Cómo será el mundo en el 2040

May 8, 2021 Comments off

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El secreto de los ancestrales oráculos griegos  radicaba en la redacción del vaticinio. Según la puntuación variaba el sentido de lo que esperaba a  quien consultaba. Así, cada cual podía hacer su propia lectura según su inclinación.  Desde antiguo pronosticar que aguarda a los mortales  es un cometido azaroso. Y es la tarea que acomete cada cuatro años el National Intelligence Council de Estados Unidos. Su séptimo informe desde 1997, en los cuales la CIA juega un rol predominante, es titulado: “Tendencias globales 2040: un mundo más disputado” (Global Trends 2040. A more contested world).   En él los servicios de inteligencia estadounidenses buscan aportar un marco analítico para los tomadores de decisiones. Con la sabiduría de un oráculo se abstiene de predicciones específicas y apunta, en cambio, a las grandes tendencias que regirán al mundo en ruta al par de décadas venideras. Los autores advierten: “antes que intentar predecir donde estaremos en 20 años –algo que es imposible sin disponer de una muy precisa bola de cristal- los esfuerzos están orientados a alertar a los líderes sobre la dirección que puede marchar el mundo e información sobre las tendencias gruesas que lo perfilarán”.

  El informe advierte que la pandemia de Covid-19, que ataca al grueso de las sociedades,  dejará huellas profundas. El informe señala que “es la disrupción global más significativa desde la Segunda Guerra Mundial”. La enfermedad ha fomentado divisiones sociales, ha acelerado cambios en curso en estilos de vida,  y ha colocado a numerosos gobiernos bajo la lupa en cuanto a su capacidad para gestionar la crisis. En el informe anterior, de 2017, los servicios de inteligencia ya advertían la probabilidad de una “pandemia global para el 2023” que entre otras consecuencias reduciría en forma drástica los viajes a nivel mundial.  En realidad el pronóstico era optimista dado que las grandes epidemias ocurren cada 20 a 30 años y en 2017, año del informe, ya habían transcurrido más de 40. Entonces ya se aconsejaba crear un gran fondo para para reaccionar con la mayor celeridad posible. Como se ha observado cuanto antes es aislado el patógeno menor será su impacto. Pero como ocurrió en la ciudad china de Wuhan, donde debutó el mal, las autoridades locales vacilaron en dar la alarma por temor a la reacción del poder central.

Los autores del informe señalan que la pandemia en curso “ha recordado al mundo su fragilidad y ha demostrado los riesgos inherentes de la interdependencia”. Además admiten que han  sido “sacudidas viejas presunciones sobre la resiliencia y la adaptación  que han abierto nuevas incertidumbres sobre la economía, la gobernanza y  “el sistema internacional que está mal equipado para enfrentar desafíos globales”. Se han profundizado divisiones existentes a la par de acelerar importantes cambios con serios alcances para la salud, la economía y la seguridad. El diagnóstico es categórico: el  mundo carece de dirección, atraviesa por circunstancias a veces caóticas, las reglas internacionales y las instituciones son muy a menudo ignoradas. Los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) están afectados por un lento crecimiento económico, aumento de las divisiones societales  y  la parálisis política.  China aprovecha las dificultades de Occidente para acrecentar su influencia internacional.

Menos guerras por petróleo.

.Un acápite especial está destinado a la transición energética y su  impacto en el orden internacional. El mundo abandona los combustibles fósiles y ello rediseña las economías y las relaciones de fuerzas internacionales. Los mayores perjudicados serán los “pertroestados” que representan alrededor del ocho por ciento del producto interno bruto  mundial con cerca de 900 millones de habitantes. Estos países arriesgan grandes pérdida de ingresos en un escenario de rápida descarbonización. El planeta  camina a una  diversificación de las fuertes energéticas con el rápido avance de las energías renovables no convencionales (ERNC). La transición aminorará  la capacidad de algunos estados para utilizar la energía como una palanca de coerción a nivel internacional. Algunos  países verán disminuida su influencia en la medida que los sistemas energéticos  sean más descentralizados. El mercado de los combustibles fósiles y el de las ERNC operan de manera diferente.  Los primeros son extraído y comercializados. Los segundos, en tanto, provienen de una infraestructura local que dificulta que terceros corten la yugular energética. El informe ejemplifica que el dominio chino en paneles solares no le permite a Beijing amenazar  el abastecimiento eléctrico de la manera que podía hacerlo la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Con todo habrá una competencia creciente por ciertos minerales como el cobalto  y el litio empleado en la producción de baterías. El informe señala que aumentará el interés en los países que disponen de éstos, con mención especial a Bolivia. Con prudencia anticipa el rol que puede caberle al hidrogeno verde.  Señala que es una industria que aún está en su infancia -lleva décadas en esa condición- pero se espera que los costos bajen. Países con ERNC económicas, se cita como ejemplo a Chile,   tienen un interés de desarrollarlo.

Por otra parte, el cambio climático aumentará los peligros para la seguridad humana y de las naciones. Algo que obligará a los estados  a tomar opciones y  decisiones difíciles. La carga  será desigual  lo que aumentará la competencia que, a su vez, contribuirá a la inestabilidad. El impacto físico   de un mundo recalentado, combinado con la degradación ambiental abre un amplio abanico de desafíos en el ámbito de la seguridad, en especial para los países de menor desarrollo pero no solo para ellos. Es citado un estudio reciente, 2018, que estableció que 36 por ciento de las ciudades a nivel global enfrentan estrés  ambiental agudo a causa de sequías, inundaciones, huracanes y fenómenos que son cada vez más intensos y frecuentes. Lo anterior sumado a cambios  en el régimen de lluvias, el aumento de las temperaturas, la subida del nivel de los mares exacerbarán la inseguridad alimentaria y la disponibilidad de agua. Regiones que dependen de las lluvias para su agricultura, como Centroamérica, partes de Argentina y Brasil y regiones andinas ya se ven afectadas. Las zonas de las latitudes nórdicas como Rusia y Canadá  se beneficiarán con temporadas de cultivos más largas.

Todo lo anterior amenzaa a la salud humana.  Agua, aire y alimentos de menor calidad, además de la proliferación de enfermedades infecciosas, son retos mayores. La tasas de mortalidad causadas por la polución aumentan en países pobres y de ingresos medios  El incremento  de las temperaturas  acelera la frecuencia de los brotes  de plagas que afectan a humanos, animales y plantas, especialmente las transmitidas por insectos como el dengue y la  malaria o por el agua como el cólera o  el aire como, las influenzas, Covid-19 y el hantavirus.

Qué nos espera

El rango de opciones va desde una alternativa, (aspiracional por parte de los autores), de un renacimiento democrático liderado por Estados Unidos a un mundo caótico  en que ningún país tiene el poder suficiente para enfrentar la batería de retos señalados. El perfil del futuro dependerá en cierta medida de los desarrollos científicos y tecnológicos. Uno de los pilares claves de transformaciones es la inteligencia artificial (IA) que tiene impactos en numerosos campos. En el terreno bélico el informe destaca que quienes incorporen IA   a sus sistemas militares  aumentarán el rendimiento de las armas existentes y los sistemas de seguridad, tanto a nivel físico como cibernético,  en tanto técnicas contra-IA destinadas a negar o confundir las decisiones tomadas a partir de IA están en vías de desarrollo. (Existe una campaña internacional contra la introducción armas operadas por IA.  Sus activistas advierten sobre los peligros que representa la automatización de decisiones de vida o muerte). Otros campos decisivos son la robotización y  las energías limpias que toman un rol protagónico. El informe puntualiza que si el desarrollo tecnológico estimula el crecimiento económico y, a la par, permite aplacar los efectos del cambio climático  la ruta para alcanzar al 2040 será más tranquila. Los autores agregan una advertencia: si estas condiciones no son logradas miraremos al 2020 con nostalgia,  como los buenos viejos tiempos.  Ello porque las expectativas frustradas son especialmente tóxicas pues abre paso al pesimismo y la fragmentación social. Factores que pueden ser difundidos y explotados en forma masiva a través de las redes sociales.

Escenarios más probables.

El informe esboza cinco tendencias que pueden desembocar en 2040 en los cuadros siguientes o combinaciones de ellos.  Cada curso posible estará influido por la competencia entre Estados Unidos y  China. Está por verse si alguno de ellos logra aventajar al otro  o si pueden competir en condiciones acordadas o terminarán dividiendo al mundo en esferas separadas.   

He aquí los polos:

Renacer  de las democracias: Liderado por Estados Unidos y sus aliados se aprecia el resurgimiento  de las democracias abiertas. Rápidos  progresos tecnológicos, auspiciados por asociaciones   público- privadas,  transforman la economía global, permiten un aumento de los ingresos y, con ello, la mejora de la calidad de vida de grandes masas de población a lo largo del mundo

 El mundo al garete: El sistema internacional carente de dirección presenta un cuadro caótico e inestable. Las reglas internacionales y su institucionalidad son ignoradas por grandes poderes como China, actores regionales y protagonistas no estatales. Esto en el marco de un lento crecimiento económico y crecientes divisiones

Coexistencia competitiva: Estados Unidos y China  han dado  la primera prioridad  al crecimiento económico  y han restaurado  su relación comercial. Pero esta interdependencia coexiste con la competencia por la primacía política, de los modelos de gobierno, la supremacía tecnológica por lograr la delantera estratégica.

Compartimentos  separados: El mundo se fragmentaen varios bloques económicos y de seguridad  de tamaños y fuerza variable. Los centros de los bloques serán Estados Unidos, China, la Unión Europea,  Rusia además de algunos poderes regionales  centrados en la autosuficiencia, la resiliencia y la defensa.

Tragedia y Movilización: Emerge una gran coalición liderada por la Unión Europa  y China que en colaboración con actores no estatales,  revitalizan las instituciones multilaterales. En ese contexto avanzan grandes cambios destinados a contener el cambio climático con sus secuelas de degradación ambiental, hambre y descontento social.  

Los inesperados factores X: Como todo pronóstico realista éste concluye con lo que equivale a una advertencia o  a la letra chica: siempre deben tenerse en cuenta los llamados cisnes negros o los  inesperados factores X, como prefieren designarlos los autores. Las predicciones en el campo económico suelen ir precedidas de la clásica clausula “a condiciones iguales” que, por supuesto, rara vez resultan iguales. El resultado de la interacción de infinitas variables  está más allá de la capacidad de la previsibilidad humana y de la IA. Las palabras del climatólogo estadunidense Edward Lorenz, para explicar la teoría del caos,  ya son universales: “El aleteo de una mariposa  puede producir un tornado en Texas”. Mínimas perturbaciones climáticas pueden alterar el clima de forma dramática a miles de kilómetros  En el campo social un trabajador auto inmolado en Túnez  desencadenó  la “Primavera árabe”. La retroalimentación positiva concatena los fenómenos hasta un punto que se tornan impredecibles.  

Entre algunos eventos que realmente cambiarían al mundo el trabajo reseñado destaca una invasión por parte de China a Taiwán (no señalan un  acto semejante por parte de Rusia contra Ucrania),   siempre es posible que sobrevenga otra pandemia mucho más severa que la actual, en otro campo  podría ocurrir  gran salto adelante en las capacidades de la inteligencia artificial.

La “infodemia” del Covid

April 17, 2021 Comments off

Al igual que en las guerras, en las pandemias una de las primeras víctimas es la verdad. En tiempos inciertos a  la ciencia le corresponde esclarecer el panorama. En  las últimas décadas, sin embargo, la credibilidad de las certezas científicas  ha declinado. El vertiginoso auge de las empresas de  relaciones públicas, alimentadas por formidables lobbies, ha contribuido a crear una realidad alternativa. Así el tabaco mata, pero no a todos y además  aporta con altos impuestos. Las petroleras contaminan y contribuyen de manera decisiva al calentamiento global. Pero advierten que hay que ser prudente antes de acusarlas. Podría haber otras causas del fenómeno, aunque no podamos identificarlas.  Grandes presupuestos son destinados a suprimir o relativizar estudios científicos.  Así hoy frente a una pandemia que ya deja 2,6 millones de muertos y que ha enfermado120 millones  hay grandes núcleos que niegan la existencia o la peligrosidad del Covid-19. En todo el mundo hay sectores  que minimizan, desde palacios presidenciales a redes sociales,  la gravedad del mal que golpea a todos los rincones del mundo. En Estados Unidos el grueso del Partido Republicano  entiende la crisis sanitaria como un tema de enfoque político. Otro tanto ocurre con diversos regímenes  entre los que destaca el actual gobierno brasileño.

  A medida que pasan los años el 19, tras un guion   que marca la irrupción del virus, es un recordatorio de la longevidad del flagelo. La detección del mal a finales de 2019 es uno de los pocos datos  que no  está en discusión. Pero sobre su origen, lugar de aparición, características de la patología y, por sobre todo, las formas de combatirlo abundan narrativas  dispares que además varían de país en país. Las divergencias en la interpretación  de la naturaleza del Covid-19, así como sus alcances, están condicionadas  por el color del cristal político, cultural y social de los analistas.

Desde que  irrumpió la pandemia fue tal el cúmulo de versiones sobre sus orígenes, muchas sin fundamento, que fue acuñada la denominación de  “infodemia”. Así se llamó a las informaciones falsas relativas al mal. Algunos   denunciaban que el virus fue producto de experimentaciones en el   Instituto  de Virología de Wuhan, uno de los principales centros de investigaciones de China. Algo que dio pie para que el entonces Presidente Donald Trump denunciase los estragos causados por el  “virus chino”. El director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos matizó  señalando que el virus no era el resultado de manipulación genética pero que pudo escapar  del laboratorio e infectar algunos animales. En contrapartida China, en marzo de 2020, replicó por boca  Zhao Lijian, un vocero del ministerio de Relaciones Exteriores,  que podría “ser el ejército de Estados Unidos” el que trajo el virus a China  Ello, según Zhao, ocurrió  en la segunda mitad de octubre  2019 cuando unos trescientos uniformados estadunidenses participaron en los Séptimos  Juegos Militares Mundiales realizados en Wuhan, donde estalló la pandemia. La versión,  que circuló en redes sociales chinas, señalaba que uniformados  estadounidenses  trajeron el virus.  

Las especulaciones fueron descartadas por una delegación de científicos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que visitó Wuhan en  enero/febrero 2021. Peter Ben Embarek,  jefe de la partida de expertos concluyó que era “altamente improbable” que el virus proviniera de una fuga del mentado laboratorio.  Los científicos de la OMS apuntaron a la zoonosis, la transmisión de un virus a través de un ser viviente a la especie humana. A la cabeza de los sospechosos figuran murciélagos y pangolines. Idea que fue reforzada por  un grupo de 27 científicos, de diferentes países, que publicaron una carta en la revista científica británica The Lancet. Allí rechazan las teorías conspirativas del origen artificial del virus y reiteran que los estudios; “concluyen abrumadoramente que este coronavirus se originó en la vida silvestre”.

Un Premio Nobel y Bill Gates

A finales de abril circularon numerosos correos en redes sociales que citaban al japonés Tasaku Honjo,  premio nobel de medicina 2018, declarando que el virus era una creación de laboratorio. La fuente, siempre es clave identificar de donde proviene la información, era una cuenta  apócrifa de Twitter que suplantaba a Honjo En ella  habría señalado a medios de comunicación que, “basado en todo mi conocimiento e investigación hasta la fecha, puedo decir esto con el cien por ciento  de confianza de que este Corona no es natural” (sic). Confrontado con sus supuestos dichos, Honjo emitió una declaración publicada por la Universidad de Kioto, Japón, en la que aclaró: “Me apena enormemente que mi nombre y el de la Universidad de Kioto fueran   utilizados  para difundir acusaciones falsas y desinformación”.

Por su parte, Bill Gates uno de los hombres más ricos del mundo,  fundador de Microsoft, es  blanco frecuente de campañas de intoxicación informativa. Uno de los correos lo vinculaba con el origen del virus, afirmando  que Gates era el propietario de la patente del brote del coronavirus iniciado en China. También se lo acusó de haber creado el Covid-19 con el propósito de insertar microchips por la vía de la vacuna para así controlar a la población. Otra variante de desinformación explotó en Twitter por la vía del cantante español Miguel Bosé. En una serie  de tuits, aseguró que la  fundación Bill & Melinda Gates había sido expulsada de la India. Y que financia vacunas con microchips que son operados desde redes de internet  ultraveloces 5G.  .

Uno de los líderes en materia de estas teorías conspirativas delirantes es Thomas Cowan, un médico californiano a quien le fue suspendida su licencia para ejercer. Su tesis es que los virus “se manifiestan cuando la célula está envenenada”  en realidad, se trataría de un “ exosoma que se activa por la contaminación electromagnética. A su juicio la red 5G envenena a los humanos. Wuhan, el epicentro inicial de la pandemia, sería la primera ciudad con cobertura total 5G  lo que lleva a a Cowan a formularse la pregunta retórica:   “Dónde se encuentra la primera ciudad del mundo totalmente cubierta por el 5G (…) Exacto en Wuhan”. La recurrida  técnica para embaucar que sobre premisas falsas pide al oyente que saque sus propias conclusiones. No es cierto  que Wuhan es la capital del 5G. Es solo una de las 18 ciudades pilotos en que la  tecnología está en vías de ser instalada pero aún falta para una plena cobertura.  Las falsedades sobre el supuesto peligro para la salud de la tecnología 5G han tenido impacto en el mundo. En Gran Bretaña técnicos de empresas de comunicaciones han sufrido intimidaciones. Antenas de transmisiones han sido quemadas o destruidas.   La desinformación alcanzó tal nivel  que   Youtube prohibió los videos con afirmaciones  sobre la relación entre la 5G el Covid-19.  Es útil tener presente que la tecnología 5G no está operativa en América Latina. En ningún lugar hay evidencia que vincule la pandemia con las señales de 5G. Pero no  fue una sorpresa cuando se detectaron vínculos entre  promotores de estas falsedades y los militantes de movimiento antivacunas (antivaxx en el mundo anglosajón)

Curas y remedios

Si algo abunda es la desinformación sobre curas y remedios para sanar o prevenir el mal. Algunos son productos naturales e inofensivos, como  el consejo clásico de hacer gárgaras con salmuera. O recurrir a los productos típicos de ciertos países como tomar  mate caliente  o infusiones con hojas de neem en Ecuador y Colombia o en Bolivia la  eterna hoja de coca. Pero también han circulado recetas nocivas para la salud. Es el caso  del dióxido de cloro, promovido como supuesta solución en varios países.. En la Argentina, la conductora Viviana Canosa lo presentó y consumió ante las  cámaras de televisión abierta. La evidencia científica muestra que el consumo de esta bebida no cura este nuevo coronavirus y puede ser muy perjudicial para la salud, llevando a desenlaces fatales en algunos casos. Otros medicamentos que no curan el Covid y pueden dañar la salud son  el remdevisir y la azitromicina. El más polémico es la  hidroxicloroquina   recomendada desde las sedes de gobierno por el presidente brasileño Jair Bolsonaro y en su momento por Donald Trump desde la Casa Blanca. Diversos estudios concluyeron que tomar hidroxicloroquina no es una cura efectiva.

Mascarillas , pruebas PCR y termómetros infrarrojos han sido objetados a través de redes sociales. Campañas de  desinformación aseguraban que las mascarillas o barbijos causan hipoxia (déficit de oxígeno) e hipercapnia (exceso de dióxido de carbono (CO2) en la sangre arterial. Una de las difusoras de esta desinformación es la doctora Judy Mikovits, activista estadounidense contra la vacunación. Planea  también que “el nuevo coronavirus no es natural”, que “los coronavirus no viven en superficies más de una hora” y que “las vacunas han matado a millones de personas”.

 Al igual que en el uso de mascarillas hay mensajes que ponen en duda la eficacia de las pruebas PCR y aseguran que pueden causar daño. Uno de los grandes difusores de esta desinformación fue un grupo de médicos, autodenominados “Médicos por la verdad”, que realizaron una rueda de prensa en Madrid donde afirmaron que el científico que inventó estas pruebas aseguró que no sirven y que dan muchos falsos positivos. También se aseguró que los termómetros infrarrojos (utilizados para medir la temperatura de forma rápida) pueden dañar la retina y las neuronas .

En lo que toca a las vacunas cunde la confusión. Después de más de un año de distanciamiento social la   luz  al final del túnel sigue distante. En primer lugar la producción de las dosis es fue más lenta que lo presupuestado.  Es muy frecuente que se subestimen las dificultades logísticas. Tampoco ayudaron las vacilaciones de muchos gobiernos en colocar sus respectivas órdenes. Desde un comienzo  de la campaña de inmunización en varios países surgieron variadas desinformaciones relacionadas con supuestos efectos adversos  e incluso muertes

El caso más dramático es la suspensión de la vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford con el laboratorio AstraZeneca,  a mediados de marzo  de este año, en buena parte  de la Unión Europea. El alto a la vacunación fue precipitado luego que algunos inoculados sufrieran coágulos. En Italia un vacunado sufrió un ataque al corazón.  A menudo es muy difícil establecer las causas de una disfunción. Muchos de los inoculados padecen de males subyacentes por lo cual es complejo establecer una relación entre causa y efecto. La OMS abogó por la continuación de las vacunaciones. Señaló que no hacerlo era un peligro mayor pues  más personas quedaban expuestas a contraer el virus. Ello significaba riesgos mayores a los que  potencialmente representaba la vacuna.

La suspensión de la vacunación se produjo cuando el viejo continente enfrenta una  nueva ola de infecciones. Varios países están  bajo diversos niveles de cuarentena, con el más severo en Italia.  El  origen británico de la vacuna despertó sospechas que la medida estaba inspirada por algún grado de nacionalismo. Lo más probable, sin embargo, es que las diversas autoridades ante la posibilidad de ser acusadas de negligencia han optado por el principio precautorio. Además el grueso de los gobiernos  enfrenta un cuadro difícil. Ello porque grandes sectores ciudadanos manifiestan una fatiga creciente ante  las restricciones a las libertades públicas .Además pese a que existen ayudas económicas para muchas personas la situación es cada vez más precaria y el futuro se percibe duro. .

Las desinformaciones sobre las vacunas, al igual que en otros temas tiene,  efectos nocivos  en la medida  aumenta las dudas de las personas sobre si vacunarse, lo cual repercute  en la llamada “inmunización de rebaño” que permitirá dejar atrás las medidas de distanciamiento social y prevención. Más caustica aún es la idea de que la Covid-19 es una mentira y no es más que una estrategia para mantener controlada a la población. En Brasil, por ejemplo,   circularon imágenes y vídeos sobre supuestos hospitales y ataúdes vacíos. El mensaje era que se exageraba la gravedad de la situación.  Es claro que la pandemia ataca tanto la salud física como la mental.

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Ataque al corazón de Washington. Muchos supondrán, al leer el titular de este artículo, que trata sobre el asalto al Congreso por parte de seguidores de Donald Trump. El violento e insólito episodio, ocurrido el 6 de enero, dejará una huella cuya profundidad solo será develada con el correr de los meses. Algo similar ocurre con una vasta ofensiva de espionaje descubierta el mes pasado. El gobierno estadounidense apenas ha comenzado a calibrar el alcance de la penetración foránea. Lo que ya está claro es que varias redes y computadoras, que almacenan información del mayor valor estratégico, recibieron visitas indeseadas y están comprometidas por la incursión “Vientos Solares” (SolarWinds) azotaron a Estados Unidos a finales del año pasado. SolarWinds, es el nombre de una empresa estadounidense, que fue utilizada por agentes extranjeros para ejecutar un masivo ciberataque contra instituciones y empresas norteamericanas. La magnitud de la incursión, que fue revelada a mediados de diciembre, no ha sido precisada. Pero hay quienes estiman que es la mayor ofensiva ejecutada por una potencia extranjera contra Washington en el ámbito cibernético. La masiva penetración de las redes informáticas, de cientos de instituciones públicas y privadas, permitió a los invasores explorar durante meses los más reservados computadores. Los hackers, que algunos traducen como piratas, anexaron su malware, un programa dañino, al software de la empresa SolarWinds basada en Texas. Numerosas agencias estales y compañías emplean los soportes de SolarWinds para inspeccionar sus redes computacionales. Hasta el momento la empresa admite que unos 18 mil de sus 300 mil clientes –en el gobierno y el sector privado- recibieron una actualización del software contaminado. Entre los afectados en el gobierno destacan el Pentágono, el Departamento de Seguridad Interior (Homeland Security), el Departamento del Tesoro y entre varios otros el Departamento de Energía que alberga la Administración Nacional de Seguridad Nuclear responsable por la mantención y actualización del arsenal de armas nucleares estadounidenses. El senador republicano Mitt Romney señaló “Lo que yo encuentro más sorprendente en un ciberataque de esta naturaleza es que, en los hechos, constituye el equivalente moderno al sobrevuelo de bombarderos rusos sobre todo el país sin ser detectados .De ello se infiere que nuestra seguridad nacional es extraordinariamente vulnerable”. Para Brad Smith, presidente de Microsoft que colabora en la investigación de lo ocurrido, “El ataque lamentablemente representa una amplia y exitosa incursión a bases de información confidencial del gobierno de los Estados Unidos y las herramientas técnicas para protegerlas”. Además advirtió que los intrusos habían ejecutado cambios que les permitirán accesos por un largo tiempo al generar nuevas credenciales. Según Tony Lawrence director de la empresa de ciberseguridad Light Rider al parecer los rusos dispusieron de entre seis y nueve meses con un “acceso persistente” a algunas redes del departamento de Homeland Security: “Si este es el caso significa que los rusos tuvieron la capacidad de navegar por todas las redes y controlar algunas de ellas durante ese tiempo”. Para Mike Pompeo, el secretario de Estado, no hay duda sobre los responsables de la acción: “Podemos decir con claridad que los rusos fueron los responsables de esta actividad”. Ello tanto en Estados Unidos y en otros países como el Reino Unido, Canadá, España, Bélgica, Israel y los Emiratos Árabes Unidos. En Washington, sin embargo, no hay consenso sobre quien es el agresor. La Casa Blanca guardó un discreto silencio. Trump señaló que, a su juicio, Beijing estaba tras el ataque. En lo que toca a los servicios de inteligencia en los informes entregados al Congreso apuntan con el dedo a Moscú y específicamente al Servicio de Inteligencia Extranjera ruso (Foreign Intelligence Service). Tanto Rusia como China niegan tener participación alguna en el hackeo. En lo que toca a la CISA (Cybersecurity and Infrastructure Security Agency), la principal agencia estadounidense responsable del área de ciberseguridad, se abstiene de nombrar a un hechor y denuncia a un “avanzado, amenazante y persistente actor”. La CISA advierte que remover el malware “será complejo y desafiante”. El que esté libre de pecado…. La primera piedra lanzada o si se prefiere el primer gran ciberataque conocido fue ejecutado en conjunto por Estados Unidos e Israel contra Irán. Los países que monopolizan las armas nucleares están empeñados en impedir que otros las obtengan. Con esa meta llevan adelante una agresiva campaña por la no proliferación nuclear. En concreto, frente a la dificultad de desmantelar la industria nuclear iraní, mediante un ataque militar, optaron por una ofensiva en la esfera digital. El primer “cibermisil” fue disparado contra el programa nuclear iraní. La central atómica de Bushehr, construida por Rusia, recibió, en 2010, una descarga de un virus especialmente diseñado y apodado Stuxnet. El daño causado por el malware fue considerable. Constituyó el primer ataque cibernético tan elaborado contra un blanco específico. El gusano demostró en forma didáctica la militarización (weaponization es el concepto utilizado en inglés) del ciberespacio. Suxnet fue la primera ciberarma exitosa de su género. Estableció que un virus podía transmitirse sin que el receptor se enterase del ataque. Era posible infectar buena parte de los sistemas operativos del blanco y solo cuando el atacante lo decidiese sería activado creando el caos. Llegando incluso a paralizar los sistemas operativos. Los diseñadores de Stuxnet lograron intervenir los motores Siemens que activaban las centrifugadoras de los laboratorios nucleares iraníes. “El efecto detectado en las computadoras de las instalaciones nucleares de Natanz y Bushehr tiene aterradoras implicaciones para todos los países”, advirtió Issac Porche en el Bulletin of the Atomic Scientists de Estados Unidos. La aparición de Stuxnet sorprendió a los expertos en ciberseguridad. Era demasiado amplio, muy bien encriptado y de una gran complejidad. No hay una cifra de cuanto invirtieron sus autores pero debe haber costado una friolera de millones de dólares y considerable tiempo de expertos de primer nivel para ponerlo a punto. Estaba a la vista que solo estados, con avanzadas tecnologías computacionales, pudieron producir semejante programa destructivo o malware. Un virus informático bien diseñado tiene la virtud de ser un arma altamente selectiva. Está diseñado con la precisión de una llave que abre solo una cerradura. Ataca un blanco sin ocasionar daño a las personas y, en teoría, queda confinado al sistema atacado. Algo que, en todo caso, no ocurrió con Stuxnet que contaminó a otros softwares que no estaban considerados. Pero en lo que toca al programa atómico iraní logró causarle severos atrasos y considerables costos adicionales. Sobre decir que gusanos similares pueden emplearse para controlar refinerías, generadoras y redes eléctricas, plantas industriales o sistemas de control de tráfico. La gran mayoría de las intrusiones tiene por fin la piratería y no la destrucción o la introducción de gusanos, como el Stuxnet. Por lo que es preferible hablar de espionaje o piratería cibernética para diferenciarla de las operaciones con fines bélicos, a los cuales cabe llamar propiamente ataques. En un bombardeo convencional es fácil rastrear quien fue el atacante. No es el caso en la difusión de un malware donde es difícil dar con la pistola humeante para identificar al responsable. Los agresores disponen de múltiples formas para ocultar su rastro. Los atacantes pueden negar su participación durante largo tiempo, como de hecho lo hicieron frente a Irán y parece ocurrir ahora en Estados Unidos. Un caso que permanece cubierto por la niebla es el de Venezuela donde no se ha logrado aclarar qué ocurrió, en marzo de 2019, cuando sufrió un masivo corte de energía eléctrica. El evento dejó a oscuras a buena parte del país y en algunos estados la ausencia de fluido eléctrico se prolongó por una semana. Fue el mayor apagón de la historia venezolana y causó dificultades en hospitales, empresas, el servicio de agua potable y el transporte. El impacto político de la angustia sufrida por millones de venezolanos fue endosado a las autoridades. El gobierno de Nicolás Maduro, por su parte, denunció que su país sufrió un ciberataque provocado por Estados Unidos. Caracas dijo tener pruebas de que se trataba de sabotajes aunque ellas no fueron presentadas. Los opositores, en cambio, denunciaron que los cortes eran la consecuencia de la falta de mantención y la consecuente degradación del sistema eléctrico nacional. Rusia, al parecer, aceptó la tesis de Maduro pues despachó militares expertos en asuntos de ciberseguridad, probablemente para fortalecer las operaciones de la red eléctrica. Los planes y los medios para ciberataques figuran en el arsenal de numerosos países. Según The New York Times (NYT) el general Paul Nakasone, comandante del Ciber Comando de Estados Unidos, participó en el diseño de una operación llamada Nitro Zeus. Ella apunta a cortar el suministro eléctrico iraní en caso que estallen las hostilidades entre ambos países. Planes semejantes deben existir para afectar a todos los gobiernos que están en la mira de Washington. Nakasone es partidario de la “defensa avanzada”. ¿Cuán avanzada? Profundo al interior de las redes eléctricas del adversario. En el vocabulario militar el despliegue adelantado consiste en preposicionar recursos bélicos en puntos claves. Así, llegada la hora de una emergencia basta con despachar los efectivos pues los pertrechos ya están en el lugar requerido. Mediante la inyección de un malware en las redes digitales estratégicas se busca un objetivo: al momento que estallen las hostilidades poder pasar a la ofensiva desde el primer minuto. El NYT publicó que Estados Unidos ha penetrado en las redes eléctricas rusas con gusanos que permitirán sabotear plantas generadoras eléctricas, oleoductos y todos aquellos servicios operados por el mundo ciberespacial. El malware está y permanecerá oculto hasta el momento que los mandos lo determinen. Pero, como es el caso en cuestiones militares, toda medida tiene su contramedida. Las potencias desarrollan sus detectores de virus y sus respectivos antivirus. De manera que ninguno de los bandos sabrá, a ciencia cierta, como funcionarán sus gusanos hasta que sean activados. Pero cabe suponer que abundan los gusanos en las redes estadounidenses, rusas y chinas para citar a los mayores protagonistas. Beijing ha realizado importantes operaciones de espionaje y pirateo. Estados Unidos estima que un centenar de grandes corporaciones han recibido incursiones hostiles en los últimos siete años. Una de ellas contra el NYT que vio violada la seguridad de sus redes. El periódico contrató una empresa especializada que emitió un informe categórico: los responsables fueron miembros de una unidad del Ejército Popular de Liberación. Su sede de operaciones estaba situada en el piso 12 de un edificio en el populoso barrio de Pudong en Shanghai. La unidad en cuestión es, en todo caso, monitoreada por los servicios de inteligencia estadounidenses. Los chinos niegan, como todo el mundo, que ellos sean los piratas informáticos. Surge una interrogante ética: ¿Es legítimo interferir en redes eléctricas que abastecen a millones de civiles? Los apagones alcanzan a grandes masas de la población. Son afectados hospitales, las bombas dejan de distribuir agua a los hogares, se paralizan trenes y metros, se oscurecen las ciudades al quedar sin alumbrado público y, por supuesto, dejan de funcionar los semáforos con el caos consiguiente. Los riesgos de muertes de personas a causa de los cortes eléctricos son considerables amén del daño económico generalizado. Más que afectar a las fuerzas armadas de un país, que suelen estar preparadas para semejante escenario, es una forma de mortificar a la ciudadanía. Es una muy antigua táctica de enfrentamiento que aspira a minar el respaldo político a los gobernantes del campo contrario. Y con ello debilitar su voluntad de combate. La experiencia muestra, sin embargo, que a menudo lejos de debilitar al adversario la población tiende a cerrar filas ante la adversidad provocada por un enemigo extranjero. El ciberespacio es ya una esfera más de enfrentamiento entre estados. La tendencia, por lo tanto, es refinar los antivirus a la par de producir gusanos más efectivos. Cabe prever que Estados Unidos, una vez que establezca con certeza a su último atacante, buscará crear un virus informático que sirva como disuasivo para futuras incursiones. Esa es la naturaleza de las carreras armamentistas.

January 14, 2021 Comments off
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EEUU: Biden al mando.

November 30, 2020 Comments off

. Estados Unidos eligió a Joe Biden como su 46avo presidente. Los sondeos de opinión vaticinaban una cómoda victoria para el candidato demócrata. Pero, en definitiva, fue un resultado bastante más estrecho que lo anticipado por las encuestas. Ambos candidatos batieron récores en cuanto al volumen de votos logrados: Biden con algo más de 80 millones, más de lo que ningún otro aspirante a la Casa Blanca ha alcanzado. Donald Trump, por su parte, obtuvo un macizo resultado con casi 74 millones de preferencias. Si la participación fuese el indicador de la robustez del sistema político estadounidense cabría extenderle un certificado de óptima salud. Con casi 67 por ciento de los votantes inscritos en el padrón electoral fue la más alta cota de votación de los últimos 120 años. La alta afluencia a las urnas es, sin embargo, la expresión de una creciente polarización política. En términos prácticos lo que cuenta es el número de delegados conseguidos en el colegio electoral donde el demócrata logró 306 miembros, superando los 270 requeridos para asegurar la presidencia. Una victoria inapelable pese a una serie de infructuosos recursos de los partidarios de Trump ante diversos tribunales estaduales. Pese a su derrota a nadie escapa la sólida votación lograda por los republicanos que aumentaron en diez millones su caudal en relación a la anterior votación presidencial. En los comicios de 2016 Trump perdió por casi tres millones de votos frente a Hillary Clinton. Pese a ello logró la mayoría necesaria en el colegio electoral. En esta oportunidad perdió por seis millones de votos pero por márgenes estrechos en una serie de swing states , estados pendulares como los denominan en Estados Unidos. Son estados también llamados “de batalla” por sus resultados impredecibles como Arizona, Georgia, Pennsylvania o Wisconsin. La desconocida Jo Jorgensen, candidata del Partido Libertario , obtuvo una votación mayor a la diferencia entre Biden y Trump. En Chile los trumpistas habrían caracterizado a Jorgensen de encarnar al “cura de Catapilco”, que restó votos claves a Salvador Allende en la elección presidencial de 1958. Se especula que si los votos de Jorgensen, que atrajeron a los enemigos de la intervención económica del Estado, hubiesen favorecido a Trump éste pudo haber asegurado la reelección para un segundo período de cuatro años. En lo que toca a los resultados del Congreso los republicanos siguen en minoría aunque amentaron su representación. En el Senado está aún por definirse cuál será su composición con los resultados de los comicios del estado de Georgia que tendrán lugar el 5 de enero venidero. Allí están juego dos sillones que determinarán quien tendrá la mayoría de la cámara alta. Un resultado que gravitará en la capacidad de Biden para nombrar a colaboradores que requieren de la aprobación del Senado así como para aprobar legislación. En la actualidad los demócratas cuentan con 48 senadores. En caso de lograr los dos curules en disputa en Georgia se producirá un empate entre ambos partidos, con 50 senadores cada bando, y le corresponderá a Kamala Harris, la Vice Presidenta electa, cargar la balanza hacia los demócratas con el voto dirimente. El trumpismo Dada la aguda pugna política en Estados Unidos es previsible un complejo cuadro en el balance de los poderes del Estado. Los republicanos cuentan además con una mayoría absoluta en la Corte Suprema, con seis jueces contra tres, que juega un rol de árbitro final en una serie de temas sociales. Pese perder la presidencia el balance para el Grand Old Party (GOP, como suelen llamar al partido republicano) es alentador. Porque si bien Trump perdió los comicios el volumen de votos logrado anticipa que el trumpismo se consolida como un fenómeno político gravitante. No solo por el número de votantes que concitó sino porque logró captar adherentes entre minorías que se le suponían hostiles. Así logró incrementar su voto entre los latinos especialmente en Florida y Texas. Ganó preferencias entre sectores de mujeres blancas y también aumentó entre mujeres negras, más de un tercio de mujeres asiático americanas le dieron su voto. También incrementó sus seguidores en la comunidad LGBTQ donde pasó del 14 por ciento de las preferencias en 2016 a 28 por ciento. Se tiende a asumir que los miembros de minorías discriminadas votan por las candidaturas progresistas. En efecto, lo hacen pero no en su totalidad. En el caso de los latinos o hispánicos, como los llaman en Estados Unidos, gravitan con fuerza convicciones religiosas conservadoras. Y, claro, las consideraciones económicas están siempre presentes. Bajo el gobierno de Trump el desempleo bajo en forma considerable especialmente entre quienes quien no cuentan con diplomas. Un elemento central en las contiendas políticas es la demonización del adversario o las campañas que destacan sus aspectos negativos. Los demócratas buscaron imponer la idea de que los que votaban por Trump eran racistas. Los republicanos acusaron a los votantes de Biden de buscar imponer un régimen socialista en el país Según algunos estudios las acusaciones ideológicas no gravitaron en demasía. En cambio las denuncias sobre una creciente desigualdad económica habrían tenido mayor impacto. La empresa General Motors (GM) suele usarse como un ejemplo de lo que ocurre en el país. De allí el dicho que lo que es bueno para GM es bueno para Estados Unidos. Un ejemplo de cómo han cambiado las cosas: en los años 60 un miembro del directorio de la empresa ganaba, en promedio, 20 veces más que un trabajador de planta. Hoy, el diferencial entre un ejecutivo en la misma posición y el mismo empleado es 300 veces superior. El desastre sanitario que vive Estados Unidos a causa del Covid-19 gravitó fuerte contra las aspiraciones de Trump. Estados Unidos con sus enormes recursos muestra un cuadro alarmante: 13,2 millones de contagios con 265 mil muertes a finales de noviembre. La actitud errática de la Casa Blanca que optó por polemizar con las autoridades sanitarias, en vez de asumir sus recomendaciones, tuvo según las encuestas un impacto negativo para la campaña republicana. Crisis de credibilidad Estados Unidos, en materia de sistema político, se ha presentado como la vara de la virtud. Algo que lo ha llevado a publicar informes regulares sobre los avances y retrocesos del sistema democrático en el mundo. Una suerte de certificados de buena conducta democrática. En este plano, más allá del debate entre ganadores y perdedores, el gran perjudicado del proceso electoral es el prestigio político de los Estados Unidos. Ese capital intangible que algunos han caracterizado como el “poder blando”. Cabe preguntar como quienes han juzgado al resto del mundo se evalúan a si mismos. Está a la vista que el sistema político democrático estadounidense es claramente disfuncional. No cabe compáralo con sistemas autoritarios donde además de la arbitrariedad impera una notoria falta de transparencia. En Estados Unidos las falencias están a la vista. La circulación masiva y generalizada de teorías conspirativas a través de redes sociales llevó al ex presidente Barack Obama a denunciar el “decaimiento de la verdad” y una cultura de división que “lleva a nuestra a democracia a tambalear al borde de una crisis… Nunca hemos vivido bajo una presidencia que ha ignorado una serie de normas institucionales”. Una alusión a las acusaciones infundadas de fraude electoral apoyadas por el grueso del partido republicano. Las encuestas señalan que la mitad de republicanos consultados creen que Trump fue el ganador legítimo de los comicios y que se le escamoteó la victoria. Es una señal de gravedad extrema pues los sistemas políticos democráticos, e incluso los autoritarios, descansan en la legitimidad. En el caso de Estados Unidos el centro de estudios Fund for Peace analiza los “indicadores de cohesión” que consideran varios factores como el descontento popular, confianza en los organismos de seguridad pública y nivel de antagonismo entre las corrientes y facciones políticas. Estados Unidos registró la mayor caída en cuanto a su cohesión social. Dicho sea de pasada en 2019 ¿cuál fue el país con la mayor caída? No es necesario buscar en latitudes lejanas pues Chile ocupó el primer puesto con una abrupta caída en su nivel de cohesión. De vuelta a Washington ¿qué ha gatillado la profunda crisis de confianza que permite la proliferación de descabelladas teorías conspirativas ? Esjemplo: QAnon. o Q postula desde la extrema derecha, entre otras teorías, una supuesta trama secreta organizada contra Trump y sus seguidores. El propio Presidente saliente es señalado como el autor de unas 20.000 mentiras o imprecisiones deliberadas en sus tuiteos cotidianos. Qué espera al mundo. A lo largo de su campaña electoral Biden asumió el compromiso de volver al multilateralismo. Claro que con loviejos reflejos de un Washington dominante: “Nos sentaremos nuevamente a la cabeza de la mesa” de los asuntos internacionales ha adelantado el presidente electo que planea reincorporar a Estados Unidos al Acuerdo sobre Cambio Climático de París del 2015 que fue abandonado por Trump en 2017.. Volverá a cooperar con la Organización Mundial de la Salud de Naciones Unidas. Levantará el bloqueo de nombramientos al organismo de apelaciones de la Organización Mundial de Comercio. Antes del asesinato del científico nuclear iraní Mohsen Fakhrizadeh, el 27 de noviembre, se anticipaba que Washington podría reconsiderar un retorno al acuerdo en el que participa ´la Unión Europea, Rusia y China. Ahora reina la incertidumbre sobre el futuro de las relaciones con Teherán. Bajo la consigna de “Estados Unidos primero” del gobierno de Trump inició un repliegue de su presencia mundial. En cierta forma fue postular que si no puedo dictar las normas prefiero retirarme. Washington ha buscado salir de Siria y Afganistán donde ha librado la guerra más larga de su historia, por 18 años. Estas guerras, como las fricciones con otras potencias, han convencido a la elite gobernante estadounidense que si bien disponen de un considerable poder militar y económico ya no ejercen la hegemonía que gozaron durante buena parte del siglo pasado, caracterizado como el “siglo americano”. El previsto retorno a una postura más afín al multilateralismo tradicional será, en estas circunstancias, más una expresión de necesidad que de una vocación. Washington ha podido condicionar a China y Rusia pero no puede dictarles la conducta que deben seguir. Algo que ha intentado con Irán una potencia media sin lograrlo. Sin duda las relaciones con la Unión Europea (UE) serán restauradas pero probablemente no al nivel que alcanzaron bajo el gobierno del Presidente Obama. La salida de Gran Bretaña de la UE priva a Washington de un aliado clave en el seno del viejo continente. Es probable que el antiguo sueño europeo de alcanzar un grado de “autonomía estratégica” tenga mejores probabilidades de avanzar. En todo caso los europeos deben luchar por controlar sus propios demonios, como lo son la falta de unidad política, así como nacionalismos resurgentes que impiden acuerdos que aseguren una conducción coherente largo plazo. La ausencia de un liderazgo internacional está a la vista de todos con las respuestas descoordinadas ante la pandemia en curso. La urgente movilización ante el avance de los efectos del calentamiento global queda postergada una vez más. Biden tiene la oportunidad de convocar al resto del mundo a una cooperación tras intereses compartidos. Ello exige un genuino multilateralismo y no solo exigencias y amenazas de sanciones. En todo caso el primer reto para Biden es recuperar la gobernabilidad de su país superando la profunda brecha que divide a los estadounidenses.

Bolivia marca pauta

October 29, 2020 Comments off

.Las elecciones bolivianas burlaron todas las predicciones. Las encuestas anticipaban la victoria de Luis Arce Catacora, el candidato del Movimiento al Socialismo (MAS), colectividad del ex Presidente Evo Morales. La duda radicaba en si lograría acaparar más de 40 por ciento de los votos y establecer una diferencia superior al diez por ciento ante su más cercano rival. El 18 de octubre las urnas le dieron un éxito inesperado: la mayoría absoluta, con 55 por ciento de las preferencias. 26 puntos de diferencia sobre el ex presidente Carlos Mesa, el segundo candidato más votado. El MAS obtuvo también la mayoría en las cámaras de senadores y diputados en la Asamblea Legislativa Plurinacional. La asociación entre Arce y el hasta hace poco presidente Morales es estrecha. Durante el grueso de los 14 años del gobierno de Morales fue su ministro de Economía y Finanzas, salvo una breve interrupción de 18 meses, Arce fue el artífice de la conducción económica. Antes se había desempeñado en el Banco Central. Arce era percibido como un gestor clave del éxito económico de los sucesivos gobiernos de Morales en que Bolivia cuadruplicó su producto interno bruto de 9.500 millones de dólares anuales a 40.800 millones, en tanto que redujo la pobreza del 60 por ciento al 37 por ciento. En la memoria popular la gestión de Arce quedó asociada a un período de bonanza. Los gobiernos de Morales multiplicaron los bonos que incrementaron los ingresos de los sectores más postergados. Según lo precisa el analista boliviano Fernando Molina el gobierno del MAS destinó por concepto de la “Renta Dignidad”, entregada a todos a los mayores de 60 años, 1.200 millones de dólares, beneficiando a 900.000 personas. Junto a las mujeres embarazadas y grupos de estudiantes se benefició a un tercio de la población, es decir, 3,3 millones de personas, con montos que van de 28 dólares a 340 dólares por persona. Ello ocurrió en el punto más alto de la historia económica boliviana. El mayor auge provino de los elevados ingresos por exportaciones que, en una década, pasaron de dos mil millones de dólares a frisar los diez mil millones. Ingresos incrementados por los altos precios internacionales de las materias primas. Arce desarrolló un perfil que lo acercaba más un tecnócrata que a un líder político. Algo que le favorecía ante los embates unificados de sus rivales. Fernando Camacho, el candidato de la extrema derecha cruceña, lo descalificó señalando: “Luis Arce no es un candidato, es un títere del dictador Evo Morales”. El ex presidente Jorge Quiroga, que terminó el segundo gobierno de Hugo Banzer (1997-2001) lo motejó como el “cajero del despilfarro”, por las elevadas inversiones en obras públicas. Más moderado Carlos Mesa restó méritos a los logros de la gestión de Arce pues a su juicio no fueron “por mérito propio”, sino que la resultante de los altos precios de las materias primas “que jamás gobierno alguno haya recibido” en el país. Además denunció “el despilfarro y corrupción” que se materializaron en “palacios, aviones, lujos. El responsable, obviamente, era el presidente Morales, pero muy en particular su ministro de Finanzas”, afirmó Mesa. A estos juicios descalificatorios se sumaban los del gobierno interino de Jeanine Áñez que demonizó al MAS calificándolo de “partido narcoterrorista” y denunciándolo como una mezcla de autoritarismo indigenista, despilfarro y corrupción. Una visión cuestionable proveniente de un gobierno acusado de negocios turbios en medio de la crisis causada por el Covid-19. En plena cuarentena estalló un escándalo por la compra de un centenar de respiradores de origen español a un valor cuatro veces mayor al de su precio de lista que, para peor, ni siquiera servían para las terapias intensivas. El escándalo resultante tumbó al ministro de Salud. La derecha no atinó. Las posibilidades de la derecha de llegar al sillón presidencial en el Palacio Quemado por la vía de las urnas eran escasas. Por ello fue urdida la versión que los comicios, de octubre de 2019, que daban por vencedor a Morales, estaban viciados. La denuncia les abrió una ventana de oportunidad para impugnar la trasparencia del proceso electoral. La agitación contra el presunto vencedor abrió semanas de agitación callejera. Hecho que condujo al amotinamiento de la Policía Nacional. Esto fue seguido por una conminación del ejército a Morales para que renunciase a su mandato. Ante la disyuntiva de un derramamiento de sangre de proporciones mayores el mandatario optó por apartarse buscando refugio en Argentina. La gestión de Áñez, carente de la legitimidad otorgada por las urnas, agudizó la polarización ante los mayoritarios sectores indígenas y populares. De entrada Áñez llamó “salvajes” a los seguidores del MAS. Con ello dio el ejemplo para un lenguaje agresivo hacia los militantes de la organización que fueron calificados de ‘terroristas’, ‘sediciosos’, ‘castro-chavistas’ y otros epítetos. Además la policía cometió ultrajes como quemar banderas wiphala reconocidas como legítimas expresiones de los pueblos indígenas por la constitución. De las palabras y los agravios se pasó a los hechos. La represión de las protestas de Sacaba y Senkata, dejaron un saldo de 30 muertos y unos 700 heridos producto de los disparos de los uniformados contra la muchedumbre. En el plano político además de la represión la campaña electoral de Carlos Mesa ignoró las clases bajas urbanas, las que finalmente definieron la elección. Mesa apostó por representar el “voto útil” de las clases medias contra el MAS. Ello lo llevó a entrar en un juego político que quedó cojo cuando Luis Fernando Camacho, uno de los líderes de las protestas contra Morales el año pasado, optó por mantener su candidatura apuntando al potente regionalismo de Santa Cruz, .La estrategia del MAS Arce y sus asesores apostaron, en cambio, por los barrios periféricos, por los pobres y los empobrecidos del coronavirus. El país ha registrado hasta octubre un total de 140.853 casos con 8.645 muertes. Muchos de los que pudieron salir de la pobreza para asomarse a una incipiente clase media, durante los sucesivos gobiernos de Morales, han vuelto a caer en la pobreza a causa de la pandemia. A mediados de año 3,2 millones de bolivianos no tenían lo suficiente para comprar alimentos. El voto masivo del mundo rural y las poblaciones marginales urbanas dieron un respaldo decisivo a Arce. Un segundo enfoque fue disipar de la mente de los votantes el temor que el MAS buscaba eternizarse en el poder. Arce prometió gobernar solo un mandato, cinco años, y “reencaminar el proceso de cambio”. Además prometió que no habrá revanchismo ni persecución política. En concreto adelantó que no sancionará a policías o militares involucrados en la salida forzada de Morales. El proceso electoral dejó al descubierto la debilidad política y electoral de los competidores de derecha del MAS, fragmentados y enfrentados entre sí. El candidato de centroderecha Carlos Mesa no logró articular un proyecto de país, ni un discurso electoral capaz de seducir a los indecisos del Occidente boliviano. El candidato de la derecha empresarial, Fernando Camacho, tampoco logró convencer a los indecisos del Oriente del país. Hasta una semana antes de las elecciones, en su bastión electoral, en el departamento de Santa Cruz, había 28 por ciento de indecisos, que representan 7,5 por ciento del padrón electoral total. Son personas de sectores pobres que fueron excluidas por los empresarios a los que representa el líder cruceño, y que fueron violentadas en las movilizaciones que lideró este empresario contra Morales hace un año. En la elección del 18 de octubre, estos indecisos optaron por el MAS en rechazo a una elite empresarial que no mostró estar dispuesta a incluirlos en su “modelo de desarrollo”. El MAS obtuvo un apreciable 35 por ciento de los votos en esa región. Está a la vista que los adversarios del MAS subestimaron el potencial electoral de este partido y de su candidato. Por un lado, las encuestas no detectaron la verdadera intención de quienes se presentaban como indecisos y eso los despistó. Fueron presas fáciles de su autointoxicación. La subestimación se debió a la incapacidad de estos grupos políticos, que representan a las elites tradicionales, de reconocer al MAS como una expresión efectiva de los sectores sociales indígenas y de los estratos más pobres del país. En cambio, regularmente denuncian al MAS como “marioneta del chavismo”, o una “organización delincuencial” y han entendido la adhesión que consigue como un fenómeno puramente clientelar. Impacto internacional. Bolivia es considerada, por numerosos analistas, como una suerte de veleta que anticipa la dirección de los vientos que soplan en Sudamérica. En el pasado se señalaba que era el eslabón más débil de la región. Como una de las naciones más pobres y vulnerables sufrió intervenciones militares criollas a menudo auspiciadas ya sea por los militares brasileños, argentinos o por Estados Unidos. En esta oportunidad Washington fue un opositor activo al gobierno del MAS. Morales se define a sí mismo como un antiimperialista y en forma recurrente denunció maniobras estadounidenses por minar y dificultar su gobierno. Apenas tres días ante de los últimos comicios un par de altos funcionarios del Departamento de Estado, en Washington, hablaron con algunos periodistas bajo reserva. Uno de ellos señaló: “La forma en que el Tribunal Electoral y el gobierno anterior (el de Morales) administraron las elecciones quedó correctamente cuestionada por la manera en que fue llevada a cabo, y despertó serias dudas sobre el conteo de los votos. El gobierno de Estados Unidos y muchos otros observadores, tanto dentro como fuera de Bolivia, llegaron a conclusiones similares”. ( Departamento de Estado vía teleconferencia, octubre 15, 2020) La voz cantante de las denuncias realizadas contra las elecciones de octubre del año pasado corrió por cuenta de Luis Almagro, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA). Otros organismos estadounidenses como una comisión del Massachusetts Institute of Technology (MIT) estimaron, sin embargo, que los resultados reflejaban la voluntad de los electores. Algo ratificado hasta cierto punto por los últimos cómputos. Consultado Arce sobre el papel de Almagro señaló: “Después de haber generado todos esos eventos que dieron lugar al golpe de Estado, que provocaron muertos, por supuesto que estoy de acuerdo (con exigir la renuncia)”. El periódico New York Times escribió el 7 de junio que “el análisis de la OEA contenía serios errores.”. Por su parte investigadores del Election Data and Science Lab concluyeron que era muy posible que Morales había ganado en la primera vuelta y que su victoria era legítima. “Como especialistas en elecciones justas consideramos que la evidencia estadística no respalda los alegatos de fraude en la elección de octubre (2019)” señalaron los autores del estudio en un artículo publicado en el Washington Times. Argentina El Presidente argentino Alberto Fernández junto a su vicepresidenta Cristina Kirchner estuvo entre los primeros que felicitaron a los vencedores Arce y Choquehuanca. Todavía no eran publicados los resultados oficiales y Fernández tuiteaba “La victoria del @BOmereceMAS en Bolivia no solo es una buena noticia para quienes defendemos la democracia en América Latina; es, además, un acto de justicia ante la agresión que sufrió el pueblo boliviano. ¡Felicitaciones, @LuchoXBolivia!”. En la misma red social, Kirchner envió sus felicitaciones: “ Felicitaciones a Lucho Arce y David Choquehuanca que, junto a Evo, construyeron en Bolivia un gran triunfo popular. La Patria Grande feliz”. Brasil Tras un conspicuo silencio de varios días, que expresaba la decepción del Presidente Jair Bolsonaro, Brasilia felicitó a Arce y al vicepresidente electo. Brasil destacó el “clima de tranquilidad y armonía del pueblo” que contribuyó al “éxito” en las elecciones”. Pero sorprendió el que Brasil aplaudiera “la actitud democrática y constructiva del Gobierno de la presidenta Jeanine Áñez”, tras la anulación de las elecciones de octubre del año pasado. Chile El presidente Sebastián Piñera informó que se comunicó telefónicamente con el presidente electo Arce para desearle éxito en su próxima gestión. Ambos coincidieron en reencaminar las relaciones bilaterales para “establecer una buena vecindad”. “Felicito a @LuchoXBolivia por su elección como Presidente de Bolivia. Recién conversamos por teléfono para desearle éxito en su gestión. Estoy seguro que trabajaremos con voluntad para avanzar hacia una nueva etapa en nuestra relación bilateral y fortalecer la integración regional”, planteó Piñera. La respuesta de Arce: “Agradecido por la comunicación y deseos de éxito del presidente @sebastianpinera. El triunfo es de nuestro pueblo. Reencaminaremos las políticas de unidad entre los pueblos de la región para establecer una nueva vecindad”. Más allá de las palabras de buena crianza es la hora para explorar la posibilidad de una normalización de las relaciones entre ambos países. Una buena señal sería reestablecer los vínculos diplomáticos al nivel de embajadores.

Biden o Trump: lo que está en juego.

September 25, 2020 Comments off

 El mundo aguarda expectante el resultado de la elección presidencial estadounidense. Nadie es ajeno a quien será el próximo ocupante de la Casa Blanca. En esta oportunidad el resultado de los comicios, del 3 de noviembre, será más dramático que en otras oportunidades. De entrada las limitaciones impuestas por la pandemia incrementarán el voto por correo. Hasta 40 por ciento de los estadounidenses, según encuestas, podrían optar por la vía postal. El Presidente Donald Trump anticipó, sin entregar antecedentes, que ello facilita un fraude electoral masivo. Señaló además que el posible pleito resultante podría crear una situación en que los resultados definitivos “no sean conocidos por meses o por años”. Esto llevó a Joe Biden, su adversario demócrata, a denunciarlo por querer “robarse la elección” y advertir que si ello ocurriese los militares lo sacarían de la Casa Blanca. Difícil imaginar un marco menos auspicioso para la elección de quien será el 46 avo presidente del país. Es un escenario de pesadilla para la mayor potencia del mundo donde se especula si el resultado de los comicios será respetado. Ello, porque se han sembrado dudas sobre la legitimidad de los comicios. Estados Unidos tiene experiencia en pleitos electorales mayores. En el 2000 la Corte Suprema dirimió entre el demócrata Al Gore y el republicano George Bush, a favor de éste último, luego de desestimar algunos resultados impugnados. En esta ocasión la polarización política alcanza niveles febriles que han llevado a algunos a calificar la próxima votación como una prueba existencial para la democracia del país. Para el perdedor no será fácil admitir su derrota. Ello ha llevado a la movilización de legiones de abogados para litigar ante resultados en disputa. Esta vez, sin embargo, los demócratas no apelarían a la Corte Suprema si decidieran cuestionar los resultados. En ella Trump tiene una clara mayoría. De enfrentar un pleito la primera instancia son los distintos estados federales después está el Colegio Electoral y, finalmente, el asunto recaerá en el Congreso. Los demócratas anticipan que recurrirán a la cámara baja donde debería debatirse el resultado. El oscuro panorama evoca el dicho que las elecciones no se ganan ni se pierden sino que, en este caso, se litigan. La desconfianza entre los contendores es profunda. Con más de 200.000 muertos a causa del Covid-19, Estados Unidos es el país más golpeado por la pandemia, hecho que se ha vuelto un factor decisivo en el debate electoral. Trump, que en un comienzo ignoró el impacto del mal, ahora apuesta por contar con una vacuna cuanto antes. La oposición demócrata sospecha que quiere politizar el tema y lo fustiga por su manejo general de la pandemia, culpándolo de haber minimizado su peligrosidad. Biden criticó los zigzagueos de su adversario: “Confío en las vacunas. Confío en los científicos. Pero no confío en Donald Trump”… “Y en este momento el pueblo estadounidense tampoco puede”. Las fricciones públicas entre el Presidente y altos funcionarios son frecuentes. Una de las más recientes tuvo lugar con Robert Redfield, director de los Centros para el Control de Enfermedades, quien descartó que una vacuna contra el coronavirus estuviese disponible masivamente antes de mediados de 2021 y dijo que “el uso de mascarillas puede ser más efectivo que la vacuna para evitar contagios”. Trump, que suele prescindir de mascarillas, lo desmintió de plano: “Cometió un error”, .aludiendo a la fecha en que contará con una vacuna y el empleo de mascarillas. El presidente insistió durante una conferencia de prensa que podría anunciarse una vacuna contra el Covid-19 en octubre o “un poco después” y prometió que la misma estará a disposición del público “inmediatamente”. El cambio climático es otro campo de choque. Los descomunales incendios forestales que han barrido tres estados de la costa del Pacífico, California, Oregón y Washington reciben respuestas muy diferentes de parte de los candidatos. Para Trump la magnitud de los siniestros responde a un pobre manejo forestal. A su juicio fue descuidada la limpieza de los bosques y ello permitió la acumulación de vegetación que sirvió de combustible para las llamas. Descartó que la devastación de enormes superficies por el fuego tenga como causa basal el calentamiento global. Biden, por su parte, motejó a Trump “pirómano climático” por su negación del fenómeno del cambio climático que es el responsable mayor de los voraces incendios. Las encuestas muestran que las políticas climáticas y la pandemia preocupan a la mayoría de los estadounidenses, pero las opiniones dependen del color político de cada cual. Respecto al cambio climático, una encuesta del Centro de Investigación Pew indicó en octubre que dos tercios de los estadounidenses, 67 por ciento, estimaban que el gobierno no hacía lo suficiente para mitigar sus efectos. En tanto, 71 por ciento de los demócratas aplaudían las políticas contra el cambio climático, 65 por ciento de los republicanos opinaba que esas políticas eran irrelevantes o incluso provocan más daños que beneficios al medio ambiente. Trump es culpado por haber recortado las regulaciones ambientales de protección forestal en California. Buena parte de los bosques en ese estado son controlados por el gobierno federal, es decir por la Casa Blanca. Latinos y América Latina Una de las batallas electorales decisivas se libra entre los latinos en Estados Unidos. En los próximos comicios 32 millones de hispanos, como denominan a los castellano hablantes, tendrán derecho a voto convirtiéndose en la principal minoría étnica que representará el 13,3 por ciento del electorado total, superando a los 30 millones votantes negros. Florida es un estado clave y oscilante pues allí venció el Presidente Barack Obama pero Hillary Clinton fue derrotada, aunque en condiciones poco regulares pues numerosos votos críticos le fueron anulados, por el mal funcionamiento de las máquinas que marcaban las papeletas. Es un estado que puede cargar la balanza a favor de un u otro candidato. Biden, de momento, estaría logrando un resultado bajo lo esperado entre los votantes latinos. Pese a ello, según encuestas recientes, tiene una leve ventaja sobre Trump. En lo que a las preferencias entre los latinos atañe los últimos sondeos señalan que Biden obtiene 53 por ciento frente a 37 de su rival. Los 16 puntos de ventaja pueden parecer óptimos pero representan 11 puntos menos de lo que obtuvo Hillary Clinton en 2016. Cifras que sorprenden pues ante la pregunta sobre quien enfrenta mejor la crisis del coronavirus los latinos, uno de los grupos más afectados, prefieren a Biden frente a Trump por 23 puntos. Los latinos, en todo caso, distan de ser un bloque monolítico. En su conjunto dos tercios favorecen a Biden. Entre los portorriqueños la proporción es 61 por ciento a favor de Biden contra 28 por ciento que opta por Trump. Pero entre los de origen cubano 55 por ciento favorece a Trump contra 36 por ciento que prefieren a Biden. Los mexicano-estadounidenses totalizan el 60 por ciento de los latinos, los portorriqueños suman 14 por ciento y los cubanos el 4,5 por ciento. La fuerza de los cubanos-americanos radica en que están más concentrados en la decisiva Florida. La estrategia de los republicanos en Florida, con 29 electores en juego, no apunta ganar el voto latino. Le basta que tengan un bajo nivel de participación, que mantenga los niveles del 2018 cuando los republicanos ganaron la gobernación y la carrera senatorial. Trump no espera, ni cuenta, con el voto latino para estos comicios. En su candidatura del 2016 promovió con considerable éxito la construcción de un muro en la frontera con México para detener la inmigración ilegal. En 2015, estigmatizó a los inmigrantes latinos tildándolos de “violadores” y “asesinos”. En dichos comicios obtuvo 28 por ciento de las preferencias entre los hispanos. Más que los porcentajes específicos de determinados grupos lo que cuenta es el resultado en ciertos estados claves. Calculadora en mano los republicanos han mostrado gran eficacia en sus tácticas electorales. La posibilidad de que los votantes se queden en casa les favorece. En las cifras finales de 2016 no hubo un crecimiento en el voto republicano, sino que una caída en los demócratas. En esta ocasión para incentivar el voto de las comunidades de exiliados cubanos y venezolanos Trump aseguró la elección de Mauricio Claver-Carone, uno de sus asesores en asuntos latinoamericanos, a la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Al hacerlo rompió un acuerdo tácito que aseguraba la elección de un latinoamericano a la presidencia del banco. Entre los objetivos del control absoluto del banco figura utilizar la concesión de créditos como una palanca para acentuar la presión para que países de la región aíslen a Cuba y Venezuela. También tendrá la misión de frenar la expansión de China en América Latina, sobre todo en grandes proyectos tecnológicos y energéticos. Otro de los temas críticos son las remesas de los latinos residentes en Estados Unidos. Para varios país latinoamericanos estos envíos constituyen la principal fuente de divisas Las remesas enviadas desde Estados Unidos de hispanos a sus familiares en América Latina, en el 2019, casi alcanzaron los 100.000 millones de dólares, según la organización Diálogo Interamericano. Es claro que el cuadro cambiará a la baja cuando se haga el balance del impacto del Covid-19. Algo que afectará a cientos miles de familias y a los principales estados receptores de la región. En términos de las relaciones con Latinoamérica Biden supera por mucho a Trump, en cuanto al conocimiento de la región. En su condición de Vicepresidente de Obama visitó América Latina en 16 ocasiones, algo que llevó a decir que le habían delegado el trato con los vecinos meridionales. En contraste, Trump visitó Latinoamérica en una sola ocasión con motivo de una reunión del G-20 en Buenos Aires. Su anfitrión fue el Presidente Mauricio Macri con cuya familia había hecho negocios. La inmigración de latinos a Estados Unidos es un tema central y uno de los s favoritos de Trump que promete continuar con la extensión del muro fronterizo. Barrera que ha sido dotada de avanzados sistemas de detección, amén de organizaciones de vigilantes, para impedir el cruce de la frontera. Su gobierno ha privilegiado el garrote antes que la zanahoria. En contraste la propuesta de Biden para la inmigración latina considera un fondo de cuatro mil millones de dólares para el primer período presidencial. El dinero será destinado a mitigar los factores que llevan a decenas de miles de mexicanos y latino americanos a cruzar el Río Grande para buscar empleos en Estados Unidos. América Latina, en todo caso, es poco relevante en el radar de la política exterior de Washington, Es algo que no cambiará cualquiera sea el vencedor en los comicios. Desde ya Washington cuenta con dos firmes aliados regionales. Jair Bolsonaro en Brasil e Iván Duque en Colombia. México bajo la presidencia de Andrés Manuel López Obrador ha buscado resolver sus diferencias con Estados Unidos reduciendo, hasta donde le sea posible, sus puntos de fricción. La Argentina atraviesa por un período de severa estrechez económica que limita su espacio de maniobra en el marco internacional. Chile ha mantenido su tradicional postura de proximidad con Washington. Es un cuadro en que la región, seriamente afectada sanitaria y económicamente por del Covid-19, está volcada a superar una situación en la cual aún no se vislumbra la luz al final del túnel. En definitiva el asunto no es si las campañas Trump o la de Biden imponen sus respectivas visiones sobre el futuro de Estados Unidos. El vencedor de la contienda será aquel que mejor interprete el sentir de la mayoría de sus compatriotas. También suele ocurrir que gana mayores adhesiones el candidato que menos ofende las sensibilidades públicas. Muchos votantes no tienen un claro favorito y optan sin entusiasmo por el mal menor. En todo caso a escasas semanas de los comicios ya están trazadas las líneas gruesas de las estrategias de los aspirantes demócratas y los incúmbete republicanos. Una advertencia: en el folklore político electoral estadounidense se habla de la sorpresa de octubre. Ella alude a un desarrollo político o la denuncia de algún escándalo político de última hora. Entre las especulaciones más mentadas figura un enfrentamiento armado con Irán, alguna escaramuza con China o el lanzamiento con bombos y platillos de una vacuna contra el Covid-.19

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Chile y la disputa por la supremacía mundial.

August 24, 2020 Comments off

 

 

Apenas concluyó la Segunda Guerra Mundial “una cortina de hierro”, en la célebre expresión de Winston Churchill, dividió a Europa y el mundo. Dos  bloques antagónicos  compitieron en todas las esferas. Con una limitación: tanto Estados Unidos como la Unión Soviética contaban  con armas nucleares.  Un  choque frontal significaba la destrucción de ambos. Como ninguna de las partes podía vencer a la otra en una conflagración, a temperaturas termonucleares, no tuvieron más remedio que derivar  a una “Guerra Fría”. Esto es enfrentarse, sin bombas atómicas, a través de terceros países interpuestos evitando así  riesgos mayores.  Este fue el escenario que dominó la segunda parte del siglo XX. Ningún país escapó al choque de las superpotencias y Chile, que buscó un camino propio,  pagó un alto precio por su original  “vía chilena”.

En Estados Unidos las insurgencias  nacionalistas y anticoloniales llamaron la atención del Presidente John F. Kennedy (1961-63), quien elevó las luchas irregulares en países del Tercer Mundo a la categoría de amenaza estratégica. Durante un viaje a Vietnam, en 1952, Kennedy apreció las dificultades que enfrentaban los colonialistas franceses. En otros países observó los brotes rebeldes de inspiración marxista, y captó que muchas insurgencias no obedecían a una instigación ideológica sino que emanaban de demandas sociales.

La llegada de Fidel Castro  al poder (1959) convenció a Kennedy que de poco servía el poder nuclear, y aun el convencional, si era ineficaz para enfrentar los retos insurgentes. A su juicio, el mayor desafío a la hegemonía norteamericana provendría de enfrentamientos menores en países periféricos.  El balance de fuerzas a nivel internacional variaría en el fragor de docenas de batallas sin  que ninguna de ellas fuese decisiva. Pero por esta vía  Estados Unidos vería limitado, en forma creciente, su espacio de maniobra  internacional.

Al llegar a la Casa Blanca Kennedy diseñó una estrategia  dual ante la insurgencia. En el plano económico y social promovió  programas de apoyo que detuvieran la radicalización de las sociedades más pobres: así, la Alianza para el Progreso dispuso fondos para el desarrollo de los países latinoamericanos, mientras los voluntarios de los Cuerpos de Paz canalizaban el idealismo juvenil; millares de jóvenes estadounidenses se repartieron por el mundo para trabajar en policlínicos, sanear aguas, ayudar a campesinos a mejorar sus cultivos o participar en programas de contracepción para moderar el crecimiento demográfico.

En el plano militar, entre tanto, se dotó de grandes recursos a las unidades de fuerzas especiales, los llamados Boinas Verdes, que debutaron  en Guatemala, donde  más de un millar combatió  entre 1966 y 1968.   Allí se cultivó la idea de que existía un enemigo interno que  era la extensión de los afanes de dominación del comunismo soviético. Esta convicción fue transmitida por el Pentágono a los militares latinoamericanos a través de la Escuela de las Américas donde  hasta 1984 se impartieron cursos a más de 50 mil oficiales de la región. En el  Manual de Terrorismo de la Escuela de las Américas, que depende del Comando Sur del Ejército de Estados Unidos, se lee: «Terroristas tales como Stalin, Lenin, Trotski, Guevara, Marighella y otros dejaron un legado de violencia que en el nombre de las masas oprimidas y las causas justas están estremeciendo al mundo. El advenimiento del terrorismo internacional y transnacional ha traído consigo numerosos grupos ávidos de venganza y odio a países del Tercer Mundo, de mercenarios ideológicos que han prestado su experiencia y conocimientos, bombas y armamentos a sus aliados políticos en cualquier parte del mundo».

Chile un caso especial

Desde una perspectiva internacional Chile es un país que, desde hace más de seis décadas ha servido de laboratorio para distintas estrategias políticas. Una suerte de modelo. Algo que comienza  con el gobierno del Presidente Eduardo Frei Montalva (1964-70). Entonces la Revolución Cubana se proyectaba como un atractivo referente de cambio político y gestión del Estado. Para contener a los revolucionarios caribeños Estados Unidos, bajo las órdenes de Kennedy, desplegó  su estrategia reformista. En síntesis, buscaba  modernizar los estados latinoamericanos que entre otras medidas contemplaba el fin de los latifundios mediante una reforma agraria. Este proceso en Chile fue llamado la Revolución en Libertad para contrastarlo con lo que ocurría en Cuba. El proceso tuvo éxito y falencias pero por sobre todo movilizó y radicalizó a un sector de la población. Esto condujo a una experiencia inédita a nivel mundial: la victoria, en 1970, de la coalición de izquierda con el Partido Comunista y el Partido Socialista como las fuerzas principales. La primera vez en el mundo  que un conglomerado marxista llegaba al gobierno en forma democrática, por la vía de las urnas. Una vez más Chile asumió un rol modélico que duró escasos tres años.

Entonces se vivían los tiempos más obscuros de la Guerra Fría. Washington percibió al proceso chileno como una amenaza estratégica pero no por su impacto regional. El entonces secretario de Estado Henry Kissinger se mofó de la irrelevancia estratégica señalando  que “Chile es una daga que apunta al corazón de la Antártica”. Ello no le impidió desestimar el resultado de las urnas al manifestar ante la elección del Presidente Salvador Allende: “Yo no veo porque tenemos que permitir que un país se torné marxista solo porque su gente es irresponsable”. Lo que realmente preocupaba a Washington era el impacto del proceso chileno en Europa. Allí los dos grandes partidos comunistas, el  francés y el italiano, seguían con la mayor atención  la evolución de la Unidad Popular  (UP)  que aunaba a los comunistas y socialistas. Semejante alianza tenía buenas posibilidades victoria electoral tanto en Italia como Francia. La llegada de los comunistas a dos  de los principales gobiernos europeos representa un serio revés para el futuro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la mayor alianza militar de occidente. En relación  a Chile el Presidente Richard Nixon decidió no correr riesgos y ordenó a la CIA causar el mayor caos posible “hasta  hacer chillar a la economía”. Para ese propósito la CIA dispuso de  diez millones de dólares entre 1971y 1973 para asegurar un desbarajuste económico y político.

En 1973, bajo Allende, Chile gozaba de plena libertad de prensa. Al punto que el principal periódico opositor, El Mercurio, recibía generosas ayudas de la CIA . Angello Codevilla, funcionario del Comité de Inteligencia del Senado de Estados Unidos declaró: “En lo que respecta al apoyo encubierto a un diario en Chile (El Mercurio), después de 1970, ello permitió a ese periódico sobrevivir a los intentos del régimen de Allende por silenciar toda la oposición y pudo servir de punto focal para las fuerzas que se oponían al régimen”.

América Latina está jalonada  por golpes de estado y dictaduras militares pero ninguna cosechó tanto repudio mundial como la chilena.  Las fuerzas armadas con el activo concurso de la derecha, el empresariado y Estados Unidos depusieron al gobierno. Fue un golpe de una violencia inusitada incluso para los estándares latinoamericanos. Las imágenes del bombardeo  aéreo  al  palacio presidencial, con Allende  en su interior, recorrieron el mundo. Allí quedó sellada a fuego para todas las latitudes el carácter de los golpistas guiados por  la máxima de quien puede lo más puede lo menos. Quien no teme disparar contra el primer mandatario nada le importará hacerlo contra ciudadanos ordinarios. La secuela era previsible: miles de chilenos fueron asesinados, decenas de miles torturados y  otros tantos huyeron del país.

El contraste no podía resultar más abrupto  Por su génesis,  democrática con respeto a la legislación e institucionalidad, la UP  concitó un interés análogo al que despertaron los republicanos en su lucha contra el fascismo en la Guerra Civil Española. A Chile no vinieron brigadas internacionales para defender el estado de derecho pero sí desfilaron millares de latinoamericanos y europeos que deseaban empaparse de los aires de cambio de  una experiencia política original. Decenas de miles de jóvenes engrosaron las filas de masivas campañas de solidaridad en apoyo a los chilenos perseguidos por sus  convicciones políticas. Ello ocurría en un período de aguda polarización internacional en que  Estados Unidos enfilaba hacia una derrota en  Vietnam.

Quiebre del orden internacional.

Establecer paralelos y analogías a lo largo de la historia es una tentación frecuente Hoy está en boga proclamar que el mundo camina a una nueva Guerra Fría. Es cierto que está en proceso el desacople entre las economías de Estados Unidos y China. Es una ofensiva iniciada por Washington que pretende mantener a raya a Beijing para preservar su  hegemonía frente a la emergente potencia asiática. En la superficie hay ciertas similitudes con lo vivido en  la segunda mitad del siglo pasado. Pero hay, sin embargo, diferencias tan profundas que es engañoso utilizar el mismo concepto para ambas situaciones.

La enemistad entre lasUnión Soviética y Estados Unidos respondía a dos visiones antagónicas del mundo. El comunismo soviético buscaba la destrucción del capitalismo occidental mientras éste último pretendía lo mismo frente a su adversario. Era una pugna, así al menos lo entendían ambas partes, que debía culminar con la victoria de uno y la derrota del otro. Todo se politizó en esa perspectiva. Las medallas de los Juegos Olímpicos debían dar cuenta de la superioridad de uno u otro campo. Quién lanzaba el primer satélite o pisaba antes la luna. Cualquier rincón del mundo, por irrelevante que fuera, entraba en disputa por la mera sospecha que el adversario mostraba interés.

Estados Unidos observa con preocupación, desde hace décadas,  el auge chino en el campo económico,  diplomático, militar y tecnológico. Pero a la vez China ha representado un gran mercado. General Motors vende más autos en China que en Estados Unidos. Beijing ha comparado fortunas en bonos del Tesoro  estadounidense.  De muchas maneras ambos países imbricaron sus respectivas economías. El Presidente Donald Trump decidió poner alto a esto convencido que China sacaba mayor ventaja que su país de esta relación Esta postura ya existía bajo el Presidente Barack Obama que propuso el  Tratado Transpacífico de Asociación (TPP, por su sigla en inglés), precisamente para frenar la expansión comercial China. Trump, fiel a su estilo agresivo,  ha  llevado la pugna a nuevos niveles que incluyen la esfera tecnológica y la sanción a empresas chinas por su relación  con el Partido Comunista de dicho país.

Pero más que una objeción ideológica es una expresión oportunismo  nacionalista.  En las décadas de los 70 y 80 la agresividad de los estadounidenses estaba volcada contra Japón. Entonces se decía que Tokio pretendía lograr de cuello y corbata lo que no consiguió de uniforme. Nada más conveniente que un enemigo externo para galvanizar los sentimientos patrióticos. El secretario de Estado Mike Pompeo presenta el conflicto como una causa noble que atañe al mundo entero. En una reciente disertación titulada “China comunista y el futuro del mundo libre”   dejó la sensación de  deja vu. Postuló que “Defender nuestras libertades frente al Partido Comunista chino es la misión de nuestro tiempo”.

Los tiempos son muy distintos. Santiago nunca tuvo que elegir campos durante la Guerra Fría. Siempre estuvo anclado en Occidente. Y cuando el gobierno de la UP solicitó el apoyo soviético éste no estuvo disponible. Moscú estimó que no estaba en condiciones de hacerse cargo del proceso chileno pese a sus estrechos lazos con los comunistas criollos.

China no está  preocupada si los que gobiernan los países son de  izquierda o derecha. Ello a tal punto que mantuvieron  óptimas relaciones durante el período dictatorial y  siguieron así con el retorno a la democracia.    Beijing tiene una postura pragmática y se relaciona con quien le convenga. Estados Unidos, por su parte, busca  alinear al resto de los países con sus posiciones. Chile   ya experimenta presiones por parte de Washington para que no compre el sistema de transmisión ultra rápido 5G ofertado por Huawei.  Está por verse  cuan profundo será el quiebre internacional que está en desarrollo. Pero cualquiera sea la brecha ella no será ideológica y, por lo tanto,  no se proyectará en el seno de los países como ocurrió en la Guerra Fría.

 

 

 

 

 

Las incógnitas del post covid.

July 27, 2020 Comments off

 

Las prolongadas e inéditas cuarentenas alimentan el ansia por ver la luz al final del túnel.  Los hechos, sin embargo,   no proveen  antecedentes  para aventurar qué cambiará, y en qué dirección, tras la pandemia. En los conflictos bélicos se alude a la “niebla de la guerra” como metáfora para describir las múltiples incógnitas en el campo de batalla. Frente al covid -19 y sus consecuencias la niebla es muy densa. De partida no hay unanimidad entre los científicos sobre las características del virus y sus formas de transmisión. Algo reflejado en el debate sobre la hipótesis sobre si es posible lograr una “inmunidad de rebaño”, merced a un determinado porcentaje de infectados. Aunque con el acopio de evidencia  la tesis de la  inmunidad grupal ha perdido apoyo entre los virólogos.

Un enigma clave a esclarecer es cómo evolucionará la enfermedad. Por qué afecta más hombres que a mujeres, por qué ataca con mayor virulencia a ciertos grupos étnicos  e incluso, en ciertos países,  algunas regiones son más afectadas que otras. Las investigaciones señalan que circulan  miles de variaciones de cepas de covid -19 y que,  por ejemplo, la que atacó Wuhan, en China, no es idéntica a la que afectó a Italia. El virus, en su forma actual,  es muy infeccioso pero su letalidad es baja entre personas jóvenes con buena salud. La cepa dominante es el Sars-CoV-2, como es designado el virus causante del Covid 19. Pero como ocurrió con la Gripe Española puede disparar  su nivel de mortalidad.  Ese virus  cegó decenas de millones de vidas. Fue una  tipo de influenza aviar, que apareció en Estados Unidos en 1917, pasando de aves a humanos y llevada a Europa por soldados que combatieron en la Primera Guerra Mundial.  La primera ola tuvo mínimo impacto. Más de diez mil marineros, de la Gran Flota británica, la contrajeron y solo cuatro de ellos murieron. Pero pocos meses después volvió a la carga un virus mutado que devastó el viejo continente.  Se estima que unos cincuenta millones sucumbieron a sus fiebres y daños al sistema respiratorio. En lo que toca a la coronavirus vigente  la  noticia tranquilizadora, hasta el momento,  es que muta con lentitud. Ello es auspicioso para la efectividad de una futura vacuna.

Los científicos  clamaban  a coro que la llegada de una pandemia viral era solo cuestión de tiempo. Bastaba con mirar las estadísticas: el planeta experimentaba epidemias cada veinte a treinta años. Pero ahora ya había pasado más de medio siglo años sin una de ellas. Los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS)  encargados de monitorear la  evolución de los virus   manifestaron hace casi un par de décadas que la fiebre aviar “representaba el mayor peligro posible y que una pandemia de esta gripe podría matar, según los cálculos de los epidemiólogos, entre siete y veinte millones de personas». En el caso del covid-19 se cree que el portador del virus fue un murciélago que infectó a un pangolín.

La dura experiencia actual refuerza lo que ya se sabía: el aviso temprano de cualquier brote es clave para detener el avance del virus. El Presidente Donald Trump recrimina a China  por no haber dado antes  la alarma. Para impedir que se repita el error  lo lógico sería fortalecer  a la OMS, y no retirarse de ella como lo ha hecho Estados Unidos. Porque los antecedentes han validado las palabras del virólogo inglés John Oxford que advirtió: «No importa donde empiece la pandemia, estará ante nuestras puertas en doce horas. Nadie puede decir que ese no es un problema nuestro».

Avanza la zoonosis.

En las últimas décadas, en todo caso  aumenta la percepción  que algo ha empeorado en la relación entre los humanos y la naturaleza. La mayor conciencia proviene, sin duda, de los efectos del calentamiento global. Crece ahora la  legión de los que piensan que la crisis  del covid-19 tiene sus raíces en la destrucción del medio ambiente.  Los científicos concurren en que el virus que recorre el mundo es producto de una zoonosis, una enfermedad transmitida de animales a humanos. A través de este proceso  ocurren enfermedades como la fiebre porcina, el síndrome respiratorio agudo grave, el virus del Nilo occidental, la fiebre aviar en sus distintas versiones, el zika, el dengue y otros. Los patógenos viven en lo que los científicos llaman un «huésped reservorio», es decir el mosquito, ave o animal portador. Cerca de las tres cuartas partes de las enfermedades infecciosas emergentes pasan de animales a humanos. Cerca de dos millones de personas mueren cada año de enfermedades zoonoticas que desde el año 2000 han tenido un costo de cien mil millones de dólares

El problema se agudizará porque avanza  la invasión humana de los hábitats de las especies silvestres,  ello por la vía  de la ampliación de las fronteras agrícolas con la  destrucción de selvas. Así aumentan las personas  expuestas a los agentes patógenos que generalmente están confinados en lugares remotos.  Según David Hayman, de la Universidad de Massey en Nueva Zelanda, “En el siglo pasado, se destruyó aproximadamente la mitad de las selvas tropicales, en las que viven alrededor de dos tercios de todos los seres vivos del mundo. Esta grave pérdida de hábitat afecta a todo el ecosistema, incluyendo a las “infecciones”. Inger Andersen, directora ejecutiva Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, estima por su parte que:  “La ciencia es clara al respecto: si seguimos  explotando la vida  silvestre   y destruyendo los ecosistemas, entonces en los años venideros podemos esperar  un flujo constante de estas enfermedades que pasan de animales a humanos”.

Intenciones de cambios

Como saldrá cada país de esta experiencia traumática, el  mayor confinamiento colectivo  experimentado por el mundo, es algo que está por verse. Mucho dependerá de cuan profundo sea el daño causado por la enfermedad. La memoria colectiva es frágil y a poco andar de los desastres las cosas vuelve al cauce anterior. Ocurre con  los  terremotos que son recurrentes. Epidemias hay cada tanto pero una pandemia como esta no ocurría desde hace un siglo.  Con   esta  frecuencia serán pocos los que se preocuparán por lo que ocurrirá en generaciones venideras. La inercia tiene una enorme gravitación, en forma instintiva la gente se inclina por restaurar sus viejos hábitos.

Pese a ello en París. Amsterdam y otras grandes ciudades  se habla de aprovechar la drástica baja del tráfico vehicular para excluir, en forma creciente,  los automóviles que contaminan con sus emisiones, ruidos y la ocupación de grandes superficies.

En Estados Unidos, en  el Partido Demócrata,  circula un documento económico y medioambiental titulado  Green New Deal, (Nuevo Trato Verde) en el que, evocando al New Deal del Presidente  Franklin Delano Roosevelt (1933-45), avanza cambios profundos a través de una reducción drástica de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), la renovación de infraestructuras y mayor eficiencia energética. Muchas de estas ideas estuvieron presentes en el programa de gobierno del Presidente Barack Obama,  pero se estrelló contra los grupos de interés y  solo consiguió avances limitados. Muchos puntos del Nuevo Trato Verde, en caso que ganase Joe Bien, el candidato demócrata, en noviembre, marcarían  un viraje en 180 grados frente a las políticas de Trump. De entrada, muchas de las iniciativas implican  ampliar de manera significativa el radio de acción del Estado.

Biden, por su parte,  sorprendió a  muchos con la presentación, a mediados de julio, de su programa electoral en el cual se aprecia un giro a la izquierda. Lo normal es que el candidato, con la nominación en mano, vire al centro para ganar a los votantes menos convencidos Allí postula ambiciosas metas para el desarrollo de energías limpias  y de protección ambiental. Entre sus propuestas destaca destinar dos  trillones de dólares  en inversiones para energías renovables  e infraestructuras para ser ejecutadas en los cuatro años de su mandato. Pero no es una propuesta solo técnica,  40 por ciento de estas inversiones serán dirigidas a mejorar las condiciones de las comunidades negras y latinas que viven  en las zonas más tóxicas de la economía fósil.  Son  los grupos que han sido  más afectados por la pandemia. Biden promete inversiones para lograr nuevos niveles que permitan a Estados Unidos convertirse en un país de bajas emisiones de carbono para 2035. En la práctica Biden hizo suyas las propuestas del Nuevo Trato Verde.  Es esperable que un viejo político como él no salte a la piscina sin asegurarse que tiene agua. Según encuestas recientes 61 por ciento de los votantes menores de 45 años expresaron que votarían por Biden si les  aseguraba una transición a una economía de energías limpias.  Un 14 por ciento de los consultados dijo que semejante propósito los alejaría del candidato demócrata. Mucha agua correrá aún bajo los puentes del Potomac antes de conocer  al vencedor de los comicios estadounidenses.

Los europeos, encabezados por la alemana Ursula von der Leyen, la  presidenta  de la Comisión Europea, han señalado que la crisis climática es “una amenaza existencial” para la humanidad.  Von der Leyen, ha propuesto metas  en lo que  ha llamado un “Pacto Verde” , que busca convertir a la Unión Europea (UE) en un continente climáticamente neutro de aquí al 2050. Esto es que las emisiones de CO2  y otros gases de efecto invernadero  (GEI) sean reducidos y compensados con, por ejemplo, la reforestación. Es una meta  que exige medidas radicales en muchos campos que abarcan el transporte, la energía, la agricultura, procesos extractivos e industriales,  los hábitos de consumo ciudadanos, entre otros. Es decir, afectan al conjunto de las economías y el estilo de vida de las personas.

En el rubro del transporte, por ejemplo,  será necesario revisar las normas de emisiones de vehículos de los 27 países miembros. Ya se esbozan planes para la expansión de las redes ferroviarias del continente. La electro movilidad pasa a primera línea  y para ello se anticipa la instalación de un millón de puntos de recarga de baterías para automóviles.

La Comisión propone que al menos 25 por ciento del presupuesto de la UE esté destinado a la transición ecológica. Según los cálculos  serán necesarios unos 300 mil millones de euros  para alcanzar el objetivo fijado al 2050. Desde  2021 40 por ciento del presupuesto destinado a la política agrícola común  y 30 por ciento de los subsidios a las pesquerías irá a la reducción de las emisiones de los GEI. A nivel internacional todo nuevo acuerdo comercial estará condicionado a que los países cumplan con lo estipulado en el Acuerdo de París, firmado en 2015. Los productos destinados a la UE deberán cumplir  con las mismas exigencias que sus productores. La propuesta debería tener una buena acogida entre los  eurodiputados que declararon, en noviembre, la “emergencia climática” en Europa.

Von der Leyen afirmó que el  Pacto Verde “no es solo una necesidad, será un motor de nuevas oportunidades económicas”. A la par advirtió  que las propuestas transformarán el estilo de vida, de consumo y de trabajo, pero velando por los que se vean más afectados por los cambios. Von der Leyen habló de una “transición justa” y para ello espera disponer de hasta cien mil millones de euros entre 2021 y 2027. El fondo estará destinado a ayudar a los países más dependientes del carbón de Europa oriental, con Polonia a la cabeza. Está por ver si el  Pacto Verde es una declaración de intenciones o será una efectiva hoja de ruta para la mejora del medio ambiente. Estos propósitos fueron formulados antes del estallido de la pandemia. Está aún fresca en la memoria la  crisis financiera del 2008 que obligó a la postergación  de una serie de iniciativas destinadas la protección del medio ambiente

Si hay una certeza en cuanto al post covid es que aguardan tiempos difíciles. Las proyecciones de desempleo son  intimidantes. Numerosas industrias y servicios, como el turismo, tendrán severas dificultades para volver a  sus niveles anteriores. Para América Latina,  con sus frágiles  economías dependientes  en alto grado de exportaciones de materias próximas, el cuadro es particularmente desafiante. Ante la nueva realidad se verá si las  intenciones para reestructurar las sociedades, con una perspectiva amigable con el medio ambiento,  son cumplidas

 

 

 

Estados Unidos: democracia amenazada.

June 21, 2020 Comments off

 

Manifestantes cercaron la Casa Blanca. En su interior cundió la alarma y el Presidente Donald Tump fue llevado al bunker. Para vengar la afrenta Trump  decidió movilizar a cinco mil efectivos de la Guardia Nacional, el ejército de reserva, junto con alertar a unidades de reacción rápida  de la 82ava División  Aerotransportada del ejército regular. En un intento por amedrentar a los que protestaban por la muerte de George Floyd, a manos de un policía, fueron despachados dos helicópteros de la Guardia Nacional que volaron a ras de techos sobre Washington. Ejecutaban tácticas utilizadas en operaciones bélicas, en Irak y Afganistán,  denominadas “presencia persistente” destinada a dispersar a los enemigos. Trump y algunos mandos militares señalaron, en términos bélicos, que para controlar a la muchedumbre  las tropas debían dominar el “espacio de batalla”. La expresión más concreta de este afán fue la caminata de Trump para posar ante la iglesia de St John con una biblia en mano. En el proceso cientos de manifestantes pacíficos fueron agredidos con bombas lacrimógenas y balines de goma. En la  desafiante salida de la Casa Blanca estuvo acompañado por el general de mayor rango  Mark A Milley,    Jefe del Estado Mayor Conjunto. En varias alocuciones Trump amenazó con sacar a las fuerzas armadas a las calles para derrotar al “terrorismo doméstico” y restablecer el orden y el imperio de ley.

La postura presidencial incomodó a los militares que históricamente se rigen  por  la Posse Comitatus Act, que data de 1878,  que restringe en forma drástica el despliegue de militares  dentro del territorio nacional para asuntos de orden interno. Las fuerzas armadas estadounidenses cuentan con una alta estima pública, en gran medida, por su ausencia en los asuntos políticos del país. Varios generales y almirantes en retiro manifestaron su rechazo al empleo de tropas contra compatriotas que ejercían el derecho a manifestar sus puntos de vista. En una declaración inusual el propio Milley dijo: “No debí estar allí…  mi presencia en ese momento   y en ese ambiente creó la percepción que los militares están involucrados en política doméstica”.

Mike Mullen, un almirante ( r) que asesoró a los gobiernos de George W Bush y Barack  Obama, fue más explícito: “Nosotros tenemos militares para luchar contra nuestros enemigos, no contra nuestro propio pueblo”. El oficial agregó que si las tropas saliesen a las calles arriesgarían perder la confianza pública que ha tomado 50 años restaurar, luego de la Guerra de Vietnam. A propósito de las acusaciones de racismo y discriminación sistémica en Estados Unidos Mullen apuntó a la falta de diversidad en el alto mando castrense. De los 41 oficiales de más alto rango 36 son hombres blancos. Ello en circunstancias  que 43 por ciento, de los 1,3 millones  de hombres y mujeres  en servicio activo, son de color.

El propio ministro de Defensa  Mark Esper tomó distancia del primer mandatario: “La opción  de emplear fuerzas en servicio activo en tareas de cumplimiento de la ley  solo debe ser un recurso de última instancia y solo en la más urgente y drásticas de las situaciones. No estamos en una de esas circunstancias  ahora”. El Pentágono, por la boca de numerosos comandantes,  fue categórico en el rechazo a llevar a cabo las amenazas presidenciales. A tal punto que se estimó que la renuncia de Esper era cuestión de días. Pero Trump acusó el golpe y suavizó su retórica ante una audiencia que votó mayoritariamente por él en la elección pasada. Encuestas realizadas entre militares en retiro mostraron que alrededor del 60 por ciento de los consultados le dieron el voto. Preferencias que resultaron decisivas en algunos estados que cargan la balanza.

Racismo estructural.

El desplante bélico de la Casa Blanca, en todo caso,  apuntaba a ganar electores con miras a lograr   un segundo mandato para su actual inquilino. De cara a sus votantes le ha servido para proyectarse como un Presidente defensor de la ley y el orden.   Además le permitió cambiar el foco de atención de los estragos causados por el Covid 19 . El país encabeza el ranking mundial, en términos absolutos,   de muertes por la pandemia y supera los 120 mil fallecidos con más de 2,20 millones de infectados.  Antes que el flagelo se expandiera por el país uno de cada tres hombres, entre los 18 y los 34 años,  era pobre con ingresos inferiores a los veinte mil dólares anuales. En total 30 millones de individuos. Ahora la crisis económica alcanza proporciones  mayores con más de 40 millones de desempleados. Un alto porcentaje de los que cesantes son parte de la base de apoyo de Trump: trabajadores blancos con escasa calificación.   La situación entre la población latina y negra es mucho más precaria. Algo que sobresale en las estadísticas de muertes a causa de la corona virus. En Chicago los negros  constituyen  un tercio de la población pero acumulan sesenta por ciento de las muertes.  La explicación para semejante incongruencia es el denominado “racismo estructural”. Según Kathie Kane-Willis, que se desempeña en la Chicago Urban League: “Toda esta crisis ha desnudado cuan desigual e inequitativa es nuestra sociedad”. El cuadro se repite con pocas variaciones  a lo largo del país. En Georgia los negros son algo menos de un tercio de la población pero aportan más de la mitad de los muertos.

 Estrategia de polarización.

La estrategia de la polarización ha dado buenos dividendos a Trump. La construcción de un muro en la frontera con México, en la campaña del 2016,  le ganó votantes. Entonces atizó los sentimientos xenófobos contra los inmigrantes latinos. Uno de los eslóganes centrales fue: “Hacer que América vuelva a ser grande”. Dado que Estados Unidos enfrentaba años de estancamiento económico era una referencia a tiempos mejores.   Distantes estaban los días en que cada generación aspiraba a vivir mejor que la precedente. Era la nostalgia al período previo a la globalización en que el país era la potencia industrial indisputada y los trabajadores devengaban buenos salarios. Una invocación al poder nativista. Los nativos, en la narrativa de la extrema derecha, corresponden a una amplia capa de hombres blancos, en su mayoría empobrecidos y de clases medias en declinación  que anhelan a separarse de las minorías tanto por color de piel, cultura, religión con un fuerte acento anti islámico y antisemita. Los musulmanes fueron agredidos asociándoles con el terrorismo, Trump denunció que  Obama era musulmán y había nacido fuera de Estados Unidos, en África. Ambas imputaciones eran  infundadas. Los nativistas junto a una serie de iglesias evangélicas son parte del núcleo duro del trumpismo.

Ahora el enemigo es China a la que acusa de ser la causante de la pandemia.  Claro, hay un gran mar de fondo pues Beijing ha sido calificado como  un adversario estratégico de Washington. Una visión que comparte el grueso de la elite política que teme que el país asiático disputará,   en forma gradual, la hegemonía que ejerce Estados Unidos. Trump ha llevado al  país a una dura confrontación comercial con el Reino Medio. Es una campaña que aspira a galvanizar a la población, apelando al espíritu patriótico, para que cierre filas tras suyo.

Temores electorales.

De cara a las elecciones presidenciales, en noviembre,  Trump se pone el parche ante la herida y denuncia que enfrentará un fraude electoral.  Es un recurso al cual ya ha echado mano. En febrero del 2016 perdió la contienda electoral  contra su correligionario el senador  Ted Cruz en la primaria del estado de Iowa. Entonces Trump,  sin mayor base,  tuiteó “ Ted Cruz no ganó en Iowa, él la robó”. Exigió la repetición de los comicios pero ello no ocurrió.  A lo largo de la  campaña contra Hillary Clinton en repetidas oportunidades acusó a sus rivales demócratas de tramar un fraude para escamotearle la victoria. Tampoco entonces aportó evidencias.

El aparato electoral estadounidense es complejo. Cada uno de los estados adopta sus propios criterios sobre cuáles son los requisitos para votar. Como no existe un documento nacional de identificación es necesario inscribirse. Pero los documentos de acreditación varían. En algunos estados se presenta el carnet para conducir. En otros se exige documentos de  la seguridad social. En cuestión de votos hay dos maneras de ganar. La mejor opción  es tener la mayor cantidad de ellos. Pero si eso no se consigue la alternativa es impedir el sufragio de los rivales.  Esta táctica  es  conocida como “supresión de voto”  y es muy recurrida desde hace mucho en Estados Unidos. Apunta en particular a dificultar el voto de negros y latinos. Dado que el partido republicano tiene una votación escasa entre estas comunidades le conviene obstaculizar su participación.

Dada la pandemia se postula ampliar las posibilidades del voto postal. Pero los republicanos con Trump  estiman que ello facilitaría el fraude electoral. En los hechos no hay evidencia que votar por correo favorecería a uno u otro partido. Lo que sí es claro que obligar a las personas a concurrir a los centros de votación disminuye la participación. Al respecto una nota editorial del New York Times ironizaba: “No hay una mayoría republicana en América, salvo en el día de las elecciones”. La imperfección del sistema electoral quedó expuesta por el hecho que Hillary Clinton superó por casi tres de millones de votos a Trump. Pero éste se impuso gracias a su mayoría en el Colegio Electoral compuesto delegados elegidos por los estados que son los que escogen al presidente.

Muchos comicios han resultado con escasa diferencia entre ambos candidatos. En 1960 John F. Kennedy derrotó por magros  133 mil votos a Richard Nixon. El sistema colapsó por completo en el 2000 cuando  George W Bush superó de manera muy cuestionada al demócrata Al Gore.  En la ocasión fallaron algunas máquinas que marcaban los votos y una cantidad de papeletas fue descartada en el estado de Florida que fue decisivo para la victoria de Bush. Después de semanas de disputas fue la Corte Suprema la que adjudicó al vencedor.

Ante el amenazante  pronóstico de las encuestas Trump  ha intensificado sus denuncias ante un fraude electoral en ciernes. Esto ha encendido las luces rojas entre sus adversarios. El destacado economista Nouriel Roubini visualiza el siguiente  escenario: “O bien Trump se mantendrá en el cargo… o perderá  por un pequeño margen, pero no aceptará el resultado… culpará a China, Rusia, a los negros a los inmigrantes  y actuará como el dictador de una república bananera. Llamará a sus seguidores  a armarse. Hay bastante fascista blanco armado dándose vuelta por ahí”

Joe Biden, el candidato demócrata a la presidencia, viene de declarar que su mayor preocupación es  que: “Este Presidente  tratará de robar esta elección”.   Pero es  optimista ya que está absolutamente convencido que los militares “lo escoltaran fuera de la Casa Blanca con gran rapidez”.  Confía que en  caso de  ser derrotado los uniformados no le permitirán atrincherarse en la casa de gobierno. Mal augurio, en todo caso, cuando los dos candidatos presidenciales se acusan mutuamente de sabotear el resultado de las urnas. Mucho dependerá del margen de diferencia de votos obtenidos por cada cual.

Estados Unidos tiene una enorme gravitación en la esfera del poder blando: el de los valores, la cultura, las comunicaciones. La brutalidad policial está lejos de ser monopolio estadounidense al igual que el racismo. Cuando ocurren quiebres en la nación que obra como modelo las repercusiones se multiplican de  más allá de sus fronteras. Ahí está el decir  que cuando Estados Unidos estornuda el resto del mundo se resfría. Machismo, abusos  y acoso sexual hay en todo el planeta. Pero las denuncias del movimiento “me too” estadounidense, surgido en 2017, encontraron un gran eco internacional. Las imágenes viralizadas de Floyd  asesinado a sangre  fría por un policía provocaron manifestaciones antirracistas en muchas ciudades de Estados Unidos y del resto del mundo. Un rasgo esperanzador es que también muchos blancos participaron en las protestas. A fin de cuentas, quiérase o no, la globalización con sus características afecta a todos.

Globalización en pausa.

May 25, 2020 Comments off

 

 

“Achicó al mundo” es uno de los eufemismos empelados para describir el impacto de la globalización. Con ello se describe la creciente integración cultural y económica entre distintos puntos del planeta. En la misma vena algunos fueron más lejos y proclamaron que la “tierra es plana”. Con ello no aludían a la realidad geográfica, bien establecida por Cristóbal Colón y su reputado huevo, sino que al proceso de globalización que allana fronteras y uniforma los mercados. Son numerosos, sin embargo,  los que estiman  que el mundo es todavía redondo, con sus  divisiones entre Norte y Sur. Las brechas, que separan a distintas regiones en el acceso a la riqueza y los avances tecnológicos impiden proclamar que el planeta es una llanura por la que todos pueden transitar en relativa igualdad.  Dicho en términos coloquiales está lejos de ser una cancha pareja.

Ahora  el Covid 19  ha puesto en boga afirmar  que “la historia se ha acelerado”.  Una manera de decir que las tendencias en curso han ganado velocidad. En lo que toca a la globalización  se apreciaba  una disminución de su ritmo de avance frenético desde la década de los 80 del siglo pasado. Entonces la caída de la Unión Soviética, con el consecuente fin de la Guerra Fría, coincidió con el auge de los gobiernos neo liberales de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Ambos,  por la vía de privatizaciones y la desregulación, facilitaron la expansión de las empresas transnacionales que constituyeron el motor de la globalización. En1970 había 7 mil compañías en esta categoría. Al comenzar el segundo milenio pasaban de 53 mil con 450 mil empresas subsidiarias fuera de su país de origen. Ahora superan  las 250 mil con casi un millón de filiales. La expansión fue impulsada por la  liberación de trabas políticas, que permitieron relocalizar sus operaciones para sacar el mejor partido a países con mano de obra barata y bajo estándares de protección  laboral y medio ambiental. Asimismo enormes desarrollos tecnológicos en la computación, las telecomunicaciones y el transporte facilitaron  la puesta  a punto del método just in time (justo a tiempo), -ello permitió  un auge sin precedentes  del comercio con el masivo desplazamiento de mercancías. Los procesos productivos transnacionales con veloces cadenas de abastecedores  consiguen ahorros importantes sin tener que almacenar grandes volúmenes de mercancías y repuestos.   Se estima que más de dos tercios del comercio mundial se realiza entre empresas transnacionales con las estadounidenses a la cabeza seguidas de las chinas.

Inmigración un eslabón débil 

Hasta hace pocos años existía   la percepción generalizada  que la globalización fortalecía los estados más fuertes en detrimento de los menos desarrollados. Esta visión fue acuñada en la frase: “Hay estados globalizadores y hay estados globalizados”. Resulta paradojal entonces que sea entre los  globalizadores donde surge la mayor oposición al proceso de internacionalización de los procesos productivos.  También es llamativo que la globalización ha creado una situación contradictoria: mientras abre las fronteras al paso de mercancías, las presiones migratorias las cierran para muchos ciudadanos provenientes de regiones más pobres. Ahora, sin embargo, muchos inmigrantes vuelven a sus países de origen ante la caída del empleo y sus ingresos

Pese a las restricciones más de 200 millones de  individuos despachan  remesas  a sus familias. Son una inyección a la vena para mil millones de personas, es decir, uno de cada siete habitantes del mundo. El  Banco Mundial pronostica que las remesas de inmigrantes a nivel mundial caerán en un 20 por ciento, unos cien mil millones de dólares. Esto es  de 554 mil millones de dólares a 445 mil millones. Esta contracción representará un duro golpe para varias economías latinoamericanas. Para México las remesas constituyen su segunda  mayor fuente de divisas. El año pasado totalizaron un récor  de  36.048 millones de dólares,  En su conjunto América Latina recibió en 2019 103.000 millones de dólares. Las tres cuartas partes de las remesas provienen de Estados Unidos. Allí la comunidad migrante latina ,  que  habitualmente se emplea en el sector servicios o en la construcción, es una de las más vulnerables. Además está excluida de seguridad social y por lo tanto fuera de los paquetes de ayuda aprobados para capear la crisis

El virus que congela la globalización.

No hay nada más antiglobalización que el Covid 19.La pandemia en curso ha fortalecido a los enemigos de la globalización. Las políticas proteccionistas, como la proclamada por  “América primero”, del gobierno de Donald Trump, constituyeron una amenaza temprana a las cadenas de abastecimientos internacionales. La victoria del Brexit duro en Gran Bretaña enfiló en la misma dirección. Incluso entre los 27 países que integran la Unión Europea  han prevalecido las políticas de los diversos estados nacionales antes que una postura común en una serie de materias de importancia estratégica.  Incluso en América Latina el Mercosur, una de las escasas instancias  que coordina políticas económicas en el Cono Sur, ha quedado en una virtual suspensión.

En todas las latitudes se observa un  retorno a las soberanías nacionales.  La noción de autosuficiencia antes difusa, vuelve a la palestra con la búsqueda de mayor seguridad sanitaria. Por ejemplo, el sector farmacéutico de  Alemania, al igual que Francia, depende en un 80 por ciento del exterior –y en un 40 por ciento de China– para el suministro de ciertos principios activos de medicamentos.  Asimismo, la seguridad alimentaria y energética figura alto en las agendas estatales.

El Covid-19 es bencina al fuego para quienes atizan las llamas del nacional populismo. Para ganar credibilidad esta corriente requiere de un enemigo percibido por la población. China les ha venido como anillo al dedo. Beijing ya era acusado de prácticas comerciales desleales.  Se le culpaba de robo de propiedad intelectual  y manipular el valor de su moneda. De  destruir vastos sectores industriales y causar la ruina de empresas mediante la relocalización que devastaba económicamente regiones enteras. Ahora se suma la pandemia, “el virus chino” en palabras de Trump.  Como si esto no bastara las Naciones Unidas, vista desde hace mucho con profunda suspicacia por la extrema derecha estadounidense,  a través de la Organización Mundial de la Salud (OMS), encomió el rol del Estado chino en la lucha contra el corona virus actual. Un blanco redondo para  la campaña electoral de Trump pues le permite aunar varias reivindicaciones de su electorado. Incluso numerosos  demócratas, partidarios de la globalización, coinciden con los republicanos en la sinofobia.. La decisión de desacoplar la economía estadounidense de la china tiene amplio  respaldo bipartidista.  En especial en los sectores de tecnología de punta como la 5G.  El trasfondo es la disputa por la hegemonía  económica mundial. Baste considerar lo que ha ocurrido desde la epidemia  del Sindrome Respiratorio Agudo Severo que asoló a China en 2003. Entonces  representaba cuatro por ciento de la producción mundial. Hoy alcanza al 16 por ciento. Esta cota llevó a China a ser el primer país exportador del mundo ¿Es posible una vuelta atrás en la actual división internacional del trabajo que ha convertido al país asiático en la principal usina del planeta?  La filosofía subyacente en la estructuración de las cadenas de valor mundiales ha sido  la de las ventajas comparativas.

En caso que…

 

Desde la óptica de las desventajas la distancia perdió gravitación frente a los beneficios de una mano de obra muchísimo más económica y altamente disciplinada. China y el sudeste asiático además ofrecieron inmensos mercados consumidores. En 2019 Generals Motors (GM) – cabe recordar el viejo decir que “lo que es bueno para GM es bueno para Estados Unidos”-  vendió más vehículos en China que en  casa.  Lo mismo vale para la alemana Volskswagen que tuvo más compradores para sus autos de alta gama en China que en Estados Unidos y la propia Alemania.

Con motivo de la reciente reunión anual de la OMS Xi Jinping, el Presidente chino, instó a “mantener estables  las cadenas industriales de abastecimiento global… si es que restauraremos  el crecimiento económico del mundo”. Beijing es el primer interesado en volver al status quo anterior. Pero el  país es menos dependiente de los mercados extranjeros pues  ha reducido su empleo de insumos importados. Por una parte ha incentivado la demanda doméstica a la par de producir un volumen creciente de artículos en el propio país. Como resultado  China es más autónoma  del mundo en tanto que muchas economías dependen en alto grado de China.

El liderazgo chino, En todo caso, se prepara para “un “conflicto prolongado”. Así lo postula el oficialista periódico Global Times que llama a enfrentar un desacople total entre ambos países en el sector de tecnologías de punta. En represalia propone calificar a  una serie de empresas estadounidenses como  “entidades no confiables” entre las que se contarían Boeing, Qualcomm, Apple y Cisco. Estas compañías podrían ver perjudicadas o vedadas sus ventas en China. Global Times advierte que “Estados Unidos está en una posición tecnológica más ventajosa. China deberá enfrentar tiempos duros”. Será un periodo difícil no solo para ambos rivales. Un refrán africano dice “Cuando dos elefantes se pelean quien más sufre es la hierba que pisan”. Ello advierte al resto de los países que deberán sacar sus ábacos y ver con que bando se alinearán. Washington tiene una ventaja de entrada pues en varios aspectos supera por mucho a China. Pero quienes conocen a China  saben que su memoria histórica nada tiene que envidiarles a los elefantes. Un ejemplo: a lo largo de sus relaciones con el país asiático Chile siempre ha recibido un trato deferente, bajo gobiernos democráticos o bajo dictadura, por haber sido uno de los primeros países de la región que reconoció la República Popular China y rompió  lazos con Taiwán bajo la Unidad Popular, en diciembre de 1970.

China  está haciendo enormes inversiones en la robotización y la inteligencia artificial que serán determinantes en las futuras cadenas de valor. Pese a ello en el futuro inmediato muchos países buscarán aminorar su dependencia de Beijing diversificando sus abastecedores.   La pugna chino-estadounidense y el auge de las fuerzas nacional populistas marcan un reflujo del aperturismo actual. Pero la globalización, como  la tendencia a la universalización y uniformidad  de los procesos productivos, retomará su curso. Muchos de los problemas que aquejan al mundo mal pueden resolverse en el marco de fronteras nacionales. El Covid 19 es un ejemplo evidente que el virus no puede ser controlado en el largo plazo en un solo país. Solo una amplia cooperación internacional podrá  superarlo.  Los debates en el seno de la OMS sobre el desarrollo de una vacuna disponible para todos son de la mayor relevancia. Jack Ma, el fundador del gigante comercial chino Alibaba, que ha estado donando material sanitario a numerosos países, incluido Estados Unidos, señaló: “No podremos derrotar al virus a menos que eliminemos las fronteras a los recursos, y compartamos las lecciones duramente aprendidas”.

Por el momento el virus ha colocado a más de la mitad de la humanidad en cuarentena. Los científicos discrepan en cuanto a la forma más eficaz de prevenir más contagios. Es una incógnita cuanto tiempo circulará  el mal, cuál es el grado de inmunidad que obtienen los que  lo padecieron. Que probabilidades existen que sobrevengan nuevas olas infecciosas y que este corona virus mute a versiones aún más letales. Es difícil pronosticar que nos espera en ausencia de información crítica. La realidad, en todo caso, es más fuerte que las especulaciones. Muchas de las grandes empresas automotrices y de otros rubros  tuvieron que cerrar sus puertas, el desfile de líneas aéreas que marchan a la quiebra está en pleno desarrollo. Las curvas de desempleo lejos de aplanarse se disparan.  No faltan los que anticipan que las cosas no volverán a ser como antes. Es probable que así sea. Lo que no es claro cuál será la dirección del cambio. El mundo vive la fase sanitaria del Covid 19. Ya se vislumbra su impacto económico y social. Está por verse  cómo afectará a la esfera política. En lo que toca a la globalización es probable que se pase del “just in time” a un  “just in case”, A un “en caso que” un nuevo  cisne negro altere las bien establecidas previsiones. Pocos disputan que la naturaleza ha pateado el tablero echando abajo estructuras que se tenían por sólidas. Todo lo anterior sin siquiera mencionar  a la madre de todas las batallas: el cambio climático.