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Posts Tagged ‘OTAN’

Alemania irritada con Trump

May 31, 2017 Comments off

Era previsible que Donald Trump  alteraría las relaciones de Estados Unidos con el resto del mundo. Lo que no se esperaba es que fuese tan rápido. Menos aún se anticipó  que la fricción fuese con Alemania, la mayor economía europea. Las expectativas apuntaban a un choque con China pues Trump la tenía en la mira a lo largo de la campaña electoral, denunciándola por competencia desleal. Pero en lo que va corrido de su presidencia ha mantenido buenas relaciones con Beijing.

Algo debe haber marchado muy mal en la reunión del G7 en Sicilia, 26-27 de mayo, donde concurrió el septeto  de las mayores potencias económicas occidentales. Apenas días más tarde la cauta y ponderada Angela Merkel, la canciller alemana, declaró que los tiempos habían cambiado y no podían dejar su suerte en manos de viejos aliados. Aludía a Washington y Londres.

La manzana de la discordia era el principio de la seguridad colectiva que rige desde fines de la Segunda Guerra Mundial. Hasta ahora los miembros de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) se rigen por el lema de los Tres Mosqueteros: “Todos para uno y uno para todos”. Esto significa que si alguno de sus 28 países miembros es atacado el resto concurre en su defensa. Así Moscú se enfrentaba a un poderoso muro que desincentivaba toda idea de agresión. La Unión Soviética, por su parte, hizo otro tanto con el Pacto de Varsovia que  englobaba al grueso del campo socialista europeo.

De tal forma que cuando desapareció el estado soviético, y varios de sus antiguos países satélites ingresaron a la esfera occidental, cabía esperar la disolución de la OTAN. Lejos de eso la estructura, pese a no tener un adversario claro,  mantuvo su vigencia. La mayoría de los países europeos, por su parte, tenía claro que la amenaza había disminuido y redujeron sus presupuestos bélicos. La OTAN no tiene tropas ni armas propias y depende de los aportes de los distintos países. En la actualidad son pocos los miembros que cumplen con el compromiso de destinar al menos el dos por ciento de su PIB a la defensa. Estados Unidos aporta cerca de las tres cuartas partes del presupuesto de la OTAN. Trump ha advertido que no está dispuesto a mantener la seguridad colectiva a expensas del esfuerzo norteamericano.

Por su parte Emmanuel Macron, el nuevo presidente francés, dio señales que desea recuperar protagonismo internacional francés. Algo que logró invitando a París al Presidente ruso Vladimir Putin. El encuentro, sostenido el 29 de mayo, servía a ambos países. Francia sale fortalecida como el mayor poder militar y nuclear europeo occidental luego de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. Algo que permite a Francia contrapesar el claro liderazgo económico alemán. Aunque no cabe esperar cambios drásticos en las relaciones entre Estados Unidos y el viejo continente es claro que las placas tectónicas se han desplazado. Trump no ha hecho más que gatillar, de manera poco elegante, un proceso en curso que cambia la arquitectura de las relaciones internacionales.

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La era Trump

January 19, 2017 Comments off

El mundo observa atónito lo que muchos creyeron imposible. Expertos vaticinaron que Donald Trump jamás sería el candidato del Partido Republicano. Luego anticiparon que Hillary Clinton lo derrotaría. En cuanto a su estilo agresivo y errático se pronosticó que era una  postura electoral pasajera y que evolucionaría si llegase a  ganar. No fue así. En su condición de presidente electo sus tuiteos mantienen la misma irreverencia e imprevisibilidad. Ha aplaudido el Brexit, la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea y adelantó que desea que otros países sigan su ejemplo. Así ataca de lleno a los gobiernos de Alemania y Francia, entre otros. Cuestiona a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la alianza entre Estados Unidos y Europa que  ha sido el pilar de la hegemonía militar occidental. Amenaza a China con una guerra comercial y con impedirle el  acceso a ciertos islotes en el Pacífico Sur ocupados por Beijing. Ni hablar de México, América Latina y el Caribe  han sido advertidos que millones de personas serán deportadas. Además insiste en construir un muro en la frontera mexicana para frenar el flujo   inmigratorio. El cuadro es confuso y por lo mismo cargado de una ominosa incertidumbre.

El mayor enigma es que ocurre en las relaciones con Rusia. Trump cree en el poder duro, militar y económico, y está dispuesto a emplearlo. En el ámbito castrense solo Moscú es  capaz de amedrentar a Washington. En consecuencia un entendimiento estratégico con Rusia despejaría al mayor adversario del escenario mundial. Mejor aún sería la cooperación entre los dos países para combatir a enemigos comunes. Trump ha señalado que el yihadismo y el Estado Islámico en particular  es la mayor amenaza internacional para Estados Unidos. Rusia también ve a los yihadistas como un reto a su seguridad interior. Nada mejor que un enemigo común para sellar un acuerdo entre los tradicionales adversarios que durante la Segunda Guerra Mundial fueron aliados contra el nazismo.

Los servicios de  inteligencia estadounidenses, con la CIA a la cabeza, tienen sus propias teorías sobre la afinidad entre Vladimir Putin y  Trump pues insinúan que éste se habría beneficiado de operaciones de influencia rusas. Ello por los ciberataques a  los computadores del Partido Demócrata de Hillary Clinton. Las revelaciones  fueron filtradas a WikiLeaks  y  contribuyeron a su derrota. Además fue divulgado un memorando que alerta sobre videos en que Trump compartiría el lecho con prostitutas rusas. Hecho que lo pone en una situación de vulnerabilidad en la puede ser chantajeado con facilidad. Putin negó toda veracidad a las versiones y dijo que si bien las prostitutas rusas eran las mejores del mundo a Trump, organizador de concursos de belleza mundial,  no le faltaban mujeres hermosas.

Barack Obama deja la Casa Blanca por la puerta ancha con un sólido 57 por ciento de aceptación según las encuestas. Trump ingresa con el nivel más bajo de popularidad jamás registrado para un Presidente entrante: un mero 40 por ciento. Ello habla de un período de gracia  breve y un estrecho margen de maniobra.

 

Siria: el comienzo del fin de la guerra.

March 17, 2016 Comments off

Moscú anunció el retiro de sus fuerzas militares de Siria. Las cámaras captaron el despegue de bombarderos que volvían a sus bases en Rusia. Allí les esperaban ceremonias de bienvenida con familiares de los uniformados despachados al país árabe. El momento escogido por el Presidente Vladimir Putin para reducir su participación en el conflicto no podía ser más oportuno. Lo hizo luego de tres semanas de una cesación de hostilidades que pocos creyeron que duraría tanto. Además a las puertas de las conversaciones de paz en Ginebra entre la oposición y el gobierno del Presidente Bashar al Assad. Así Rusia disminuye su presencia, luego de cinco meses de bombardeos contra los enemigos de Damasco, desde una posición fuerza y tras haber logrado parte importante de sus metas declaradas. Sus objetivos fueron neutralizar los esfuerzos occidentales, incluida Turquía y Arabia Saudita entre otros, que aspiraban a imponer un gobierno sunita afin a sus intereses. También era importante dar un golpe a  los islamistas que figuran  entre las amenazas que preocupan al Kremlin. Se estima que unos dos mil yihadistas rusos combaten junto a las organizaciones fundamentalistas islámicas.

Rusia ha impuesto sus condiciones frente a Occidente. John Kerry, el secretario de Estado norteamericano, aceptó que la salida de Assad no era un prerrequisito. En sus palabras: “Estados Unidos y nuestros aliados no buscamos el así llamado cambio de régimen”. Moscú y Washington coinciden que no hay una salida militar al conflicto que ya cumplió cinco años. La solución será diplomática pero determinada por la correlación de fuerza militar en el terreno. Y es en ese plano que Rusia considera que ha fortalecido sus posiciones lo suficiente como para sentarse a negociar. La memoria de la intervención soviética en Afganistán está fresca aún. Allí el Ejército Rojo fue desangrado y aunque no perdió militarmente su intervención fue un fracaso. Hecho que gravitó en la caída y desmembramiento de la Unión Soviética.

Dada la sangre derramada en Siria: más de 300 mil muertos según algunas estimaciones, unos once millones de personas desplazadas, la mitad de la población, es difícil visualizar un arreglo aceptable para la mayoría sunita y los aluitas (chiítas) encabezados por Assad. Hay quienes creen que a la larga el país terminará dividido entre ambas facciones y los  kurdos que buscan su independencia. Ello sin considerar que la amenaza yihadista del Estado Islámico, Al Qaeda  y otras organizaciones sigue muy presente. Una  salida posible es la creación de una federación que dé a las partes la mayor autonomía posible. En todo caso cualquier fórmula aceptada por todos será un progreso ante la situación de violencia actual.

Los refugiados sirios.

El retiro ruso tomó por sorpresa a Occidente. Ello porque muchos en Estados Unidos y Europa creían  que  Moscú tenía interés en convertir a los refugiados sirios, unos cuatro millones, en un arma. Fue lo que declaró el general norteamericano Philip Breedlove, comandante supremo de la OTAN.  Los bombardeos rusos, según esta teoría, buscaban  aumentar el número de refugiados que marcharan rumbo a Europa. Ello para  causar dificultades sociales y políticas que debilitaran a los gobiernos europeos. Los hechos desmienten esta especulación pero ponen de relieve el abismo de confianza entre Washington y Moscú.

Los refugiados como arma.

March 3, 2016 Comments off

Una afirmación insólita: “Juntos, Rusia y el régimen de Assad, están deliberadamente convirtiendo la migración en un arma (weaponising), en un intento por avasallar  las estructuras europeas y quebrar su voluntad”.  Este  fue el reciente planteamiento del general estadounidense Philip Breedlove, comandante  supremo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), ante el Comité de los Servicios Armados del Senado de su país.

La evidencia del general Breedlove para una acusación tan drástica descansa en una débil interpretación circunstancial: “El empleo de armas indiscriminadas  por parte de  Bashar al Assad, y el uso de armas del mismo tipo por las fuerzas rusas, no me dejan encontrar otra razón que no sea la de provocar  refugiados y crear así problemas para otros”.

La masa de refugiados y migrantes excede por mucho a la guerra civil siria. Hay cientos de miles de personas provenientes de Irak, Afganistán, Somalia, Libia y otros países que sufren guerra y miseria. Los sirios representan menos de un tercio de los que buscan el asilo europeo. Washington bombardea y participa con tropas en las guerras libradas en Irak y Afganistán donde los rusos están ausentes. De acuerdo con la lógica de Breedlove Washington debería asumir una responsabilidad en los flujos humanos que buscan ponerse a salvo de la violencia. El general norteamericano  hace suya una postura de Donald Trump y la extrema derecha europea. A su juicio elementos criminales,  extremistas y combatientes se esconden en el seno del flujo migratorio. Lo mismo es verdad de los millones turistas que entran y salen del viejo continente.  En toda gran muchedumbre habrán elementos antisociales de un tipo otro. En el caso los que huyen del Medio Oriente, arriesgando sus vidas para cruzar el Mediterráneo, más del 30 por ciento son menores.

Lo que es indisputable es el drástico efecto político y social que causa la llegada masiva de refugiados en el viejo continente. El auge de los movimientos xenófobos alcanza a la mayoría de los países. Es llamativo, sin embargo, que la popularidad de la canciller alemana Angela Merkel recupera altas cotas, situándose en un respetable 54 por ciento según una encuesta reciente, un alza de nueve puntos. Dado que Berlín ha sido por lejos el mayor receptor  de refugiados y Merkel recibió severas críticas  la subida de su aceptación indicaría que la crisis está en vías de superación. La gran incógnita es que ocurrirá con las fronteras abiertas entre los países de la Unión Europea. Hasta hace poco era posible viajar en el seno de la Unión sin restricciones. Pero ahora varios estados han levantado barreras y restablecido controles fronterizos. Si esta tendencia continuase marcaría un retroceso mayor en uno de los logros más notables en la construcción de una Europa unida. .

El flujo humano crece.

El año pasado llegaron a Europa más de un millón de personas en busca de asilo. Esta cifra podría resultar superior en el año en curso de acuerdo a las proyecciones. Tan solo entre enero y febrero, pleno invierno boreal, han llegado 131 mil refugiados e inmigrantes. 30 veces más que el año pasado en los meses citados de acuerdo a Frontex, la agencia fronteriza de la Unión Europea.

 

El reto ruso

October 11, 2014 Comments off

El reto ruso.

La guerra en Ucrania enfrenta, una vez más, al Este contra el Oeste. En el plano doméstico es una guerra civil entre las regiones orientales que gravitan hacia Moscú, en que predomina la población ruso hablante, y Kiev que busca insertarse en la Unión Europea y, si fuese posible, ingresar a la alianza militar la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Es un choque recurrente que ha tenido lugar desde el fin de la Guerra Fría o el desplome de la Cortina de Hierro, como Winston Churchill, el Primer Ministro británico, bautizó en un discurso pronunciado en 1946 la división entre la Europa capitalista y la gobernada por los comunistas. Hay, sin embargo, diferencias importantes entre la confrontación total, desde la esfera ideológica a la bélica de la Guerra Fría y los enfrentamientos actuales.  Esta vez no pesa sobre el mundo la amenaza de una división que alcance hasta el último rincón del planeta. Hoy no se vivirá una lucha tras modelos de sociedad antagónicos. Una pugna que, en su momento,  permeó y destruyó la vida política de numerosos  países, incluido Chile. Ahora se asiste a un  período de fricciones entre Moscú y Washington junto a sus aliados europeos. El resto del mundo tomará nota pero, a diferencia del pasado, no tendrá que alinearse con uno u otro.

Con el colapso o implosión de la Unión Soviética cabía esperar el desmantelamiento  de las enormes maquinarias bélicas desplegadas para disuadir o atacar a su contraparte.  Cuándo fue creada la OTAN, en 1949, un general inglés dijo que tenía tres objetivos: mantener a Estados Unidos en Europa, a la Unión Soviética fuera y a Alemania débil. Mucho cambió el panorama político internacional desde entonces. Moscú, por su parte, en respuesta al ingreso de Alemania occidental a la OTAN formó, en 1955 junto a siete países del campo socialista, el Pacto de Varsovia. Ambas alianzas bélicas se rigieron por un principio común: si alguno de sus miembros era atacado todos los integrantes coocurrirían en su defensa. Como los líderes de cada bando disponían de arsenales nucleares la paridad atómica inhibía cualquier transgresión. El hecho que el Pacto de Varsovia se evaporara al concluir la Guerra Fría produjo un cambio radical en el balance de poder. Con una mirada retrospectiva es evidente que la  OTAN buscaría una expansión hacia las fronteras rusas.

Las líneas rojas 

Gobernantes y militares suelen trazar líneas rojas imaginarias. Ellas fijan  las fronteras de lo que les resulta aceptable y advierten que quien las cruce queda expuesto a sanciones o derechamente a una respuesta militar. En tiempos recientes Occidente y Rusia han cruzado muchas líneas rojas. Moscú, antes de la retirada de sus tropas de la  República Democrática Alemana, en 1994,  buscó garantías que la OTAN no ampliaría sus actividades en los países que abandonaba. Según Mijaíl Gorbachov, Presidente ruso responsable del repliegue, se le aseguró que la OTAN no avanzaría “ni siquiera una pulgada hacia el Este”. Las promesas las realizó, entre otros, el  Hans-Dietrich Genscher, el ministro de relaciones exteriores alemanes, que declaró: “Estamos conscientes que la participación en la OTAN de una Alemania unificada levanta asuntos complejos. Para nosotros, en todo caso, una cosa es segura: la OTAN no se expandirá hacia el Este”.  Los políticos pasan pero las realidades quedan.  Más allá de palabras Moscú no logró un acuerdo que respaldase los dichos de Genscher. Con todo en el Acta Fundacional de Relaciones Mutuas, Cooperación y Seguridad, labrada por Moscú y Occidente, en mayo de 1997, se lee: “La OTAN y Rusia no se consideran adversarias la una de la otra. Ambas comparten el objetivo de superar los vestigios de la confrontación y competición anterior y el refuerzo de la confianza mutua y la cooperación”.  Pero lo escrito con el puño fue borrado con el codo. En julio de 1997 la OTAN abrió las puertas a la República Checa, Hungría y Polonia. El hecho confirmó las sospechas de Moscú que predominaba  la voluntad occidental por imponer su hegemonía.  El tiro de gracia al esfuerzo por recomponer los lazos fue la guerra desencadenada por la OTAN contra Serbia para  asegurar la independencia de Kosovo. Allí fueron cruzadas varias líneas rojas.  El 24 de marzo  de 1999 comenzaron intensos bombardeos aéreos contra  Belgrado . La OTAN lanzó la operación Fuerza Aliada, la primera intervención militar de su historia, en forma unilateral  estableciendo un peligroso precedente: el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas fue ignorado. Y, por añadidura, Rusia no fue tenida en cuenta. Moscú era un aliado estrecho de Serbia. De hecho en los últimos tres siglos ambos países estuvieron siempre en la misma trinchera. Así los 78 días de bombardeos occidentales, que obligaron a los serbios a salir de Kosovo, fueron una afrenta mayor.

El auge de Putin.

La guerra de Kosovo fue interpretada por Moscú como una advertencia de la superioridad militar y tecnológica occidental. Algunos bombardeos fueron ejecutados por aviones B-2 que volaban desde Estados Unidos y volvían a sus bases sin posarse. Una demostración del eslogan de la Fuerza Aérea norteamericana: “Poder global, alcance global”. La demostración de fuerza atizó los sentimientos nacionalistas  y antioccidentales rusos. En una atmósfera internacional percibida como amenazante Vladimir Putin asumió la presidencia en marzo del 2000. El jefe de estado ruso buscó restaurar parte de la influencia perdida. Pero era consciente de la debilidad de la economía rusa que dependía en alto grado de sus hidrocarburos.  Ya la Guerra Fría había enseñado a los rusos que no podían mantener el ritmo de la carrera armamentista impuesta por Estados Unidos. Una de las causas del colapso de la Unión Soviética fue el derroche de recursos destinados a la desmedida maquinaria bélica.

A poco andar Putin se vio confrontado por lo que estimó era una reedición, miniaturizada, de la “Guerra de las Galaxias” impulsada en los 80 por el Presidente Ronald Reagan. El escudo espacial consistía en un sistema satelital de detección e intercepción de misiles balísticos intercontinentales. Los rusos temieron que si la iniciativa era exitosa tornaría a Washington invulnerable a sus sistemas misilísticos. Terminaría así el siniestro pero efectivo balance de poder de la Destrucción Mutua Asegurada (MAD, por sus sigla en inglés). Esta vez el gobierno de George W. Bush proponía un sistema más acotado que contaría con radares en la República Checa y misiles en Polonia. Bush le aseguró a Putin que el sistema no estaba diseñado contra Rusia sino que pretendía interceptar misiles iraníes. Moscú rechazó la explicación y ofreció que el sistema operase desde Azerbaiyán.

Las relaciones continuaron su deterioro por el apoyo que Estados Unidos brindó al gobierno del Presidente Mijaíl Saakashvili de Georgia. Rusia mantenía tropas en los enclaves de Abjasia y de  Osetia del Sur.  Las escaramuzas entre los independentistas de éste último territorio aumentaron en intensidad. Finalmente, el 7 de agosto 2008, Saakashvili ordenó a su ejército atacar Osetia del Sur. La respuesta rusa fue un fulminante contraataque que en 5 días llegó a pocos kilómetros a Tiflis la capital georgiana.

La llegada del Presidente Barack Obama a la Casa Blanca bajó las tensiones con Rusia. El mandatario no bien asumió, en 2009, propuso según el concepto empleado por Washington “resetear” las relaciones con Moscú. El Kremlin aceptó pero reiteró su condición: el rechazo a una expansión de Occidente hacia sus fronteras. En un gesto importante  de acercamiento Obama archivó la idea de contar con un sistema anti misiles en Europa del Este.

Pese a los esfuerzos las dos potencias no pudieron eludir la falla tectónica que cruza buena parte de Europa central: Ucrania, que dejó de pertenecer a la Unión Soviética y consiguió su independencia en 1991, que ha arrastrado a todo el viejo continente a continuas fricciones. Cual péndulo en Kiev se han alternado gobiernos pro occidentales y pro rusos. Ninguno de ellos, sin embargo,  logró crear una  gobernabilidad democrática.

En Ucrania, al margen del conflicto interno, chocan además dos apreciaciones estratégicas sobre el balance de fuerzas internacional. Putin estima que Rusia es una potencia y que como tal merece un trato igualitario por parte de Estados Unidos. Está visión no es compartida por Obama que en marzo declaró: “Rusia es un poder regional que amenaza a algunos de sus vecinos inmediatos, pero no porque es fuerte sino que porque es débil”. En otras palabras sitúa a Rusia a la par de Brasil, países que tienen una proyección de poder en su periferia pero que no marcan pauta a nivel mundial. En términos más llanos: una crisis económica en Rusia o Brasil no reverbera en el resto del planeta. Si ella tiene lugar en China cada rincón del mundo se enterará.  En la medida que no considera a Moscú como un enemigo directo Estados Unidos es partidario de neutralizarlo por la vía de la superioridad económica, a través de las sanciones comerciales y financieras, y a través del aislamiento diplomático excluyendo  a Rusia de todos los encuentros posibles.

Putin perdió algo de su  sangre fría al responder que era mejor “no meterse con Rusia”  pues el país dispone de uno de los mayores arsenales nucleares.  A la par exigió que Moscú sea tratado con respeto. La alusión al poderío nuclear ruso tiende  a confirmar la observación de Obama sobre el sentimiento de inferioridad del Kremlin.

En plano económico el Kremlin busca crear un espacio que pueda contrapesar la dominación estadounidense y de la Unión Europea. En la actualidad Rusia solo cuenta con un acuerdo Bielorrusia y Kazajistán. Pero el producto interno bruto (PIB) de estos tres países suma menos que el de Brasil o el de Gran Bretaña. La constitución de Unión Aduanera Euroasiática contaba con la presencia de Ucrania que tiene una población de 46 millones. De allí que la opción de Kiev de sumarse a la Unión Europea es un golpe bajo para las aspiraciones rusas. Está aún por verse que ocurrirá con las regiones orientales del país, en manos de los rebeldes, que son las más ricas e industrializadas.

El reto ruso es cómo enfrentar a Occidente con fuerzas limitadas. Los adversarios de Moscú tienen una indiscutida superioridad militar, económica y diplomática.  Este es una realidad que no cambiará en el futuro previsible. Hay indicios, como el reciente acuerdo gasífero, que Rusia y China han estrechado sus lazos. Pero Beijing no sacrificará intereses propios para socorrer a un país con el cual también compite por influencias en Asia. En Europa Rusia cosecha el resentimiento de los países que fueron sojuzgados en la ra soviética. Así, sin mucho que esperar en el campo de las alianzas, Moscú deberá concentrar sus esfuerzos en la consolidación su poder nacional. Porque si Rusia aspira a una presencia relevante en Europa tendrá que, tarde o temprano, contar con un gobierno basado en la legitimidad popular.

Ajedrez ruso en Crimea.

March 6, 2014 Comments off

La mayor parte de las guerras responden a lo que los países involucrados consideran razones de estado. O, lo que es lo mismo, a ambiciones de dominio estratégico que conllevan beneficios territoriales y económicos. Los estados nunca admitirán que luchan, por ejemplo, para apoderarse del petróleo de otro país. De manera invariable invocarán valores superiores. Es lo que está a la vista en Ucrania donde se libra una pugna por la hegemonía de la región.
Occidente, liderado por Estados Unidos, dice apoyar al gobierno de Kiev en nombre de la democracia. Lo hace respaldando a un liderazgo que no ha sido elegido. Es cierto que un proceso revolucionario no transita por las urnas en su fase inicial. Pero es igualmente claro que en la fuerzas de Maidán, la plaza donde se libraron los enfrentamiento contra el régimen del depuesto Víctor Yanuckócovich, estaban representadas muy variadas corrientes política hartas con un régimen autocrático. En aguas revueltas las organizaciones radicales y más dispuestas a la acción directa suelen sacar la mejor parte. Así fue en Kiev pues cuando el recién formado gobierno debía, ante todo, fortalecer la unidad nacional hizo todo lo contrario. Una de sus primeras medidas fue suprimir la lengua rusa como idioma oficial. Algo que más tarde, cuando ya estaba hecho el daño, fue desechado.
Rusia, por su parte, proclama su obligación de proteger a los rusos parlantes que son mayoría en varias regiones orientales de Ucrania. Con este argumento y sobre la base de un pedido de ayuda de Yanuckóvich ha justificado su copamiento de la península de Crimea. Con un cinismo digno del período estalinista Vladimir Putin negó las tropas que patrullan la región fuesen rusas: “Hay muchos uniformes. Vaya a cualquier tienda local y puede encontrar alguno”. En todo caso el estilo de la intervención rusa deja al descubierto sus objetivos. Moscú no busca anexar territorios ni antagonizar a Ucrania. Por ello los soldados que le representan no han disparado un tiro. El Kremlin quiere garantías que las cosas seguirán como estaban: que los rusos parlantes no serán acosados, que si un futuro gobierno ucraniano desea vínculos más estrechos con la Unión Europea no ingresará a la Organización de la Alianza del Atlántico Norte (OTAN), el pacto militar capitaneado por Estados Unidos. Asimismo busca garantías que Kiev no instalará armas estratégicas que amenacen su territorio.
Lo que está por verse es que querrá la mayoría de los ucranianos. La posibilidad de una desintegración del país entre pro rusos y pro occidentales está presente. Y cuanto más dure la crisis mayores son las posibilidades que ello ocurra. En cuanto al resto de los protagonistas Estados Unidos está lejos y tiene poco comercio con Rusia y Ucrania. Conforme a su potencia militar y económica ha llamado a imponer drásticas sanciones comerciales a Moscú. En Europa la situación es diferente. Inglaterra que suele acompañar a Washington en la línea dura prefirió desmarcarse. Londres ha dicho que no hará nada que pueda dañar la confiabilidad de su gran centro financiero, la City. Alemania, que está en proceso de abandonar la energía nuclear, importa el 35 por ciento del gas y el petróleo desde Rusia. De manera que Berlín también se muestra cauto a la hora de las represalias. Vladimir Putin, por su parte, advirtió que las sanciones son “calles de dos vías”.
Poco importa, en definitiva, de cuantas vías sean las calles. Si la crisis en Ucrania empeora el impacto alcanzará a todo el mundo. Subirán los precios de los hidrocarburos y el trigo pues las inmensas praderas ucranianas son un vasto granero.

Estados Unidos y su política energética

October 26, 2012 Comments off

Para Chile y Estados Unidos la energía es su Talón de Aquiles. Pero hay una gran diferencia en la forma en que ambos países encaran el reto. En Chile impera una nebulosa en cuanto a las políticas de estado  que, en definitiva,  son claves para lograr energía barata, limpia y segura. Estados Unidos, en cambio, ha tomado el toro por las astas. Hillary Clinton, la secretaria de Estado, pronunció el 18 de octubre un discurso de la mayor importancia sobre el impacto de la energía en las relaciones internacionales. Señaló que la energía está en el núcleo de las consideraciones estratégicas: “La energía es un asunto de riqueza y poder, lo que significa que puede ser tanto una fuente de conflicto como de cooperación”.  Al respecto Clinton advirtió, y el gobierno chileno debería prestar atención, “Los monopolios energéticos crean riesgos…en cualquier parte del mundo cuando un país es demasiado dependiente de otro para obtener energía, ello puede poner en peligro su independencia política y económica”.

La secretaria de Estado aprovechó de recordar  a sus compatriotas los logros del gobierno actual: “Nuestro empleo de energías renovables, viento y solar, se ha duplicado en los últimos cuatro años. La explotación de petróleo y gas natural aumenta”.  Cifras recientes muestran que Estados Unidos ha reducido sus importaciones petroleras de 60 a 40 por ciento de su demanda doméstica. Ello es resultado, en buena parte, de la abundancia de gas y los efectos de la recesión. Pero si el país logra mantener esta tendencia conseguirá una meta que varios gobiernos no pudieron alcanzar. Clinton además subrayó la importancia de la eficiencia y el ahorro con la fijación de nuevas exigencias para el rendimiento de los automóviles y ahora para todos los vehículos pesados.

La necesidad de un debate internacional, y en cada país, sobre el futuro energético es urgente. Y, claro, en un tema vital para el futuro de la soberanía de las naciones no podía faltar la dimensión militar: “Por eso que la OTAN ha identificado la energía como un tema clave de seguridad”. En relación a América Latina señaló que “El objetivo es lograr el acceso universal a la electricidad para el año 2022 a través de la interconexión eléctrica en el hemisferio… Al ampliar el tamaño de los mercados de energía, podemos crear economías a escala, atraer más inversión privada, reducir los costos de capital y en última instancia reducir los costos para el consumidor”, dijo Clinton.

El Departamento de Estado cuenta ya hace desde hace un año el  Bureau of Energy Resources dedicado a estudiar la gravitación de la energía en las relaciones internacionales. Chile, recién en el gobierno anterior, creó un ministerio de Energía. Antes el tema era cubierto por una frágil Comisión Nacional de Energía dependiente de la cartera de Minería.  Hoy el gran afán de las autoridades es asegurar, como corresponde,  el abastecimiento.    Pero sin una estrategia de estado como la que, por ejemplo, ha enunciado Washington el país mantendrá su peligrosa dependencia externa, no conseguirá bajar los precios de la energía y aumentará la carbonización de la matriz.