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Posts Tagged ‘espionaje’

El espionaje a domicilio de la CIA

March 10, 2017 Comments off

Las últimas revelaciones, de WikiLeaks,   sobre la capacidad de la CIA para infiltrar el mundo digital  es un paso más hacia la muerte de la privacidad.  Pocos confiaban ya en los sistemas encriptados de teléfonos móviles o computadores. De hecho los yihadistas, con Osama bin Laden a la cabeza, prescindieron de los teléfonos fijos o móviles. Estos últimos fueron  utilizados en varias ocasiones para guiar los misiles que acabaron con la vida de sus usuarios.

Los servicios de inteligencia son parte de la red de protección del Estado para velar por la soberanía nacional y la seguridad de  la ciudadanía. Su misión es informar a los gobernantes sobre peligros inmediatos y potenciales.  La dificultad con estos servicios, que algunos lo consideran parte del llamado Estado profundo, es que operan en secreto. Por lo tanto es  muy difícil pedirles cuentas. Se dice que padecen del “síndrome de la esponja”. Recopilan información pero no la comparten siquiera con otras reparticiones del propio Estado. Esto es así, señalan, para proteger a sus fuentes. La impunidad del secreto estimula la autonomía y con frecuencia el espionaje desarrolla su propia agenda. Abundan los casos en que el propio gobierno y los ciudadanos, el sujeto a ser protegido, terminan en la mira de los aparatos de inteligencia. Cabría esperar, por ejemplo, que la CIA ayudase a las empresas electrónicas a superar sus vulnerabilidades. En cambio prefieren explotarlas para la recolección de información.

Un número   creciente de dispositivos domésticos están integrados a redes digitales. Desde la cocina al automóvil aumentan los puntos que pueden ser intervenidos. Un televisor puede transmitir, aun apagado, todo lo que se habla en una habitación. Un vehículo, por la vía de su computador, puede transmitir en tiempo real sus recorridos. Las montañas de información son procesadas en lo que hoy se llama “big data”. Lo que puede lograr un servicio de inteligencia también lo puede hacer una empresa de marketing interesada en el perfil de potenciales clientes.

El mundo del  espionaje siempre ha vivido en una burbuja de hipocresía.  Todos espían y todos niegan hacerlo. Hoy Rusia es acusada de haber penetrado en Estados Unidos computadores del Partido Demócrata  y haberle entregado la información a WikiLeaks. Ello habría favorecido la campaña de Donald Trump. La evidencia que Estados Unidos hace lo mismo fue expuesta, entre otros,  por  Edward Snowden. Todos los Estados, como el británico, el francés, el alemán o el chino, por nombrar  a los más poderosos, han hecho lo mismo. La diferencia que revelan las últimas denuncias es que es cada vez más difícil rastrear los puntos de acecho y quien es el responsable. Vale lo que se  solía decir en las películas sobre el sabio malvado: si solo hubiese puesto sus conocimientos al servicio del bien. Los peligros que el enorme poder de vigilancia caiga en manos inescrupulosas o dictatoriales son alarmantes. Impedir que ello ocurra debiera figurar a la cabeza de la agenda de inteligencia.

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El disfuncional espionaje de EE.UU.

October 25, 2013 Comments off

Los países, por norma, niegan que espían. Ello por la buena razón que a nadie le gusta ser espiado. Así es que cuando son sorprendidos con las manos en la masa adoptan un aire de pretendida inocencia. Es lo que hizo Jay Carney, el vocero de la Casa Blanca, luego de las denuncias que habían interceptado el teléfono móvil de la canciller alemana Angela Merkel, señalando que “Estados Unidos recoge información de inteligencia y que seguirá haciéndolo como todos los países”. O sea, algo casi rutinario y que no debiera sorprender a nadie.
En cierto sentido Carney tiene razón. El espionaje es tan antiguo como los conflictos. Ya cinco siglos antes de la era común el estratega chino Sun Tzu escribía: “Los espías son el elemento más importante en la guerra, porque de ellos depende la capacidad de un ejército para moverse. Un ejército sin espías es como un hombre sin oídos y sin ojos”.
Desde entonces, sin embargo, el espionaje se ha convertido en una formidable industria llamada inteligencia que, por cierto, no alude al atributo humano de pensar. Consiste en la recolección, evaluación y análisis de información captada sobre un área de interés. La palabra clave en la inteligencia es el análisis. Aunque cueste creerlo, 90 por ciento de la información que nutre a los servicios proviene de fuentes abiertas: documentos de gobierno, balances de empresas, organizaciones políticas, estudios académicos, compendios estadísticos y, por supuesto, la prensa. Cada día se acumulan miles de toneladas, por cuantificar de alguna forma, de antecedentes e informes. ¿Cuáles son los relevantes y cuáles no? Ese es el dilema. Todo depende de lo que se busca y de la evaluación de las fuentes.
Esa misión fue encomendada, entre otros, a la National Security Agency (NSA) que fue creada en 1952 como una repartición ultra secreta. El chiste en la época era que la sigla NSA significaba No Such Agency (no hay tal agencia) o Never Say Anything (nunca diga nada). La NSA cuenta con más personal que la CIA y el FBI sumados. Se estima que emplea unas 38 mil personas. Aparte, contrata a 25 mil personas que operan los sistemas de intercepción y que no son integrantes de su planta. Los receptores de las escuchas de la NSA son el Departamento de Estado, el de Defensa y la CIA, además de un número selecto de políticos y otras autoridades que recibe notas confidenciales cada día en sus computadores a través de circuitos especiales.
El drama del ciudadano común, y por lo visto de los no tan comunes, es que no puede proteger su intimidad de las redes invasoras de agentes anónimos. La información es recopilada sin el conocimiento del público. Así las numerosas agencias occidentales, que cooperan entre sí, amasan cantidades asombrosas de información sobre personas. Seleccionan, sobre la base de programas computacionales, fragmentos de conversaciones o mensajes. En forma automática o por el capricho de un funcionario puede encontrarse cualquier mortal en una lista de personajes considerados peligrosos. Basta la oposición a políticas de un determinado gobierno para caer en el listado de vigilancia. Ocurrió en Estados Unidos en 1967 cuando el ejército solicitó a la NSA que interceptara las comunicaciones de los grupos que participarían en la “Marcha sobre el Pentágono” para protestar por la guerra en Vietnam. Toda la comunidad de inteligencia comenzó a vigilar a personajes como la folklorista Joan Baez, al líder afroamericano Martin Luther King, la actriz Jane Fonda y el famoso pediatra Benjamin Spock. El sistema de vigilancia se institucionalizó en 1969 con el nombre codificado de Minarete. Los abusos de las agencias durante la década del 70 llevaron a un repudio público de sus actividades. Esto terminó coartando su espacio de maniobra. Las enmiendas, en todo caso, duraron poco. Luego de los atentados del 11-S-2001 tras la pantalla de la “guerra” contra el terrorismo la NSA volvió a sus andanzas amparada por el “Patriot Act”.

Una cosa es recoger inteligencia sobre potenciales terroristas y otra es espiar a la Presidenta brasileña Dilma Rousseff o a la canciller Merkel o diplomáticos franceses, por nombrar a los más conspicuos. Los abusos de los servicios de inteligencia estadounidenses revelan un serio desgobierno. Los recolectores de información recaban a diestra y siniestra con una notoria falta de criterio político. Una vez más, como en los 70, han causado más daño que bien a su país. Al indignar y alejar a estados amigos como Brasil, México y a la Unión Europea han perjudicado lo esencial: la lucha contra las organizaciones que aplican el método terrorista. Washington cae otra vez en el mismo hoyo donde el remedio resulta peor que la enfermedad.

Brasil responde a espionaje de EEUU

September 19, 2013 Comments off

El chiste que corre en Brasil: ¿que hizo la Presidenta Dilma Rousseff para postergar, en forma indefinida, su visita de estado a Washington? Muy simple, se envió un e mail a sí misma. La Agencia de Seguridad Nacional norteamericana, que la ha espiado al igual que a la empresa petrolera Petrobras, se encargaría de informar a la Casa Blanca.

En los hechos la mandataria llamo por teléfono, el martes 17, a Barack Obama y le dijo que cancelaba su encuentro al más alto nivel previsto para el 23 de octubre. El motivo del desencuentro “La intercepción ilegal de comunicaciones y datos de ciudadanos, compañías y miembros del gobierno brasileño constituyen hechos de la mayor gravedad y son una amenaza para la soberanía nacional y los derechos individuales” señala un comunicado emitido por la Presidenta.

La medida brasileña es un serio revés para la diplomacia estadounidense que en los últimos años ha buscado mejorar las relaciones con el mayor país latinoamericano. Pese a ello en Brasilia subsiste a convicción que Washington no le concede la atención que merece. Mientras Estados Unidos considera a Brasil como un país con influencia regional los brasileños aspiran al estatus de un país con gravitación mundial. Basados en esta percepción sucesivos gobiernos han postulado el derecho de Brasil a formar parte, con un sillón permanente, del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
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El daño en las relaciones entre ambos países, causados por las revelaciones de Edward Snowden sobre el espionaje norteamericano, va más allá del ámbito diplomático. La empresa estal petrolera Petrobras ya anuncio que invertirá unos nueve mil millones de dólares para fortalecer la seguridad de sus comunicaciones y bancos de datos. Además las reparticiones estatales deberán emplear equipos para la trasmisión de datos fabricados en Brasil según lo señalo el ministro de comunicaciones Paulo Bernardo.

En lo que toca a las grades empresas de almacenaje de datos y motores de búsqueda, como por ejemplo Google, que sirven el estado al estado brasileño deberán instalar sus servidores en el país para así quedar sujetos a la legislación nacional. Está por verse si Brasil lograra imponer su criterio sobre las grandes empresas que controlan internet.

El fantasma del terrorismo

August 19, 2013 Comments off

La retención arbitraria del brasileño David Miranda, en el aeropuerto de Heathrow, en Londres, es último ejemplo del abuso de leyes “antierroristas”. Miranda es pareja del periodista Glenn Greenwald, del diario The Guardian, que ha divulgado las denuncias del analista de inteligencia estadounidense Edward Snowden. La detención de Miranda, a quien se le incautó su computador y todos los medio electrónicos que portaba, fue justificada invocando un acápite de las regulaciones antiterroristas. El gobierno brasileño protestó de inmediato ante semejante arbitrariedad.
Hay muchas definiciones sobre qué es el terrorismo. En los hechos es un método de lucha armada clandestina, sin portar distintivo, escondiendo el arma y al amparo de una organización clandestina. La efectividad militar de esta táctica es limitada y causa estragos menores contra fuerzas regulares. Su impacto sicológico, en cambio, puede ser importante en el conjunto de la sociedad. Un enemigo invisible, que golpea cuando y donde se lo propone, puede causar altos niveles de ansiedad en la ciudadanía. Por lo mismo su mera existencia permite a las autoridades, si se lo proponen, aplicar a su vez métodos que violan las libertades y derechos personales.
La invocación del fantasma terrorista es un arma muy recurrida en el arsenal de los gobiernos dictatoriales. Una vez que un gobierno aplica el sambenito del terrorismo contra algún grupo equivale a una luz verde para una serie de atropellos a los derechos y libertades personales. Estados Unidos, que se autoproclama como el portaestandarte de los derechos humanos, lo hizo en forma masiva, luego del 11-S-2001, con la aplicación de secuestros, torturas y cárceles secretas. Años antes, en el período del auge de las dictaduras latinoamericanas, el tratamiento se hacía extensivo a todo aquel sospechoso de tener algún conocimiento de actividades opositoras. Así los gobiernos militares buscaban legitimar la represión invocando a los que practicaban métodos similares a los suyos pero desde la clandestinidad. Los llamados terroristas contraatacaban en el campo de las invocaciones, frente al imaginario mundial, calificándose como la resistencia. Aludían a la lucha de los partisanos que combatieron contra el nazismo durante la Segunda Mundial.

En el Medio Oriente el método terrorista es aplicado en forma cotidiana en Irak. Las bombas y los atentados estallan por doquier. Ese terrorismo, que es el real, es aplicado por sunitas contra chiítas y a la inversa. Pero en la medida que no afecta a Occidente es un asunto casi de estadísticas fatales. En Siria el gobierno de de Bashar al-Asad califica a sus oponentes como terroristas. Al hacerlo no alude en lo principal al método, sino que a la completa falta de legitimidad de sus enemigos y, por lo tanto, al derecho del Estado a combatirlos sin consideración alguna. En Egipto el gobierno que depuso al Presidente Mohamed Morsi, democráticamente electo, ha comenzado a tildar a los hermanos musulmanes de terroristas. Algo que la Hermandad Musulmana no ha hecho en su larga existencia es practicar el método terrorista. Lo que hay tras la nueva rotulación es el anticipo de una campaña cuya meta es erradicar a la organización islámica. Para ello se emplearán las tácticas brutales que caracterizan el embate contra el terrorismo. Basta con acusar de terrorismo para justificar la violación de los derechos de los imputados. Como lo señala la Cruz Roja “también en las guerras hay límites” que deben ser respetados. Y el primer límite en la lucha contra el terrorismo es no abusar involucrando a personas que nada tienen que ver con dicha lucha. La autoridad británica, a través de su abusivo proceder contra Miranda, ha puesto de relieve el por qué del rechazo a disposiciones que dan poder a organismos gubernamentales que actúan en las sombras.

El juicio a Manning interesa a todos.

August 12, 2013 Comments off

El soldado estadounidense Bradley Manning enfrenta numerosos cargos por violar reglamentos militares. Si es encontrado culpable de todas las acusaciones podría recibir una condena de cárcel de más de un siglo. Alguien podría creer que Manning asesinó, torturó o fue partícipe de una masacre. Su delito fue entregar documentos clasificados como confidenciales a WikiLeak que las difundió al mundo. Era información que incomodó a las autoridades en Washington. Entre las filtraciones figuraba un video que muestra dos periodistas de la agencia Reuters, tomado desde el helicóptero norteamericano, desde el cual fueron acribillados junto a ciudadanos iraquíes. El artillero confundió al grupo por insurgentes. Y, claro, están los millares de documentos de correspondencia, entre las embajadas y el Departamento de Estado, que irritaron tanto a los diplomáticos como a los criollos aludidos haciendo juicios sobre sus pares que mejor hubiesen quedado bajo reserva.
En el transcurso del juicio Youssef Aboul-Enein, un asesor del Pentágono, acusó a Manning de ayudar a Al Qaeda con sus revelaciones. Al presentar a las tropas estadounidenses dando muerte a civiles facilitaba la agitación a sus enemigos. En las palabras del experto las filtraciones “generan un ambiente propicio para el reclutamiento, para la recolección de fondos, y para el apoyo a Al Qaeda frente a sus audiencias”.
Manning no reveló posiciones de tropas estadounidenses ni tampoco planes operativos que, de alguna manera, pusieran en peligro la vida de sus compañeros de armas. En consecuencia las acusaciones en su contra son administrativas e ideológicas. Sus acusadores buscan probar que obró buscando notoriedad. El acusado dice que lo hizo para alertar a sus compatriotas de los abusos cometidos.
Esta polémica evoca los orígenes del periodismo. En 1854 Rusia y Gran Bretaña estaban en guerra por la Península de Crimea. Los británicos eran comandados por el reputado lord Raglan, que era la caricatura del flemático oficial inglés. Fue secretario del duque de Wellington y perdió un brazo en la batalla de Waterloo: se lo amputaron sin anestesia, y al concluir la operación dijo: “Traigan mi brazo. En un dedo hay un anillo que mi mujer puso allí”. Como era habitual los oficiales británicos se preocuparon de su bienestar e ignoraron la suerte de la tropa. Pero hubo un testigo clave, William Russell, a quien se reconoce como el primer corresponsal de guerra propiamente tal. Russell cubría el conflicto para el Times de Londres, y despachó informaciones como ésta: “Llevaron a Crimea un chef francés, sirvientes indios, vastas reservas de buenos vinos, sus perros de caza y en algunos casos a sus esposas”. Gracias al telégrafo, pudo despachar sus informes sobre la ineptitud de la conducción militar: “La administración es infame. ¿Puede creer que no hay camas para los enfermos (…) los hombres pasan frío. Los soldados solo tienen una manta de reglamento. Por lo tanto, invierten el orden de las cosas y se visten con todo lo que tienen para acostarse…”.
Las desgarradoras crónicas de Russell impactaron a los británicos. Lord Raglan montó en cólera y, como ahora frente a Manning, declaró que los despachos del corresponsal exponían a sus tropas y eran un regalo para el enemigo. Finalmente, la pluma pudo más que la espada y Raglan y el ministro de Defensa renunciaron. No solo eso, la toma de conciencia del descuido de las tropas sirvió de base para una profunda reforma del ejército británico. Una mirada retrospectiva muestra que Russell había servido bien a su país y a las propias fuerzas armadas. Las denuncias de Manning y Edward Snowden bien podrán ayudar a Estados Unidos y al conjunto de la comunidad internacional.

Espionaje y cierre de embajadas

August 9, 2013 Comments off

Estados Unidos cerró sus embajadas y consulados en una veintena de países de Africa y Asia. La medida fue justificada por la intercepción de mensajes al mas alto nivel de Al Qaeda. Esta es la versión entregada a la prensa estadounidense en Washington. En estas circunstancias solo cabe creerle o no a las autoridades pues no hay posibilidad de una verificación independiente.
Hay, sin embargo, algunos elementos que despiertan suspicacia. En primer lugar los servicios de inteligencia a veces protegen sus fuentes hasta límites absurdos. Durante la Segunda Guerra mundial los ingleses no interfirieron con los bombardeos contra la ciudad de Coventry para no alertar a los alemanes que habían descifrado sus comunicaciones. Proclamar a los cuatro vientos que captaron los mensajes entre el líder máximo de Al Qaeda Ayman al-Zawahiri, y el responsable de su filial en la península Arábiga, Nasir al-Wahishi, es cerrar, desde ya, una vía que no debe haber sido fácil detectar.
Luego está la señal política de debilidad que da Estados Unidos, imitado en algunos países por Gran Bretaña, Francia y Alemania. Al cerrar sus representaciones diplomáticas, que siguen protegidas por policías locales, se concede un éxito gratuito a sus adversarios. Es llamativo que se permita filmar a los aviones que despegan con el personal evacuado con destino a Alemania. Hace pensar en una operación con fines deliberados antes que medidas de seguridad preventiva. Este tipo de muestras de aparente debilidad conllevan riesgos pues pueden inducir a sus enemigos a conclusiones erróneas. Salvo que esa sea la intención. Vale la pena recordar las reflexiones de Osama bin Laden luego del revés sufrido por Washington en octubre del 2003 en Mogadiscio. Allí fueron derribados dos helicópteros Black Hawk y muertos 18 soldados norteamericanos. Al respecto bin Laden comentó: “Al salir de Afganistán nosotros esperábamos una guerra larga contra los norteamericanos, porque pensábamos que eran como los rusos. Nos ha sorprendido su baja moral y hemos comprendido que se trata de un tigre de papel y que bastan algunos ataques para desarmarlos. Después de algunos golpes, ellos olvidaron que eran el líder mundial, el líder del nuevo orden mundial, y partieron llevando sus cadáveres y su derrota vergonzosa”.

Forzar el cierre de embajadas y consulados son palabras mayores. Muchas personas que tratan con Estados Unidos se ven afectadas. Al Qaeda podría cada cierto tiempo sabotear las relaciones diplomáticas por la vía de amenazas a través de las redes sociales. Las batallas libradas en las sombras es preferible que permanezcan allí. Otro riesgo que corren quienes levantan las alertas es la pérdida de credibilidad. Hay una cantidad limitada de veces que se puede gritar que viene el lobo. Y peor aún no faltarán quienes sospechen que las advertencias son el pretexto para justificar políticas de las agencias involucradas, desde escuchas ilegales al uso indiscriminado de drones y bombardeos. Dado que el engaño es parte del arsenal del espionaje nada puede darse por cierto hasta no contar con evidencias indiscutibles.

La Internet amenazada por el espionaje

July 22, 2013 Comments off

Chile aspira a ser un país e. En la aspiración del gobierno la e alude a la mayor integración vía correo electrónico. Ya el Servicio de Impuestos Internos, la Tesorería, Chile Compra, los bancos, grandes tiendas, clínicas y aerolíneas utilizan en forma asidua la Internet. Pero en las últimas semanas la e asociada a la Internet, y sus muchas aplicaciones, comienza asociarse con la e de espionaje.
Desde la década pasada varios países cuestionan el tutelaje que Estados Unidos ejerce sobre la red de comunicaciones mundial. Ahora con las revelaciones de Edward Snowden, el contratista que trabajaba para el espionaje electrónico estadounidense, aumentarán los reparos. Snowden expresa a mucha gente cuando declara que no quiere vivir en un mundo donde: “Todo lo que digo, todo lo que hago, con quien hablo, cada expresión de creatividad, de amor o amistad es grabada”. Luego será almacenada y funcionarios juzgarán qué utilidad tiene y si conviene emplear este conocimiento obtenido de manera secreta. Snowden advierte que una vez que se entra en esta vía es muy difícil volver atrás.
Por divulgar los mecanismos del espionaje electrónico de Washington, Londres y otros Snowden ha sido motejado de traidor por su gobierno. En un plano más concreto ha provocado el despliegue del considerable poderío diplomático norteamericano para atraparlo y acallarlo. Aunque con considerables diferencias su caso recuerda un triste episodio ocurrido a finales de la Segunda Guerra Mundial.
El 20 de julio de 1944 tuvo lugar el frustrado atentado contra el dictador nazi Adolfo Hitler. Ese día el coronel del Estado Mayor Claus von Stauffenberg, junto a decenas de militares y civiles intentó acabar con un régimen genocida. Stauffenberg puso una bomba en un maletín pero que al estallar, para su mala fortuna, no alcanzó a Hitler. Ello le valió ser ejecutado en forma inmediata. 69 años mas tarde en una ceremonia, en Berlín, el Presidente alemán Joachim Gauck, rindió homenaje “a estos soldados que no sólo conocían las órdenes y la obediencia, sino que al final dieron prioridad a su conciencia”. Gauck subrayó que la obediencia a los superiores tiene límites y ellos aparecen con las violaciones contra “los derechos y la dignidad humana”. El mandatario agregó que “también los soldados tienen el derecho a la resistencia, cuando el orden democrático de libertades está en peligro”.
En Estados Unidos se ha acusado al soldado Bradley Manning “de ayudar al enemigo” por la revelaciones que fueron conocidas como las WikiLeaks. Un cargo de la mayor seriedad que puede acarrear la pena de muerte. El poder establecido desata su furia contra quienes denuncian actividades que vulneran derechos constitucionales de la ciudadanía. Manning y Snowden buscan informar a sus compatriotas sobre los abusos de los servicios de inteligencia. Como es habitual en el turbio mundo del espionaje los responsables de prácticas ilegales se esconden tras el secreto. Antes que reconocer irregularidades invocan los intereses superiores de la seguridad de la nación. Buscan así distraer la atención de sus actividades y contraatacan clamando castigo a quien los denuncia. El futuro de la Internet, una de las creaciones más potentes para la conectividad y la difusión del conocimiento, podría verse afectada por el espionaje practicado a través de ella. Por ello la defensa de la privacidad y el respeto a la neutralidad de la Internet es un tema que atañe a todo el mundo.