia científica (tanto frente al cambio climático como el Covid 19), anti globalizador, anti internacionalista (que encapsula a Naciones Unidas y  otros) ganan gobiernos y audiencias.

Nada está escrito. También existen corrientes que buscan poner  el bienestar ciudadano en la mira de los objetivos económicos. Que postulan que merced a la globalización habrá mayor seguridad sanitaria. Que solo una sociedad civil sólida y protagónica garantiza la estabilidad social. Es un proceso que tendrá variadas respuestas en cada país

El ataque del corona virus

March 23, 2020 Comments off

es un decir que la victoria tiene muchos padres en tanto que las derrotas son   huérfanas. Con las epidemias aplica la misma lógica; son huérfanas  pues nadie quiere cargar con las muertes y el caos.  Pero abundan los que se atribuyen las curas.  Es lo que ocurre con el coronavirus, más precisamente el Covid-19. Por el momento no hay remedio ni vacuna  y todos rehúyen su paternidad. El Presidente Donald Trump habla de un “virus chino” que ataca a los Estados Unidos. Un enemigo invisible al que ha declarado la guerra.  En China, donde emergió la epidemia en noviembre del año pasado,  les ha valido sufrir agresiones  de “sinofobia” en la medida que son identificados con el mal. A comienzos de marzo Zhao Lijian, un vocero del ministerio de Relaciones Extranjeras, tuiteó que podría “ser el ejército de Estados Unidos” el que trajo el virus a China. Ello, según Zhao, ocurrió en la segunda mitad de octubre cuando unos trescientos uniformados estadunidenses participaron en los Séptimos  Juegos Militares Mundiales realizados en Wuhan, el epicentro del estallido de la actual pandemia. Al evento asistieron  más ocho mil atletas provenientes de  92 fuerzas armadas, incluidas las de Chile que se situaron en el puesto 48. Según la teoría que ha circulado profusamente en redes sociales chinas, incluida la popular Weibo, algunos de los uniformados  estadounidenses  traían consigo el virus.   En las versiones no se aporta  información concluyente que así fuese. Podría ser un caso más de “infodemia” como se ha llamado a la avalancha de informaciones falsas sobre la epidemia. Más, como ya es sabido, cada cual cree lo que quiere creer.  El Covid-19 es, en todo caso,  materia prima de excelencia  para todo tipo de especulaciones y teorías conspirativas. Causa pavor  y poco se sabe aún sobre las características de la pandemia que compromete a la casi totalidad de los países del mundo. Así, cada cual puede desarrollar la narrativa que mejor le acomode.

Un temor atávico.

El empeño por eludir el sambenito de la responsabilidad de la pandemia yace en el subconsciente colectivo. Allí perduran  las cicatrices de las pestes que han amenazado la existencia humana. La más siniestra fue la «Peste Negra» que recorrió medio planeta desde China hasta Europa cegando a alrededor de 75 millones de vidas. Entonces, para el 1350, el mundo era habitado por 370 millones de individuos. Los estragos aceleraron el fin del sistema feudal.

En tiempos más recientes  se han registrado  diversos tipos de  influenza  que pueden mutar rápido. Fue el caso del virus que mató a decenas de millones: la «Gripe Española», una influenza aviar, que apareció en 1917   pasando de aves a humanos. La primera ola  causó pocas fatalidades. Sin embargo, solo pocos meses más tarde reapareció el virus recargado, por así decirlo, y devastó Europa.  Se estima unos que 50 millones sucumbieron a sus fiebres y daños al sistema respiratorio. Los estudiosos que analizaron el comportamiento del virus concluyeron que en su primera versión no se adaptó bien al cuerpo humano. En la segunda ronda pudo superar con mayor facilidad las defensas y destruyó vidas en todos los estratos de la sociedad: niños, adultos sanos y robustos así como ancianos.

Desde entonces los epidemiólogos siguen con la mayor atención la evolución de los patógenos agresores  En la era de la globalización ningún país es una isla. John Oxford, un virólogo inglés, advierte que: “No importa donde empiece la pandemia pues estará ante nuestras puertas…Nadie puede decir que ese no es su problema”.

Estrategias.

El avance del Covid-19 ha revelado distintas estrategias para confrontarlo. En su paso ha mostrado las fortalezas y debilidades de los países afectados. En primer lugar está China que ha sufrido el mayor impacto. La debilidad de Beijing radicó en su negativa en reconocer el brote infeccioso desde el primer minuto. El 30 de diciembre el doctor Li Wenliang advirtió de un nuevo tipo de coronavirus. Las autoridades lo sancionaron por “hacer comentarios falsos …que alteraban seriamente el orden social “. Las autoridades de Wuhan dijeron que “no había evidencia que el virus se transmitía entre personas”. La burocracia no quería  saber de amenazas a la estabilidad. Al cabo de unas semanas, sin embargo  el gobierno debió admitir que Li estaba en lo cierto. Pero para el médico denunciante hubo poco consuelo pues murió del mal que detectó. China perdió precioso tiempo en la prevención del virus pues se estima que pudo prevenir más de 60 por ciento de las muertes.  El  gobierno hizo un tardío mea culpa pidiendo disculpas a la familia del doctor Li, además de castigar a los funcionarios que lo  cuestionaron.

Superado el traspié inicial China mostró su fortaleza que radica en una formidable capacidad de movilización sanitaria y la disciplina de la población. Una vez  aceptada la gravedad de la crisis las  autoridades focalizaron los recursos del país al combate de la epidemia. Para ello no se fijó en  costos y  paralizó buena parte de la actividad económica nacional. No escatimaron en exámenes gratuitos  para la detección del mal y habilitaron millares de camas para cuidados intensivos.

Corea del Sur ha sido hasta ahora uno dc los países que, con gran número de enfermos, ha conseguido franquear mejor el reto. La clave ha estado en la rápida aplicación de exámenes  para la temprana detección de los infectados. Esta es una condición determinante. Solo es posible combatir a un enemigo si se sabe dónde está y así dirigir el esfuerzo a los puntos críticos. Seúl aprovechó su gran  desarrollo tecnológico para cubrir grandes masas de personas susceptibles de ser contagiadas. El gobierno dispone de un avanzado sistema de big data que integra la información de cada ciudadano. Sus viajes, historial médico, trayectoria laboral  y educativa, en fin un registro completo que permite diagnosticar cuales son los sectores más expuestos.  Un banco de datos muy invasivo para  la privacidad de las personas pero que resultó efectivo para la coyuntura actual.

Un ejemplo de ello es que, a pesar de que Estados Unidos y Corea del Sur anunciaron el mismo día el primer caso de coronavirus en sus respectivos países (20 de enero), después de  un par de semanas Estados Unidos había examinado a 4.300 personas. Corea del Sur, en cambio, aplicó el test a 196.000.

El ministerio de Salud surcoreano, fijó  como objetivo contar con  una amplia red de diagnóstico y reducir la tasa de mortalidadSu ministro de salud   Park Neunghoo  señaló que: “Detectar el virus en sus etapas  tempranas es fundamental para poder identificar a las personas que lo tienen y de esa forma poder detener o demorar su expansión”,

China y Corea del Sur son ejemplos, con distintos sistemas políticos, de estados poderosos con fuertes sistemas de control social.   Muchos países asiáticos comparten una cultura confuciana que pone el interés colectivo sobre el individual así como la obediencia a la autoridad.  El cuadro contrasta con la situación de la Unión Europea en el cual los 27 países que la integran  no  han podido diseñar una respuesta conjunta. La solidaridad  entre sus miembros ha brillado por su ausencia.

 

Gran Bretaña, que está en pleno proceso Brexit,  abrazó la teoría de la “herd immunity” (inmunidad grupal). Ella parte de la base que la mayoría de los británicos se contagiará con el Covid-19. Entonces no es  cuestión de eludir lo inevitable sino que de administrar los tiempos de avance de la pandemia. Esto es asegurar que los volúmenes de infectados ocurra en  periodos extensos  para no avasallar al sistema público de salud.  Alemania adoptó una visión similar. La canciller Angela Merkel,  dijo que no era una cuestión de aislarse sino de encontrar la manera de no desbordar el sistema de salud. Merkel advirtió que hasta 70 por ciento de los alemanes, unos 56 millones de personas,  podrían contraer el virus. Por lo tanto la estrategia apuntó, en palabras de Merkel,  a “ganar tiempo”. El grueso de la población superaría el mal mientras  que los grupos de personas más vulnerables, como los mayores de 65 años, recibirían  una protección especial.  Tanto Londres como Berlín modificaron su enfoque original para adoptar drásticas  políticas de aislamiento y distanciamiento social, entendido éste último como una reducción del 75por ciento de las interacciones de un hogar con el mundo exterior: colegios, lugares de trabajo y otras actividades.

En Estados Unidos  al comienzo de la expansión del Covid-19  el  Presidente Donald Trump estaba más preocupado por el desempeño  de la bolsa de valores que la salud sus compatriotas. En una retahíla de tuiters  desestimó la amenaza de la pandemia, cuestionó el consejo de los científicos  y politizó el debate sobre cómo enfrentar la amenaza. Uno de sus mensajes: “Los Medios de las Fake News y sus socios, el Partido Demócrata, hacen  lo que pueden  dentro de su semi-considerable poder (solía ser mayor!) para inflamar la situación del CoronaVirus mucho más allá  de lo que los hechos permiten”. En opinión de Trump la incipiente epidemia no era más que una nueva versión de las gripes que cada año afectan al país. Incluso ya avanzado el contagio, con decenas de miles de infectados, Trump señaló a finales de marzo que la economía  era su  prioridad : “No podemos permitir que el remedio (la cuarentena) sea peor que la enfermedad”. En un escenario optimista en que solo  20 por ciento de los estadounidenses contraigan  el virus, con una tasa moderada  de letalidad de 0,5 por ciento, se registrarían 327 mil muertes. Nueve veces más que las ocasionadas por las influenzas habituales.

A la inversa de Corea del Sur en Estados Unidos se aplicó un sistema lento y defectuoso para los diagnósticos. El doctor Anthony Fauci, jefe del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas señalo que:  “El sistema (para confirmar nuevos casos) no está realmente orientado a lo que necesitamos en este momento, a lo que se está requiriendo. Eso es un fracaso. Admitámoslo”. Tras severas críticas se comenzó con exámenes gratuitos para detectar las infecciones

El sistema de salud estadounidense, el más caro el mundo, tiene a más de 27,5 millones personas  sin  acceso a seguros de salud. Ello augura  que muchos que  requieran tratamiento no acudan a los hospitales por  los elevados costos. La cuarta parte de la población laboralmente activa del país no tiene acceso a días de enfermedad remunerados. Desde que Trump asumió, en 2016, recortó  los fondos para la prevención de pandemias. Ello como parte de su política de desmantelamiento de la salud pública en beneficio de la atención privada.

El futuro

La historia enseña que los grandes desastres como las guerras y  pandemias impactan profundo en las sociedades. Es difícil anticipar que  consecuencias de largo plazo dejará el Covid-19. Será diferente hasta cierto punto en cada país pero desde ya se aprecia un debate sobre el papel del Estado. A medida que avanza el virus son los servicios de salud pública y los gobiernos los que deben afrontar la crisis. En España, Gran Bretaña y otros países el sector público ha tomado ha tomado control de la salud de  manos privadas. Boris Johnson, un arduo defensor del sector privado y la reducción del Estado, aparece en sus conferencias de prensa tras un atril en el que se lee: Pprotejamos el Servicio Nacional de Salud (Protect the NHS). Algo impensable hace algunos meses cuando se habló de desmantelarlo como parte de las exigencias de Washington para la firma de un acuerdo de libre comercio. A medida  que la pandemia golpee a las sociedades latinoamericanas la salud, y como es administrada, pasará a la cabeza de las agendas nacionales.

Todos los países sufrirán severos reveses económicos. Se anticipan tasas de desempleo que oscilan entre 20 y 30 por ciento. Vienen tiempos recios.  Ello abrirá el debate sobre como enfrentar el peso de la crisis. En Estados Unidos Elizabeth Warren, senadora y ex candidata presidencial, propone que los ejecutivos cuyas empresas vulneren la ley respondan de manera personal, que se incorpore a trabajadores a los directorios de las compañías, ambas demandas que hasta ayer tenían poca audiencia.

 

Algunas tendencias que venían en pleno desarrollo se agudizarán: el teletrabajo, el comercio electrónico, el aprendizaje a distancia, la telemedicina y otras formas de relacionamiento remoto. La creciente automatización reforzará la perdida de contactos personales en un gran rubro de actividades. La lista de empleos que afectados así como el declive de numerosas industrias es larga. Pero como se dice en la jerga periodística: es una noticia en desarrollo.

Estallidos sociales y sus causas.

January 5, 2020 Comments off

 

A lo largo y ancho del mundo millones han salido a las calles para manifestar su descontento. Desde Hong Kong a Francia, pasando por Chile, Argelia, Ecuador, Líbano, Venezuela, Irak, Colombia, Cataluña y Bolivia por citar los principales.  Las causas del malestar difieren de un país a otro pero hay resortes comunes presentes en todos.

Para que una masa humana pase a la acción contra un sistema son necesarios dos requisitos. El primero es que existan condiciones objetivas. Esto es, un nivel profundo de malestar bastante generalizado debido a carencias, inequidades o injusticias. Hay, sin embargo, largos períodos en que  las personas toleran  semejante estado de cosas. Para que grupos importantes se alcen en protesta es necesario también un estado de ánimo. Una motivación inmediata  que impulsa a tomar riesgos y desafiar a la autoridad y su aparato represivo. La chispa que detona y funde lo objetivo y lo subjetivo suelen ser las  emociones: la indignación, la rabia, la frustración entre otras.

En todos los países enumerados concurre un rechazo y desconfianza hacia el Estado. Sean los chalecos amarillos franceses, los hongkoneses desafiando a Beijing, los nacionalistas catalanes frente a Madrid, alzas desmedidas de combustibles en Ecuador, gobiernos ineptos y corruptos como el iraquí, el argelino o el libanés. O bien el cuestionamiento de la legitimidad de los gobernantes como en Venezuela y Bolivia.   En Chile es la rebelión contra las reglas del juego, plasmadas en la actual constitución.

La gente lucha con mayor ahínco por no perder lo que ya tiene antes que por lograr mejoras.  Así, las alzas de cierta  monta sean de combustibles, alimentos o transporte son más movilizadoras que las promesas de avances sociales.  Los ciclos económicos crean períodos de relativa bonanza y suele ser al fin de estos, en que crece una sensación de pérdida y a menudo de inseguridad, cuando las personas están más dispuestas  a exteriorizar su rechazo. Hoy, buena parte del mundo atraviesa cierta estrechez económica. En especial los países productores de materias primas con el fin del ciclo de altos precios. Ello explica en parte los sobresaltos de los países andinos. La baja de ingresos de los estados de la región restringe la amplitud de políticas sociales.

Surgen entonces tormentas perfectas en la que la  desigualdad se torna más insoportable. Ello agudiza las diferencias y la polarización que abren camino a conflictos con grados variables de violencia. Este proceso desestabiliza a los gobiernos y su capacidad de gestión. La represión desmedida suele sumarse al malestar.  La grieta crea una cortina de humo para la acción de delincuentes, narcotraficantes y elementos vandálicos. La imagen pública del país se deteriora y baja su crédito internacional junto con  las inversiones. Un círculo vicioso. Cuanto se ahorraría si se hicieran cambios en forma oportuna.

Pronósticos para el 2020.

December 26, 2019 Comments off

 

No hay una bola de cristal para saber que trae el año entrante. Pero, a juzgar por  el que termina es posible hacer algunas proyecciones. El 2019 fue pésimo. 165 millones de personas debieron ser socorridas por emergencias  medio ambientales que van de la sequía a las inundaciones o tormentas catastróficas. Ya con una perspectiva nada optimista los responsables de la Organización Naciones Unidas  (ONU) habían anticipado unos 145 millones de damnificados para el año que concluye. Se quedaron cortos.

Mark Lowcock, Secretario General Adjunto de la ONU para Asuntos Humanitarios y Coordinador del Socorro de Emergencia, estima que el 2020 podría ser peor aún. Entre los puntos más críticos  destaca la situación siria, la crisis económica en Venezuela y África oriental, con unos países afectados por sequías y otros por inundaciones. Pero con una situación climática incierta surgirán  muchos imprevistos.

Los años más calurosos desde que hay registros son los últimos 19. Los cinco últimos han batido todos los récores de temperatura. Todo indica que la tendencia continuará  con fuertes ondas de calor y eventos climáticos extremos en distintos puntos del planeta.  Los que han sufrido sequías seguirán experimentando la ausencia de lluvias. En las regiones árticas seguirá derritiéndose el permafrost (permahielos) al igual que los glaciares. Las tormentas tropicales y huracanes seguirán golpeando las zonas de mares de aguas cálidas. En octubre de este año los océanos llegaron a su máxima cota desde 1993, cuando comenzaron las  mediciones satelitales. Las temperaturas oceánicas han subido como nunca antes y la capa de hielo que cubre la Antártica occidental  y Groenlandia adelgaza más rápido de lo previsto.

Los científicos del Panel  Intergubernamental de Cambio Climático  PICC no tienen duda alguna. La causa son los gases de efecto invernadero. En los últimos tres millones años jamás la atmósfera había contenido semejante concentración  de gases, con el CO2 como el más importante de ellos. A lo largo de los últimos cuatro milenios las parte por millón (ppm), como se miden los gases en la atmósfera,  nunca superó las 280 ppm . Pero la quema de combustibles fósiles con  el carbón en primer lugar y el petróleo elevaron en forma constante las ppm . Organizaciones ambientalistas fijaron como meta no pasar de las 350 ppm. Pero la línea roja fue cruzada con creces: en 2013 superaba las 400 ppm y este año fue quebrado el récor con 415,7 ppm.

Chile, por su parte, seguirá sufriendo los rigores del calentamiento global.  Subirá el mercurio en los termómetros y la zona central verá agravada la escasez de agua. El panorama económico se avizora complejo tanto en el mundo como en el país. En el ámbito social, en tanto,  también son esperables altas temperaturas.

 

Trump ganó un lugar en la historia.

December 19, 2019 Comments off

 

El gobierno de Donald Trump pasará al olvido como muchos otros en Estados Unidos. Será recordado, sin embargo, por ser uno de los tres mandatarios acusados constitucionalmente. La imputación, aprobada el miércoles por la Cámara de Representantes, dividió a los parlamentarios sobre estrictas líneas partidistas. Los opositores del partido demócrata en masa, con dos  excepciones,  votaron por el impeachment. El partido del presidente, los republicanos, cerraron filas sin una sola  deserción contra la acusación.

Los cargos para buscar la remoción del jefe de estado fueron dos. Una, buscar que Ucrania investigase negociados del candidato demócrata Joe Biden. Trump condicionó  el pago  de 400 millones de dólares en ayuda militar a la entrega de antecedentes que permitieran atacar a Biden. Una conspiración con otro  país, con fondos públicos, para influir en la política doméstica. La segunda causal  fue la obstrucción a la investigación parlamentaria; no entregó la documentación solicitada y no permitió a varios de sus colaboradores brindar testimonios.

En el curso de la investigación afloraron numerosas irregularidades en el manejo de la política exterior de Trump. En particular los negociados de Rudy  Giuliani,  ex alcalde de Nueva York y abogado  personal del presidente que, entre otras cosas, logró la remoción de la embajadora estadounidense ante Ucrania porque interfería con sus operaciones por canales paralelos. Los manejos turbios de Trump han exasperado a los demócratas que esperaban que dos años investigaciones de Robert Mueller, ex director del FBI, permitieran     establecer bases para su remoción. Mueller frustró estos anhelos al concluir que no hubo colusión entre la campaña presidencial de Trump y Moscú para perjudicar a  Hillary Clinton, la candidata demócrata

Trump tiene, pese a todo, razones para estar satisfecho. Su partido está unido contra viento y marea en su defensa. Además puede estar tranquilo pues la acusación pasa ahora al senado que actúa como el jurado antes las imputaciones de los congresistas. Allí los republicanos tienen mayoría y se requiere de dos tercios de los senadores para aprobar la remoción del presidente. Ello no ocurrirá.  En forma característica Trump tuiteó : “Pueden creerlo que yo seré acusado por la izquierda radical , los vagos demócratas, Y YO NO HICE NADA MALO”.

El proceso del impeachment muestra un grado agudo de polarización política. Pase a una secuencia de escándalos los partidarios del presidente se mantienen leales. El buen desempeño de la economía, la robusta creación de empleo y la línea dura frente a China y otros competidores gravitan más que lo que muchos perciben como las típicas rencillas políticas. El futuro de la conducción política en Estados Unidos es incierto.

Europa tras un Pacto Verde.

December 12, 2019 Comments off

 

 

El viejo continente quiere liderar el mundo en la lucha contra la contaminación y el calentamiento global. Mientras sesiona la conferencia de Naciones Unidas sobre el Clima, la COP 25, en Madrid,  fue presentado el plan maestro de la Unión Europea (UE) para frenar la degradación ambiental.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea , expuso las  metas  de lo que llamó el “Pacto Verde” ( Green Deal para los anglosajones), que busca convertir a la UE en un continente climáticamente neutro de aquí al 2050. Esto es que las emisiones de CO2  y otros gases de efecto invernadero (GEI) sean reducidos y compensados con, por ejemplo, la reforestación. Es una meta ambiciosa que exige medidas radicales en una variedad de campos que abarcan el transporte, la energía, la agricultura, procesos extractivos e industriales,  los hábitos de consumo ciudadanos, entre otros. Es decir, afecta al conjunto de las economías y el estilo de vida de las personas.

En el rubro del transporte, por tomar un área,  será necesario revisar las normas de emisiones de vehículos de los 28 países miembros. Ya se esbozan planes para la expansión de las redes ferroviarias del continente y  disminuir el vuelo de aviones. La electro movilidad pasa a primera línea  y para ello se anticipa la instalación de un millón de puntos de recarga de baterías para automóviles.

La Comisión propone que al menos 25 por ciento del presupuesto de la UE esté destinado a la transición ecológica. Según los cálculos  serán necesarios unos 300 mil millones de euros  para alcanzar el objetivo fijado al 2050. Desde  2021 40 por ciento del presupuesto destinado a la política agrícola común  y 30 por ciento de los subsidios a las pesquerías irá a la reducción de las emisiones de los GEI. A nivel internacional todo nuevo acuerdo comercial estará condicionado a que los países cumplan con lo estipulado en el Acuerdo de París, firmado en 2015. Los productos destinados a la UE deberán cumplir  con las mismas exigencias que sus productores. La propuesta debería tener una buena acogida entre los  eurodiputados que declararon, en noviembre, la “emergencia climática” en Europa.

Von der Leyen afirmó que el  Pacto Verde “no es solo una necesidad, será un motor de nuevas oportunidades económicas”. A la par advirtió  que las propuestas transformarán el estilo de vida, de consumo y de trabajo, pero velando por los que se vean más afectados por los cambios. Von der Leyen habló de una “transición justa” y para ello espera disponer de hasta cien mil millones de euros entre 2021 y 2027. El fondo estará destinado a ayudar a los países más dependientes del carbón de Europa oriental, con Polonia a la cabeza. Está por ver si el  Pacto Verde es una declaración de intenciones o será una efectiva hoja de ruta para la mejora del medio ambiente.