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Posts Tagged ‘terrorismo’

Londres y lecciones del terrorismo.

March 28, 2017 Comments off

 

Un ciudadano británico en un auto y armado con un cuchillo de cocina paralizó el corazón de la capital inglesa. Fue un   “lobo solitario” inspirado por el Estado Islámico (EI). Sin armas de fuego o explosivos causó cuatro muertes e hirió a cuarenta personas, muchos de ellos turistas que cruzaban el puente Westminster sobre el Támesis. El atentado fue menos letal que algunos vividos por Francia y Bélgica. Pero consiguió un notable éxito en cuanto a notoriedad. Detuvo el funcionamiento del Parlamento y forzó a que Theresa May, la Primera Ministra, fuese evacuada de emergencia del edificio.

En tiempo real la policía ignora si está ante un ataque concertado en varios puntos, como ocurrió en la matanza  en París en noviembre de 2015. En consecuencia no tiene otra opción que imaginar el cuadro más negativo y actuar en consecuencia. El EI  reivindicó la acción. Pero no es claro si tuvo alguna participación directa en ella. La organización yihadista tiende a atribuirse acciones realizadas por individuos  que actúan por cuenta propia.

Los británicos cuentan con servicios de inteligencia del más alto nivel e invierten en ellos más que ningún otro país europeo. Están dotados con una muy avanzada tecnología para la intercepción de comunicaciones. A la par  disponen de una vasta red agentes e informantes que vigilan a los sospechosos. Esto no es ningún secreto y por lo mismo quien  busque atentar en el Reino Unido tendrá más dificultades que en otros países del viejo continente. De entrada es una isla en la cual es más fácil controlar las fronteras frente al ingreso de personas y explosivos.  Además la tenencia de armas de fuego está estrictamente controlada.

Es difícil detectar a un Khaled Massoud  que arrienda el vehículo, no lo roba, que no busca obtener armas de fuego o explosivo y así no deja rastros que despierten la suspicacia policial. La paradoja radica en que mientras más complejos son los métodos de detección de los Estados más simples son los métodos empleados por elementos terroristas.  En la actualidad los yihadistas son los principales causantes de ataques destinados a causar el mayor número de bajas, por eso se les llama atentados catastrofistas. Algo que fue iniciado en grande por Al Quaeda con el secuestro de aviones del 11-S-2001. Al catastrofismo sumaron una segunda característica también presente en Londres: el atacante era un suicida. Como dice un proverbio chino: el que no teme ser descuartizado en mil pedazos  no teme desmontar al emperador.  Frente a quien busca morir  en su empeño no funcionan las medidas disuasivas que aplican para el grueso de los mortales.  Existe consenso que es difícil detener un ataque suicida una vez que está en curso.

La inteligencia británica señala que desarticuló  trece atentados en la fase preparatoria desde 2013. Un éxito conseguido gracias a la cooperación con las comunidades de donde provienen los potenciales yihadistas. La mejor política es trabajar con los dirigentes comunitarios antes que presionar o amedrentarlos. Nunca se tendrá una seguridad total. En todo caso la mejor garantía es una sociedad que entiende y participa en la lucha contra fanáticos religiosos que asesinan a sus compatriotas.

Bruselas: la ofensiva yihadista

March 23, 2016 Comments off

La capital belga fue víctima de un atentado catastrofista. Un ataque terrorista destinado a causar el máximo de bajas posible. Fue una operación suicida con los clásicos cinturones con explosivos para la autoinmolación. El golpe fue asestado no en los campos de batalla en Siria o Irak sino que el corazón del territorio europeo. El  sello del yihadismo del Estado Islámico (EI)  estaba a la vista aún antes que reivindicaran su mortífera acción.

El EI es bastante parco en sus declaraciones pero no por ello menos contundente. No en vano proviene de la región que aportó al mundo la expresión: ojo por ojo, diente por diente. En su proclama reclamando la autoría de la matanza el EI advierte: “Lo que os espera será más duro y amargo, Alá mediante”. En octubre del año pasado el EI derribó un avión ruso sobre la Península del Sinaí, en Egipto,  ocasionando 224 muertos. Entonces los yihadistas declararon: “Ustedes deben saber, rusos y aliados, que no tendrán seguridad alguna en tierras musulmanas…La muerte diaria de inocentes en Siria a causa de vuestros bombardeos les acarreará desastres…Así como ustedes matan , ustedes morirán”. Esas son las reglas del juego de los yihadistas y, como se ha visto,  conviene tornarlas en serio.

Varios países europeos y occidentales participan en la lucha contra el EI con bastante más fuerza que Bélgica ¿Por qué entonces es el epicentro de la actividad yihadista en Europa?  Una razón es que es el país con el mayor número per capita  de militantes islámicos que han partido a foguearse  en Siria e Irak. Unos 440 yihadistas han salido desde Bélgica lo que arroja un promedio de 40 militantes por cada millón de belgas. Le siguen Dinamarca con 27 por cada millón de habitantes, 19 en Suecia y Francia 18.

El EI y la comunidad internacional hablan lenguajes distintos y no se dan por enterados de sus respectivos mensajes. Tras los atentados en París, en noviembre del año pasado, Francia envió un potente destacamento aéreo para multiplicar los bombardeos. Esto no ha inhibido a los yihadistas que, a su vez, han replicado en Bruselas. Las agresiones continuaran de lado y lado. En todo caso una de las incógnitas en los ataques del EI es la elección de los blancos. ¿Por qué los cafés en París y el teatro Bataclan?. Lo mismo en Bruselas ¿por qué una estación de metro y el aeropuerto? Los interrogatorios a yihadistas muestran que no hay criterios políticos. Las consideraciones son operativas: una buena concentración de personas para asegurar la matanza y la facilidad de acceso. Esto dificulta saber donde asestarán el próximo golpe.

 

Los servicios de inteligencia frustrados.

Las agencias de inteligencia occidentales estaban sobre la pista de los autores de los atentados de París. A partir de esos ataques recogieron vasta información. Sabían que algo se tramaba en Bruselas y corrían contra el tiempo. Los yihadistas tenían claro que les pisaban los talones y al parecer fue lo que precipitó  los últimos bombazos. Para las policías uno de los mayores dilemas es cuando intervenir. Hay situaciones en que  esperar a tener pruebas irrefutables puede resultar fatal. Pero a la vez precipitarse puede ser muy contraproducente. Por ello la confianza de la población en los espías y policías es clave para su éxito.

El fantasma del terrorismo

September 10, 2014 Comments off

El empleo del método terrorista es antiguo como la biblia. Es una táctica de combate y propaganda aplicada para objetivos muy diversos. Lo sorprendente del  atentado en la estación Escuela Militar del metro es que deja una gran incógnita: ¿cuál fue el propósito del bombazo?  Con anterioridad se especulaba que la serie de explosiones, atribuidas a una organización de corriente anarquista, respondía a un padrón reconocible: expresar malestar social por la vía de los explosivos.

Bajo la dictadura los atentados contra torres de alta tensión, bancos u otras instituciones emblemáticas del sistema respondían a una lógica clara. Ante la imposibilidad de protestar en forma abierta se recurría a tácticas clandestinas. El empleo del método terrorista no apuntaba a causar terror. Por el contrario, al menos esa era la intención de los hechores,  pretendían demostrar la vulnerabilidad del régimen que aterrorizaba a sus opositores. Además  buscaban la mayor propaganda para sus  políticas.  En esta táctica procuraban no causar bajas pues ello alienaba a quienes pretendían sumar a su causa.   

Por lo anterior me parece errónea la definición de terrorismo contenida en la ley antiterrorista que señala: “Que el delito se cometa con la finalidadde producir en la población o en parte de ella el temor justificado de ser víctima de delitos”. Constituye, según la ley,  un acto terrorista: “Colocar, lanzar o disparar bombas o artefactos explosivos o incendiarios de cualquier tipo, que afecteno puedan afectar la integridad física de personas o causar daño”. Por último, “La asociación ilícita cuando ella tenga por objeto la comisión de delitos que deban calificarse de terroristas”. Es una definición tan amplia, equivoca y vaga que se presta para  la mayor arbitrariedad. 

El último atentado en el metro marca una ruptura  con modalidades  anteriores. Una bomba colocada en un lugar concurrido carente de significación política, que causa numerosas víctimas y que nadie reivindica es un hecho que abre muchas interrogantes. Por lo pronto revela la ausencia de perspectivas políticas de los responsables. O, si se prefiere, de su  insensibilidad frente al impacto de dicha acción en la ciudadanía. Esto último no cuadra con la supuesta raíz anarquista de los presuntos terroristas.  Desde una perspectiva ácrata, que fortalezca la autogestión por sobre la dominación del estado,  lo último que deberían querer es un fortalecimiento de las policías y  los aparatos represivos. Y eso es, precisamente, lo que lograrán. En definitiva fue un atentado a mansalva sino que también un ataque contra las aspiraciones democráticas mayoritarias. 

 

Qué es el terrorismo

Convención de Ginebra, vigente desde 1949, señala que el estatus de combatiente requiere:

– Ser comandados por una persona que responda de sus subordinados.

– Poseer un signo distintivo fijo y reconocible a distancia ( un uniforme).

– Portar las armas a la vista.

El terrorismo no es un enemigo definible, específico que emana de

una ideología o una religión particular. No es monopolio de la izquierda

o la derecha, ni de Estados o grupúsculos, es una forma de operar. Por

lo tanto, no cabe hablar de una “lucha contra el terrorismo”, no se

puede luchar contra un método de combate. Equivale a declararle la

guerra a la guerra. Lo que sí se puede es combatir a las organizaciones

que lo practican. En consecuencia, es posible librar una guerra contra

el terrorismo que lleva un apellido, como el terrorismo yihadista.

De todas formas nunca habrá una definición única de un fenómeno

multifacético. Todo dependerá de qué faceta se destaca. En Chile habrá que descubrir quienes son los terroristas para escoger la táctica adecuada para detener los bombazos.

El fantasma del terrorismo

August 19, 2013 Comments off

La retención arbitraria del brasileño David Miranda, en el aeropuerto de Heathrow, en Londres, es último ejemplo del abuso de leyes “antierroristas”. Miranda es pareja del periodista Glenn Greenwald, del diario The Guardian, que ha divulgado las denuncias del analista de inteligencia estadounidense Edward Snowden. La detención de Miranda, a quien se le incautó su computador y todos los medio electrónicos que portaba, fue justificada invocando un acápite de las regulaciones antiterroristas. El gobierno brasileño protestó de inmediato ante semejante arbitrariedad.
Hay muchas definiciones sobre qué es el terrorismo. En los hechos es un método de lucha armada clandestina, sin portar distintivo, escondiendo el arma y al amparo de una organización clandestina. La efectividad militar de esta táctica es limitada y causa estragos menores contra fuerzas regulares. Su impacto sicológico, en cambio, puede ser importante en el conjunto de la sociedad. Un enemigo invisible, que golpea cuando y donde se lo propone, puede causar altos niveles de ansiedad en la ciudadanía. Por lo mismo su mera existencia permite a las autoridades, si se lo proponen, aplicar a su vez métodos que violan las libertades y derechos personales.
La invocación del fantasma terrorista es un arma muy recurrida en el arsenal de los gobiernos dictatoriales. Una vez que un gobierno aplica el sambenito del terrorismo contra algún grupo equivale a una luz verde para una serie de atropellos a los derechos y libertades personales. Estados Unidos, que se autoproclama como el portaestandarte de los derechos humanos, lo hizo en forma masiva, luego del 11-S-2001, con la aplicación de secuestros, torturas y cárceles secretas. Años antes, en el período del auge de las dictaduras latinoamericanas, el tratamiento se hacía extensivo a todo aquel sospechoso de tener algún conocimiento de actividades opositoras. Así los gobiernos militares buscaban legitimar la represión invocando a los que practicaban métodos similares a los suyos pero desde la clandestinidad. Los llamados terroristas contraatacaban en el campo de las invocaciones, frente al imaginario mundial, calificándose como la resistencia. Aludían a la lucha de los partisanos que combatieron contra el nazismo durante la Segunda Mundial.

En el Medio Oriente el método terrorista es aplicado en forma cotidiana en Irak. Las bombas y los atentados estallan por doquier. Ese terrorismo, que es el real, es aplicado por sunitas contra chiítas y a la inversa. Pero en la medida que no afecta a Occidente es un asunto casi de estadísticas fatales. En Siria el gobierno de de Bashar al-Asad califica a sus oponentes como terroristas. Al hacerlo no alude en lo principal al método, sino que a la completa falta de legitimidad de sus enemigos y, por lo tanto, al derecho del Estado a combatirlos sin consideración alguna. En Egipto el gobierno que depuso al Presidente Mohamed Morsi, democráticamente electo, ha comenzado a tildar a los hermanos musulmanes de terroristas. Algo que la Hermandad Musulmana no ha hecho en su larga existencia es practicar el método terrorista. Lo que hay tras la nueva rotulación es el anticipo de una campaña cuya meta es erradicar a la organización islámica. Para ello se emplearán las tácticas brutales que caracterizan el embate contra el terrorismo. Basta con acusar de terrorismo para justificar la violación de los derechos de los imputados. Como lo señala la Cruz Roja “también en las guerras hay límites” que deben ser respetados. Y el primer límite en la lucha contra el terrorismo es no abusar involucrando a personas que nada tienen que ver con dicha lucha. La autoridad británica, a través de su abusivo proceder contra Miranda, ha puesto de relieve el por qué del rechazo a disposiciones que dan poder a organismos gubernamentales que actúan en las sombras.

El juicio a Manning interesa a todos.

August 12, 2013 Comments off

El soldado estadounidense Bradley Manning enfrenta numerosos cargos por violar reglamentos militares. Si es encontrado culpable de todas las acusaciones podría recibir una condena de cárcel de más de un siglo. Alguien podría creer que Manning asesinó, torturó o fue partícipe de una masacre. Su delito fue entregar documentos clasificados como confidenciales a WikiLeak que las difundió al mundo. Era información que incomodó a las autoridades en Washington. Entre las filtraciones figuraba un video que muestra dos periodistas de la agencia Reuters, tomado desde el helicóptero norteamericano, desde el cual fueron acribillados junto a ciudadanos iraquíes. El artillero confundió al grupo por insurgentes. Y, claro, están los millares de documentos de correspondencia, entre las embajadas y el Departamento de Estado, que irritaron tanto a los diplomáticos como a los criollos aludidos haciendo juicios sobre sus pares que mejor hubiesen quedado bajo reserva.
En el transcurso del juicio Youssef Aboul-Enein, un asesor del Pentágono, acusó a Manning de ayudar a Al Qaeda con sus revelaciones. Al presentar a las tropas estadounidenses dando muerte a civiles facilitaba la agitación a sus enemigos. En las palabras del experto las filtraciones “generan un ambiente propicio para el reclutamiento, para la recolección de fondos, y para el apoyo a Al Qaeda frente a sus audiencias”.
Manning no reveló posiciones de tropas estadounidenses ni tampoco planes operativos que, de alguna manera, pusieran en peligro la vida de sus compañeros de armas. En consecuencia las acusaciones en su contra son administrativas e ideológicas. Sus acusadores buscan probar que obró buscando notoriedad. El acusado dice que lo hizo para alertar a sus compatriotas de los abusos cometidos.
Esta polémica evoca los orígenes del periodismo. En 1854 Rusia y Gran Bretaña estaban en guerra por la Península de Crimea. Los británicos eran comandados por el reputado lord Raglan, que era la caricatura del flemático oficial inglés. Fue secretario del duque de Wellington y perdió un brazo en la batalla de Waterloo: se lo amputaron sin anestesia, y al concluir la operación dijo: “Traigan mi brazo. En un dedo hay un anillo que mi mujer puso allí”. Como era habitual los oficiales británicos se preocuparon de su bienestar e ignoraron la suerte de la tropa. Pero hubo un testigo clave, William Russell, a quien se reconoce como el primer corresponsal de guerra propiamente tal. Russell cubría el conflicto para el Times de Londres, y despachó informaciones como ésta: “Llevaron a Crimea un chef francés, sirvientes indios, vastas reservas de buenos vinos, sus perros de caza y en algunos casos a sus esposas”. Gracias al telégrafo, pudo despachar sus informes sobre la ineptitud de la conducción militar: “La administración es infame. ¿Puede creer que no hay camas para los enfermos (…) los hombres pasan frío. Los soldados solo tienen una manta de reglamento. Por lo tanto, invierten el orden de las cosas y se visten con todo lo que tienen para acostarse…”.
Las desgarradoras crónicas de Russell impactaron a los británicos. Lord Raglan montó en cólera y, como ahora frente a Manning, declaró que los despachos del corresponsal exponían a sus tropas y eran un regalo para el enemigo. Finalmente, la pluma pudo más que la espada y Raglan y el ministro de Defensa renunciaron. No solo eso, la toma de conciencia del descuido de las tropas sirvió de base para una profunda reforma del ejército británico. Una mirada retrospectiva muestra que Russell había servido bien a su país y a las propias fuerzas armadas. Las denuncias de Manning y Edward Snowden bien podrán ayudar a Estados Unidos y al conjunto de la comunidad internacional.

Espionaje y cierre de embajadas

August 9, 2013 Comments off

Estados Unidos cerró sus embajadas y consulados en una veintena de países de Africa y Asia. La medida fue justificada por la intercepción de mensajes al mas alto nivel de Al Qaeda. Esta es la versión entregada a la prensa estadounidense en Washington. En estas circunstancias solo cabe creerle o no a las autoridades pues no hay posibilidad de una verificación independiente.
Hay, sin embargo, algunos elementos que despiertan suspicacia. En primer lugar los servicios de inteligencia a veces protegen sus fuentes hasta límites absurdos. Durante la Segunda Guerra mundial los ingleses no interfirieron con los bombardeos contra la ciudad de Coventry para no alertar a los alemanes que habían descifrado sus comunicaciones. Proclamar a los cuatro vientos que captaron los mensajes entre el líder máximo de Al Qaeda Ayman al-Zawahiri, y el responsable de su filial en la península Arábiga, Nasir al-Wahishi, es cerrar, desde ya, una vía que no debe haber sido fácil detectar.
Luego está la señal política de debilidad que da Estados Unidos, imitado en algunos países por Gran Bretaña, Francia y Alemania. Al cerrar sus representaciones diplomáticas, que siguen protegidas por policías locales, se concede un éxito gratuito a sus adversarios. Es llamativo que se permita filmar a los aviones que despegan con el personal evacuado con destino a Alemania. Hace pensar en una operación con fines deliberados antes que medidas de seguridad preventiva. Este tipo de muestras de aparente debilidad conllevan riesgos pues pueden inducir a sus enemigos a conclusiones erróneas. Salvo que esa sea la intención. Vale la pena recordar las reflexiones de Osama bin Laden luego del revés sufrido por Washington en octubre del 2003 en Mogadiscio. Allí fueron derribados dos helicópteros Black Hawk y muertos 18 soldados norteamericanos. Al respecto bin Laden comentó: “Al salir de Afganistán nosotros esperábamos una guerra larga contra los norteamericanos, porque pensábamos que eran como los rusos. Nos ha sorprendido su baja moral y hemos comprendido que se trata de un tigre de papel y que bastan algunos ataques para desarmarlos. Después de algunos golpes, ellos olvidaron que eran el líder mundial, el líder del nuevo orden mundial, y partieron llevando sus cadáveres y su derrota vergonzosa”.

Forzar el cierre de embajadas y consulados son palabras mayores. Muchas personas que tratan con Estados Unidos se ven afectadas. Al Qaeda podría cada cierto tiempo sabotear las relaciones diplomáticas por la vía de amenazas a través de las redes sociales. Las batallas libradas en las sombras es preferible que permanezcan allí. Otro riesgo que corren quienes levantan las alertas es la pérdida de credibilidad. Hay una cantidad limitada de veces que se puede gritar que viene el lobo. Y peor aún no faltarán quienes sospechen que las advertencias son el pretexto para justificar políticas de las agencias involucradas, desde escuchas ilegales al uso indiscriminado de drones y bombardeos. Dado que el engaño es parte del arsenal del espionaje nada puede darse por cierto hasta no contar con evidencias indiscutibles.

El racismo es más letal que el terrorismo.

July 29, 2011 Comments off

Apenas estalló la bomba en el centro de Oslo las miradas acusadoras apuntaron hacia  organizaciones islámicas. El periódico estadounidense The New York Times,  citado a lo largo y ancho del mundo, informó que el grupo Ansar al-Jihad al-Alami (Colaboradores de la Yihad Global) se atribuía  el atentado. Más tarde un vocero de  Ansar se retractó. Pero las sospechas seguían en pie. El Presidente Barack Obama  en su primera reacción dijo: “Los ataques son el último recordatorio  que el mundo tiene  un deber común de detener al terrorismo”. David Cameron, el Primer Ministro británico, declaró: “Trabajaremos con Noruega para dar con los asesinos que hicieron esto”. Todo calzaba con la percepción dominante de una confrontación con el yihadismo.  A nadie se le pasaba por la cabeza que la bomba, y la  matanza de decenas de jóvenes socialistas,  era la obra de un  xenófobo febril que se proclamaba como un  cruzado  en defensa del cristianismo y el supremacismo occidental. La comunidad musulmana en Noruega, por su parte, se apresuró en declarar que: “Esta es nuestra patria y condenamos estos ataques”.

Anders Breivik, el asesino confeso, señaló  que su intención fue: “Enviar un mensaje fuerte al pueblo y causar el máximo daño al Partido Laborista y detener su reclutamiento”.  Ello para frenar la “deconstrucción de la cultura noruega y la afluencia masiva de musulmanes”. Explicó a la policía que “el propósito de los asesinatos fue dar un símbolo al pueblo. El Partido Laborista ha traicionado al país y al pueblo. El precio por ello lo pagaron ayer”. El  baño de sangre perpetrado por  Breivik enciende luces de alerta. Su caso  bascula entre la criminalidad y el desquicio que, como ya se sabe, no son categorías excluyentes. No es la primera vez que un fanático alimentado por el odio  étnico busca seducir a sectores de la población.  El genocida Adolfo Hitler lo  logró, el siglo pasado, desencadenando una de las peores matanzas conocidas por la humanidad.

Los gobernantes occidentales siguen convencidos que el terrorismo es el mayor enemigo. El terrorismo es un  método de atacar desde las sombras  que puede ser utilizado tanto por un  yihadista como por un islamofobo. O, para el caso, por cualquiera que se lo proponga. El terrorismo es el delito pero no la causa del fenómeno. La amenaza no proviene del método empleado  sino que de quienes lo emplean.  Hoy el yihadismo, con Al Qaeada como su expresión más visible, aparece en retirada. En varios países árabes los pueblos han iniciado masivas movilizaciones, en muchos casos confrontando violentas represiones, no a favor de más  fundamentalismo religioso sino que, por el contrario, en pro de más libertad y justicia social.

En varios países europeos, por su parte, se aprecia un avance sostenido de los partidos de inspiración fascista  y de una derecha xenófoba. En Noruega el Partido del Progreso, con el cual simpatizaba Breivik, obtuvo 22 por ciento de los votos en las últimas elecciones.  Gracias a una plataforma de total oposición a la inmigración y una sociedad multicultural ha conseguido situarse como la segunda formación política del país. En  los países nórdicos y otros como Holanda y  Francia crecen los enemigos de las sociedades abiertas e integradoras. En años anteriores fueron asaltados e incendiados en Alemania casas de asilo para inmigrantes. En Gran Bretaña nacionales de origen asiático han recibido palizas. Otro tanto ha ocurrido en España con sudamericanos y árabes. En Italia se ha buscado erradicar a gitanos algo que también ocurre en varios de los países que constituyeron el campo socialista. La intolerancia étnica europea tiene profundas raíces históricas.  Pese a ello las autoridades democráticas del viejo continente y también en Estados Unidos han elevado el tema del terrorismo, en forma abstracta,  a la cabeza de las preocupaciones mundiales pese a que el yihadismo,  en estos momentos, es un fenómeno en declinación. La xenofobia, en cambio,   es una corriente que no cesa de crecer. El potencial destructivo del “choque de civilizaciones” o  de la persecución étnica y religiosa está demostrado hasta la saciedad.  Nada envenena más el alma de los pueblos que los chovinismos que incitan al maltrato, cuando no al martirio, de minorías. Pese a la evidencia de la seriedad del auge de las corrientes antimigratorias hasta ahora la actitud dominante en los círculos de poder ha sido  la de bajar el perfil al asunto. Es un tema incómodo que se prefiere esconder bajo la alfombra con la esperanza que en algún momento se desvanecerá.  Craso error. La masacre sufrida por los noruegos trasciende fronteras. Fue un ataque desalmado contra  quienes aspiran a convivir en armonía en sociedades abiertas. Es hora de evaluar cuales son las mayores  amenazas que nos acechan.  El racismo y la intolerancia abonan el terreno para nuevos actos terroristas. No es posible erradicar los fanáticos desquiciados  pero si es posible privarlos de los medios en los cuales proliferan.